[R-P] El petróleo y la implosión del imperialismo
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Mar Sep 19 07:48:00 MDT 2006
Gentileza de la lista A-List
[Le echan la culpa al petróleo, pero en realidad lo que se termina es
la civilización creada por el modo de producción capitalista. La
clave de todo esto radica en las crecientes dificultades y el costo
astronómico que va teniendo la continuidad del régimen imperialista y
del saqueo semicolonial. "Petróleo abundante y barato", a lo largo
de todo el siglo XX, significó países coloniales entregando sus
riquezas a cambio de nada. Esta tendencia está cambiando de un modo
inexorable. El modo de producción capitalista empieza a estar contra
las cuerdas. Y si bien el panorama que pinta el autor es
apocalípticamente cruel, no será mejor el que sobrevenga si la
burguesía imperialista metropolitana logra superar la "crisis del
petróleo" para lanzarnos hacia la "crisis del agua". La
privatización de servicios públicos es la nueva línea de defensa de
una sociedad basada en la codicia.]
La vida en el mundo post-carbono
por Nicholas von Hoffman
The Nation Online
(Agosto 15 2006)
Unas semanas atrás, Edmund John Philip Browne, Right Honourable,
Baron Browne of Madingley, participó de un corte de cintas con los
presidnetes de Turquía, Azerbaiyán y Georgia. Lord Browne también es
presidente. Su dominio es BP Oil (British Petroleum Petróleos), una
sociedad anónima mucho más importante, desde el punto de vista
económico, que Azerbaiyán o Georgia, paisitos de sello postal del
Cáucaso que son conocidos, entre los pocos que los conocen, como la
tierra natal de José Stalin.
Los macanudos se habían congregado para abrir un nuevo oleoducto que
llevará el crudo de la cuenca del Caspio al mundo occidental,
preocupado por el petróleo.
Los cuatro presidentes tienen problemas, pero solo merecen atención
mundial los del presidente Browne.
BP viene sufriendo una seguidilla de contratiempos en refinerías,
plataformas de bombeo, y (la más reciente) en el oleoducto del
yacimiento de Alaska Prudhoe Bay, donde hubo una pérdida pequeña pero
significativa. Además, el gobierno de los EEUU acusó a BP de hacer
cosas inaceptables para manipular el precio del gas propano en su
propio beneficio. Pero no se preocupe, si usted es un accionista de
BP: las ganancias son el 30% mayores que un año atrás.
Cada vez que algo -bueno o malo- le pasa a BP, los mercados
petroleros mundiales suben o bajan, lo que podría llevarlo a usted a
pensar que el Barón Browne de Madingley controla el destino del
mundo. No es así; pero por cierto está en condiciones de hacer plata
a cambio del destino del mundo. Están pasando ciertas cosas que ni
siquiera un barón petrolero puede cambiar.
La principal es que los mayores yacimientos del mundo se están
fatigando y empiezan a declinar. A este ritmo, a no ser que alguien
descubra un montón de petróleo oculto, Browne y sus asociados
anónimos tendrán cada vez menos petróleo para vender, a un precio
cada vez más caro. Los políticos de EEUU, Gran Bretaña e Israel
pueden dar un empujón adicional para elevar el precio del petróleo.
Desde el 11 de setiembre, los precios en la estación de servicio [de
los EEUU] se duplicaron. Si estos tres países siguen adelante con lo
que el corazón les indica, y atacan Irán, se puede esperar que en
EEUU la nafta cueste 7 dólares el galón [en este momento superó la
barrera de los 3, y es un escándalo].
Falta poco para que los precios se amplíen como en un "zoom". Porque
cada vez hay más gente (en China y la India) con más dinero y que
quiere un petróleo cuya oferta disminuye. Pero, ¿cuánto es "poco"?
Podrían ser tres, diez o quince años... o recién cuando sus nietos
vayan a la secundaria, o salgan a buscar su primer empleo.
Muchos motivos llevan al rápido final de la era del petróleo barato y
abundante. Y ésa es una amenaza mucho mayor, segura y profunda a la
civilización occidental tal como la conocemos que cien Al Qaedas.
Vale la pena recordar que todos los Islamo-facisto-terorístico-yijadi-
fanáticos pueden, a lo sumo, volar un rascacielos lleno de gente, o
tirar abajo un avión de línea, o incinerar 400 personas en un subte,
y eliminar algunos compradores dominicales con una bomba en un
hipermercado.
Son cosas a las que podemos sobrevivir. Hasta podemos prosperar.
Recuerde el 11 de setiembre. A no ser que alguien de su conocimiento
estuviera en el edificio, o su negocio haya sido afectado
directamente, el horrible acontecimiento apenas si dejó un rayoncito
en la pantalla del radar.
Compare esa amenaza con el día en que los flujos de petróleo se
aletarguen y se transformen en goteos de petróleo.
En ese momento, los aviones de pasajeros dejarán de funcionar, los
rascacielos quedarán vacíos por falta de electricidad para
mantenerlos, y los shoppings quedarán desiertos, porque no alcanzará
la nafta para llegar... y tendrán poco para vender.
Uno de los grandes debates en el campo de la energía es hoy el de lo
que sucederá si (y cuando) todo el petróleo se acabe, y nos
encontremos en lo que se empezó a llamar la "era post-carbono". Es
un debate para geólogos, economistas y miembros de "think tanks".
Pero lo que no se discute es que en los próximos años el precio del
petróleo aumentará: se duplicará, triplicará, cuadruplicará.
Las consecuencias económicas (y por lo tanto políticas) serán
violentas, de un modo que pocos entienden hoy; y lo serán incluso
aunque estemos más o menos preparados. La mayoría cree que después
de algunos ajustes en pro de la "conservación de la energía" y el
"milagro tecnológico" seguiremos tan felices como antes. Lo
compramos cuando George W. Bush afirma, como sin darle importancia al
asunto, que los EEUU son adictos al petróleo pero que él y sus
aliados tienen la metadona de los biocombustibles para sacarle el
vicio. Bueno, la metadona no sirve para los adictos a la heroína...
y tampoco servirá con los adictos al petróleo.
Para sobrevivir (ni qué decir para prosperar) en un tiempo en que el
petróleo competirá en precio con los diamantes, no solo tenemos que
pensar en lo que hay fuera de la caja; tenemos que sacarnos la caja
de encima. Tenemos que hacer algo que los EEUU jamás imaginaron
posible: olvidarnos del crecimiento económico. Tenemos que dejar de
lado la idea, de larga data, de que podemos salir de cualquier
problema creciendo, que el crecimiento es el camino para alcanzar
cualquier objetivo nacional. En la era post-carbono, el crecimiento
será una maldición. Podemos empezar con la población.
EEUU ya es el tercer país en población del planeta, detrás de la
India y China; esos dos países han comprendido hace mucho que el
crecimiento infinito de la población lleva al rancho en la villa.
300 millones de estadounidenses (más o menos nuestro tamaño actual)
ya están usando petróleo a una tasa que no se puede sostener. El
sueño americano es un sueño petrolero, un sueño de alto costo
energético, un sueño de nafta, de gas, eléctrico, y -por supuesto-
una pesadilla de dióxido de carbono.
Si, como pueblo, seguimos aferrados a la idea de que el estilo
americano es simplemente "más, más gordo, más grande", no va a andar.
El modelo de crecimiento de "más puestos de trabajo, mayor
producción y 'el cielo como límite' para las ganancias" va a
terminar, lo planifiquemos o no. Podemos empezar a movernos de la
Sociedad del Poder Hacer a la Sociedad del Hacer que Pase [Can Do
Society, Make Do Society].
Como mínimo, significa que nuestras manzanas no crecerán más en
Chile, y nuestra ropa interior no se hará más en Indonesia.
Significa además que negocios que dependen de cantidades alarmantes
de energía, como Wal-Mart, o se tendrán que rediseñar o entrarán a
los libros de historia.
Significa que si bien los EEUU pueden aún ser el hogar de los libres
y los valientes [letra de una canción patriótica estadounidense], los
libres y los valientes no van a vivir una vida de excesos y
despilfarros.
El viejo modelo está fuera de moda. O empezamos a trabajar en uno
nuevo ya mismo, o en un tiempo demasiado cortito los libres y
valientes estarán peleándose entre ellos por un soplido de aire
acondicionado durante el verano... o por un sitio junto al hogar en
las frías noches que se nos vienen encima.
____
Nicholas von Hoffman escribió "El Diccionario del Diablo de los
Negocios", que acaba de publicarse en tapas blandas (Nation Books,
2006). Ha perdido el premio Pulitzer y escribió trece libros,
incluyendo "El Ciudadano Cohn" (Doubleday, 1988).
Es columnista del Observer de Nueva York.
[Original en inglés]
Life in the post-carbon world
by Nicholas von Hoffman
The Nation Online (August 15 2006)
A few weeks ago the Right Honourable Edmund John Philip Browne, Baron
Browne of Madingley, took part in a ribbon-cutting ceremony with the
presidents of Turkey, Azerbaijan and Georgia. Lord Browne is a
president, also. His domain is BP Oil, a corporation of more economic
importance than Azerbaijan or Georgia, postage-stamp countries in the
Caucasus known, if known at all, as Joseph Stalin's native land.
The opening of a new pipeline to carry the crude of the Caspian Sea
basin to the oil-worried Western world was the reason for these
worthies gathering together.
All four presidents have their problems, but only Browne's are worthy
of global attention.
BP has been experiencing a series of mishaps to refineries, pumping
platforms and, most recently, a small but significant leak of
Alaska's Prudhoe Bay oilfield pipeline. There is also the American
government's accusation that BP has been doing impermissible things
to manipulate the price of propane gas to its advantage. But not to
worry if you are a BP stockholder: Profits are up thirty percent over
this time last year.
Whenever something happens to BP, good or bad, the world's oil
markets react up or down - which might lead you to think that Baron
Browne of Madingley controlled the fate of the world. He does not,
although he is certainly in a position to cash in on it. There are
facts at work that not even an oil baron can change.
The big fact is that the major oilfields around the globe are getting
tired and are in decline. In due course, unless somebody finds a lot
of undiscovered oil, Browne and his corporate confreres will have an
ever-diminishing amount of oil to sell at an ever-increasing price.
Additional assistance in driving up the price of oil may come from
politicians in the United States and Great Britain and Israel. Since
9/11, prices at the pump have doubled. If these three countries go
ahead with their hearts' desire, an attack on Iran, gasoline at $7 a
gallon sounds about right.
Because more people (China and India) with more money want more of a
lessening supply of oil, prices will go into zoom mode before long.
But how long is before long? It could be three years, it could be ten
or it could be fifteen years - or just when your grandchildren will
be going to college or hitting the job market.
For all kinds of reasons, the age of cheap, plentiful oil is coming
to a rapid close. And that is a greater, surer and more profound
threat to Western civilization as we know it than Al Qaeda multiplied
by a hundred. It is well to remember that all the Islamo - fastisto -
terroristico - jihadi - fanaticos can only blow up a skyscraper full
of people or crash a passenger airliner or incinerate 400 people on a
subway train or even get lucky and take out a few more doing their
Sunday shopping at the mall with a dirty bomb.
We can survive that. We can do better than survive that; we can
probably prosper.
Remember 9/11. Unless somebody you knew was in the building or your
business was affected, that horrific event left little more than a
blip on the economic radar screen.
Compare that as a threat to the day when oil flows become lethargic
oil drips.
Then the passenger airliners will be inoperative, the skyscrapers
will be emptied for lack of power to run them and the malls will be
deserted because there will be insufficient gasoline to get to them -
and they will have little to sell.
Currently one of the big debates in the energy field is what will
occur if and when all the oil is used up and we find ourselves in
what is being called the "post-carbon age". That's a debate for
geologists, economists and think tankeroos. But there is no debate
over the steadily increasing price of oil, which is certain to
double, triple, quadruple in years to come.
The economic and therefore the political consequences, even if we are
somewhat prepared, will be shocking in ways only a few presently
understand. Most of us have been nurtured to believe that after a few
adjustments are made by way of "energy conservation" and the "miracle
of technology", we shall be on our merry way as before. We buy it
when George Bush remarks, almost absent-mindedly, that America is
addicted to oil but that he and his allies have the biofuel methadone
needed to kick the habit. Well, methadone doesn't work on heroin
junkies, and it won't work on oil junkies either.
If we are to survive, much less prosper, in a time when oil will vie
in price with Cristal, we must not only think outside the box; we
must get rid of the box.
We must do something Americans have never imagined: Give up on
economic growth.
We must abandon the long-held idea that we can grow our way out of
every problem, that growth is the path to achieve every national
goal.
In the post-carbon age, growth will be anathema. We can start with
population.
The United States is already the third most populous nation in the
world behind India and China, both of which have long since
understood that infinite population growth is the road to the poor
house.
Three hundred million Americans, which is more or less our present
size, are already using oil at a rate that cannot be sustained. The
American Dream is a petroleum dream, a high-energy dream, an oil
dream, a gas dream, an electric dream and, of course, a carbon
dioxide nightmare.
It won't happen at all if we, as a people, continue to cling to the
idea that the American way is simply more, fatter and bigger. The
growth model of more jobs, higher production and "sky is the limit"
profits is going to end, whether or not we plan for it.
We can begin to move from being the Can Do Society to the Make Do
Society.
It means, at the minimum, that our apples will no longer be grown in
Chile and our underwear will no longer be manufactured in Indonesia.
Beyond that it means that businesses that are dependent on the use of
staggering amounts of energy, like Wal-Mart, will either have to
redesign themselves or enter the history books.
It means that while America can still be the home of the free and the
brave, the free and the brave are not going to be living a life of
waste and excess.
The old model is out of date. Either we start working on a new one
right now or in too short a time the free and the brave will be
fighting one another for a whiff of air-conditioning in the summer or
a place by the fire on the cold nights to come.
_____
Nicholas von Hoffman is the author of A Devil's Dictionary of
Business, now in paperback (Nation Books, 2006). He is a Pulitzer
Prize losing author of thirteen books, including Citizen Cohn
(Doubleday, 1988), and a columnist for the New York Observer.
Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
Aparicio Saravia
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular