[R-P] La nueva "guerra gélida" por los hidrocarburos del Artico

Edgar Schmid condornacional en yahoo.com.ar
Mar Ago 14 05:15:24 MDT 2007


La nueva "guerra gélida" por los hidrocarburos del
Artico

(IAR-Noticias) 14-Agosto-07

La bandera rusa en el fondo del océano Ártico.

Vlady Putin, calificado como el zar geoenergético
global por Bajo la Lupa, consolida su título al
reclamar la posesión de las entrañas submarinas del
Polo Norte, donde se concentra 25 por ciento de los
hidrocarburos del planeta.

Por Alfredo Jalife Rahme - La Jornada (*)

La genial jugada geoestratégica se gesta cuando los
precios del crudo rasguñan 80 dólares el barril,
mientras las bolsas anglosajonas se desploman.

Resucitada del cementerio geopolítico cuando estuvo a
punto de suicidarse con el veneno neoliberal que le
administraron sus verdugos anglosajones, mientras
consolida su defensa, ahora Rusia pasa a la
contraofensiva después de contestar el despliegue
misilístico balístico que el régimen torturador
bushiano intenta colocar en sus narices: optimiza su
capacidad de respuesta nuclear frente a las bravatas
de Dick Cheney; congela el tratado de armas
convencionales en Europa; captura el corazón del Polo
Norte repleto de hidrocarburos y anuncia su expansión
marítima en el Mar Mediterráneo (¿en Siria y
Argelia?), mientras aprieta las tuercas gaseras en la
"periferia inmediata" de Belarús e inicia ejercicios
militares conjuntos con China, en vísperas de la
trascendental cumbre del Grupo de Shanghai en
Kirguizia.

Es probable que los historiadores citen el inicio
oficial de la nueva "guerra gélida", dadas las
coordenadas donde se desarrolla, el primer día de
agosto pasado, cuando la tripulación rusa de dos
submarinos expedicionarios colocó su bandera de un
metro de altura y de material anticorrosivo de titanio
a una profundidad de 4 mil 200 metros.

Para la población rusa, humillada durante la fase
derrotista de Gorbachov y Yeltsin, la hazaña del
Artico rememora medio siglo más tarde la epopeya del
satélite Sputnik. El zar geoenergético global quizá
sea todavía mejor sicólogo que genial geopolitólogo:
ha resucitado a Rusia de entre los muertos, en el más
puro estilo dostoievskiano, y le ha devuelto el
orgullo perdido a su alma extraviada en las estepas.

Más allá de la dotación de armas nucleares y misiles
intercontinentales, imprescindibles para una potencia
que desea ser respetada en el mundo hobbesiano en el
que pervive la mentalidad paranoide anglosajona, Rusia
constituye la primera reserva energética de
hidrocarburos del planeta (cuando se suman el gas y el
petróleo, sin contar el Artico) y ahora posee la
tercera reserva de divisas (¡el equivalente de la zona
euro!), habiendo desbancado a Taiwán y a punto de
desplazar a Japón del segundo lugar, gracias a su
estupendo manejo geoestratégico del oro negro: todo lo
contrario de los ineptos neoliberales "mexicanos",
quienes han dilapidado la riqueza nacional.

No es momento de detenernos en las mediocridades
neoliberales "mexicanas" en plena deriva, sino en las
genialidades rusas que reclaman 45 por ciento del
Artico, que no es fácilmente definible en sus
fronteras y alberga 25 por ciento de los hidrocarburos
del planeta. Nuestros cálculos arrojan que a la
cotización actual, las reclamadas reservas rusas en el
Artico valdrían alrededor de 5 billones de dólares, es
decir, siete veces su PIB nominal.

Bien decía La Fontaine en sus célebres fábulas, un
poco con mentalidad contable o de "suma cero", como
suelen espetar en Harvard, que "la desgracia de unos
es la fortuna de otros". Una de las consecuencias del
"calentamiento global" versa sobre el derretimiento
del Polo Norte, que cambiará en forma dramática la
circulación marítima y permitirá un mejor acceso para
explotar sus fuentes energéticas. ¿Significa la
degradación relativa del Canal de Panamá, ya no se
diga del istmo de Tehuantepec, cuando será mas corto
trasladar las mercancías entre Europa del Norte, la
costa occidental de Estados Unidos y el Norte Asiático
(China, Japón y la península coreana) a través del
Artico descongelado durante los veranos?

La genial jugada geoestratégica rusa tomó
desprevenidos a los otros siete países ribereños:
Canadá, Estados Unidos, Dinamarca, Islandia, Noruega,
Finlandia y Suecia. ¿Quién será el guapo en alcanzar
las profundidades exploradas por los submarinos rusos
y luego atreverse a quitar la bandera simbólica de
titanio, a riesgo de una conflagración?

Mientras el gobierno bushiano mantiene un estruendoso
silencio, contrario a sus costumbres bélicas
unilaterales, el primer ministro de Canadá, Stephen
Harper, ha reaccionado en forma contraria a la flema
habitual de sus gobernados mediante medidas militares
que no corresponden a su naturaleza pacífica, con el
propósito de restablecer el control del Artico, pero
en la superficie (en el doble sentido de la palabra):
"creación de un puerto en las aguas profundas y un
centro de entrenamiento militar permanente, así como
el refuerzo de patrullas soberanas en el Gran Norte",
con un costo de 7 mil millones de dólares (Le Monde,
11/08/07).

Harper, quizá azuzado por la banca anglosajona, cuya
prensa en pleno ataque epiléptico ha fustigado la
"piratería rusa", ha hecho de la "soberanía
canadiense" en el Polo Norte un asunto de orgullo
personal, y de facto inició su inevitable
militarización.

Quizá un poco tarde, el rotativo Le Monde (12/08/07),
considerado el portavoz de la cancillería francesa,
aboga en forma precavida y racional por "un Artico
para todos" (al estilo de la Antártida) y sitúa los
recientes posicionamientos de Rusia y Canadá en el
contexto de "tres apuestas estratégicas mayores para
la Unión Europea (UE)" en los ámbitos "militar,
económico y ambiental". El aspecto militar: la
presencia de submarinos nucleares de Estados Unidos y
Rusia "amenaza las grandes urbes del hemisferio
norte". El aspecto económico: "la seguridad y el
abastecimiento energético de la UE pasará mañana por
el Artico". El aspecto ecológico: "si Groenlandia
(nota: perteneciente a Dinamarca) constituye la mayor
reserva de agua dulce del planeta (nota: ¿no era la
Antártida?), la explotación de Alaska como la
contemplan los países ribereños corre el riesgo de
degradar aún más el medio ambiente".

La genial jugada geoestratégica rusa, que se incrusta
en el corredor marítimo polar en la cercanía de
Estados Unidos, que aísla de paso a Gran Bretaña, se
inscribe en la lógica del derecho internacional que,
por cierto, no respetó la anglosfera en Irak con el
fin de saquear su riqueza petrolera.

Canadá, un país pacifista otrora ejemplar y miembro
prominente de la anglosfera que perdió su alma al
colaborar militarmente con la deleznable dupla
Bush-Blair en la devastación de Afganistán, carece de
la disuasiva musculatura militar para confrontar a
Rusia.

Más allá de la posesión de las 200 millas naúticas
(320 kilómetros), la Convención de la Ley Marítima de
la ONU (UNCLOS, por sus siglas en inglés) extiende la
propiedad a las placas geológicas continentales.

La posesión del Artico se volvió un asunto meramente
geológico: si Rusia demuestra que 45 por ciento del
Artico, donde se asientan las pletóricas reservas de
hidrocarburos, constituye la prolongación de las
placas Lomonosov y Mendeleyev, muy poco podrán
discutir los otros siete países ribereños sobre el
contenido de la convención que Estados Unidos se
arrepentirá toda su vida de no haber ratificado.



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