[R-P] Kasanzew ( y fin..)

C J Lazor clazor en ciudad.com.ar
Mie Abr 11 07:35:09 MDT 2007


De la acción psicológica y los cronistas de guerra
Publicado el 11 de April, 2007 en Opinion, Columnistas, María Lilia Genta
 Leo en Clarín (6 de abril de 2007, página 30) el comentario del libro de 
Laurence Freedman, The official history of the Falklands Campaign, que lleva por 
subtítulo, La guerra de información. El artículo lo firma Miguel Wiñazki. Parece 
que el libro detalla la "acción psicológica" a través de los medios de 
comunicación que realizaron los reporteros ingleses en la Guerra del Atlántico 
Sur. "El gobierno inglés, leemos, implementó un esquema de control sobre cada 
cable noticioso emitido durante los días de la guerra". El lema era: "Buenas 
noticias, malas noticias y finalmente ninguna noticia". Sigue el artículo: "Los 
corresponsales de guerra que embarcaron en la flota inglesa fueron provistos de 
información por el propio Ministerio de Defensa". No hace falta transcribir la 
lista de consejos, prohibiciones y "letra preestablecida" por los conductores 
ingleses de la guerra.
Por supuesto que esto es lo obvio, lo que todo país hace mientras duran las 
guerras. Los ingleses, precisamente, son maestros en la "guerra psicológica" 
aunque en la última Guerra Mundial tuvieron un fiero oponente en el Ministro de 
Propaganda alemán, Goebels. ¡Y eso que contaban nada más que con medios gráficos 
y la radio! Ahora, las posibilidades son inagotables.
Nadie puede escandalizarse de este uso de los medios de comunicación como 
elemento insustituible en el desarrollo de una guerra. La verdad entera se 
escribe después que cesa el conflicto y suelen hacerlo los periodistas además de 
los historiadores. Sólo en esta Argentina gobernada por mediocres, 
prevaricadores y traidores a la Patria, puede ocurrírsele a alguno -por puro 
ideologismo barato- denigrar a Nicolás Kasanzew, cronista argentino de la Guerra 
de Malvinas. Nicolás no mintió; mandó su material y en el Continente lo 
censuraron. Claro como el agua.
Otra cuestión: ¿merece Kasanzew la misma pensión que los soldados, los civiles y 
los otros reporteros? ¿Por qué no? ¿Un reporter de guerra no expone la vida 
tanto como los combatientes? Que lo digan los periodistas italianos destacados 
en Irak. Recuerdo, al respecto, una magnífica película, Fuimos soldados. En 
ella, Mel Gibson -su director- muestra sin concesiones la grandeza y la miseria 
de la guerra. Película desgarradora, dura y tierna a la vez. En esa acción de 
guerra, el Coronel americano, más allá de lo que piensa, en su fuero íntimo, 
respecto de la oportunidad de realizar dicha acción y de la extrema juventud de 
los hombres que debe llevar al combate, cumple acabadamente la misión. Respeta, 
y es respetado por él, al jefe vietnamita al que se enfrenta. No cumple con la 
orden de salvar su propia vida, abandonando a sus hombres, que le pretenden 
imponer quienes la consideran "más importante pues se conserva para otras 
batallas" y, despreciando a los que le ordenan semejante cosa, salva, en cambio, 
a gran parte de sus "chicos de la guerra". Esto no le quita un ápice de la 
gloria sino que la aumenta.
Pues bien, en esta película uno de los personajes que se destaca es el reportero 
de guerra. Jovencito que al principio no entiende mucho pero cuyo espíritu 
superior se ve atrapado por la grandeza del Jefe. En el combate final, 
devastador, el Coronel le entrega un arma para que se defienda y le pide que, 
luego, cuente la verdad de lo que vio. Este reportero pasa por todos los 
peligros, la sed, el hambre, el frío, el calor, exactamente igual que los 
soldados que combaten.
Cuando vi la película por primera vez, hace tiempo, recordé vivamente a 
Kasanzew. De él puedo decir que "con ojos mejores para mirar la Patria", destacó 
la grandeza allí donde la encontró. No pasó gato por liebre. Después de la 
guerra pudimos comprobar que aquellos a quienes exaltó fueron, realmente, jefes, 
oficiales, suboficiales y soldados ejemplares. No engrandeció a los pequeños.
La persecución contra Nicolás Kasanzew comenzó hace veinticinco años. ¿Qué es lo 
que molesta de él? ¿Sus ideas? ¿Su porte aristocrático? ¿Su ascendencia de 
militares que combatieron por la Santa Rusia? ¿Su cultura, tan superior al 
promedio de los periodistas? ¿Su acendrado patriotismo? ¿Qué no se quejara del 
frío? Esta persecución, permanente y sostenida, durante veinticinco años, que 
culmina ahora con el agravio de quitarle su condición de ex combatiente y 
veterano de guerra, sólo se entiende en el marco del proceso de 
despatriotización (ya no de desmalvinización) que comenzó cuando los guerreros 
volvieron de las Islas. Ahora llegamos hasta el extremo de que se promueva el 
odio y el resentimiento de clases o de rangos: la vida ofrendada por un oficial, 
no vale para ciertos ideólogos, la de un soldado raso, sí.
Se hace insoportable el lloriqueo sobre el hambre y el frío. ¿En qué guerra los 
combatientes durmieron en muelles colchones, comieron exquisiteces o no pasaron 
ni frío ni calor? ¿Cuántas veces tuvieron miedo y vencieron el miedo?
La hora de los héroes ha pasado, dijo Alfonsín.y si los héroes tienen buena cuna 
y mejor educación, no merecen ni el recuerdo como el Capitán Giachino, el 
Teniente Primero Estévez, los pilotos que esperan la reconquista en las 
profundidades del Mar Austral. Hasta tratarán de ensuciar sus memorias con 
acusaciones falaces.
La dialéctica que rige toda esta promoción del odio es típicamente bolchevique. 
Nadie la puede entender mejor que Kasanzew. La sufrió su familia, diezmada en 
Rusia. Ahora le toca padecerla a él, reportero de guerra que tanto nos honra.
Autor: María Lilia Genta 





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