[R-P] LEONARDO BOFF Y EL FUTURO DEL PLANETA

Prensa Schiavoni prensaschiavoni en arnet.com.ar
Sab Abr 28 14:24:17 MDT 2007


Después de escuchar y leer tanto discurso ecologudo sobre la preservación de 
las ballenas, el no crecimiento productivo, la oposición contumaz a la 
creación de alimentos de base agrícola, la economía cero, y el cuidado 
sacrosanto de los pajaritos en extinción, resulta saludable el rescate del 
concepto central de la ecología, que tiene como destinatario único y central 
al hombre y a su casa, nuestra Tierra.

Precisiones éstas que con meridiana claridad pone sobre el tapete el teólogo 
brasileño de la Teología de la Liberación.

¡Saludos afectuosos! MINGO (ya sin suero!)


(Publicado por la lista de correos "Pensar lo social", que modera el 
compañero Jorge Garaventa, psicólogo y psicoanalista).


Leonardo Boff y el futuro del planeta

"Hemos creado el principio de la auto destrucción"

Cambios climáticos irreversibles, catástrofes, amenazas que ya no pertenecen
a la fantasía de la ciencia ficción. El planeta y sus habitantes enfrentan
un momento crucial de su propia historia evolutiva. Y los cien millones de
neuronas del cerebro humano no están encontrando respuestas razonables. El
teólogo brasileño Leonardo Boff brinda en esta entrevista su mirada, que
incluye ciencia, teología, militancia y, pese a todo, esperanza.

Por Sergio Ferrari (*) para La Vaca.

Leonardo Boff es un brasileño ducho en el arte de la rebeldía, de 68 años,
que como franciscano -en los 70- fue uno de los fundadores de la Teología de 
la
Liberación: uno de los intentos de ubicar a la Iglesia enfrentando, y no
bendiciendo, los diversos modos de opresión y violaciones a los derechos
humanos en el mundo actual.
En 1985 la Congregación para la Doctrina de la
Fe (antes conocida como Inquisición) lo obligó al silencio durante un año
como castigo por su libro "Iglesia, Carisma y Poder" en el que cuestionaba
justamente a Iglesia Católica. Dirigía la Congregación el señor Joseph
Ratzinger, quien actualmente ejerce el papado.
En los '90 volvieron a amenazarlo con hacerlo callar, y Boff simplificó el
problema renunciado al sacerdocio. Es doctor en Teología y Filosofía en la
Universidad de Munich, Alemania, profesor invitado de las universidades de
Lisboa (Portugal), Salamanca (España), Basilea (Suiza) y Heidelberg
(Alemania). También fue nombrado doctor honoris causa en Política por la
Universidad de Turín (Italia) y en Teología por la Universidad de Lund
(Suiza).

Al margen de los títulos, Boff continúa su debate y su aporte teológico, con
un particular acento en los temas ecológicos. Es asesor del Movimiento de
los Trabajadores Sin Tierra (MST), y de las Comunidades Eclesiales de Base
(CEBs) de Brasil. En esta entrevista realizada por Sergio Ferrari para
La Vaca, Boff detalla las amenazas de destrucción que la propia raza humana
está generando sobre su destino, los alcances de la agresión ecológica, y
brinda sus creencias sobre otro misterio: el futuro.


- Los estudios, como el recientemente presentado sobre el calentamiento de 
la
tierra, describen una situación cada día más alarmante. ¿Cómo interpretar
este momento preocupante de la historia evolutiva del hombre y el planeta?

- Estamos tomando conciencia de que podemos ser destruidos. No por algún 
meteoro
rasante o por un cataclismo natural de proporciones inconmensurables. Sino
por la irresponsable actitud humana. El hombre ha construido dos máquinas de
muerte que pueden destruir la biosfera: las armas de destrucción masiva y la
agresión ecológica al sistema Tierra. Hasta ahora existía una cierta
preocupación de no sobrepasar los límites que puede soportar la Tierra. El
Panel Intergubernamental para los Cambios Climáticos (IPCC en inglés), a
inicios de febrero, reveló que ya hemos roto esa barrera. El planeta va,
irremediablemente, hacia un aumento de la temperatura de entre 1.8 y 6
grados Celsius. Las consecuencias sobre la biodiversidad serán devastadoras.
Millones y millones de personas corren serios riesgos a causa de pérdidas de
cosechas, de sequías o de las inundaciones por la subida de las aguas de los
océanos que será de entre 18 y 59 centímetros como mínimo...

El trabajo de 3.8 billones de años

- Un panorama catastrófico...

-La certidumbre de que somos responsables por la vida o la muerte de nuestro
planeta vivo. Depende solamente de nosotros el futuro común, es decir el
nuestro como especie y el de nuestra querida Casa Común, la Tierra, que
amamos tan entrañablemente.

- Aunque produce "piel de gallina" sólo imaginárselo... ¿podría el ser
humano llegar a desaparecer resultado de su poder auto-destructivo y de su
falta de sabiduría?

- Nombres notables de las ciencias no excluyen esa posibilidad. Por citar
algunos, Stephen Hawking ("El universo es una cáscara de nuez") anticipa que
en el 2600 la población mundial vivirá codo con codo y que el consumo de
electricidad dejará la tierra incandescente. El premio Nobel Christian de
Duve afirma que la evolución biológica marcha aceleradamente hacia un
momento de ruptura. Prestigiosos historiadores como Arnold Toynbee y Eric
Hobsbawm también se plantean la inviabilidad del planeta si continúa en
esta lógica. James Lovelock, ("La venganza de Galia") anticipa un escenario
brutal: hasta el fin del siglo el 80 % de la población humana desaparecerá.
El 20 % restante va a vivir en el Ártico o en algunos pocos oasis en otros
continentes, donde las temperaturas serán más bajas o donde caerá un poco de
lluvia. En cuanto al territorio brasileño será demasiado caliente y seco
como para ser habitado.

- Inimaginable pensar en la desaparición de la especie...

- Sería una catástrofe biológica de magnitud inconmensurable. Se vería
anulado el trabajo de por lo menos 3.8 billones de años, fecha probable de
la aparición de la vida; y de los 5-7 últimos millones de años, desde que
apareció la especie homo; y de los últimos cien mil años, desde que irrumpió
el Homo Sapiens... Caería todo ese trabajo realizado por el universo entero
de energías, de informaciones y de diferentes formas de materia...

Hay que recordar que hasta ahora no fueron identificadas científicamente y
de forma irrefutable otras inteligencias en el universo. Somos, en tanto
especie homo, una singularidad sin comparación en el cosmos. Contamos con un
cuerpo con treinta billones de células; un cerebro con cien millones de
neuronas en continua sinapsis, complejo en su psiquis y su conciencia,
cargada de informaciones recogidas desde que irrumpió el cosmos con el Big
Bang. Y que se fue enriqueciendo con emociones, sueños, arquetipos,
símbolos. Y con un espíritu, capaz de captar el todo y sentirse parte de él,
e identificarse con Aquel que une y re-une, liga y re-liga todas las cosas
haciendo que no sean caóticas sino ordenadas y dándole sentido y significado
a la existencia en este mundo. Y que nos hace nacer sentimientos de profunda
veneración y respeto hacia la grandeza del cosmos.
En ese sentido, la historia de la vida y la historia de la vida humana
perderían algo inestimable.

El hombre, o la aventura de los moluscos

- ¿Y el hombre y su instinto por sobrevivir en ese panorama casi 
desolador?...

- Aunque aparezca contradictorio frente a la gravedad de los hechos, diría
que es necesario tener paciencia con el ser humano. Hay mucho que aprender.
En relación al tiempo cósmico, lo transitado hasta ahora por el hombre es
sólo un minuto de vida. En esta perspectiva la situación actual representa
un desafío más que un desastre posible.

Por otra parte, aún en la perspectiva de la desaparición del ser humano como
especie, el principio de inteligibilidad y de "amorosidad" (amor) quedaría
preservado. Eso existió en el universo antes que los seres humanos. Es un
principio tan ancestral como el mismo universo...

- Para volver a la categoría de "tiempo cósmico" y la acelerada crisis
actual, ¿tendrá todavía la especie humana tiempo para realizar este
aprendizaje?

- Todo parece indicar que el reloj corre contra nosotros. Posiblemente
estemos llegando ya demasiado tarde, y hemos pasado el punto de no-retorno.
Pero como la evolución no es lineal y conoce frecuentes rupturas y saltos
para arriba -producto de mayor complejidad- y como existe el carácter
indeterminado y fluctuante de todas las energías y de toda la materia, nada
impide que se produzca la emergencia de otro nivel de conciencia y de vida
humana que salvaguarde la biosfera y el planeta tierra.

Es interesante, por ejemplo, que Théodore Monod, fallecido en el 2000 y tal
vez el último gran naturalista en el mundo, quien era 
cristiano -protestante-, sugiere ya como posible candidato a los 
cefalópodos -una especie de moluscos- que poseen una perfección anatómica 
notable. Con su cabeza con una cápsula cartilaginosa, que funciona como 
cráneo, y que tienen ojos como los vertebrados. Con un psiquismo altamente 
desarrollado con memoria doble, en tanto nosotros tenemos solo una.

Evidentemente, no será mañana que saldrían del mar para entrar al interior
del continente. Necesitarían millones de años de evolución. Pero ya cuentan
con una base biológica como para dar un salto rumbo a la conciencia. De
todas formas nos urge escoger: el ser humano y su futuro o los moluscos.

- ¿En la elección de futuro hay una decisión de práctica actual, cotidiana,
inmediata?

- Sí. Es importante ya ahora mismo mostrar amor a la vida en su majestuosa
diversidad, tener compasión de todos los que sufren, realizar rápidamente la
justicia social necesaria y amar a la Gran Madre Tierra. Avancemos
aceleradamente porque no tenemos mucho tiempo que perder. Para ello habría
que reunir radicalmente las cuatro "r": reducir, reutilizar, reciclar y
re-arborizar. Así nos adaptaríamos a los cambios y disminuiríamos los
efectos dañinos actuales.

Apuesto al optimismo. De la misma manera que el ser humano domesticó otros
medios de destrucción, el primero de los cuales fue el fuego, así ahora
domesticará los medios que pueden destruirlo. Aquí cabría, por ejemplo, un
análisis de las posibilidades dadas por la nanotecnología (que trabaja con
átomos, genes y moléculas) que puede, eventualmente, ofrecer medios técnicos
para disminuir el calentamiento global y purificar la biosfera de los gases
del efecto invernadero.

De todas formas debemos pensar estas cuestiones en términos de física
cuántica y de nueva cosmología. La evolución no es lineal. Acumula energía y
da saltos. Esto también nos lo sugiere las teorías de Niels Bohr y Werner
Haisenberg: pueden irrumpir virtudes escondidas, venidas del vacío cuántico,
de ese océano indescifrable de energía que subyace en el universo y
modificar, así, la línea de la evolución.

La apuesta

- Al margen de presagios fatalistas y de un realismo dramático, ¿cuál es la
convicción profunda de Leonardo Boff sobre el futuro de la especie humana?

- Me opongo a la idea que nuestro destino, luego de millones de años de
evolución, termine así, miserablemente, en las próximas generaciones. Habrá
un salto, quien sabe, en la dirección de lo que ya en 1933 Pierre Theilhard
de Chardin anunciaba: la irrupción de lo noosfera, es decir aquel estado de
conciencia y de relación con la naturaleza que inaugurará una nueva
convergencia de mentes y corazones así como un nuevo nivel de la evolución
humana y de la historia de la tierra.

En esa perspectiva, el escenario actual no sería una tragedia sino una
crisis. La crisis regenera, purifica y madura. Anuncia un nuevo comienzo, un
dolor y un parto promisorio y no las penas de un fin de la aventura humana.
Todavía vamos a brillar.
Y tal vez, para terminar, es importante decir que no se acabará el mundo,
sino que puede acabarse este tipo de mundo insensato que ama la guerra y la
destrucción en masa. Vamos a inaugurar un mundo humano que ama la vida,
desacraliza la violencia, protege y tiene piedad de todos los seres, hace
justicia verdadera y nos permite estar en el Monte de las Bienaventuranzas.
O, simplemente, que habrá aprendido a tratar humanamente a todos los seres
humanos, con cuidado, respeto, compasión a todos los demás seres. Todo lo
que existe merece existir. Todo lo que vive merece vivir. Especialmente
nosotros, los seres humanos.

¿Apocalypsis now?

Sobre la retórica fatalista del fin del mundo, Leonardo Boff reflexiona: "No
es la primera vez que los seres humanos se ponen la pregunta del fin de la
especie. Siempre que una cultura entra en crisis, como la nuestra, surgen
mitos sobre el fin del mundo y la destrucción de la especie. Aparecen
relatos patéticos... En el Nuevo Testamento ese género ganó cuerpo en el
Apocalipsis y en algunos pasajes de los Evangelios que colocan en la boca de
Jesús predicciones de fin del mundo.

Hoy prolifera una vasta literatura esotérica que usa códigos diferentes como
comunicaciones con extraterrestres. Pero el mensaje es idéntico: el fin es
inminente y hay que estar preparados.

Es importante no dejarse invadir por ese tipo de mensaje. Se trata de un
mensaje de tiempo de crisis y no un reportaje anticipado de lo que va a
ocurrir. Sin embargo, hay una diferencia entre los antiguos y hoy. Para los
antiguos el fin del mundo estaba en su imaginario y no existía como proceso
realmente posible. Para nosotros se trata de un proceso real, porque hemos
creado, de hecho, el principio de auto-destrucción".


* (Colaboración E-CHANGER, ONG suiza de cooperación solidaria de la cual
Leonardo Boff es miembro de honor y signatario de su Carta de Principios).


Publicado el 25/04/2007

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