[R-P] Tengo y luego existo - Carola Chávez

Pat H.A. desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Jue Abr 19 14:33:59 MDT 2007


manual de costumbres y procederes de la clase media
venezolana
 
Capítulo ya perdí la cuenta...

Tengo y luego existo.

Tener es ser y mientras más tienes más eres. Pero para
ser hay que mostrar, de nada sirve tener si no se te
nota. Hay una serie de objetos que se hacen tan
necesarios como el aire, sin ellos simplemente no
existes.

De lo pequeño a lo grande vamos haciéndonos gente de
bien: Anillos de oro, muchos en cada dedo pero jamás
en el indice y el pulgar, eso es muy vulgar. De oro
también debe ser la cadena con medallita del santo de
tu preferencia, o el de tu mamá. Debe brillar al sol
alguna piedra preciosa, ya verás donde te la pones,
preferiblemente en tu mano perfectamente manicureada,
y muévela, muévela mucho para encandilar a todo el
mundo con los aquilatados destellos de una piedra bien
tallada.

De nada sirve comprar ropa cara si no es notorio su
precio. Dejar la etiqueta colgando de la manga de tu
camisa atenta contra la etiqueta, la moral y las
buenas costumbres. El dilema se resuelve con
maravillosos logotipos estampados en todas partes, que
gritan al mundo que esa camisa, ese pantalón, esos
calzoncillos son de Christian Dior.

La cartera, antes un objeto netamente femenino que
ahora se ha vuelto ¨bisexual¨, debe ser el complemento
más logotipeado de todos los que lleves encima. Pero
no cualquier cartera sirve por más simbolitos que
tenga, debes pagar por ella más de ochocientos
dólares, para que dentro puedas guardar tu billetera
sin billetes y tu tarjeta de credito bloqueda, eso si,
con mucho glamour.

Uno o más teléfonos celulares, de esos con mil
botoncitos, mil lucecitas y mil soniditos. De esos que
hacen de todo, que si oprimes bien los botones lavan,
planchan y sacan a pasear al perro. No olvides los
accesorios: una funda a juego con aquella cartera
carísima, un aparato que te metes en la oreja y te
conecta al mundo exterior y que además te da un aire
futurista de lo mas chic. Trata de caminar hablando en
voz muy alta sin que se vea el teléfono, aunque
parezcas un loco gris, los entendidos entenderán que
está a la última con la tecnología de punta.
Nada de lo que uses puede ser nacional.

Una vez vestido y alborotado, hay que salir. ¿Cómo
saber que existes si nadie te ve? Para ir a donde sea
necesitas una camionetota último modelo. Como la de tu
compadre que se la echa de ricachón. Lo de las
camionetas es como una pandemia con efecto dominó.
Nadie tenía una hasta que el compadre millonario se la
compró, con asientos de cuero, DVD adelante y atrás,
cuarenta porta vasos para seis sedientos pasajeros,
Mata burros, porque hay mucho chavista en la calle,
alarma con rayo laser desintegrador molecular, porque
hay mucho chavista en la calle.

Javier, yo no voy ni a la esquina en este carro 2004,
no voy a soportar la miradita de superioridad de
Cristina, que está ¨insopor¨ desde que va en
camionetota. Me importa un pito si esos reales son
para la inicial del apartamento, yo me quedo alquilada
pero en camioneta, eso es invertir en autoestima.

Encienden los motores, se ponen sus lentes uff, ¿a
dónde vamos con esta pelazón? Vamos al Ti Mangio Bene,
pero ni se te ocurra pedir vino, nos comemos el pan
con ajo, finges un desmayo y yo te saco en volandilla.
Es que desde a la cachifa le dio por cobrar como si
fuera persona estamos en la carraplana. Cualquiera
cree cuidar carajitos y limpiar pocetas es un trabajo
que requiere mucha cabeza. ¿Que limpie yo? ¡Que bolas
tienes tu! Claro, porque yo fui a la universidad para
terminar limpiando mocos y baños...

Tener blanquea, alisa chicharrones y aclara ojos, en
fin, mientras más tienes más blanco, mientras más
blanco mas gente.

Nosotros teníamos una camioneta Dodge del 75, de esas
que se usan como carrito por puesto. Igualita a las
que usan los asesinos en serie en las películas
gringas. Con ella navegábamos por los mares del este
capitalino. Era gracioso como nuestros labios se
convertían en bembas, nuestros pelos se encrespaban y
nuestra piel se oscurecía una vez que nos subíamos en
ella. Si te equivocabas en una maniobra, no faltaba
que alguien muy bronceado ¿por el sol? asomara su
cabeza por la ventana de su camionetota y te gritara:
¡Negro tenias que ser! 

Eramos víctimas de una especie de discriminación
racial automovilística, a la cual se sumaban como
victimarios los señores encargados de estacionar los
carros en los restaurantes. Mientras más oscura era su
piel, con más saña nos negreaban.

Una vez nos invitaron a la boda de un amigo que se
celebraba en la Quinta Esmeralda, la madre de todas
las salas de fiestas de Caracas. Decidimos varios
amigos ir en cambote en la Dodge. Así que nos
atapuzamos quince personas con tacones, lentejuelas,
falalaos, corbatas, gomina, perfumes que se mezclaban
hasta hacer el aire irrespirable y casi tóxico.

Al llegar a la fiesta había una cola de carros
preciosos esperando ser estacionados por unos amables
señores puestos allí para comodidad de los invitados.
Nosotros, respetuosos de las normas, nos pusimos en la
cola a esperar nuestro turno. En eso vi, entre las
luces y el brillo, a un señor con la cara enfurruñada
que nos hacía unas señas que casi casi parecían
insultos. Se le notaba impaciente y de alguna manera
ofendido. Como no le entendíamos el señor se puso más
frenético y se acercó en dos zancadas hasta la ventana
del conductor: ¿Traen música o comida? -Increpó. No,
lo que traemos es unas ganas de coger una pea... -Le
contestó insolente un amigo desde los asientos
traseros. 

El Señor, vestido de almirante sacudió sus charreteras
doradas con indignación y nos mandó a estacionar
afuera. Terminamos aparcando a cuatro cuadras del
lugar. Taconeamos en bajada hasta la sala de fiestas y
al llegar, como éramos blancas, como brillaba nuestra
pedrería, como llevábamos acompañantes con corbata y
gomina, el mismo almirante, nos abrió la puerta con un
servilismo que él confundía con amabilidad.

En fin, parece que existimos para pisotear a otros más
negros, más pobres y menos fashion que nosotros.
Apenas los detectas ¡zuas! patada por el culo. Pero
nunca debemos olvidar que somos clase media, que
nuestros culitos están justo en la mitad y que arriba
hay un montón de pies mas blancos, más ricos y más
fashion que los nuestros dispuestos a pateárnoslos sin
un ápice de compasión.


   
  "Ajenos y lejanos, en mi mente habitamos un único espacio, en el que sin censura, nos hacemos amantes de las caricias que no nos damos, de los labios que no probamos, de los aromas que no respiramos, del encuentro que no sucede, sino a escondidas de lo humano." 





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