[R-P] EL DIA QUE ALFREDO PALACIOS PUDO SER EL VICEPRESIDENTE DE PERON

Dr. Rodolfo E. Parbst drparbst en arnet.com.ar
Jue Ago 2 10:35:16 MDT 2007


EL DIA QUE ALFREDO PALACIOS PUDO SER EL VICEPRESIDENTE DE PERON
Antes de proclamarse la fór­mula laborista, Juan Domin­go Perón y Alfredo L. 
Pala­cios se entrevistaron en una casona de una isla del Tigre.
Ya antes, después del 17 de octubre, Antonio López, dirigente sindical 
socia­lista devenido en peronista, tuvo con Pa­lacios una reunión 
preparatoria. López 41 años y Alfredo 67 años. El más joven había sido y era 
obrero. El más viejo abo­gado y docente universitario.
Y aunque el más joven había entrado al Partido Socialista cuando el más 
viejo ya había sido expulsado, tenían muchas co­sas en común.
Se vieron en la casa de un amigo de ambos, en el barrio porteño de Palermo.
-Doctor, se están definiendo cosas muy graves para la Nación -le dijo 
Antonio López cuando quedaron solos-, estos son tiempos históricos.
-De lo que aquí y ahora hagamos, y de lo que aquí y ahora dejemos de hacer, 
da­remos cuenta a la historia.
-No tengo dudas, López, de eso no tengo dudas.
-Usted sabe, hace meses que he dejado el Partido
-Doctor, los hombres que rodea­mos al coronel Perón queremos mantener y 
profundizar las con­quistas obreras por las que usted luchó como nadie.
Alfredo L. lo miró sin un solo gesto.
-¿Todos?
-¿Cómo?
- ¿Todos los hombres que rode­an al coronel Perón quieren man­tener y 
profundizar las conquistas obreras?
-Todos, aunque cada uno a su manera mintió
-Algunos, estimado compañero, de manera poco obrera.
-No puedo negárselo.
Alfredo L. también tomo un sorbo de café y le soltó, sin anes­tesia alguna: 
¿Cuánto de fascismo hay entre ustedes? López sintió que le transpiraban las 
manos, quizá no era él la persona más adecuada para conseguir lo que había 
venido a buscar.
Hacia una semana le había dicho a Pe­rón que era necesario hablar con 
Pala­cios, el coronel se había mostrado de acuerdo y, a su manera calma, 
cuando se despidieron el coronel le dijo:
-López, Palacios es capaz de ponernos en el poder, él llega a quien nosotros 
no llegamos, tiene en su mochila al electorado que está en contra de 
nosotros. Sí, Palacios es capaz de ponemos en el poder.
Ya había abierto la puerta de la oficina cuando escuchó:
-Confío en usted, López, Jugará la mitad de nuestras esperanzas.
Y allí estaba ahora, delante del socialis­ta más carismático y respetado, 
acaso el único dirigente socialista que podía entenderlos. Allí estaba, 
pidiéndole a Pala­cios que rompiese con el Partido Socia­lista.
Dr. Palacios, detrás del coronel Perón no se encolumna un partido 
tradicional, detrás de él están, desordenadas y confundidas, todas las 
corrientes nacionales, o. todos aquellos que entienden la causa nacional y 
que pronuncian la palabra patria sin vergüenza.
Que triunfe un pensamiento obrero depende de nosotros, no de él.
Se desconoce si hubo alguna otra reunión entre López y Palacios antes de la 
fi­nal, que, con la presencia del coronel Perón, se desarrolló en la casona 
del Tigre.
Es lógico suponer que la hubo, pero en ese caso habrá sido como la aquí 
narrada, sin testigos, ya que Alfredo había pues­to como condición para 
cualquier encuentro que éste se mantuviese secreto.
No era para menos, en manos de sus ene­migos, aquello era un arma capaz de 
destruirlo.
La reunión entre Alfredo Palacios y Juan Perón fue breve. Perón por 
interine- ' dio de López lo había invitado a entrar al peronismo y, según 
parece, puso a su dis­posición la candidatura que él quisiera, es decir la 
formula Perón-Palacios.
El dueño de casa les dejó café y les pre­guntó si querían un licor, ninguno 
bebía. Cuando se estaba yendo, le dijo a Anto­nio López por lo bajo:
-¡Que dios proteja a nuestro país, está en manos de abstemios!
Antonio López sonrió y acercó las si­llas.
-Doctor Palacios, los que estamos con la causa nacional -dijo el coronel- 
debe­mos estar juntos. Después de décadas de entrega ahora estamos en 
condiciones de llevar adelante una política de emancipa­ción.
Perón se levantó y sirvió él mismo los cafés.
-Y éste es así doctor, porque ahora el movimiento obrero esta participando 
de la causa nacional. Por eso he querido ver­lo, porque usted es su mejor 
representan­te político.
Antonio López no dejaba de sorpren­derse con ese coronel, tan militar a 
veces, tan poco militar otras.
-Como ya le ha dicho, López, ponemos a su disposición cualquier candidatura. 
Hizo silencio. Esperó la respuesta.
-Coronel, yo no he venido en busca de candidaturas, vea usted la causa 
nacional requiere de tres columnas: independen­cia económica, justicia 
social y democra­cia. Sé que uds. tienen claras las primeras dos, coronel, 
si quiere que luchemos jun­tos lo que yo reclamo es democracia.
-Estamos de acuerdo.
-No estoy seguro, coronel, de que de­mocracia signifique lo mismo para usted 
que para mí.
Alfredo L. le extendió a Perón un pa­pel, era una lista de personas cuya 
par­ticipación en un futuro gobierno era incompatible con la democracia y la 
li­bertad, y por ende incompatible con él. Esa fue la única vez que Perón y 
Pa­lacios se vieron privadamente. La lista, aunque acertada y pru­dente, fue 
para el coronel del todo inaceptable.
El 24 de febrero de 1946, cuando se cerraron los comicios, los diarios 
informaron lo increíble: el Partido Laborista obtuvo 1.487.886 votos y la 
Unión Democrática 1.207.080.
El gran perde­dor de las elecciones fue el Partido Socialista, que, por 
primera vez desde 1912, no logró ni una sola banca. La clase obrera le había 
da do la espalda.
Alfredo L. Palacios murió a las seis y diez de la tarde del 20 de abril de 
1965, siendo senador de la Nación. Sus restos fueron velados en el Congreso 
de la Nación y una muchedumbre acompañó al líder socialista.


Bibliografía: Sorín, Daniel "Palacios: un caballero socialis­ta. Buenos 
Aires", Sudamerica­na, 2004

Autor Gustavo Galland (*)
(*) Diputado Nacional (MC) y Dirigente Socialista p/platense. es el actual 
Defensor Ciudadano de La Plata


Publicado en el Diario Hoy de La Plata el viernes 20 de abril de 2007
 




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