[R-P] El grave problema de la produción de narcóticos en Afganistán
C J Lazor
clazor en ciudad.com.ar
Jue Abr 12 05:21:09 MDT 2007
12/04/07
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El grave problema de la produción de narcóticos en Afganistán
Los campos de la muerte: una política antidroga eficaz en Afganistán tiene que
concentrarse en perseguir a los principales barones de la droga, no a los
campesinos.
KABUL (OTAN). Probablemente el mayor problema a largo plazo al que se enfrenta
Afganistán es la producción ilegal de drogas y las redes mafiosas que la
acompañan, hasta el punto de que el presidente Hamid Karzai lo reconoció dos
días después de su toma de posesión, en diciembre de 2004, colocando esta
cuestión a la cabeza de su lista de prioridades y declarando una jihad contra el
cultivo de opio y la producción y tráfico de drogas.
Desde entonces se han intensificado los esfuerzos en la lucha contra las drogas
y se han conseguido algunos progresos, pero al mismo tiempo según se va tomando
conciencia de la magnitud del problema van quedando en evidencia las
limitaciones de las políticas aplicadas.
Las actividades de la OTAN en Afganistán pretenden garantizar la paz y la
estabilidad del país mediante los esfuerzos de mantenimiento de la paz de la
Fuerza de Internacional de Ayuda a la Seguridad (ISAF), así que debe tener en
cuenta la cuestión del cultivo y tráfico de drogas en sus zonas de actuación.
Cualquier amenaza contra el gobierno de Afganistán y sus esfuerzos para
conseguir un estado eficaz y democrático representa al mismo tiempo una amenaza
contra la presencia de la OTAN. Y el cultivo de opio constituye también una
amenaza directa para la población de los países Aliados en su propio territorio.
Las estadísticas de 2005 son reveladoras: según la Oficina de las Naciones
Unidas contra el Crimen y las Drogas (UNODC), el 87 % de la producción mundial
de opio y el 63 % de su cultivo mundial se ubican en Afganistán. Se calcula que
el 52% del Producto Interior Bruto del país, unos US$ 270.000 millones, procede
del cultivo ilegal de amapolas.
Y la producción de opio se ha disparado desde la expulsión de los talibanes en
2001: sólo en 2004 la producción de opio se incrementó un 64 %, alrededor de
unas 4.200 toneladas, frente a las 185 toneladas de 2001 a partir de la
prohibición del cultivo impuesta por el régimen talibán.
Es cierto que la producción de opio disminuyó ligeramente en 2005,
aproximadamente hasta las 4.100 toneladas. Pero no debemos interpretar ese dato
como una tendencia positiva pues se debió al exceso de oferta de opio en el
mercado mundial y a las malas cosechas a causa de los terribles vendavales. De
hecho, se espera que el cultivo del opio en Afganistán vuelva a aumentar durante
este año como consecuencia de la situación económica y la presión de las mafias
sobre los agricultores.
Intervención internacional
Dada la gravedad del problema resulta esencial actuar de forma inmediata. Aunque
las autoridades afganas sean las responsables últimas en la lucha antidroga, la
comunidad internacional tiene también un importante grado de responsabilidad al
respecto y, de hecho, está colaborando en los esfuerzos del gobierno afgano en
este campo.
Reino Unido, en su calidad de nación líder en la lucha antidroga dentro del G-8,
es quien ha llevado la dirección del proceso, contando también con la
implicación de Estados Unidos. Ambos países han apoyado al gobierno afgano
proporcionándole fondos para programas para el desarrollo de medios de vida
alternativos y entrenando a su Fuerza Especial Antidroga.
También le han ayudado en la formación la que ya se ha convertido en la
principal agencia policial contra las drogas de este país, la Policía
Antinarcóticos de Afganistán, han contribuido a crear una Fundación Antidroga y,
junto a Italia y la Oficina de las Naciones Unidas contra el Crimen y las
Drogas, han creado un Grupo de Trabajo de Justicia Penal.
El 87% de la producción mundial de opio y el 63% de su cultivo mundial se ubican
en Afganistán Pero resulta esencial que muchos más países y organizaciones
internacionales se involucren en estos esfuerzos y que lo hagan de una forma
coordinada. Y la OTAN no puede mantenerse apartada del tema aunque sólo sea por
su presencia en Afganistán a través de la ISAF.
El Plan de Operaciones 10302 -el documento marco que marca las directrices para
la actuación de las unidades de la ISAF al ampliar su zona de actuación en el
sur de Afganistán, una de las mayores zonas de cultivo de la amapola- especifica
el papel de las fuerzas de la OTAN en la ayuda a los afganos en la lucha
antidroga: apoyo logístico, intercambio de inteligencia e información, y ayuda
para el entrenamiento del Ejército Nacional Afgano y la policía en los
procedimientos de las operaciones antidroga.
Pero aunque la ISAF realice estas funciones, sus fuerzas deben evitar implicarse
en las actividades antidroga hasta el punto de que se vea reducida su capacidad
para llevar a cabo sus misiones principales.
Por supuesto que el éxito final dependerá del grado de compromiso del gobierno
afgano con la erradicación el problema, y debe ser Kabul quien dirija la lucha y
aumente el protagonismo de los afganos en las cada vez más numerosas actuaciones
antidroga. Las autoridades afganas deben continuar desarrollando sus capacidades
gubernamentales y locales en esta área para demostrar que están incrementando
realmente su capacidad de luchar contra las drogas.
Hasta ahora el gobierno afgano ha mostrado algo más que buenas intenciones para
enfrentarse a lo que considera una prioridad fundamental. En la Conferencia de
Londres sobre Afganistán celebrada en el mes de enero, firmó el Pacto por
Afganistán, un plan ambicioso que pretende conseguir, contando con la ayuda
internacional, un futuro mejor para este país en el que haya desaparecido
completamente el problema de las drogas.
Con este fin se comprometió a alcanzar una serie de parámetros de referencia en
la lucha antidroga entre los que se incluyen: la potenciación de sus capacidades
policiales; la cooperación y coordinación con los países vecinos; una reducción
anual significativa de la superficie dedicada al cultivo de la amapola; y el
incremento del número de detenciones y procesamientos de traficantes y
funcionarios corruptos.
A principios de este año el gobierno afgano actualizó su Estrategia Nacional
para el Control de las Drogas centrándose en cuatro prioridades: fortalecimiento
de las instituciones estatales; desarticulación del tráfico de drogas; fomento
de fuentes de ingresos alternativas para los cultivadores; reducción de la
demanda de narcóticos y desarrollo de tratamientos para los drogadictos.
Además se ha desplegado en varias regiones la Fuerza Central para Erradicación
del cultivo de amapola para garantizar que se lleva a cabo la eliminación manual
de las cosechas de opio. También la Fuerza Especial Antidroga ha realizado con
éxito varias actuaciones policiales contra las drogas.
No obstante, todavía está por ver la eficacia de estos esfuerzos y si de verdad
van a desempeñar un papel significativo en la reducción del problema de la droga
en Afganistán. Mientras tanto los funcionarios deberán esforzarse en implementar
medidas eficaces a largo plazo, mantener el impulso conseguido y asegurarse de
que la mayoría de la población apoya sus esfuerzos antidroga.
Medios de vida alternativos
Una política antidroga eficaz en Afganistán debe dirigirse contra los barones de
la droga y no contra los campesinos. Por eso cualquier programa de erradicación
tiene que planificarse e implementarse junto a programas que fomenten fuentes de
ingresos alternativas factibles para que los agricultores pobres -que
representan casi el 10 % de la población de Afganistán- se ganen la vida de un
modo legal, garantizando así que no vuelven a recaer en el cultivo de la amapola
y amortiguando el impacto que supondrá la reducción de los ingresos obtenidos
gracias al opio. Y por supuesto debe existir un equilibrio adecuado entre
"zanahorias" y "palos" para tener la certeza de que los afganos están
convencidos y deseosos de cooperar en la campaña antidroga.
El Presidente Karzai ha dejado claro lo importantes que son los programas de
fomento de fuentes de ingresos alternativas, solicitando que los esfuerzos
internacionales se concentren en este campo.
El gobierno afgano ha prometido unas ayudas a los agricultores que decidan
renunciar al cultivo del opio que luego no ha sido capaz de entregar, y a pesar
de todo ha proseguido la destrucción de los campos de amapolas. Este tipo de
actuaciones puede acabar con la paciencia y buena voluntad de los agricultores
que han abandonado voluntariamente este cultivo sin que se les haya ofrecido un
modo alternativo de ganarse la vida, lo que constituye un mal precedente. Y la
comunidad internacional, por su parte, no ha aportado todavía fondos suficientes
para cubrir las necesidades de la totalidad de Afganistán.
Por supuesto que los fondos necesarios para proporcionar un medio de vida
alternativo a todos los agricultores que cultivan opio en ese país y garantizar
que no vuelven a sus actividades ilegales resultan tan ingentes que
probablemente nunca se consigan reunir. Y los afganos son conscientes de que
pueden obtener más beneficios de la amapola que de cualquier otro cultivo. De
ahí la importancia de una postura enérgica que fomente otras fuentes de ingresos
alternativas y convenza a los agricultores de mantenerse permanentemente
alejados del cultivo de productos ilegales.
Pero no parece probable que los agricultores y los capos de la droga renuncien
pacíficamente a sus pingües beneficios, y los medios de los que dispone el
gobierno afgano para enfrentarse a las voces disidentes son limitados; la
corrupción sigue siendo endémica a pesar del paquete de medidas aprobadas en el
Pacto por Afganistán; y la Fuerza Central para Erradicación del cultivo de
amapolas y la Policía Antinarcóticos de Afganistán, que siguen constituyendo
unas fuerzas de pequeño tamaño, encuentran muchas dificultades para enfrentarse
a la oposición.
De hecho, el año pasado el gobierno afgano se vio obligado a suspender su
campaña de erradicación en la provincia de Kandahar cuando una manifestación de
agricultores furiosos degeneró en una serie de enfrentamientos con la policía. Y
sigue pendiente la reforma de la justicia, esencial para la lucha antidroga al
posibilitar el procesamiento de los traficantes. Así que la implementación de
los programas dependerá en gran medida de la buena voluntad y cooperación de las
autoridades locales y los líderes tribales.
El tema del cultivo y tráfico de drogas en Afganistán es bastante complejo y
podría acabar iniciando una espiral incontrolable. Las soluciones requieren
planteamientos a largo plazo, multifacéticos e innovadores tanto por parte del
gobierno afgano como de la comunidad internacional. Todos los implicados tendrán
que demostrar su compromiso durante los próximos años.
Pero esta resolución resultará cada vez más difícil de mantener con unos
resultados muy difíciles de percibir a corto plazo mientras la atención
internacional se va desvaneciendo y la fatiga hace mella en los donantes. no son
fáciles de percibir, la atención internacional disminuye, aparece el desánimo y
cunde el cansancio entre los donantes. Pero mientras este problema siga
pendiente de resolución, el entorno de seguridad de Afganistán exigirá la
presencia de una fuerza internacional de estabilización.
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Alexia Mikhos se ocupa de Afganistán y Darfur en la División de Operaciones de
la OTAN y tiene un doctorado sobre Resolución de Conflictos Internacionales en
la Universidad de Reading (Inglaterra).
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