[R-P] [G. Wheatcroft] Olmert y Livni deberían ser comprensivos con el terrorismo
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Mie Sep 27 07:11:32 MDT 2006
Gentileza de la lista A-List
[Un tory memorioso destruye la falaz argumentación antiterrorista del
gobierno israelí. A muchos de ellos les sigue doliendo el atentado
contra el Hotel King David de Jerusalem.
La pregunta, sin embargo, es la siguiente: al fin de cuentas, ¿qué
política ha sido más adecuada a la necesidad de implantar el Estado
de Israel, la de "comprender" a los "nativos", o la de combatirlos?
O, dicho de otro modo, ¿el problema actual de Israel pasa por la
"derechización" de un proyecto originalmente humanista y progresista,
o simplemente estamos ante el despliegue de un contenido profundo que
ciertas tradiciones y conveniencias políticas ocultaron por largas
décadas?
Por otro lado, cito: " los ingleses se adueñaron del país bajo la
cubierta algo dudosa de un mandato de la Liga de las Naciones, y de
inmediato comenzó la violencia entre judíos y árabes." A confesión
de parte, excusada es la prueba...]
Olmert debería tener más claro que nadie lo que es el terrorismo
Hace sesenta años, el tipo de atrocidades que suelen condenar los
dirigentes israelíes ayudó a dar a luz el país
Geoffrey Wheatcroft
Martes, Setiembre 14, 2006
The Guardian
Después del último -y quizás final- viaje de Tony Blair a Levante, la
Conferencia de los Sindicatos (TUC) casi le debe de haber parecido un
alivio. En Brighton no había carteles diciendo "Blair, asesino,
andate al infierno", como los que lo recibieron el fin de semana
pasado en Líbano. Mucho tiempo parece haber pasado entre la visita y
la conferencia laborista donde, después del 11 de setiembre, dijo:
"Los hambrientos, los miserables, los desposeídos, los ignorantes,
los que viven en la necesidad y la abyección, desde los desiertos del
África del Norte hasta las villas miseria de Gaza y las cadenas de
montañas afganas, ellos, ellos también son nuestra causa".
En enero de este año, los miserables y desposeídos de las villas
miseria de Gaza ayudaron a elegir a Jamas, y Blair les hizo la
oportuna advertencia de que así no se podía votar (los
estadounidenses hicieron lo mismo): curioso modo de pensar para
quienes encabezaban el tan publicitado proyecto de "democratizar el
Oriente Medio". Además de la cuestión del reconocimiento de Israel,
Jamas está condenada por ser partidaria de la violencia terrorista.
Es cierto: hubo indignantes e indefendibles asesinatos de civiles
israelíes. Pero aún esto plantea más preguntas que respuestas. Es
una obviedad decir que aquél que unos consideran terroristas son,
para otros, luchadores por la libertad. Los palestinos pueden hacer
notar que la violencia de Estado israelí siempre ha superado la de
sus oponentes -especialmente en la cantidad de civiles muertos- y
también podrían agregar que esto viene de antes de la creación del
Estado de Israel.
Aquí en Londres pasó sin pena ni gloria un aniversario, en julio, que
permite recordarlo. Además, apenas si se hizo notar que el actual
gobierno israelí es el más puro gobierno revisionista de su historia.
Se ha descripto a Ehud Olmert, el primer ministro, como "uno de los
príncipes del Likud, de una familia revisionista prominente"; esto
hace de Tzipi Livni, su fotogénica ministra de relaciones exteriores,
una princesa.
En una entrevista, le explicó al Spiegel que de pequeña "lo único que
escuchaba era que los judíos tenemos derecho a un estado sobre ambas
riberas del Jordán". En la tumba de su padre está el viejo mapa del
Gran Israel soñado por los revisionistas, y ella es uno de los pocos
israelíes que todavía puede citar la obra de Vladimir Yabotinski, el
brillante y carismático fundador de la tradición política de donde
descienden los grupos Betar, Irgún Tzvaí Leumí, Jerut, Liku, y ahora
Kadima: una tradición a la que Olmert pertenece por nacimiento.
Después de que la Declaración Balfour de 1917 prometió un hogar
nacional judío ("en el claro entendimiento de que nada se hará que
pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades
no judías existentes en Palestina"), los ingleses se adueñaron del
país bajo la cubierta algo dudosa de un mandato de la Liga de las
Naciones, y de inmediato comenzó la violencia entre judíos y árabes.
Yabotinsky creó el movimiento sionista revisionista en la década del
20. Era de un nacionalismo y militarismo desafiantes, y su objetivo
tenía una admirable claridad: "La resurrección del Estado judío, con
mayoría judía, sobre ambas márgenes del Jordán". Para Yabotinsky, el
sionismo era un proyecto tan político como sicológico. En un ensayo
titulado "Contra los Excesos en las Disculpas", recomendaba a los
judíos dejar de tanto lamentarse y decirle a los gentiles "váyanse al
infierno", algo que Olmert podría decirse que se ha tomado muy a
pecho.
Yabotinsky no hizo de cuenta que Palestina era "una tierra sin pueblo
para un pueblo sin tierra", ni que los habitantes darían la
bienvenida a los sionistas; insistió en que no sería así: "Las
poblaciones nativas, civilizadas o no, siempre han resistido
tozudamente contra los colonos". Así, era "abiertamente imposible
obtener el consentimiento voluntario de los árabes de Palestina", y
los sionistas tenían que estar dispuestos a usar la fuerza,
construyendo una "muralla de hierro". Frase famosa, que ahora el
gobierno israelí tomó al pie de la letra.
Hoy, solo elementos de la extrema izquierda y algunos musulmanes
radicalizados se toman el trabajo de decirle fascista al gobierno de
Israel. Y sin embargo, así como cien años atrás los más vigorosos
opositores al sionismo no eran los antisemitas (entre los cuales,
algunos tendían a gustar de la idea de embarcar a los judíos hacia
Oriente) sino otros judíos, en los primeros días del revisionismo sus
críticos más acerbos no eran gentiles (pocos de elos tenían alguna
idea sobre estas escisiones internas) sino otros sionistas. En la
década del 30, David Ben Gurion, el líder laborista que llegó a ser
el primer Primer Ministro israelí, llamaba a su antagonista "Vladimir
Hitler", y el dirigente sionista Jaim Weizmann declaraba al abogado
neoyorquino Morris Rothenberg que los extremistas judíos exponían "el
hitlerismo en la peor de sus formas". Todo eso pasaba, claro, antes
de que se supiera qué horrores podía infligir Hitler al pueblo judío;
pero la frase, aún en esos tiempos, era como para sobresaltarse.
A fines de los 30, algunos revisionistas constituyeron el Irgún, una
milicia armada dispuesta a echar a los ingleses y llegar a un trato
con los árabes de Palestina... por cualquier medio. "A sangre y
fuego cayó Judea. A sangre y fuego se alzará otra vez", decía una de
sus canciones; y el Irgún cumplía con la promesa.
El 22 de julio de 1946 hicieron volar por los aires el Hotel King
David de Jerusalem. Se alojaba allí el cuartel general del comando
militar. Murieron 91 personas: 28 ingleses, 41 árabes y 17 judíos.
Este mes de julio hubo una ceremonia, y viejos miembros del Irgún
conmemoraron el aniversario inaugurando una placa recordatoria. Al
año siguiente, y como represalia por la ejecución de sionistas, el
Irgún colgó dos sargentos ingleses que había capturado. Solían atacar
civiles árabes, lo que culminó en el derramamiento de sangre que
acompañó al nacimiento del Estado.
Se nos dice ahora que estamos librando una "guerra contra el terror".
"Terrorista" es una maldición, con la que se supone que toda
discusión termina. Pero los que alguna vez apoyaron al Irgún no le
tenían miedo a la palabrita. Ben Hecht, autor teatral y
cinematográfico de Hollywood, famoso en su tiempo como coautor de la
comedia negra sobre los diarios La Primera Plana, era también un
revisionista ardoroso, y adhería al Irgún.
En mayo de 1947 publicó un aviso en los dirios de Nueva York,
saludando a los que habían bombardeado el King David: "Los judíos de
EEUU están con ustedes. Ustedes son nuestros campeones". Cada vez
que "lanzan sus fusiles y bombas contra los ingleses traidores que
invaden su tierra, los judíos de EEUU hacen una pequeña fiesta en el
corazón". Más llamativa aún era el titular, admirativo e
intransigente, con que encabezaba Hecht el aviso: "Carta a los
terroristas de Palestina".
Yabotinsky murió en 1940, así que no sabemos lo que hubiera pensado
de esto. Pero había repudiado específicamente el asesinato político
que han venido practicando en las últimas décadas los gobiernos
israelíes, y había afirmado que "para cualquier judío debe ser odioso
pensar que el renacimiento de un Estado judío esté vinculado alguna
vez con una sugerencia tan repugnante como la remoción de los
ciudadanos no judíos". Esa "remoción" fue justamente lo que hizo el
Irgún en 1948, y luego los gobiernos laboristas que desarraigaron las
aldeas palestinas.
Ijud Olmert pasó su juventud en un campo del Irgún, donde su padre
fue un dirigente; el de Tzipi Livni trasladaba armas para el Irgún.
Todo esto deberían recordarlo bien. ¿No tendría acaso tal memoria
darles cierta comprensión de los otros "terroristas de Palestina",
tentados también por la "sangre y el fuego", y que también creen
tener derecho a un Estado?
Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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