[R-P] Elogio del gaucho Rodolfo Puiggrós
jorge tribo
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Mar Abr 10 13:46:15 MDT 2007
Bambú Press
Prensa alternativa políticamente incorrecta
El Baúl de las Noticias (*)
Elogio del gaucho
Rodolfo Puiggrós
Periódico El Día, México,
Sábado 12 de abril de 1975
De los gauchos, habitantes de las pampas y quebradas
del sur del continente, han dejado gloriosos
testimonios los viajeros, científicos y literatos de
diversas nacionalidades que los conocieron. En
contraste con la soberbia de los gobernadores
coloniales –que los llamaban “mozos perdidos”, porque
les desobedecían–, los jesuitas los presentaron en sus
cartas anuas como gentes maravillosamente hábiles en
las tareas rurales, afectos a la vida familiar y
social. Existió un modo de producción gauchesco, cuyo
trabajo peculiar deshace la leyenda negra colonialista
que incluye a los gauchos en la categoría de
desclasados, delincuentes e improductivos.
Fueron los soldados del ejército del general José de
San Martín que cruzaron la cordillera de los Andes
para unirse a sus hermanos y libertar a Chile y Perú.
Acompañaron en la defensa de las fronteras a sus más
de cien caudillos (el uruguayo Artigas, el salteño
Güemes, los altoperuanos, hoy bolivianos, y muchos
otros), cuyas estatuas proclaman en las ciudades de
Argentina, Uruguay y Bolivia la “verticalidad” de los
auténticos héroes populares. Los “pestíferos” gauchos
de las montoneras y republiquetas hicieron morder el
polvo a los perfumados generales godos, servidores del
rey de España.
El francés Alcides d’Orbigny y el inglés Carlos Darwin
–geniales naturalistas– compartieron, durante sus
fatigosas jornadas a caballo o en carreta, la
frugalidad de sus mesas y la hospitalidad de sus
ranchos. Lo refieren en emocionados relatos, exentos
de floripondios. Martín de Moussy (Description
Geógraphique et Statistique de la Conféderation
Argentine , París, 1860, 3 tomos, I págs. 564-565)
descubría en ellos “prodigios de fuerza, de sobriedad,
de paciencia y de agilidad” y que eran “preferibles a
los jornaleros europeos para los trabajos que
practicaban desde la infancia”. Alberdi y Sarmiento
–acomplejados por la distancia que separaba la
sociedad indoamericana del progresismo técnico e
industrial anglosajón– quisieron substituirlos por
obreros y campesinos europeos, pero no pudieron
ocultar en sus libros la seducción de los hombres
libres de las pampas. Y una centuria de simbiosis de
nativos e inmigrantes ha creado una nacionalidad
homogénea, donde la tradición gauchesca es el elemento
aglutinante de la lucha por una sociedad emancipada.
Cuando la oligarquía comercial bonaerense –asociada a
la de Montevideo y al emperador del Brasil, Triple
Alianza manejada por los financistas ingleses– se
arrojó sobre el Paraguay para destruirlo, en las
provincias argentinas se constituyó un ejército
paralelo y estallaron sublevaciones de gauchos en todo
el territorio en solidaridad con los valerosos
soldados guaraníes.
La clase social –sí, la clase social dentro del mundo
periférico– que inspiró un poema de la hondura
filosófica y de la raigambre popular del Martín Fierro
despierta la admiración de la inteligencia. Don Miguel
de Unamuno, deslumbrado, lo dio a conocer a la cultura
europea. No volvía de su asombro el gran vasco al
enterarse que los gauchos concurrían a las pulperías a
comprar vituallas, beber vasos de ginebra y...
llevarse su Martín Fierro, que leían en rueda junto al
fogón y lo aprendían de memoria. Es envidiable que un
escritor, como José Hernández, haya adquirido tanta
notoriedad entre los de abajo.
Guillermo Enrique Hudson vivió casi medio siglo
ausente de su tierra de nacimiento y volcó su añoranza
de los gauchos, de los pájaros y de los pastos en Allá
lejos y hace tiempo y otras obras maestras de la
literatura universal. Leopoldo Lugones exaltó, en
páginas magníficas, la bravura de los gauchos de
Güemes en sus encuentros con los chapetones (soldados
recién llegados de España) que “ya no podían con sus
huesos”.
“Sindicato del Gaucho” fue el nombre que Arturo
Jauretche aplicó a la montonera. Aunque no sea
formalmente exacta la idea de la conversión de la
montonera en sindicato, del relevo de aquélla por éste
–pues se interpuso el proceso de la colonización
capitalista– acertó el autor de Los profetas de odio
al descubrir en el gaucho de ayer el mismo fuego
reivindicatorio de lo nacional y popular que persiste
y se proyecta hacia el futuro en el obrero de hoy.
Legalizó la metamorfosis del gaucho en obrero el
Estatuto del Peón (1945) primera conquista social de
los trabajadores rurales y punto de partida del
movimiento sindical peronista.
Por suerte pierde vigencia una ligera literatura que
se complace en destacar la supuesta superioridad del
europeo o del norteamericano sobre los restantes
moradores del planeta, literatura que halaga a esos
sectores intermedios que se extasían por esnobismo
ante el Moisés de Miguel Ángel o al oír hablar de las
Sinfonías de Beethoven, pero que desprecian con
inculta suficiencia a las espontáneas y modestas
expresiones del arte popular.
Allá por los años 40 aterrizó a orillas del Río de la
Plata el periodista John Gunther, quien después de dar
la vuelta al mundo en ochenta días escribió gruesos
libros acerca de los hombres y las cosas de todas las
latitudes y longitudes. Vio lo que quería ver de
antemano: la superficie inmovilizada de los fenómenos
sociales, continentes sepultados bajo lo pintoresco y
no anecdótico, oligarquías eternas y eternos países
sometidos. La Argentina entró en esa imagen
apriorística de una humanidad congelada. Llevado de la
mano de los estancieros advirtió desde lejos la
presencia de los peones-gauchos, acompañado de los
directores de las empresas monopólicas comprobó la
existencia de los obreros e ilustrado por políticos
desahuciados interpretó la solidez de partidos pasado
de moda.
No podía pedírsele más a John Gunther. Tal vez hoy le
sacaría del engaño la irrupción al primer plano de la
historia de los países del Tercer Mundo y le
produciría una honda tristeza la agonía de un sistema
opresivo, sin preocuparse del parto doloroso de un
pueblo desenajenado. Es comprensible que haya recogido
dentro de ese sistema su opinión sobre el gaucho y la
Patria del gaucho.
Y para terminar cedemos la palabra a Martín Fierro:
Es la memoria un gran don,
Cualidá muy meritoria;
Y aquellos que en esta historia
Sospechen que les doy palo,
Sepan que olvidar lo malo
También es tener memoria.
Con mi deber he cumplido
Y ya he salido del paso;
Pero diré, por si acaso,
Pa que me entiendan los criollos;
Todavía me quedan rollos
por si se ofrece dar lazo.
Tomado de
www.elbauldelasnoticias.com.ar
De Eva Troxler
(*) El Baúl de las Noticias es un sitio de noticias
recopiladas entre los años 1974 hasta 1982 de diarios
mayoritariamente mexicanos y argentinos referidos a
temas como Petróleo, Derechos Humanos y Política de
Argentina, temas referidos a la Antártida e Islas del
Atlántico Sur y noticias políticas generales de México
como también de América Latina y del resto del mundo.
Estos fueron recopilados por Federico Guillermo
Troxler (1922-1982) durante su exilio en la ciudad de
México hasta poco antes de su fallecimiento el 15 de
febrero de 1982 ocurrido al muy poco tiempo de su
arribo a su tierra natal -Argentina- después de
padecer una grave enfermedad. Contaba con 59 años.
Pero el exilio se convirtió en un hueso muy duro de
roer, más que las cárceles sufridas en la Patagonia
durante los años de persecución al peronismo, y
terminó minando en forma fulminante y por poco tiempo
su gran vitalidad y truncando sus proyectos de al
volver al país, poder continuar con su tarea y su
lucha cotidiana de hacer de la Argentina un país más
justo e independiente.
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