[R-P] [redial_s_bolivar] EL AUGE DEL CAPITALISMO DEL DESASTRE... NOEMÍ KLEIN

Pat H.A. desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Sab Abr 7 03:21:32 MDT 2007


El auge del capitalismo del desastre  Cuanto más
empeora la situación en Iraq, más se privatiza la
guerra y más beneficios rinde 
Naomi Klein (Democracy Now/Rebelión)

Resumen de una reciente intervención de Naomi Klein
–presentada por Amy Goodman, de Democracy Now— con
ocasión de la presentación en Nueva York del primer
libro de Jeremy Scahill, "Blackwater: The Rise of the
World's Most Powerful Mercenary Army". (Blackwater: el
auge del más poderoso ejército mercenario del mundo). 

En 2004 Naomi Klein viajó a Iraq y poco después
publicó en Harper’s Magazine un artículo titulado
"Baghdad Year Zero" (Bagdad, año cero) en el que
exponía en detalle la privatización de la economía de
Iraq, estatalizada en su mayor parte. Desde entonces
ha seguido estudiando este asunto y el próximo otoño
tiene prevista la publicación de su nuevo libro “The
Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism” (La
doctrina del choque: el auge del capitalismo del
desastre).
______________________________________________________

AMY GOODMAN: Seguimos examinando la cuestión de Iraq y
de la ocupación de ese país por EE UU, y contamos
ahora con la presencia de la prestigiosa escritora y
periodista Naomi Klein. Escribe regularmente para The
Nation y The Guardian y es la autora del gran éxito de
ventas No Logo (1) y, más recientemente, de Fences and
Windows (2). Ha venido a Nueva York para contribuir al
lanzamiento del libro de Jeremy Scahill sobre [la
compañía] Blackwater e interviene ahora ante la
Ethical Culture Society en relación con la
privatización de las fuerzas armadas y el Estado,
colocando el fenómeno en su contexto histórico.

NAOMI KLEIN: Esta tendencia a privatizar todos los
aspectos del Estado, del Gobierno, es una campaña que
se inicia hace unos 35 años. Muchas personas, muchos
historiadores sitúan sus comienzos en 1973, con
ocasión del golpe de estado en Chile, lo que es
interesante en términos de la investigación que
realiza Jeremy, porque éste habla de cómo en estos
momentos Blackwater está contratando chilenos para
enviarlos a Iraq, así que voy a dejar que hable él
luego de este aspecto. Pero el primer ejemplo del
intento de construir una utopía corporativa
enteramente privatizada fue en Chile en 1973 después
del golpe de Pinochet, cuando entró en colaboración
con un equipo de economistas de la Universidad de
Chicago deseosos de llevar a cabo su experimento.

Se trata de un proyecto colonial de una clase
distinta. En América Latina, este proyecto, a menudo
calificado de neoliberalismo, se conoce como
neocolonialismo. La primera etapa del colonialismo fue
la apertura de las venas de América Latina, en
palabras de Eduardo Galeano: el pillaje de materias
primas, la exportación de recursos brutos. La segunda
etapa del colonialismo –aunque por supuesto la primera
nunca desapareció completamente— fue el pillaje del
Estado. Todo lo construido a partir de la Gran
Depresión y durante los años de gran crecimiento
económico de la posguerra –sistemas de seguridad
social y de educación, carreteras, ferrocarriles— es
realmente lo que se liquidó en Chile con ayuda de los
Chicago boys: el saqueo, a cielo abierto, del Estado
mismo.

Tengo una imagen de este proyecto corporativo, este
proyecto de privatización, en la que imagino el Estado
como una especie de pulpo dotado de todos esos
tentáculos. Y durante los últimos 30 años – aquí en
Estados Unidos sin duda desde Reagan—, lo que la
campaña de privatización ha hecho es arrancar los
miembros del Estado: el sistema telefónico, las
carreteras, etcétera, es decir esos tipos de servicios
no esenciales, por decirlo así. Y una vez que has
arrancado todos los tentáculos lo que te queda es el
centro, lo que llaman el núcleo central.

Y lo que el gobierno Bush ha estado haciendo realmente
es liquidar este núcleo central, privatizar estos
servicios gubernamentales esenciales que son parte
inherente a lo que nosotros concebimos como Estado, y
que parece imposible imaginar que pudieran ser
privatizados, como el Gobierno mismo, como los cheques
de la seguridad social, como las prisiones, como el
ejército, etc., y es aquí donde hay que ubicar a
Blackwater.

Lo más extraordinario que ha sucedido en Iraq –y Amy
ha mencionado mi artículo “Bagdad, año cero”— es que
se han dado todas estas capas de colonialismo y
neocolonialismo, este empeño de privatización, lo que
ha provocado una especie de perfecta tormenta en ese
país. Por una parte, tenemos una especie de pillaje
colonial a la antigua usanza; como si hubieran lanzado
la consigna: ¡a por el petróleo!. Y como muchos de
ustedes saben, en Iraq se ha introducido una nueva
legislación en materia de petróleo que ha sido
aprobada por el Gobierno, pero que todavía no lo ha
sido por el Parlamento. Pero, realmente, es una
legislación que legaliza el pillaje. Legaliza el
pillaje, legaliza la exportación del 100% de los
beneficios de la industria petrolera iraquí. Se trata,
precisamente, de las condiciones que dieron pie a la
ola de nacionalismo árabe y la exigencia de disponer
de los recursos petroleros, desde los años 1950 hasta
los 70. Así que se trata ahora de desandar ese proceso
y proceder al pillaje de los recursos, según el
colonialismo de la vieja escuela. 

Y por encima de esto, tenemos una especie de
colonialismo 2.1, que es el ámbito que estuve
investigando durante mi estancia en Iraq, que consiste
en el saqueo del Estado iraquí y de todo lo construido
bajo las banderas del nacionalismo árabe: la
industria, las fábricas. El tipo de privatización
acelerada, de terapia de choque, de saqueo a cielo
abierto que vimos en la ex Unión Soviética en la
década de 1990 era la idea que formaba el Plan A para
Iraq. Es decir, se pensaba que los Estados Unidos
simplemente llegarían allí con los hombres de
Blackwater protegiendo a Paul Bremer y procederían a
liquidar todas las industrias de Iraq. Es decir, un
colonialismo de la vieja escuela que luego daría paso
a la nueva escuela.

Así que luego llegó la privatización postmoderna,
basada en la idea de que el ejército de los Estados
Unidos iba a la guerra a saquearse a sí mismo, lo que
constituye una innovación de tipo postmoderno, ¿no es
cierto? Hace menos de una década, Thomas Friedman nos
contaba que nunca dos países que en los que hubiera
hamburgueserías McDonald’s habían entrado en guerra.
Ahora, nosotros vamos a la guerra llevando detrás de
nosotros la recua de los McDonald’s, Taco Bell, Burger
King, etc. Así pues, el proceso de hacer la guerra
constituye una forma de autopillaje. No solamente se
está saqueando Irán, sino que las arcas de este
Gobierno de los Estados Unidos están siendo también
esquilmadas. De modo que tenemos estos tres elementos,
que convergen en una perfecta tormenta sobre este
país. 

Y una de las cosas más importantes que los
progresistas deben cuestionar es el discurso de que
todo en Iraq es un desastre. Creo que tenemos que
comenzar a preguntar, con insistencia, para quién es
un desastre, porque no todo el mundo pierde. Es sin
duda un desastre para el pueblo iraquí, es sin duda un
desastre para los contribuyentes estadounidenses. Pero
lo que hemos visto –y esto está meridianamente claro
si nos atenemos a las cifras– es que cuanto más
empeora la situación en Iraq, más privatizada y
provechosa se convierte esta guerra para empresas como
Lockheed Martin, Bechtel y sin duda Blackwater. Hay
una deriva persistente en Iraq: cuántos más países
abandonan la guerra, más contratistas entran en juego;
se trata de un aspecto muy bien documentado por Jeremy
y del que nos hablará.

El peligro... Estas son las apuestas que considero que
tenemos que comprender. Y voy a intentar ser breve, de
manera que podamos tener un debate provechoso después.
¿Qué es lo que está en juego aquí? Las apuestas no
pueden ser más altas. Lo que estamos perdiendo es el
incentivo, el incentivo económico, para la paz, el
incentivo económico para la estabilidad. Cuando se es
capaz de crear una economía tan exuberante en torno a
la guerra y el desastre, en torno a la destrucción y
la reconstrucción, una y otra y otra vez, ¿que
incentivo hay para la paz?

Hay una frase pronunciada en la conferencia de Davos
de este año. Cada año, sin falta, hay una Gran Idea
que emerge de la Cumbre Económica Mundial de Davos.
Este año, la Gran Idea fue el dilema de Davos. ¿Que en
qué consiste el dilema de Davos? Se trata de lo
siguiente: durante decenios ha formado parte de la
sabiduría convencional la idea de que el caos
generalizado era una rémora para la economía mundial,
de que podía darse un choque económico puntual, una
crisis o una guerra que podían aprovecharse para
incrementar la privatización, pero que en conjunto –y
ésta era la tesis de Thomas Friedman— es preciso
contar con cierta estabilidad para conseguir un
crecimiento económico estable. El dilema de Davos es
que esto ya no es cierto. Podemos estar ante un
desorden generalizado, podemos tener guerras en Iraq,
Afganistán, amenazas de guerra nuclear con Irán, una
ocupación israelí cada vez más dura, un incremento de
la violencia contra los palestinos, podemos tener
terrorismo ante el calentamiento global, podemos tener
unas repercusiones cada vez mayores de las guerras
para conseguir recursos, podemos tener unos precios
energéticos cada vez más altos, pero –y ahí está la
gracia– la Bolsa sigue subiendo sin parar. De hecho,
hay un índice denominado “índice armas-caviar”, para
el que durante 17 años se ha estado midiendo la
relación inversa existente entre las ventas de aviones
cazabombarderos y de aviones privados de lujo. Y
durante 17 años, en este índice, denominado como he
dicho “índice armas-caviar”, las armas han sido los
aviones cazabombarderos y el caviar los aviones
privados de lujo. Cuando las ventas de aviones
privados de lujo aumentan, las ventas de
cazabombarderos disminuyen, y viceversa. Pero, de
repente, ambos indicadores suben al unísono, lo que
significa que se están vendiendo muchas armas, el
número suficiente para comprar muchísimo caviar. Y
Blackwater está, por supuesto, en el centro de esta
economía.

La única manera de combatir una economía que ha
eliminado el incentivo de paz es, por supuesto,
retirarle las oportunidades de crecimiento. Estas
oportunidades de crecimiento son la actual
inestabilidad climatológica y la actual inestabilidad
geopolítica. Sus amenazas: lo único que puede amenazar
esta economía es una paz y estabilidad geopolítica y
climática, de manera que creo que las cosas están
claras para nosotros a la hora de combatir a los que
se aprovechan de la guerra.

* * *

(1) No logo: el poder de las marcas, Paidós Ibérica
(2002)
(2) Vallas y ventanas: despachos desde las trincheras
del debate sobre la globalización, Paidós Ibérica
(2002)
Barreres i finestres: notes des-de la trinxera contra
la globalització, Empuries (2003)

Traducido por S. Seguí 
5/4/07




   
  "Ajenos y lejanos, en mi mente habitamos un único espacio, en el que sin censura, nos hacemos amantes de las caricias que no nos damos, de los labios que no probamos, de los aromas que no respiramos, del encuentro que no sucede, sino a escondidas de lo humano." 





	

	
		
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