[R-P] [tribuna_humanista] PATRIOTISMO POPULAR EN LAS TRADICIONES PERUANAS
Pat H.A.
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mie Ago 1 00:54:46 MDT 2007
PATRIOTISMO POPULAR EN LAS TRADICIONES PERUANAS
Con motivo de la celebracion de las Fiestas Patrias se
recuerda, generalmente, el Acto de Proclamacion de la
Independencia realizado por el General San Martin el
28 de Julio de 1821. El Peru se inflama de rojo y
blanco en estos dias; respirando los aires de
libertad, que sentimos al no estar sujetos a la cadena
espanola. Pero, en realidad, … aun no somos libres…
El obrero peruano, el campesino peruano, el pueblo
peruano vive cada dia una realidad de miseria y de
opresion, como muchos pueblos esclavos.
Somos esclavos del capitalismo. Penden sobre nuestras
vidas la cadena oprobiosa del capital. El Estado
peruano no es el Virreynal que rendia cuentas a la
Corona espanola. Es un Estado dependiente, que rinde
cuentas (economicas, politicas, sociales) al capital
financiero; llamese Fondo Monetario Internacional,
Banco Mundial, Club de Paris, Banco Interamericano de
Desarrollo, Pentagono, Casa Blanca, etc., etc.
Los gobernantes peruanos se escandalizan ante la
posibilidad de que algun pais, diferente al de Estados
Unidos, pretenda ejercer influencia sobre la politica
y la vida del pueblo; pero viven, de manera natural,
su estado de sujecion al imperialismo norteamericano;
haciendo oidos de lo que diga su Embajador en nuestro
pais, viajando a la potencia del norte para rogar por
unas u otras peticiones, favoreciendo economica y
juridicamente a las transnacionales, etc., etc.
Es decir, ya no vivimos bajo un colonialismo
monarquico; pero el pueblo sufre la opresion de una
nueva forma de colonialismo. El capital domina
economicamente y, en retribucion de ello, el Estado lo
favorece, y se engarza con sus intereses. La lucha por
liberarnos del capital pasa, pues, necesariamente, por
el proceso de liberarnos del imperialismo.
Somos hijos de aquel coloso inca que, antes de verse
prisionero de las garras espanolas, prefirio lanzarse
desde lo alto de su fortaleza: Cahuide. Descendemos de
aquel guerrero invencible que combatio de igual a
igual con las armas espanolas: Manco Inca. Somos
descendientes de aquel luchador inmortal que, aunque
le cortaron la cabeza y sus cuatro extremidades, no
pudieron matarlo: Tupac Amaru. Somos herederos
directos de aquel pescador chorrillano que, aunque le
arrancaron las unas y lo sometiron a mil torturas, no
delato a sus companeros de lucha: Jose Olaya.
Provenimos del mismo pueblo que dio su vida en
Ayacucho y el 2 de mayo de 1866, para sellar con
sangre nuestra liberacion del colonialismo espanol.
Mineros, campesinos, obreros, pescadores, estudiantes,
trabajadores de toda condicion: aun tenemos muchas
paginas de heroismo popular por concretar.
El pueblo peruano tiene una rica trayectoria de lucha
heroica contra la opresion. Las generaciones
contemporaneas no renunciaremos a esta valiosa
tradicion. Al contrario, los pueblos de la ciudad y
del campo estan ahora levantando, y cada vez mas en
alto, los emblemas rojos de la lucha contra el
imperialismo y el capital.
* * *
Recordemos, con Ricardo Palma, las labores
conspirativas que un sencillo vendedor de platos y
ollas realizaba en la lucha por liberarnos de Espana,
por los dias de 1821.
De las tres partes que tiene esta Tradicion, peruanos
influenciados por el espíritu colonialista, que no
quieren hacerse problemas con el por venir, se
complacen con resaltar solo la parte que recuerda
escenas pintorescas en la vida colonial, sin darse
cuenta que la verdadera tradicion que eleva Palma es
la de la lucha, la de la conspiracion con “la olla
revolucionaria”, la del compromiso del pueblo peruano
con su futuro.
arturo_chavez_peru en yahoo.es
Lima, 27 de julio de 2007.
Con dias y ollas venceremos
A principios de junio de 1821, y cuando acababan de
iniciarse las famosas negociaciones o armisticio de
Punchauca entre el virrey La Serna y el general San
Martin, recibio el ejercito patriota, acantonado en
Huaura, el siguiente santo, sena y contrasena: Con
dias -y ollas- venceremos.
Para todos, exceptuando Monteagudo, Luzuriaga, Guido y
Garcia del Rio, el santo y sena era una charada
estupida, una frase disparatada; y los que juzgaban a
San Martin mas cristiana y caritativamente se alzaban
de hombros murmurando: «¡Extravagancias del general!».
Sin embargo, el santo y sena tenia malicia o
entripado, y es la sintesis de un gran suceso
historico. Y de eso es de lo que me propongo hoy
hablar, apoyando mi relato, mas que en la tradicion
oral que he oido contar al amanuense de San Martin y a
otros soldados de la patria vieja, en la autoridad de
mi amigo el escritor bonaerense D. Mariano Pelliza,
que a vuela pluma se ocupa del santo y sena en uno de
sus interesantes libros.
I
San Martin, por juiciosas razones que la historia
consigna y aplaude, no queria deber la ocupacion de
Lima al exito de una batalla, sino a los manejos y
ardides de la politica. Sus impacientes tropas,
ganosas de haberselas cuanto antes con los engreidos
realistas, rabiaban mirando la aparente pachorra del
general; pero el heroe argentino tenia en mira, como
acabamos de apuntarlo, pisar Lima sin consumo de
polvora y sin lo que para el importaba mas, exponer la
vida de sus soldados; pues en verdad no andaba sobrado
de ellos.
En correspondencia secreta y constante con los
patriotas de la capital, confiaba en el entusiasmo y
actividad de estos para conspirar, empeno que habia
producido ya, entre otros hechos de importancia para
la causa libertadora, la defeccion del batallon
Numancia.
Pero con frecuencia los espias y las partidas de
exploracion o avanzadas lograban interceptar las
comunicaciones entre San Martin y sus amigos,
frustrando no pocas veces el desarrollo de un plan.
Esta contrariedad, reagravada con el fusilamiento que
hacian los espanoles de aquellos a quienes sorprendian
con cartas en clave, traia inquieto y pensativo al
emprendedor caudillo. Era necesario encontrar a todo
trance un medio seguro y expedito de comunicacion.
Preocupado con este pensamiento, paseaba una tarde el
general, acompanado de Guido y un ayudante, por la
larga y unica calle de Huaura, cuando, a inmediaciones
del puente, fijo su distraida mirada en un caseron
viejo que en el patio tenia un horno para fundicion de
ladrillos y obras de alfareria. En aquel tiempo, en
que no llegaba por aca la porcelana hechiza, era este
lucrativo oficio; pues asi la vajilla de uso diario
como los utensilios de cocina eran de barro cocido y
calcinado en el pais, salvos tal cual jarron de
Guadalajara y las escudillas de plata, que ciertamente
figuraban solo en la mesa de gente acomodada.
San Martin tuvo una de esas repentinas y misteriosas
inspiraciones que acuden unicamente al cerebro de los
hombres de genio, y exclamo para si: «¡Eureka! Ya esta
resuelta la X del problema».
El dueno de la casa era un indio entrado en anos, de
espiritu despierto y gran partidario de los
insurgentes. Entendiose con el San Martin, y el
alfarero se comprometio a fabricar una olla con doble
fondo, tan diestramente preparada que el ojo mas
experto no pudiera descubrir la trampa.
El indio hacia semanalmente un viajecito a Lima,
conduciendo dos mulas cargadas de platos y ollas de
barro, que aun no se conocian por nuestra tierra las
de peltre o cobre estanado. Entre estas ultimas y sin
diferenciarse ostensiblemente de las que componian el
resto de la carga, iba la olla revolucionaria,
llevando en su doble fondo importantisimas cartas en
cifra. El conductor se dejaba registrar por cuanta
partida de campo encontraba, respondia con naturalidad
a los interrogatorios, se quitaba el sombrero cuando
el oficial del piquete pronunciaba el nombre de
Fernando VII, nuestro amo y senor, y lo dejaban seguir
su viaje, no sin hacerle gritar antes «¡Viva el rey!
¡Muera la patria!». ¿Quien demonios iba a imaginarse
que ese pobre indio viejo andaba tan seriamente metido
en belenes de politica?
Nuestro alfarero era, como cierto soldado, gran
repentista o improvisador de coplas que, tomado
prisionero por un coronel espanol, este como por burla
o para hacerlo renegar de su bandera le dijo:
-Mira, palangana, te regalo un peso si haces una
cuarteta con el pie forzado que voy a darte:
Viva el septimo Fernando
con su noble y leal nacion.
-No tengo el menor conveniente, senor coronel
-contesto el prisionero-. Escuche usted:
Viva el septimo Fernando
con su noble y leal nacion
de que en mi no tenga mando...
y venga mi patacon.
II
Vivia el Sr. D. Francisco Javier de Luna Pizarro,
sacerdote que ejercio desde entonces gran influencia
en el pais, en la casa fronteriza a la iglesia de la
Concepcion , y el fue el patriota designado por San
Martin para entenderse con el ollero. Pasaba este a
las ocho de la manana por la calle de la Concepcion
pregonando con toda la fuerza de sus pulmones: ¡Ollas
y platos! ¡Baratos! ¡Baratos!, que, hasta hace pocos
anos, los vendedores de Lima podian dar tema para un
libro por la especialidad de sus pregones. Algo mas.
Casas habia en que para saber la hora no se consultaba
reloj, sino el pregon de los vendedores ambulantes.
Lima ha ganado en civilizacion; pero se ha
despoetizado, y dia por dia pierde todo lo que de
original y tipico hubo en sus costumbres.
Yo he alcanzado esos tiempos en los que parece que, en
Lima, la ocupacion de los vecinos hubiera sido tener
en continuo ejercicio los molinos de masticacion
llamados dientes y muelas. Juzgue el lector por el
siguiente cuadrito de como distribuian las horas en mi
barrio, alla cuando yo andaba haciendo novillos por
huertas y murallas y muy distante de escribir
tradiciones y dragonear de poeta, que es otra forma de
matar el tiempo o hacer novillos.
La lechera indicaba las seis de la manana.
La tisanera y la chichera de Terranova daban su pregon
a las siete en punto.
El bizcochero y la vendedora de leche-vinagre, que
gritaba ¡a la cuajadita!, designaban las ocho, ni
minuto mas ni minuto menos.
La vendedora de zanguito de naju y choncholies marcaba
las nueve, hora de canonigos.
La tamalera era anuncio de las diez.
A las once pasaban la melonera y la mulata de convento
vendiendo ranfanote, cocada, bocado de rey,
chancaquitas de cancha y de mani, y frejoles colados.
A las doce aparecian el frutero de canasta llena y
proveedor de empanaditas de picadillo.
La una era indefectiblemente senalada por el vendedor
de ante con ante, la arrocera y el alfajorero.
A las dos de la tarde la picaronera, el humitero y el
de la rica causa de Trujillo atronaban con sus
pregones.
A las tres el melcochero, la turronera y el
anticuchero o vendedor de bisteque en palito
clamoreaban con mas puntualidad que la Mariangola de
la Catedral.
A las cuatro gritaban la picantera y el de la pinita
de nuez.
A las cinco chillaban el jazminero, el de las
caramanducas y el vendedor de flores de trapo, que
gritaba: ¡Jardin, jardin! ¿Muchacha, no hueles?
A las seis canturreaban el raicero y el galletero.
A las siete de la noche pregonaban el caramelero, la
mazamorrera y la champucera.
A las ocho el heladero y el barquillero.
Aun a las nueve de la noche, junto con el toque de
cubrefuego, el animero o sacristan de la parroquia
salia con capa colorada y farolito en mano pidiendo
para las animas benditas del purgatorio o para la cera
de Nuestro Amo. Este projimo era el terror de los
ninos rebeldes para acostarse.
Despues de esa hora, era el sereno del barrio quien
reemplazaba a los relojes ambulantes, cantando, entre
piteo y piteo: «¡Ave Maria Purisima! ¡Las diez han
dado! ¡Viva el Peru, y sereno!». Que eso si, para los
serenos de Lima, por mucho que el tiempo estuviese
nublado o lluvioso, la consigna era declararlo
¡sereno! Y de sesenta en sesenta minutos se repetia el
canticio hasta el amanecer.
Y hago caso omiso de innumerables pregones que se
daban a una hora fija.
¡Ah, tiempos dichosos! Podia en ellos ostentarse por
pura chamberinada un cronometro; pero para saber con
fijeza la hora en que uno vivia, ningun reloj mas
puntual que el pregon de los vendedores. Ese si que no
discrepaba pelo de segundo ni habia para que limpiarlo
o enviarlo a la enfermeria cada seis meses. ¡Y luego
la baratura! Vamos; si cuando empiezo a hablar de
antiguallas se me va el santo al cielo y corre la
pluma sobre el papel como caballo desbocado. Punto a
la digresion, y sigamos con nuestro insurgente ollero.
Apenas terminaba su pregon en cada esquina, cuando
salian a la puerta todos los vecinos que tenian
necesidad de utensilios de cocina.
III
Pedro Manzanares, mayordomo del senor Luna Pizarro,
era un negrito retinto, con toda la lisura criolla de
los budingas y mataperros de Lima, gran decidor de
desvergüenzas, cantador, guitarrista y navajero, pero
muy leal a su amo y muy mimado por este. Jamas dejaba
de acudir al pregon y pagar un real por una olla de
barro; pero al dia siguiente volvia a presentarse en
la puerta, utensilio en mano, gritando: «Oiga usted,
so cholo ladronazo, con sus ollas que se chirrean
toditas... Ya puede usted cambiarme esta que le compre
ayer, antes de que se la rompa en la tutuma para
ensenarlo a no enganar al marchante. ¡Pedazo de
pillo!».
El alfarero sonreia como quien desprecia injurias, y
cambiaba la olla.
Y tanto se repitio la escena de compra y cambio de
ollas y el agasajo de palabrotas, soportadas siempre
con paciencia por el indio, que el barbero de la
esquina, andaluz entrometido, llego a decir una
manana:
-¡Corcholis! ¡Vaya con el cleriguito para cominero! Ni
yo, que soy un pobre de hacha, hago tanta alharaca por
un miserable real. ¡Recorcholis! Oye, macuito. Las
ollas de barro y las mujeres que tambien son de barro,
se toman sin lugar a devolucion, y el que se lleva
chasco ¡contracorcholis! se mama el dedo menique, y ni
chista ni mista y se aguanta el clavo, sin molestar
con gritos y lamentaciones al vecindario.
-Y a usted, so godo de cuernos, cascabel sonajero,
¿quien le dio vela en este entierro? -contesto con su
habitual insolencia el negrito Manzanares-. Vaya usted
a desollar barbas y cascar liendres, y no se meta en
lo que no le va ni le viene, so adefesio en misa de
una, so chapeton embreado y de ciento en carga...
Al oirse apostrofar asi, se le avinagro al andaluz la
mostaza, y exclamo ceceando:
-¡Maria Zanticima! Hoy me pierdo... ¡Aguardate,
gallinazo de muladar!
Y echando mano al punalito o limpiadientes, se fue
sobre Perico Manzanares, que sin esperar la embestida
se refugio en las habitaciones de su amo. ¡Quien sabe
si la camorra entre el barbero y el mayordomo habria
servido para despertar sospechas sobre las ollas; que
de pequenas causas han surgido grandes efectos! Pero,
afortunadamente, ella coincidio con el ultimo viaje
que hizo el alfarero trayendo olla contrabandista:
pues el escandalo paso el 5 de julio, y al amanecer
del siguiente dia abandonaba el virrey La Serna la
ciudad, de la cual tomaron posesion los patriotas en
la noche del 9.
Cuando el indio, a principios de junio, llevo a San
Martin la primera olla devuelta por el mayordomo del
Sr. Luna Pizarro, hallabase el general en su gabinete
dictando la orden del dia. Suspendio la ocupacion, y
despues de leer las cartas que venian en el doble
fondo, se volvio a sus ministros Garcia del Rio y
Monteagudo y les dijo sonriendo:
-Como lo pide el suplicante.
Luego se aproximo al amanuense y anadio:
-Escribe, Manolito, santo, sena y contrasena para hoy:
Con dias -y ollas- venceremos.
La victoria codiciada por San Martin era apoderarse de
Lima sin quemar polvora; y merced a las ollas que
llevaban en el vientre ideas mas formidables siempre
que los canones modernos, el exito fue tan esplendido,
que el 28 de julio se juraba en Lima la Independencia
y se declaraba la autonomia del Peru. Junin y Ayacucho
fueron el corolario.
"Hasta cuándo seguir gritando que no cedo en hipoteca mis sueños
Hasta cuándo seguir gritando que soy incorregible
Hasta cuándo seguir gritando que no reniego de mis actos
Hasta cuándo seguir gritando que nada de lo que tengo
está en venta ni quiero que ningún imbécil corte la soga
Hasta cuándo seguir gritando que no cumplo mis deberes en la tormenta
Hasta cuándo seguir gritando que no exijo futuro
Hasta cuándo si desde siempre mis cartas están sobre la mesa"
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