[R-P] [tribuna_boliviana] Bolivia: Bajo la mirada de la contrarrevolución - Stella Calloni
Pat H.A.
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mie Abr 11 15:48:54 MDT 2007
BOLIVIA: Bajo la mirada de la contrarrevolución
Por Stella Calloni.
3 de abril, 2007
Bolivia está nuevamente bajo la más temible mirada del
Imperio. Y América Latina debe respaldar al presidente
Evo Morales, porque el significado simbólico de su
presencia es de hecho revolucionario y porque
tiene la dura tarea de volver a poner en pie a
Bolivia. Y eso no se hace soplando vidrios. Los que no
entienden que los pasos se dan andando como
se puede en estas circunstancias donde Estados Unidos
ya trazó el proyecto geoestratégico de recolonización
de América Latina, están escupiendo en la cara de la
historia.
Y esta es una historia muy larga de saqueos y
sacrificios. No hay un país sudamericano con la
historia de saqueo abierto y de larga resistencia como
Bolivia. Ya en los tiempos de la conquista española
se decía- con exageración claro está, pero casi una
verdad- que con todo el oro de Potosí que España se
llevó de ese, podría haberse construido un puente
entre América Latina y Europa.
El colonialismo español destruyó mucho más en cuanto a
la cultura milenaria, pero no desapareció el fermento
que continuó viviendo en formas culturales diversas,
en lenguaje y en rebeldía, muchas veces escondida
entre las piedras , pero nunca muerta.
En las castas en que dividieron a la sociedad
boliviana, los campesinos y labradores, pueblos
originarios fueron llamados “indios”, los trabajadores
mineros, rurales y otros como el proletariado de las
ciudades “cholos”. Y del otro lado en una marcada
división del fenotipo colonial: los blancos, como se
autodenominaban los dueños de haciendas y comercios,
los profesionales y otros.
Pero nada de esto hizo desaparecer los recuerdos de la
lucha anticolonial de Tupak Katari (1780- 1782) y
otros héroes que aún sobreviven y siguen siendo el
fermento que despertó en Bolivia tantas veces.
Ese fermento que sobrevivió a pesar de la otra
colonización, aquella nueva unión de los señores de
las minas, de políticos y militares, el imperio de la
familia Patiño, que saqueó el estaño de su país para
entregarlo afuera. Y las “roscas” empresariales y las
dictaduras unas tras otras. Y si había dictaduras es
porque había resistencias y las hubo y fueron parte de
la historia más reivindicativa de América Latina y
estaban los mineros y su famosa entrada a La Paz, los
campesinos, siempre obstinados escondiendo su piedra
en cada mano y los luchadores eternos.
Pero de aquel pasado tan largo de contar y tan fuerte
como los rostros de los que trazaron caminos,
surgieron estos presentes.
Las luchas por el agua, por la no entrega del gas ¿de
dónde surgieron si no hubiera habido ese pasado?. Las
nuevas luchas de finales del siglo XX, cuando se había
terminado la dictadura feroz de Hugo Bánzer que fue
transformado -por el mismo imperio que lo puso en 1971
para formar parte de la cadena del horror
sudamericano- en un “demócrata” del mercado de la
nueva forma dictatorial y global que arrasó en la
década de los
90 y siguió arrojando pobres masivamente a los
arrabales de la miseria.
Y el saqueo continuó eternamente cumpliendo la ley
imperial de arrancar recursos hasta empobrecer y
convertir en desierto a los países de ese extenso
Tercer Mundo.
Pero Bolivia se alzó en sus caminos y montañas, en sus
ciudades, en las nuevas luchas y allí se forjaron las
nuevas dirigencias. De allí surgió a fines del 2005 el
primer presidente indígena de Bolivia y de la región:
Evo Morales. Reivindicación largamente esperada por
los pueblos y horror para los colonizadores que
siempre están allí.
Y entonces la historia de las desestabilizaciones, de
la guerra sucia, tan bien trazada por el imperio en
sus doctrinas contrainsurgentes o la Guerra de Baja
Intensidad y todos sus capítulos siniestros se pone
en marcha. Y juegan con un nuevo elemento. La
desaparición de las mejores dirigencias durante las
pasadas dictaduras han dejado un hueco y ha producido
un fuerte divisionismo en sectores que se llaman de
izquierda.
Y se exigen revoluciones, donde no las hay pero hay
comienzos de caminos y pasos gigantes. Morales, en
condiciones absolutamente desfavorables por lo que
encontró en la destrucción de los últimos años dio
pasos gigantes. Y tocó los hidrocarburos, precisamente
el petróleo y el gas que como dicen en Bolivia “están
insertos en el imaginario colectivo del pueblo
boliviano asociados a triunfos y derrotas históricas,
heredadas de padres a hijos por lo menos en las
últimas tres generaciones y son símbolos del ser
nacional”.
Dos nacionalizaciones previas a la decretada el 1 de
mayo de 2006 por Morales fueron la de la Standard Oil
Comnpany que dio orígen a Yacimientos Petrolíferos
Fiscales Bolivianos (YPFB), y la segunda a inicios de
los años 70 cuando era Ministro de Hidrocarburos,
Marcelo Quiroga Santa Cruz nacionalizando la Gulf Oil
Company. Qruiroga Santa Cruz a mediados de esos mismos
años 70 fue asesinado por los dictadores.
Evo retomó la propiedad de los hidrocarburos para el
pueblo boliviano “que había sido entregado a las
petroleras trasnacionales, en la tristemente célebre
‘Capitalización’, durante el gobierno de Gonzalo
Sánchez de Lozada en el año 1996, mediante la maniobra
más siniestra de los últimos 30 años de gobiernos
neoliberales, porque vendió el país y con
esta acción destrozó cualquier posibilidad de
crecimiento y de autodeterminación. Más que una
capitalización, ese hecho político signó la
neocolonización” escribió recientemente María Bolivia
Rothe.
Gonzalo Sánchez de Losada corrido por la rebelión del
pueblo boliviano había entregado todas las empresas al
capital extranjero. O casi todas porque el pueblo puso
cuerpos y manos y muertos para impedir la entrega
total.
De todo esto, del ingreso al ALBA, el proyecto
antihegemómico que integran Venezuela, Cuba, Bolivia,
Nicaragua, de otros avances casi increíbles, de la
desesperada carrera por educación y salud, hechos
revolucionarios si los hay, nadie habla.
Tampoco se cuenta la historia de lo que el poder
mundial y sus antiguos y renovados cómplice internos
están haciendo para levantar muros en el camino de
Evo. Es claro y transparente que hay que exigir
siempre lo máximo a un mandatario que llegó por
voluntad del pueblo. Pero es revolucionario saber cuál
es lo máximo que se puede pedir en determinadas
circunstancias. Aquí se vale demandar en los términos
propios de una izquierda verdadera, pero no se vale la
demanda que se asimila a la del poder destructivo del
imperio. Hay sociólogos del mundo que trazan la
agenda de gobiernos, lejos de estas realidades y estos
pies que mal huelen, por caminar descalzos. A ellos
también les cabe llamarse a la humildad.
Hay exigencias y demandas y advertencias de errores
que son claves, precisas, necesarias. Pero están las
que fogonea el imperio desde la sombras y a esas no
las podemos repetir desde nuestro lado, porque la
contrarrevolución también viene envuelta en lenguajes
aparentemente revolucionarios.
Y si hacemos la lista de todos los pasos dados por esa
contrarrevolución, antes incluso de que Morales
accediera al poder, sería asombroso comprobar en
cuantas envolturas viene la desestabilización que
precede al zarpazo. Y entonces ya no hay “inocencia
que valga”. El discurso de los que demandan por ir más
lejos, jamás puede entroncar con el discurso de las
castas del poder ni de la embajada de Estados Unidos,
siempre trabajando para golpear y obstaculizar cada
paso.
Quedan muchas cosas por hacer y habrá quienes no
cumplen y quienes llegan con apetencias de poder y los
mecanismos del pasado. Pero eso es imposible de prever
porque el sistema ha sido efectivo en la cultura de
los individualismos feroces. Y si hay errores hay que
ayudar a corregirlos y exigir su corrección, pero
jamás usarlos para ganar políticamente sobre otros, si
esos otros son compañeros de ruta y si estamos en el
mismo camino y por la misma lucha. No basta con decir
que otro mundo es posible, pero hay que saber
construirlo. Y ese mundo no se construye con
consignas o discursos incendiarios, sino con humildad
y previsión revolucionaria. Estos son los tiempos y
Bolivia debe estar acompañada por todos. Sabemos que
la unidad es la única posibilidad de resistir al
colonialismo que está de vuelta en este azaroso siglo
XXI, de las guerras coloniales. El imperio ha superado
la etapa neocolonial para ir crudamente al
colonialismo rampante como vemos en Irak.
Y a nosotros sólo nos queda la unidad para no perder
otro siglo.
"Ajenos y lejanos, en mi mente habitamos un único espacio, en el que sin censura, nos hacemos amantes de las caricias que no nos damos, de los labios que no probamos, de los aromas que no respiramos, del encuentro que no sucede, sino a escondidas de lo humano."
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