[R-P] Maniobras en el Golfo Enrique Lacolla

José María Cavalleri ingcavalleri en hotmail.com
Dom Abr 8 09:45:36 MDT 2007


Perspectivas
Maniobras en el Golfo
Enrique Lacolla
Periodista

Los vericuetos de la política internacional suelen ser muy enrevesados para 
leerlos con certeza. Lo único que podemos hacer los que no estamos en el 
secreto de los dioses es tratar de establecer algunas conexiones lógicas 
entre lo que se manifiesta en la superficie y las tendencias profundas que 
mueven los procesos.

El caso de los marines británicos capturados por Irán y su posterior 
liberación viene a demostrar que, pese al poderío de las potencias mundiales 
y a su declamada intransigencia respecto de las actitudes que pueden adoptar 
los que ellas denominan "Estados delincuentes", las posibilidades de 
negociar siempre están abiertas si hay voluntad de hacerlo. El espectáculo a 
que se ha asistido la semana pasada en el Golfo Pérsico pone de relieve este 
hecho y lo contrasta, sobre todo, con la mala acogida que dio Estados Unidos 
a las transacciones realizadas por Italia a través del gobierno afgano, para 
recuperar a un periodista peninsular secuestrado por los talibanes.

En ese momento se alzó una polvareda por la disposición italiana a ceder al 
chantaje, pues la liberación del periodista se logró por su canje con varias 
figuras importantes de la oposición afgana que se encontraban en prisión. En 
el caso de los infantes de marina ingleses una transacción es negada 
enfáticamente por Londres, pero el hecho es que un diplomático iraní 
secuestrado en Bagdad dos meses atrás apareciera de pronto y retornara a su 
patria, y que el gobierno iraquí haya anunciado que se está haciendo lo 
posible para la liberación de cinco funcionarios consulares iraníes 
arrestados por los norteamericanos en el Kurdistán, parece evidenciar lo 
contrario.

Esto demostraría, asimismo, que el diálogo es posible si los poderes 
occidentales ensayan comunicarse con Irán tratándolo como un igual, en vez 
de atropellarlo con exigencias humillantes para que acabe con su plan 
nuclear.

El fondo del problema. El problema, sin embargo, consiste en si existe o no 
la voluntad, de parte no ya de Occidente sino de Estados Unidos, en el 
sentido de desarrollar semejante curso de acción. En lo que hace a la actual 
administración en Washington, diríase que no.

La acumulación de fuerzas en el Golfo, en efecto, ha adquirido un volumen 
muy importante. Dos portaaviones norteamericanos con sus respectivos grupos 
de tareas están en el área y, según la agencia rusa Novosti, que citó 
fuentes de inteligencia de su país, las fuerzas norteamericanas concluyeron 
sus preparativos para descargar una operación aérea en gran escala contra 
Irán. El número de efectivos norteamericanos en la región alcanza el que 
tenía en marzo de 2003, cuando se lanzó el ataque contra Irak.

El buen sentido indicaría que un renovado compromiso militar estadounidense 
en la zona acarrearía peligros enormes e incluso la posibilidad de un 
incendio que abarcase a toda el área. Pero no suele ser la sabiduría lo que 
preside a este tipo de acciones. Después de todo, Hitler atacó la Unión 
Soviética en 1941 y Japón bombardeó Pearl Harbor. Y Estados Unidos puede 
jactarse de poseer un poder infinitamente superior al que ostentaban quienes 
sentaron esos precedentes históricos.

Cuando George W. Bush habló de una guerra infinita, después del 11 de 
setiembre de 2001, con toda probabilidad creía en lo que estaba diciendo. La 
guerra permanente es el estado natural del capitalismo y, en situaciones de 
crisis como la presente, ese activismo es el único expediente que puede 
mantener funcionando una concentración desmedida de la riqueza y una 
polarización cada vez más acentuada entre países ricos y países pobres, a la 
vez que asegura a los primeros la provisión de las materias primas y de la 
energía que requiere para seguir manteniéndose.

En este esquema, la guerra es una necesidad perentoria. Sirve para retener o 
ampliar lo que se tiene, para sojuzgar a quienes quieren escapar al cerco 
imperial y para mantener una inversión militar que proporciona la única 
ventaja de veras sólida que tiene el sistema respecto de quienes son 
oprimidos por él.

Por supuesto que la tensión del esfuerzo puede molestar a las masas de los 
países privilegiados, que podrían sentirse tentadas a discutir esas 
premisas. Pero en estos tiempos se está avizorando una forma bastante 
expeditiva para salir al paso de este problema: la privatización de las 
guerras. En Irak hay en este momento 180 empresas de seguridad que emplean a 
48 mil personas. Casi 800 de estos "contratistas" (eufemismo por 
mercenarios) han sido muertos por la resistencia y otros ocho mil heridos. 
¿Suministrarán estos aventureros la carne de cañón del futuro? Están muy 
bien pagos y, al revés de los soldados regulares, no van a quejarse por su 
destino. Y sus familias tampoco.

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