[R-P] Brzezynski

raul lilloy rlilloy en telefonica.net
Lun Abr 9 13:11:43 MDT 2007


Hay un dicho que dice mas vale conocido que bueno por conocer; Brzezynski es
un anticomunista y un antimoscu furioso y creo que fue uno de los artífices
del derrumbe del socialismo  en el mundo, tambien está en la trilateral
comision.
Supongo que empezarán a dar palos de otro modo, más certeros, pero seguiran
dando palos; al fin y al cabo la codicia sigue siendo el animal que los
moviliza.

-----Mensaje original-----
De: reconquista-popular-bounces en lists.econ.utah.edu
[mailto:reconquista-popular-bounces en lists.econ.utah.edu] En nombre de Edgar
Schmid
Enviado el: Lunes, 09 de Abril de 2007 12:45 p.m.
Para: reconquista-popular en lists.econ.utah.edu
Asunto: [R-P] Brzezynski

CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN 

Al estimular la cultura del miedo, EE.UU. se volvió inseguro y paranoide

Lo dice el ex Consejero Nacional de Seguridad, que criticó a la Casa Blanca.
Para él, Bush usó el miedo para obtener consenso "para aplicar sus
políticas".

Zbigniew Brzezinski

La "guerra contra el terrorismo" ha creado una cultura nacional del miedo en
Estados Unidos. El uso de estas cuatro palabras como mantra nacional por
parte de la administración de Bush, luego del 11 de setiembre, ha tenido un
impacto nefasto en la democracia estadounidense, en la psiquis de los
norteamericanos y en la posición de EE.UU. en el mundo.

El empleo de esta frase ha minado realmente nuestra capacidad para
enfrentarnos a los desafíos concretos que nos plantean los fanáticos que
tienen la posibilidad de utilizar el terrorismo contra nosotros.

El daño que han hecho estas palabras —la clásica herida autoinfligida— es
infinitamente mayor de lo que podrían haber soñado jamás los autores de los
ataques del 11-S. No define ni un contexto geográfico ni a nuestros
supuestos rivales. El terrorismo no es un enemigo sino una técnica de
guerra, que consiste en la intimidación política mediante la matanza de
civiles desarmados.

El pequeño secreto es que la vaguedad de la frase fue deliberadamente
calculada por sus patrocinadores. La referencia constante a la guerra contra
el terror conseguía un objetivo superior: estimulaba la aparición de una
cultura del miedo. El miedo nubla la razón, intensifica las emociones y
facilita a los políticos demagogos la movilización de la gente en apoyo de
las políticas que quieren poner en marcha. La guerra por la que se optó en
Irak no podría haber conseguido el apoyo que tuvo en el Congreso de no haber
sido por la vinculación psicológica entre el golpe del 11-S y la pretendida
existencia de armas de destrucción masiva en ese país. El apoyo al
presidente Bush en las elecciones de 2004 también se basó en la idea de que
una nación en guerra no cambia de comandante en jefe en mitad de la
corriente.

Para justificar la "guerra contra el terrorismo", la administración ha
fabricado un relato histórico falso que podría llegar incluso a convertirse
en una profecía de autocumplimiento. Al proclamar que esta guerra es similar
a las pasadas luchas de EE.UU.
contra el nazismo y el estalinismo (aunque ignore el hecho de que tanto la
Alemania nazi como la Rusia soviética eran potencias militares de primer
orden, un estatus que Al-Qaeda nunca tuvo ni puede llegar a tener), la Casa
Blanca podría estar preparándose para una guerra con Irán. Esta guerra
sumergiría a EE.UU.
en un prolongado conflicto con Irak, Irán, Afganistán e incluso Pakistán.

Esta propagación del miedo, reforzada por las empresas de seguridad, los
medios de comunicación y la industria del espectáculo, genera su propio
impulso.
Los empresarios del terror, llamados "expertos en terrorismo", están
necesariamente comprometidos en justificar su existencia, por lo que su
tarea es convencer al público de que se enfrenta a nuevas amenazas.

EE.UU. se ha vuelto inseguro y más paranoide. El gobierno ha fomentado esto
desde todas sus instancias.
Por ejemplo, en los paneles electrónicos de las autopistas que alientan a
los automovilistas a "Informar de cualquier actividad sospechosa"
(¿conductores con turbantes?). Algunos medios de comunicación han hecho su
propia contribución al comprobar que los escenarios de horror atraen mayores
audiencias llamando a los expertos en terrorismo certifican la autenticidad
de las visiones apocalípticas con que se alimenta al público estadounidense.

La industria del espectáculo hace su aporte: hay series de TV y películas en
que las que los personajes malvados tienen rasgos árabes bien
identificables, destacados en algunas ocasiones por actitudes religiosas,
que explotan la ansiedad del público y fomentan la islamofobia. Los
estereotipos faciales árabes, sobre todo en las tiras cómicas recuerda
tristemente a las campañas antisemitas de los nazis.

La discriminación social, por ejemplo hacia los viajeros musulmanes que
llegan por vía aérea, ha sido también su consecuencia involuntaria. La
animadversión hacia EE.UU. se ha intensificado, mientras que la reputación
de nuestro país sufrió un formidable deterioro.

El balance es todavía más inquietante en el ámbito general de los derechos
civiles. La cultura del miedo ha alimentado la intolerancia, la sospecha
hacia los extranjeros y ha fomentado la adopción de procedimientos legales
que minan las nociones fundamentales de justicia. El principio de "inocente
hasta que se demuestre lo contrario" se ha diluido o desaparecido (algunos
ciudadanos —incluso estadounidenses— fueron presos por largos períodos sin
un rápido y efectivo acceso a un proceso judicial). No hay pruebas
concluyentes de que semejantes excesos hayan prevenido importantes actos
terroristas.

La similitud entre el trato brutal que los militares han dado a los civiles
iraquíes y el que los israelíes han dado a los palestinos ha despertado en
los musulmanes un generalizado sentimiento de hostilidad hacia EE.UU. Lo que
llena de rabia a los musulmanes que ven las noticias de la televisión no es
la "guerra contra el terrorismo" sino la matanza de civiles árabes. Y el
resentimiento no se limita a los musulmanes. Una reciente encuesta de la BBC
entre 28.000 personas de 27 países concluyó que Israel, Irán y EE.UU (en ese
orden) eran vistos como los países con mayor "influencia negativa en el
mundo". Al parecer, para algunos, ¡éste es el nuevo eje del mal!

El 11-S podrían haber dado lugar a una alianza global de moderados,
incluidos los musulmanes, comprometida en una campaña para desmantelar las
redes del terrorismo ¿Dónde está el líder estadounidense dispuesto a decir
"acabemos con esta paranoia"?





	

	
		
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