[R-P] [redial_s_bolivar] La delgada fibra de la soberanía

Pat H.A. desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mar Ago 7 21:49:09 MDT 2007


La delgada fibra de la soberanía 
 
Rosa Miriam Elizalde (Cubadebate)
 
Desde la noche de este domingo es Ley en los Estados
Unidos la intervención de las llamadas telefónicas y
de los correos electrónicos de los ciudadanos
norteamericanos, sin una orden judicial. George W.
Bush firmó alegremente el decreto que extiende las
prerrogativas del ejecutivo en nombre de la “lucha
contra el terrorismo”, precedido de un gran debate que
movilizó a organizaciones defensoras de los derechos
civiles contra la medida que se veía venir. 
 
Las palabras que nos parecían saetazos en la voz de
Ryszard Kapuscinski y de Ignacio Ramonet, en otros
comienzan a desgastarse, a ponerse viejas, a dejarnos
en un callejón sin salida frente al aluvión
tecnológico que está transformando radicalmente al
emisor y al receptor, con una brecha casi
irreconciliable entre quienes ya cumplieron los 50
años de edad y aquellos que viven sin contradicciones
la cultura digital.
 
Frente a la mitad de la población mundial conectada a
Internet en el 2015 y de la televisión digital
señoreando en medio mundo en el 2010, los límites de
este tipo de análisis se hacen más palpables: ¿por qué
todo el mundo habla del imperialismo mediático y rara
vez lo relaciona con una organización tecnológica
ligada a imponer un modelo? ¿Se pueden construir
espacios públicos de información mientras las
transmisiones y los satélites dependen del Norte?
¿Cómo se reconvierte lo que existe hoy? Con las
innovaciones de las telecomunicaciones ligadas a la
industria de guerra norteamericana, ¿se puede hablar
de soberanía?
 
Absolutamente, no. Si hay alguna revolución pendiente
en el universo de la comunicación es la tecnológica,
en la que con toda seguridad nos jugamos nuestro
futuro. En la llamada era del acceso, gracias a las
tecnologías que constituyen la base de los
extraordinarios cambios de esta época, es imposible
eludir la estrecha ligadura entre los soportes de
comunicación e información y los artefactos militares,
la investigación del espacio, el tráfico aéreo, la
observación y vigilancia terrestre, la nanotecnología,
la biotecnología y otras ciencias, donde los Estados
Unidos tienen la hegemonía mundial y ninguna
disposición a hacernos partícipes de los conocimientos
que han alcanzado en estos ámbitos. Más que por pistas
aéreas, los misiles viajan por pistas digitales, las
mismas autopistas por donde circulan programas de
radio y de televisión, noticias de los diarios y del
hombre de la calle, comunicaciones telefónicas, toda
suerte de transacciones financieras, ventas por
catálogo, reservaciones de hoteles y boletos de viaje…
No hay que ser demasiado inteligente para entender por
qué el gobierno norteamericano lucha a brazo partido
para mantenerse como ciberpotencia, en la misma medida
en que se convierte en el primer Estado
ciberterrorista de la historia de la humanidad.
 
Desde la noche de este domingo es Ley en los Estados
Unidos la intervención de las llamadas telefónicas y
de los correos electrónicos de los ciudadanos
norteamericanos, sin una orden judicial. George W.
Bush firmó alegremente el decreto que extiende las
prerrogativas del ejecutivo en nombre de la “lucha
contra el terrorismo”, precedido de un gran debate que
movilizó a organizaciones defensoras de los derechos
civiles contra la medida que se veía venir. El plumazo
del emperador ha legitimado finalmente lo que hasta
hace dos días la Agencia de Seguridad Norteamericana
(NSA), cuya jurisdicción es internacional –es decir,
vigilar al resto del mundo sin ningún problema-,
practicaba de manera ilegal dentro del territorio
estadounidense. 
 
James Risen, el experto del diario The New York Times
que destapara en diciembre de 2005 el escándalo de las
escuchas ilegales, publicó este lunes un amargo
artículo, donde advierte otra vez lo que ya sabemos:
los ciudadanos norteamericanos han entrado
“legalmente” en el esquema de vigilancia de la
administración Bush; el resto de los habitantes del
planeta ya estaban hace rato incorporados al programa.

 
Como la malla de un pescador o la de una araña, la
gran red de telecomunicación se sostiene en un punto:
los nodos gigantes ubicados en los Estados Unidos con
subsidiarias norteamericanas en Europa. Es el gobierno
de Estados Unidos el que ha designado los cinco puntos
fundamentales que sostienen la red Internet, todos en
su territorio. Y en América Latina la dependencia es
brutal: EE.UU. tiene la capacidad de espiar e
intervenir el 90 por ciento de todas las llamadas
telefónicas, los correos electrónicos y las
trasmisiones digitales de radio y televisión que se
producen en el continente, porque nadie se comunica
por Internet directamente de La Habana a Venezuela, ni
de Perú a Bolivia, ni de ningún otro lado sin pasar
primero por el gran servidor NAP (Netwok Access
Point), fundamentalmente por el que está ubicado en
Miami. 
 
No basta con afiliarse a Linux, como modelo de
autonomía en la producción de software. Es
imprescindible una política de mayor alcance para
evadir el cerco: por un lado, ejecutar proyectos de
telecomunicaciones supranacionales pensados a escala
regional, y por otro, estimular una sociedad
tecnológicamente creativa y organizada sólo alcanzable
con el compromiso y el empuje de estados
verdaderamente independientes. La buena noticia es
que, por primera vez, esto está ocurriendo en América
Latina, aunque muy pocos se hayan enterado. 
 
Y a este punto quiero llegar. He estado en decenas de
foros, talleres y congresos sobre el drama de la
comunicación y la información en tiempos del
neoliberalismo, y solo en la VI Cumbre Social por la
Unión Latinoamericana y Caribeña, celebrada en Caracas
la semana pasada, se ha trascendido el diagnóstico y
la queja. Nadie, salvo un par de sitios alternativos
en Cuba y España, recogieron la extraordinaria
intervención del viceministro cubano de la informática
y las telecomunicaciones, Alberto Rodríguez Arufe,
quien presentó un boceto de lo que ya se está gestando
al amparo de la Alternativa Bolivariana de las
Américas: ALBATEL, la gran empresa latinoamericana
para las telecomunicaciones que está en la etapa de
concepción y diseño. 
 
Que se esté previendo ahora el proyecto no significa
que nuestro viceministro se haya presentado aquí con
un discurso esotérico. Todo lo contrario. En agosto
del 2008 estará dando vueltas en el espacio el
satélite venezolano Simón Bolívar y a finales de ese
año, un cable de fibra óptica enlazará el puerto de la
Guaira con Siboney, en La Habana, red que tenderá
puentes alternativos en las comunicaciones de la
región. ALBATEL supondrá regulaciones comunes,
asistencia tecnológica, intercambio libre, audacias
científicas. No hará falta pasar por Miami para llamar
o enviar correo electrónicos desde el Sur. No podrán
meter sus narices en nuestros asuntos. No podrán
convertir en una quimera la soberanía, y si eso no es
noticia, que venga Dios y lo vea.
 
7/8/07

  "Hasta cuándo seguir gritando que no cedo en hipoteca  mis sueños
Hasta cuándo seguir gritando que soy incorregible
Hasta cuándo seguir gritando que no reniego de mis actos
Hasta cuándo seguir gritando que nada de lo que tengo
está en venta ni quiero que ningún imbécil corte la soga
Hasta cuándo seguir gritando que no cumplo mis deberes en la tormenta
Hasta cuándo seguir gritando que no exijo futuro
Hasta cuándo si desde siempre mis cartas están sobre la mesa"





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