[R-P] Morales Solá se supera a sí mismo

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Dom Sep 3 12:24:17 MDT 2006


Domingo 3 de setiembre de 2006



Joaquín Morales Solá 
Los errores políticos del Presidente

Decidió que esa marcha no se haría y, a partir de ese momento, 
Blumberg y su concentración pasaron a ser sus enemigos. Una decisión 
simple que implicó, al mismo tiempo, un imponente error político. 
Néstor Kirchner terminó desafiado por primera vez en su propia plaza 
y vencido por espontáneos peatones. Levantó a Blumberg como un 
referente opositor del que carecía hasta el jueves último. Es cierto 
que no tenía respuestas sobre su destartalada gestión para enfrentar 
la inseguridad. Con todo, lo peor que le sucedió fue tener que 
mostrar una alianza sin disimulos con los ex piqueteros Luis D Elía y 
Emilio Pérsico.

Una encuesta de Julio Aurelio señaló que había más sectores sociales 
bajos que altos de acuerdo con la marcha de Blumberg y que las 
adhesiones comprendían tanto el sur como el norte de la Capital. Ni 
siquiera las edades de los consultados marcaron una diferencia 
significativa en aquella adhesión. Un 65 por ciento de los 
consultados en el área metropolitana (Capital Federal y Gran Buenos 
Aires) estuvo de acuerdo con la convocatoria de Blumberg, mientras 
que sólo un 8 por ciento manifestó su acuerdo con la contramarcha de 
D Elía.

Esas mediciones explican el tamaño del error cometido. Error más 
inexplicable aún si se tiene en cuenta que el Gobierno sufre de 
adicción a las encuestas. Pero la decisión de boicotear aquella 
convocatoria fue tan tajante que no se detuvo ni siquiera en la 
necesidad electoral de esconder a D Elía.

El discurso y los métodos de D Elía espantan a los sectores medios de 
la sociedad. Hace poco, el Gobierno culpó a los periodistas de 
exponer al ex piquetero para perjudicar a Kirchner; esta vez fue 
Kirchner quien lo expuso a D Elía ante la televisión en un acto 
financiado con recursos del Estado.

A veces, el Presidente parece no conocer a la sociedad díscola e 
indomable que le toca conducir.

No fue el único error que cometió. La presencia pública de los viejos 
piqueteros les dio autonomía a ellos (y a otros grupos no tan 
cercanos al Gobierno) para recrear en Buenos Aires el conflicto de 
Medio Oriente como nunca había sucedido aquí hasta ahora. La 
dirigencia de la comunidad judía denunció penalmente a Quebracho 
(Pérsico fue uno de sus fundadores) por coacción, amenaza y uso de la 
fuerza. El propio discurso de D Elía, en la contramarcha, se metió de 
lleno en el conflicto de Medio Oriente. Empezó de ese modo a 
destruirse la vieja convivencia entre argentinos que profesan 
religiones distintas.

Los discursos tienen rangos de gravedad diferentes. Algunos 
cuestionan la reciente acción bélica de Israel en el Líbano; es un 
debate legítimo y la Argentina no es una excepción en el mundo. Sin 
embargo, una cosa es el reclamo de una solución para el pueblo 
palestino, que debe suceder, y otra es el apoyo a la militancia 
antijudía de Hezbollah.

Otras arengas locales son francamente antisionistas y ahí ya 
comienzan a herir muchas sensibilidades. El 90 por ciento del pueblo 
judío es sionista, si ser sionista es creer en la necesidad de un 
Estado nacional judío, más allá de los aciertos y los errores de sus 
líderes temporales.

El tercer rango es el más grave y remite directamente al 
antisemitismo.

Quebracho tiene un discurso y una literatura antisemitas. En la 
Facultad de Filosofía y Letras hubo paredes pintadas con mensajes que 
no se pueden reproducir sin lastimar las convicciones de muchos. 
Tanto es así que el cardenal Jorge Bergoglio se ha hecho cargo de los 
problemas de la comunidad judía como si fueran propios.

El presidente de la DAIA, Jorge Kirszenbaum, debió reunirse con el 
decano de esa facultad como antes lo había hecho con el ministro del 
Interior, Aníbal Fernández. A los dos les planteó la inquietud de la 
comunidad que lidera por los repetidos actos de antisemitismo 
explícito o de otros que se acercan peligrosamente a esa aberración 
humana.

Sería una perversión de la realidad suponer que existe antisemitismo 
en el gobierno de Kirchner. No lo hay, y él ha sido un presidente 
especialmente preocupado por seducir a la comunidad judía. Pero en 
sus alrededores se dicen cosas que se parecen demasiado a una 
militancia contra el pueblo judío. Resaltan D Elía, Pérsico, Hebe de 
Bonafini y algunos sectores de la Cancillería, todos con acceso 
directo al despacho presidencial.

Kirchner perdió ahora la simpatía, que la tuvo, de gran parte de la 
comunidad judía. Pagó un precio demasiado caro por contar con fuerzas 
de choque para intimidar a sus opositores.

No fue así antes. Incluso, Kirchner promovió un acercamiento entre 
dirigentes judíos argentinos y mundiales con el caudillo venezolano 
Hugo Chávez. La comunidad judía venezolana es perseguida por el 
chavismo y muchos judíos venezolanos han optado por el exilio.

En la Argentina, varios de los laderos presidenciales que ofenden a 
los judíos tienen nexos importantes con Chávez y con sus 
petrodólares. ¿Cómo explicarle entonces a la comunidad judía 
argentina que Kirchner es un presidente confiable?

El Presidente ha cometido otros errores. No pudo tolerar nunca que 
los dirigentes socialistas hubieran asistido en Rosario al acto de 
inauguración de la convención radical. Socialistas y radicales son 
socios políticos en Santa Fe desde hace mucho tiempo. Kirchner 
vapuleó públicamente a los socialistas, que podrían ganar Santa Fe, 
un distrito clave, y que habían decidido no apoyar ninguna de las 
candidaturas presidenciales del año próximo. Está empujando a los 
socialistas a los brazos de Lavagna.

Alfonsín no arrastra a muchos radicales cuando se constituye en 
arquitecto de eventuales soluciones políticas. Pero tiene un público 
notable en su partido cuando subraya los actuales problemas 
institucionales y, sobre todo, cuando los radicales valoran su 
gestión para reinstalar la democracia y para crear en el país una 
noción colectiva sobre los derechos humanos. Alain Touraine suele 
decir que la Argentina de Alfonsín constituyó un ejemplo en el mundo 
por la revisión del pasado y por el enjuiciamiento de los jefes de la 
dictadura.

Kirchner ha señalado que ni él ni Alfonsín son mártires de la 
dictadura.

Tiene razón. Pero hay una diferencia sustancial si no se quiere 
ofender a la historia: Alfonsín tuvo coraje cuando el coraje 
escaseaba. La revisión del pasado es mucho más fácil 23 años después, 
luego de que las instituciones democráticas han atravesado 
victoriosas las peores crisis económicas, sociales y políticas. Los 
militares de hoy son, además, una sombra de lo que eran en 1983.

Kirchner critica y no hace autocrítica. Es innegable la 
responsabilidad de los dos grandes partidos políticos argentinos en 
los fracasos de los últimos años. Y así lo dijo el Presidente, que 
perteneció, le guste o no, a la conducción del Partido Justicialista 
durante gran parte de los años 90 y accedió al poder gracias a él. La 
reforma constitucional de 1994, hecha tras el pacto de Olivos, fue 
aceptada y votada por Kirchner y su esposa.

Todo es viejo en la Argentina. El actual debate político e 
intelectual es una memorable antigualla. La discusión pública 
(política, económica o internacional) atrasa 30 años, por lo menos, 
tanto como algunos personajes encaramados en el espacio público. El 
país podría perder una de las mejores oportunidades que tuvo desde 
que lo inventaron como nación. Kirchner parece decidido a confirmar 
la sospecha de Manuel Vicent: ser argentino significa estar triste o 
estar lejos.

Por Joaquín Morales Solá

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Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
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