[R-P] [Del moderador] Sobre un aporte callado

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Dom Ago 26 15:07:44 MDT 2007


Quiero destacar el enorme aporte que está haciendo el suscriptor 
Roberto Vera con sus envíos de textos de Jorge Enea Spilimbergo a 
esta lista. Hasta el momento, no tan lejano, en que podamos preparar 
una buena edición de sus obras escogidas del período 1975-2003, 
inéditas en libro hasta ahora, se trata de un lujo que nos engalana. 

Lo mismo cabe decir de sus envíos de material del mejor Ramos y de 
los artículos más brillantes y revolucionarios del querido Blas 
Alberti. Lo estampado en esas páginas avergüenza desde un pasado 
iluminador a quienes pretenden hundir en el silencio la gran obra de 
construcción revolucionaria que hicieron en su momento estos miembros 
conspicuos y fundacionales de la Izquierda Nacional.

Gracias, Roberto.

De paso: ¿dónde conseguiste esos materiales en formato digital? No me 
digas que los estás preparando vos mismo...

Date sent:      	Sat, 25 Aug 2007 02:57:23 -0300 (ART)
From:           	Roberto Vera <robertoverasigloxxi en yahoo.com.ar>
Subject:        	Re: [R-P]
	De J.E. Spilimbergo: Güemes y la Gen
	te desente de Salta
To:             	nestorgoro en fibertel.com.ar
Copies to:      	Lucha de masas para recuperar la Argentina
	<reconquista-popular en lists.econ.utah.edu>

> [Ayúdenos a financiar la lista, escriba a recpopmod en gmail.com.]
> 
> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
> 
> 
> 
>   GÜEMES Y LA GENTE DECENTE DE SALTA
>    
>  Por Jorge Enea Spilimbergo    
> 
>         El nuevo aniversario de la muerte de Güemes,
> que se cumplió el 17 de junio, dio lugar a las
> conocidas efusiones patrióticas. Pero estos homenajes
> al caudillo popular ocultaron escrupulosamente el real
> significado de su acción militar y política, así como
> las causas que determinaron su muerte a los 36 años en
> manos de la misma oligarquía salteña que aún hoy
> mantiene su poder infame integrada a la oligarquía
> nacional. 
> 
> A diferencia de Artigas, Güemes mereció el indulto
> póstumo del partido unitario y los historiadores
> oficiales seguidores de Mitre. Pero esta entrada en
> redil se debe únicamente al hecho de que Güemes acertó
> a morir oportunamente. Por otra parte, la gloria
> póstuma servía para tapar el proceso del asesinato de
> Güemes por la oligarquía salteña en connivencia
> explícita y directa con las armas del Rey de España y
> apuñalando por la espalda la empresa liberadora de San
> Martín en Perú. Los Uriburu, Cornejo, Saravia,
> Zuviría, Benitez, Figueroa y demás asesinos de Güemes
> en complicidad con el invasor realista, tuvieron
> abundante y funesta progenie que ha sabido guardarse
> las espaldas de la honorabilidad patriótica con el
> mismo celo con que los Mitre han creado el mito del
> siniestro caudillo de la bárbara oligarquía
> bonaerense. 
> 
> El asesinato de Güemes, rubricado por la designación
> por aquella pérfida oligarquía del jefe de los
> ejércitos realistas como gobernador de Salta,
> significó la pérdida definitiva de las provincias del
> Alto Perú (Bolivia), que habrían de ser liberadas y
> erigidas en Estado independiente por Bolívar y Sucre.
> La empresa americana de la generación de la
> Independencia sufría así un colapso decisivo por el
> lado argentino, ya que dejaba a San Martín en
> inferioridad operativa frente a los españoles y le
> obligaba a ceder al libertador Bolívar la parte final
> de la campaña. Pero estos alcances no fueron tenidos
> en cuenta por los autores del complot oligárquico para
> quienes se trataba, exclusivamente de producir una
> contrarrevolución social, un golpe de Estado contra el
> gauchaje y la democracia militar del barbudo
> comandante de la guerrilla patria. Como volvería a
> ocurrir innumerables veces en nuestra historia hasta
> los amargos días que vivimos, la causa de la soberanía
> y la afirmación nacional se encarnaba en los estrados
> más humildes, numerosos y explotados de la población,
> mientras la oligarquía - la clase decente como
> entonces se decía, el vecindario distinguido que
> formaba el pueblo de los cabildos abiertos ligaba su
> destino a la balcanización, la rapiña y el vasallaje.
> No es difícil designar por sus nombres a los traidores
> a la patria aunque se corra el riesgo de ir preso por
> ofender a algún pundonoroso. 
> 
> La imagen que se nos ha dado de Güemes es la de un
> monaguillo unitario que defendió como Robin Hood una
> frontera desamparada permitiendo a San Martín hacerse
> el Aníbal con el Ejército en los Andes. Esta Imagen es
> falsa. Güemes, gobernador de Salta desde 1615, a los
> 29 años, defendió con método de guerrillas las
> quebradas jujeñas y los valles de Salta rechazando
> ocho invasiones, de las cuales la tercera dirigida por
> los generales Ramírez y Canterac, fue realmente
> formidable. Pero esta guerra que dejó a Salta
> victoriosa aunque arrasada no se llevó a cabo con
> métodos guerrilleros porque la empresa de San Martín
> hubiese absorbido la totalidad de las armas
> nacionales. Allí estaba, a pocas jornadas, el Ejército
> del Norte, inmovilizado en Tucumán desde la retirada
> de Sipe Sipe hasta la marcha hacia Buenos Aires en
> apoyo del Congreso unitario, oportunamente desbaratada
> por el pronunciamiento de Arequjto. ¿Por qué, en más
> de cuatro años, ese ejército, a todas luces respetable
> por el número de sus efectivos, su parque, oficialidad
> y caballadas no osó moverse en apoyo de las bravas
> milicias gauchas que combatían sobre Salta y Jujuy? 
> 
> La respuesta la suministra el eminente historiador
> salteño don Bernardo Frías en el IV tomo de su
> Historia del General Güemes y de la provincia de
> Salta, o sea, de la independencia Argentina Título tan
> pretencioso es en buena medida, justificado, aunque
> merecería este subtítulo: E historia de la infamia
> oligárquica en Salta, o sea, de la conjuración contra
> la independencia argentina. Esta historia, como gran
> parte de la bibliografía fundada en el manejo de los
> archivos provinciales y las tradiciones familiares
> locales yace sepultada en su misma publicidad. 
> 
> Para entender esta paradoja hay que decir que don
> Bernardo Frías, hombre de la clase decente salteña
> pero dotado de objetividad crítica (y sobreabundante
> de documentación) dedicó largos años, en los comienzos
> del siglo, a los ocho tomos de su obra, de los cuales
> sólo los tres primeros vieron la luz en vida del
> autor. Los decisivos tomos IV y V publicáronse en 1954
> (segunda gobernación Durand) y en 1961 (Comisión
> Salteña del Sesquicentenario), respectivamente. Lo
> modesto de la tirada - mil ejemplares - aseguraba que
> el honor no implicase publicidad, máxime porque, como
> sucede con estas ediciones oficiales, casi todos sus
> ejemplares duermen un sueño institucional en los más
> impensados anaqueles públicos y privados. En cuanto a
> los tres tomos finales, siguen en estado de
> manuscritos. Pero quien desee un atisbo del material
> suministrado por Frías puede consultar al tomo VIII de
> la Historia de Vicente Fidel López, quien relata
> entera aunque sucintamente los episodios que
> desembocaron en el asesinato del comandante
> guerrillero, gobernador de Salta y general en jefe del
> Ejército Expedicionario al Perú (así designado por San
> Martín en junta de generales y reconocido por todas
> las provincias), general don Martín Güemes. 
> 
> La causa de la inactividad del Ejército del Norte
> acampado en Tucumán es la misma por la cual, hacia la
> misma época, el director Pueyrredón y el Congreso
> unitario dejaban a los portugueses invadir impunemente
> a la Banda Oriental. Si en un caso se admitía
> preferible que una provincia argentina se perdiera a
> que un caudillo federal la gobernase, en el caso de
> Güemes el plan consistía en hacerlo servir de
> paragolpes, dejar que las tropas españolas lo
> liquidaran y liquidar a su vez a los godos sobre
> Tucumán, previsiblemente debilitados por el accionar
> de las milicias salteñas. Se mataban así dos pájaros
> de un tiro, aunque en uno y otro caso el territorio
> nacional quedase desgarrado en jirones. 
> 
> Tanto Salta corno la Banda Oriental tenían una
> decisiva importancia estratégica en la querella del
> federalismo. Si éste no lograba abrirle puertas a la
> tierra estableciendo su propio enlace geo - económico
> con el mercado mundial, acabaría estrangulado por el
> puerto de Buenos Aires y la oligarquía bonaerense,
> como en efecto ocurrió, bajo la divisa unitaria de
> Rivadavia, federal de Rosas y separatista o nacional
> de Mitre. Pero el portugués Lecor ocupaba Montevideo y
> el godo Olañeta Salta. Desmoronada la democracia
> militar, gaucha y americanista de Güemes. Salta recién
> ahora se convertiría en frontera - límite, dejaba de
> ser la frontera combatiente, la puerta armada hacia el
> Alto Perú y el Pacífico. 
> 
> Porque junto al Güemes defensivo, que tapó la frontera
> norte para hacer posible la campaña de Chile, está el
> Güemes ofensivo a quien San Martín encomendará la
> campaña del Alto Perú en conexión con su campaña sobre
> Lima y la del General Arenales sublevando la Sierra
> peruana. Esta expedición se reputaba indispensable por
> la necesidad de dividir los efectivos españoles,
> calculados en 24 mil hombres contra los 8 mil de la
> expedición sanmartiniana, impidiendo que se
> concentraran sobre el Capitán de los Andes.   
> 
> A tal fin respondió el nombramiento de Güemes como
> general del Ejército Expedicionario al Perú, recibido
> en Salta el 2 de agosto de 1820, un mes antes del
> desembarco sanmartiniano en la costa peruana. Habiendo
> quedado Salta desolada por la tercera invasión
> española (cuyos efectivos lograron apoderarse durante
> cierto tiempo de la misma capital) parece increíble
> que se hubiese encomendado a Güemes organizar una
> ofensiva hacia el norte. 
> 
> Pero San Martín medía en sus reales dimensiones el
> temple del líder salteño y el entusiasmo patriótico de
> sus gauchos. De hecho, faltó un pelo para que al
> abandonar Salta y retirarse hostigados por la Quebrada
> de Humahuaca, los españoles no fueran rodeados y
> rendidos por las milicias de Güemes que volaban en su
> persecución. Si éste no fue el epílogo de la tercera
> invasión se debe exclusivamente al sabotaje
> indescriptible del gobernador tucumano Aráoz y del
> Ejército de Norte, a quien los gobernantes porteños
> consideraban apto para marchar sobre Buenos Aires para
> batirse por la constitución unitaria, pero inepto para
> avanzar sobre los ejércitos del rey en derrota. Mucho
> menos pedía Güemes: algunas caballadas de refresco
> para seguir la persecución que, al faltarle por la
> acción deliberada que señalamos, dejaron escapar la
> presa y le permitieron rehacerse en Tarija y Mojos.   
> 
> Ahora se hacía necesario operar contra ellos
> nuevamente, aunque en plan ofensivo; pero, mientras
> tanto, la batalla de Cepeda había liquidado las
> autoridades nacionales, ya no existía Director
> Supremo, el Congreso unitario se había dispersado. La
> leyenda mitrista pretende que los caudillos
> traicionaron la causa de la Independencia al derribar
> el poder nacional. Pero sabemos que éste cayó cuando
> intentó traer a Buenos Aires los ejércitos de Chile y
> de Tucumán. Los caudillos, por el contrario, apoyaron
> activamente, salvo excepciones, la continuidad de la
> guerra nacional. Bustos urgía la convocatoria de un
> nuevo Congreso Constituyente a fin de vigorizar la
> unidad y la guerra exterior, y una de las exigencias
> que esgrimieron los gobernadores de Salta, Santiago y
> Catamarca al suscribir el pacto del 12 de abril de
> 1821 contra el tucumano Aráoz fue la de obligarlo a
> mandar diputados a ese Congreso. Pero el plan fracasó,
> como es sabido, por la resistencia de la provincia de
> Buenos Aires, cuyo ministro Rivadavia anticipaba en
> las instrucciones a los diputados la tesis que años
> después esgrimiría Rosas en su célebre carta a
> Quiroga. Esa misma Provincia era capaz de gastar el
> equivalente de 10 millones de pesos en las fiestas
> mayas de 1821, pero no daría un auxilio para la marcha
> de Güemes sobre el norte.   
> 
> Así y todo, Córdoba envía 350 coraceros al mando de
> Heredia, Santiago reúne fondos y medios considerados
> para proveer a la vanguardia del nuevo ejército
> nacional, que ya enero de 1821 se mueve sobre
> Humahuaca. Catamarca recluta fuerzas. El viejo general
> Ocampo, gobernador de La Rioja , se ofrece a marchar a
> las órdenes de Martín Güemes. Este, mientras tanto, ha
> reunido 2.500 hombres en operaciones, bajo el mando
> inmediato del tucumano Heredia (uno de los sublevados
> de Arequito), remitido por Bustos al frente de la
> división cordobesa. La exigüidad de estas fuerzas se
> compensaba por la debilidad política imperante en el
> bando español, cuyo jefe, el general Olañeta, no podía
> unificar a sus 4.000 hombres, casi todos americanos,
> profundamente trabajados por la propaganda patriótica.
> De hecho, a fines del año anterior, Güemes había
> logrado organizar una formidable conspiración en el
> ejército español, de la que participaba la guarnición
> de Oruro (parque militar de primer orden), con los
> cuerpos de Chilotes, del Centro y de la Reina , y los
> Cazadores y Partidarios, apostados con Olañeta en
> Potosí.   
> 
> De esta Conspiración formaba parte, incluso, el
> gobernador de Oruro, coronel Fermín de la Vega , y la
> dirigía el coronel Mariano Mendizábal, jefe del
> regimiento de la Reina , contando con la mayoría de la
> oficialidad americana. Pero la demora impuesta a
> Güemes por la negativa de los auxilios falazmente
> prometidos por el tucumano Aráoz, determinaron el
> descubrimiento del Complot y su represión en sangre. 
> 
> Una vez más la traición interna impidió abrir el
> camino del Alto Perú sin disparar un solo tiro y
> marchar con ejército reforzado hacia la ciudadela del
> poder español. Debe recordarse que los auxilios de
> Aráoz se referían a los implementos del disuelto
> Ejército del Norte (liquidado en Arequito), propiedad
> de la Nación , reclamados por Güemes con títulos
> suficientes, en su calidad de comandante en jefe
> designado y reconocido de un ejército nacional. 
> 
> A pesar del fracaso de la conspiración patriota, el
> espíritu subversivo campeaba en las filas de Olañeta,
> tanto más ahora que el virrey había llamado a los
> cuerpos, españoles para que reforzaran la defensa de
> Lima, dejando en la frontera sur, a los cuerpos
> formados por americanos. 
> 
> Pero el Ejército argentino jamás franqueó la altura de
> Humahuaca, alcanzada, a principios de ese año de 1821.
> Seis meses después, el 17 de junio, Güemes moría a
> consecuencia de las heridas recibidas de la vanguardia
> española que lograra infiltrarse hasta la misma ciudad
> de Salta por la traición de su clase decente. 
> 
> Este episodio trágico e infame simboliza y tipifica el
> enfrentamiento prolongado hasta nuestros días entre el
> pueblo argentino y la oligarquía antinacional. La
> infamación y la traición desplegadas, los lemas
> republicanos y democráticos contra el tirano, el
> clamor de la propiedad ofendida, la genuflexión
> patriota ante el enemigo extranjero, los auxilios de
> la autoridad eclesiástica, la injuria contra la chusma
> y el mulataje, el odio abyecto que va mas allá de la
> tumba, no podrían sorprender a ningún argentino que
> haya vivido en su patria en los últimos doce años,
> aunque el paralelo, las constantes oligárquicas, sí
> sean impresionantes. Como este aluvión denigratorio de
> la gente decente tiene a su manera su imponencia, es
> indispensable conocer su dimensión histórica, sus
> ramificados episodios, principalmente allí donde la
> perspectiva del tiempo permite con toda claridad medir
> el abismo entre esa imponencia y su realidad miserable
> y ruin. 
> 
> Y nada mejor que recurrir a este episodio tan
> sepultado y tan paradigmático de nuestros orígenes,
> como ilustración y enseñanza de lo que es una guerra
> popular revolucionaria, de cómo la soberanía política
> se llena en el proceso de la lucha de un contenido
> social revolucionario, y de cómo la oligarquía
> antepone invariablemente la mezquindad de sus
> privilegios a los objetivos de la Nación. 
> 
>   
> 
> LA INMOLACION DE GÜEMES 
> 
> La hostilidad levantada a retaguardia por el tucumano
> Aráoz impuso a Güemes un paréntesis en los
> preparativos para invadir el Alto Perú en apoyo de San
> Martín. La campaña contra el gobernador de Tucumán se
> hizo inevitable cuando éste atacó a Santiago para
> impedir que Ibarra enviase dinero y materiales al
> ejército de Güemes. Este arrolla a Aráoz hasta las
> mismas puertas de su capital. Pero el astuto tucumano
> aprovecha una momentánea ausencia de Güemes para
> enredar al sustituto Heredia en negociaciones y
> batirlo en la sorpresa de Marlopa (3/4/21). El
> imprevisto desastre acelera la conspiración en Salta,
> mientras Olañeta avanza nuevamente, para aprovechar
> las discordias en el campo patriota. Pero una
> encerrona magistral del vicegobernador Gorriti captura
> en Humahuaca la vanguardia de Olañeta (30 de Abril),
> obligándolo a retroceder hasta Mojos. Güemes, en
> tanto, se rehace en Rosario de la Frontera y su
> vanguardia (a las órdenes de Vidt, ex oficial
> napoleónico) vuelve a operar en las afueras de
> Tucumán. 
> 
> Aráoz, entonces, ordena al coronel Arias (ya en tratos
> con Olañeta) que avance hacia el valle de Lerma por la
> apartada ruta de Las Cuestas, en apoyo de la
> conspiración que trama la clase decente de Salta. La
> capital tucumana hervía de exiliados salteños, quienes
> azuzaban en Aráoz el temor de que Güemes, so pretexto
> de guerrear contra España, se fortaleciese
> militarmente. Estos exilados y la buena sociedad
> tucumana captaron para la conspiración a los
> comandantes salteños y al propio general Heredia. 
> 
> Era indispensable que todos estos hilos se urdieran en
> un viso de legalidad. A tal fin, el 24 de mayo reúnese
> en Salta un cabildo abierto semejante a aquel otro de
> 1815 que hiciera de Güemes gobernador. Este plenario
> de la clase decente, por abrumadora mayoría, derroca a
> Güemes, le quita la ciudadanía salteña y lo destierra
> de la provincia nombrando gobernador a Saturnino
> Saravia y comandante de armas a Antonio Cornejo. Los
> facciosos se apresuran a armarse y distribuyen
> abundante dinero entre la plebe con la despectiva
> convicción de apartarla del demagogo. 
> 
> Pero bastó a Güemes presentarse con 25 hombres de
> escolta ante el ejército adversario en las afueras de
> Salta y arengarlo bravamente, para que los batallones
> se pasasen en masa y huyesen los decentes con
> justificado pánico. Así se hundió la "revolución del
> comercio", como la llamaron sus autores con lenguaje
> más franco que el de sus cíclicos herederos. Güemes
> autorizó por primera vez ciertos saqueos y encarceló a
> los que no pudieron huir; pero no dictó condenas
> capitales, Como era derecho y costumbre. 
> 
> Uno de los fugitivos, el comerciante Benítez, se
> refugia en la vanguardia de Olañeta (que avanza
> sigilosamente mientras el grueso del ejército español
> fingía un repliegue a Oruro). El jefe de esa fuerza,
> coronel Valdez, concibe entonces el audaz plan de
> capturar a Güemes en su propia capital, para lo cual
> Benítez supo guiarlo por la inaccesible senda del
> Despoblado hasta las puertas de Salta (7 de junio).
> Aunque esta presencia fue advertida desde varias casas
> principales, un silencio cómplice ocultó los indicios.
> Güemes pernoctaba en casa de su hermana, que Benítez
> señaló al jefe realista. Varias patrullas la rodearon,
> y cuando Güemes rompió con su escolta el cerco y casi
> tocaba las afueras, una bala alcanzó a herirlo. Diez
> días después moría en brazos de sus gauchos. 
> 
> Al clarear el 8, Valdez rinde a la guarnición del
> Cabildo con el auxilio de los conspiradores allí
> presos. El 10 entra Olañeta, y el 16 el mismo Cabildo
> abierto que destituyera al tirano designa al general
> realista gobernador de Salta, no bajo presión del
> miedo sino de la gratitud, como lo testimonia el
> comandante de armas designado por la revolución del
> comercio, Antonino Cornejo, en su mensaje a Olañeta:
> -La gratitud es ciertamente con la que debió
> manifestarse a V. S. la virtuosa Salta, por haberle
> debido su sacudimiento del bárbaro poder de un déspota
> que, a la funesta sombra de una libertad rastrera, fue
> el mayor de los tiranos. 
> 
> El epílogo de esta deshonra sería el acuerdo entre los
> gobernadores Olañeta y Cornejo, que pacificaba la
> frontera, retirándose Olañeta a Humahuaca. Los
> decentes arguyeron imposibilidad de hacerlo más
> decorosamente; pero su falta de medios era su miedo a
> los gauchos, quienes, ya sin jefe, aún hostilizaron al
> español y hasta le provocaron 300 deserciones durante
> la retirada. 
> 
> Con Güemes moría el impulso americano en la frontera
> Norte, desgarrábase el Alto Perú, perdía San Martín su
> nexo estratégico con el Plata y obligábase al
> renunciamiento de Guayaquil; cerrábase la ruta del
> Pacífico como contrapeso al centralismo porteño;
> empezaban la balcanización, la dictadura oligárquica,
> el patriotismo de la entrega. Veamos ahora cuales
> fueron las causa del odio a Güemes y a su causa
> americana. 
> 
> -Todo vino así a acumularse sobre Güemes: él era el
> falsificador de la moneda; el corruptor de la masas
> ignorantes, antes respetuosas y ordenadas; el
> responsable de la destrucción del comercio del Perú.
> Andaba en tratos con el enemigo. Se rodeaba de una
> turba de delincuentes, - La Gavilla , cuyos desmanes
> -daban los rasgos más hondos del sistema infernal o
> sistema de Güemes. Zaheríanlo con la pasión amorosa,
> que veían era su flaco. Y pues entregaba a sus
> comandantes la dirección de los combates, tomaron tal
> conducta como signo visible de su cobardía personal,
> que comenzaron a atribuirle . . Los libelos corrían en
> arte métrico. de mano en mano, por los cuales
> derramábanse los escapes de su odiosidad para con él. 
> 
> Sobre todo, hubo una causa -que excedió en poder para
> formarle una atmósfera de odio: la inclinación que
> empezó a mostrar por la plebe. La plebe era tres veces
> superior en número a la gente decente, mezcla grosera
> de todas las razas, en que sobresalían los mulatos.
> Siendo libertos, tratarlos como esclavos era para
> ellos la más importante ofensa. De estos libertos y
> demás gente libre de la plebe se formaba el batallón
> de los Cívicos (400 plazas). Ejercían todos los
> oficios viles: zapateros, blanqueadores, talabarteros,
> sastres y albañiles. Por lo general, eran aquellos
> mulatos fornidos y altos, de voz estentórea,
> entusiastas por la política, de natural y bulliciosas
> sus aclamaciones. En estos casos, formaban las
> puebladas, que era así como ejercían la vida pública,
> puebladas terribles a veces. 
> 
> -Güemes, que carecía de recursos y necesitaba de esta
> gente para hacer la guerra, trató de captarse su
> voluntad e infundirles la noción de sus derechos; con
> lo que el mulataje, de natural altanero y atrevido,
> fue tomando alas hasta convertirse en una malvada e
> insolente canalla que alcanzaría a imponer su
> repugnante dominación. 
> 
> -Tal como estaban las cosas, la guerra no podía
> sostenerse sino con el apoyo espontáneo de la plebe;
> que al fin, sin paga, muchas veces sin pan, era la que
> iba a derramar la sangre y si Güemes exaltaba a los
> derechos del hombre en las muchedumbres, también las
> contenía en los lindes del orden social, pues -
> necesitando también el apoyo de la clase rica -
> trataba en aquella difícil situación de mantener el
> equilibrio. Y así no ofrecía repartir las tierras ni
> las fortunas; no era -un revolucionario en ese orden,
> mostrando más bien un espíritu conservador. 
> 
> Los decentes conspiraban desde 1817. El complot -no
> era ni federal ni unitario; querían -liberar la
> provincia del yugo de un tirano aborrecido. La
> conspiración comenzó al fracasar las instancias ante
> Pueyrredón y Belgrano para que éste ocupara a Salta y
> derrocara a Güemes con el Ejército del Norte.
> Abortados los intentos de 1817 y 1818, en 1819 se suma
> a los manejos el coronel Arias, quien propone -hacer
> las paces con los españoles: en la primera vez que
> cargue el enemigo, nos presentamos todos e imploramos
> el perdón del Rey (Archivo prov. Salta). 
> 
> Se llega a sobornar a Panana para que asesine a
> Güemes, quien lo descubre y desarma. Y aunque Güemes
> perdona a todos los complotados, -su clemencia sólo
> dio por fruto el calzar en la lengua de muchos de sus
> terribles adversarios el candado del silencio 
> 
> Estas conspiraciones eran alentadas por la hostilidad
> de los unitarios porteños. -Desde 1815, para ello,
> Güemes había sido en el Norte lo que Artigas en el
> Oriente: un prototipo de los tiranos. Fracasada la
> Constitución de 1819, la juventud liberal salteña
> (unitaria o federal) quiso organizar la provincia,
> pensando así deshacerse pacíficamente de Güemes e
> imponer -el orden y la libertad. 
> 
> Facundo Zuviría, Juan Marcos Zorrilla y Dámaso Uriburu
> encabezaban este partido que se llamó la Patria Nueva
> , el cual contaba -con casi toda la gente decente,
> ilustrada, rica y culta. A las causas expresadas de
> esta unanimidad añadíase el deseo de -constituir la
> provincia legalmente sobre el sistema representativo.
> Los seducía la implantación del verdadero gobierno
> constitucional en Francia por Luis XVIII, cuyas
> Cámaras llenaban de novedad el mundo. El sistema
> francés era el asunto de moda de toda la gente
> intelectual. Se trataba, obviamente, del
> parlamentarismo aristocrático impuesto por la
> Restauración. 
> 
> -Ya es necesario, decían, que se pongan frenos a la
> autoridad. No es ésta la manera de gobernar a hombres
> libres; queremos que se gobierne con formas. 
> 
> -Viendo que los trabajos subversivos lo ponían a
> riesgo de ser derrocado y que aquella oposición se la
> hacía la gente decente, no encontró Güemes más apoyo
> que echarse en manos de la plebe. Y como la clase
> decente estuviera formada de la raza blanca, la lucha
> de razas se inició en Salta. El general acudía a los
> campamentos, alejaba a los oficiales (-por lo común,
> de la clase enemiga) y arengaba a sus tropas con -las
> nuevas doctrinas, subversivas a su vez contra el
> antiguo orden social. 
> 
> -Por estar a vuestro lado - les decía - me odian los
> decentes; por sacarles cuatro reales para que vosotros
> defendáis su propia libertad dando la vida por la
> Patria. Y os odian a vosotros, porque, os ven
> resueltos a no ser más humillados y esclavizados por
> ellos. Todos somos libres, tenemos iguales derechos,
> como hijos de la misma Patria que hemos arrancado del
> yugo español. ¡Soldados de la Patria , ha llegado el
> momento de que seáis libres y de que caigan para
> siempre vuestros opresores! 
> 
> -La guerra de clases había sido declarada. El sistema
> infernal se desarrolló desde esta hora de manera
> tremenda y espantosa. Güemes concedió una extremada
> licenciosidad a sus gauchos; la propiedad, sobre todo,
> quedó sin amparo. El mulataje fanatizaba la venganza
> de su condición. de nuestros días. -Habían llegado a
> tal extremo las cosas que, como decían, -el gobierno
> de Güemes es la negación de todo gobierno. De ahí
> brotó en los decentes un odio tan fuerte que, en la
> mayor parte de ellos, ni el tiempo largamente corrido
> después de su muerte pudo ser capaz de extinguirlo.
> -No me hables más de ese bandido - oíamos decir a los
> últimos viejos que alcanzamos de aquellos tiempos, a
> los 60 años de pasadas estas cosas. ¡Dios lo haya
> perdonado! 
> 
> DE LA GUERRA NACIONAL A LA GUERRA SOCIAL 
> 
> El análisis de Frías que hasta aquí hemos transcripto,
> señala con claridad dos momentos en la radicalizacíón
> política de Güemes. Estos dos momentos se suceden a
> partir de las exigencias de la propia lucha nacional.
> La lógica interna de esa lucha, al exigir crecientes
> sacrificios en hombres, equipos y dinero, impuso a
> Güemes, surgido de la clase dominante salteña, una
> creciente radicalización de su política. 
> 
> El primer momento es de carácter democrático. Como
> bien señala Frías, Güemes se limita a prometer a los
> gauchos, artesanos, etc. la igualdad política, la
> igualdad ante la Ley. 
> 
> -Pero no les ofreció dar las tierras del Estado, ni
> los sobrantes de las tierras de los ricos, no obstante
> poseer éstos leguas y leguas de campos sin cultivos;
> ni les repartió la fortuna de los enemigos; ni los
> colocó en la altura dirigente de la sociedad. no
> siendo por tal manera, un revolucionario en este
> orden, mostrando más bien en esto un espíritu
> conservador. Se trataba, en consecuencia, de asegurar
> un frente único entre el sector decente y el plebeyo,
> acorde con el carácter nacional de la lucha. Sin
> embargo, la mera concesión de los derechos políticos
> implicaba una amenaza al orden constituido, que el
> grupo dirigente no pretendía modificar mediante la
> independencia, sino adaptarlo aun más a sus
> necesidades. 
> 
> Por eso, subraya Frías, -las consecuencias no fueron
> tan bellas como las teorías, porque la clase decente
> vino forzosamente a significar para (la plebe rural y
> urbana) como un representante de la antigua opresión.
> Los hombres decentes comenzaron a ser heridos por la
> canalla fanatizada y ensoberbecida. 
> 
> Ahora bien, la lógica interna de la lucha nacional
> obligó a Güemes a radicalizarse socialmente, pues de
> otro modo no habría podido solventar los gastos de la
> guerra. Al mismo tiempo, las clases dominantes
> comenzaron a resistir mayores contribuciones, y esto
> creó una causa complementaria de tensión. De esta
> manera, el frente único entró en crisis, y Güemes tuvo
> que apoyarse en los estratos más explotados contra la
> aristocracia salteña. 
> 
> Frías describe con sorprendente claridad este segundo
> momento de la lucha. -Por 1816 hizo Güemes una
> asamblea de notables afincados en la campaña y expuso
> la necesidad de sostener la guerra con los propios
> recursos de la provincia. No alcanzando para pagar a
> los gauchos milicianos que servían gratuitamente a la
> Patria , nada más justo, les presentó, ni equitativo,
> que concederles la gracia, mientras prestaran sus
> servicios a la Nación , de que no pagaran sus
> arrendamientos por las tierras que ocupaban. La
> asamblea sancionó generosamente el pensamiento. 
> 
> -Pero, resultó a poco que aquellos hombres comenzaron
> a considerarse como no sujetos ya a su patrón por
> vínculo obligatorio sino voluntario a su buena gana;
> generalizándose el caso de que en cuanto el
> propietario les exigía prestar la obligación (trabajo
> personal por 15 ó 20 días en el año, durante siembras
> y cosechas; el propietario les daba el usufructo de
> una parcela y los instrumentos y semillas; el
> arrendero pagaba una renta anual en dinero y la
> obligación) hacíanlo a su albedrío, o se le negaban
> orgullosamente respondiéndole que el general les tenía
> dicho e informado que no tenían que pagar arriendo ni
> servicio por las tierras ocupadas, porque tenían que
> servir a la Patria. Aún regía el apremio personal por
> deudas, y cuando el propietario trataba de llevar las
> cosas por la fuerza, el gaucho fugaba buscando el
> amparo de Güemes, que le daba protección. 
> 
> -Cosa idéntica acontecía con los que habían sentado
> plaza de soldados bajo sus banderas, porque la
> prohibición general de que fueran ejecutados ni
> compelidos al pago de cualquier cosa que adeudaran,
> pues era gente infeliz que sin sueldo ni recompensa
> prestaba sus servicios a la Patria , así con sus
> escasos intereses como con su propia vida. Justo era
> que el acreedor que no prestaba estos servicios
> militares contribuyera de este modo a la causa,
> pública, no exigiéndolo. 
> 
> Como vemos, Güemes se vio obligado a interferir en las
> relaciones de distribución con el objeto de pagar
> parcialmente a sus tropas, congelando los arriendos
> feudales y el cobro de deudas. Inicialmente, la clase
> dominante aceptó el criterio, que se imponía como
> necesidad de las operaciones militares. Pero terminó
> por resistirlo, conforme la carga de la guerra se le
> volvía cada vez más insoportable. 
> 
> Por esta. vía, la medida se imbuyó de un nuevo sentido
> de justicia social, por de pronto para las masas, y
> también para el propio Güemes. 
> 
> Respecto a aquéllas, escribe Frías, -tanto favor llevó
> y levantó al mayor grado de adhesión del paisanaje
> hacia la persona y causa de Güemes, en quien vieron un
> protector. 
> 
> Por su parte, Güemes, salido - como dijimos de la
> clase dominante y de la milicia regular, fue
> moralmente influido por la adhesión irrestricta de los
> oprimidos a la causa emancipadora, y por el contraste
> entre tal actitud y el egoísmo codicioso de las clases
> dirigentes, que no vacilaban en traicionar a la
> revolución en aras de sus propios intereses. 
> 
> En este segundo momento de la política de Güemes ha
> quedado atrás la pura democracia e igualdad políticas
> ofrecidas como premio de la lucha por la
> independencia, y se esboza, por la vía de la
> distribución, un planteo de democracia social como
> fundamento inexcusable de esa lucha. 
> 
> Dialécticamente, la guerra nacional se ha convertido
> en una guerra de clases. La lógica del proceso llevaba
> a un tercer momento, que es el señalado por Frías
> cuando dice que, inicialmente, Güemes no pensó en nada
> parecido a un reparto de las tierras públicas o una
> expropiación parcial de los latifundios. 
> 
> El tercer momento sería, precisamente, el de la
> revolución agraria, llevando la justicia social del
> mero plano distributivo al del cambio en las
> relaciones de producción y las formas de propiedad, o
> sea, a la constitución de una clase de pequeños
> campesinos independientes. 
> 
> Es de gran interés investigar si el caudillo salteño
> llegó a plantearse esta tarea tal como en el otro
> extremo del virreynato lo hiciera Artigas con su Ley
> Agraria de 1815. 
> 
> Otro aspecto de indudable importancia - que aquí nos
> limitamos a esbozar - reside en la mecánica de la
> lucha militar emprendida por Güemes. De acuerdo a
> Mitre, la revolución de Mayo en Salta puso en
> movimiento dos fuerzas independientes y potencialmente
> antagónicas. La de la clase dirigente urbana, que
> engendró el nuevo Estado y el Ejército regular; y la
> fuerza instintiva del paisanaje rural, que dio
> nacimiento a la táctica irregular de la guerrilla,
> cuyo caudillo fue Güemes. 
> 
> Cuando esa guerrilla se subordinó al orden nacional y
> regular del Estado, cumplió una función de apoyo,
> permitiendo al Ejército regular obtener las victorias
> decisivas, de valor estratégico. Pero, constantemente,
> Güemes (y los demás caudillos) transgredieron esos
> límites para convertirse en factores de caos. Este
> planteo es falso y corresponde a una visión
> oligárquica del problema. En primer término, Güemes no
> brota en el año 10 como representante elemental del
> gauchaje, pues él es oficial del Ejército regular y
> actúa en ese carácter. La guerrilla nace de ese mismo
> Ejército regular, a inspiración de San Martín que le
> hace cumplir un papel de vanguardia defensiva luego de
> los fracasos de las expediciones de Balcarce y
> Belgrano sobre el Alto Perú. 
> 
> Pero, tras la dura invasión de Pezuela, rechazada sin
> auxilio del Ejército del Norte, y ante el sabotaje
> porteño de esa fuerza al producirse la formidable
> tercera invasión, Güemes se ve obligado a replantear
> los términos del problema. 
> 
> La defección del Ejército regular, que es la defección
> de la clase dominante, obliga a Güemes a atender no
> sólo a la táctica, sino también a la estrategia de la
> guerra de la independencia. Esto significaba la
> transformación de la guerrilla gaucha en un ejército
> popular revolucionario, en otros términos, la
> regularización de la guerrilla, pero no en torno a la
> antigua dirección de clase (oligárquica), sino en
> torno a una nueva dirección de clase (plebeya). 
> 
> Tal fue el problema que un siglo más tarde se
> plantearon y resolvieron los revolucionarios chinos y
> vietnamitas al crear la teoría del paso de las
> formaciones guerrilleras al ejército popular
> revolucionario. Güemes se propuso también resolverlo
> mediante la constitución de regimientos regulares de
> caballería gaucha, y cuando la muerte lo sorprendió,
> como dijimos al principio, tenía reunido un ejército
> de 2500 hombres sobre la Quebrada , para marchar hacia
> el Alto Perú en apoyo de la campaña sanmartiniana. 
> 
> Esta regularización de la guerrilla implicaba superar
> la antinomia guerrilla / ejército regular propia del
> planteo militar clásico, en la cual la guerrilla sólo
> puede servir de apoyo táctico para las fuerzas
> regulares, únicas llamadas a lograr resultados
> estratégicos, tal como el perro sirve al cazador, pero
> no lo sustituye (a menos de convertirse en monstruo
> digno de exterminio). 
> 
> Aquí, la defección de la clase dominante abre el curso
> a un reemplazo de clase en la conducción del proceso.
> Cómo éste se da en términos militares, la defección
> del viejo ejército regular (sometido a la clase
> oligárquica y a la burguesía comercial porteña) abrió
> el camino para la regularización de la guerrilla, es
> decir, para la irrupción dirigente de sectores
> sociales oprimidos. 
> 
> Ambos procesos, el militar y el social se
> interpenetran. La guerra de clases interna que
> describe Frías, convirtió a Güemes de revolucionario
> democrático en defensor económico de los gauchos,
> según una lógica de actuación que, al menos
> potencialmente, apuntaba hacia la revolución agraria. 
> 
> La lucha militar, la defección del Ejército del Norte,
> lo transformó de oficial de carrera en guerrillero
> clásico, subordinado a las fuerzas regulares; y de
> guerrillero clásico en jefe revolucionario que en el
> momento de su muerte había comenzado la tarea de
> convertir sus formaciones montoneras en un ejército
> revolucionario popular de nuevo tipo. 
> 
> Así, en un rincón heroico de la América del Sur a
> principios del siglo pasado, las leyes de la
> revolución permanente se abrieron paso en la lógica
> interna de la guerra nacional esbozando por un
> instante una perspectiva gloriosa, que es la que
> hereda como tarea irresuelta el proletariado de
> nuestros días. 
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