[R-P] Fw: Los recuerdos de Arica e Iquique*

Julio Fernández Baraibar juliofernandezbaraibar en alternativagratis.com.ar
Vie Sep 1 14:55:00 MDT 2006


El querido amigo peruano Herbert Mujica Rojas nos ha hecho llegar este texto 
sobre las consecuencias de la Guerra del Pacífico, en la que un argentino, 
que llegó a ser presidente de nuestro país, Roque Saenz Peña tuvo ejemplar 
desempeño. Con algunos datos que eran ignorados por mí, como por ejemplo que 
Velazco Alvarado estaba por largar una guerra contra Chile en 1975, cuando 
fue destituido por un general de origen tarapaqueño, Bermúdez Morales. Texto 
que deja el sabor amargo de las heridas no cicatrizadas que tiene el cuerpo 
suramericano.

Julio Fernández Baraibar
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Los recuerdos de Arica e Iquique*

Algunos alcances del libro "El dios cautivo" del escritor iquiqueño Sergio 
González y un análisis histórico de la posguerra del Pacífico.
por Armando Pattroni

Hace ya 125 años que dejaron de ser políticamente peruanas. Dos de las 
ciudades más importantes del sur peruano y todas las poblaciones aledañas 
pertenecientes al departamento de Tarapacá fueron arrebatadas por la fuerza 
de las armas por un inamistoso vecino ambicioso de riquezas naturales. Pero 
pensemos bien: ¿sólo territorio? ¿y qué pasó con la gente que vivía allí?

Luego de siglo y cuarto, un escritor chileno, natural de Iquique, estudioso 
apasionado de su tierra y de su historia regional (ejemplo no sólo para 
muchos chilenos sino también para otros historiadores latinoamericanos) nos 
entrega una obra maravillosa y desafiante, un sacudón de nostalgia que 
podría sacudir conciencias dormidas si el nuestro fuera un país con memoria, 
agradecido y justo. Lamentablemente no lo es.

"El Dios cautivo - Las Ligas Patrióticas en la chilenización compulsiva de 
Tarapacá (1910 - 1922)" se llama el trabajo de Sergio González Miranda, 
reconocido catedrático de la Universidad Arturo Prat de Iquique, viajero 
conocedor de nuestro país y sobre todo, quien ha rescatado para la historia 
del suyo un periodo olvidado y sepultado por la historia oficial: la post 
guerra del pacífico y su repercusión en las poblaciones originarias de 
Tarapacá que quedaron viviendo en su tierra a pesar de que esta pasó a ser 
parte del territorio chileno.

En realidad es algo que me pregunté siempre, desde que terminé mi secundaria 
en aquel maravilloso colegio tacneño en 1979, año importantísimo por ser el 
centenario de la guerra y el cincuentenario de la devolución de Tacna, 
estuve intrigado por la suerte de la gente que vivía en el departamento y se 
había negado a cambiar de nacionalidad. Unos años antes, luego del terremoto 
de Lima del 3 de Octubre de 1974, mi madre, siguiendo los consejos de mi 
supersticiosa abuela, nos llevó a ver a la "Señorita Ismenia", para unas 
sesiones de "quita susto" que nos ayudarían a sobrellevar el terrible 
momento. La tal Ismenia resultó siendo Iquiqueña, tendría unos 80 años así 
que había nacido de seguro en el siglo XIX en tierras tarapaqueñas, y 
obviamente fue víctima de las políticas encubiertas y oficiales de 
"chilenización" de la zona, y terminó emigrando a Lima a comienzos del siglo 
XX. Vivía en La Victoria (28 de julio), en un inmenso solar que le daba 
rentas, y en realidad hablaba con un acento algo notorio. La rodeaba el 
misterio y los secretos a voces que cubrieron a las familias iquiqueñas que 
llegaron a Lima, ya que cada una tenía una historia que contar acerca de 
todo lo que dejaron en el sur.

Ya a finales de los 70's recalamos en Tacna, en una época difícil en la que 
el Perú estuvo a punto de atacar a Chile al cumplirse el centenario de la 
guerra. En el 75 la situación de las fuerzas armadas peruanas era 
inmejorable, y la falencia económica del país del sur hacía aprovechable el 
momento para recuperar nuestros territorios, contando con el liderazgo de un 
popular general nacionalista como Velasco. Cosa extraña, cuando la guerra 
estaba por iniciarse (Agosto del 75) un general de apellido tarapaqueño (su 
familia es natural de Pica) con profundas raíces en ese departamento, dio un 
golpe de estado en Tacna (que coincidencia), luego de una reunión por el 
aniversario de su reincorporación al Perú. Hoy hace 30 años del golpe de 
estado que salvó a Chile de ser derrotado en "cinco minutos" como temía 
Gustavo Leigh. ¿Tuvo algo que ver el origen tarapaqueño deMorales Bermúdez 
en su afán de evitar el conflicto? Cuántas especulaciones se pueden hacer, 
¿cierto? temor a atacar su tierra natal, a su propia gente, frenando sus 
naturales impulsos para recuperar su propio territorio, quién sabe.

Porque la realidad nos dice que aún después de 125 años, Arica e Iquique 
tienen entre sus poblaciones un buen porcentaje de descendientes de peruanos 
que poblaron esa zona desde hace 400 años. Existen familias cruzadas, con 
primos a través de la frontera, la artificial frontera delineada por un 
ferrocarril y exigida como último recurso de salvación por el presidente 
chileno Carlos Ibáñez del Campo para salvar su frontera viva. La condición 
de ciudadanía chilena actual de tales descendientes no los priva de su 
origen. Entre los que viven en aquellas ciudades tenemos gente 
importantísima para el sureño país, como por ejemplo Lautaro Núñez Atencio, 
premio nacional de historia de Chile en 2002, nieto de Higinio Núñez, 
peruano del valle de Quisma, e hijo de Juan Núñez Vernal, sobrino nieto de 
Alfonso Ugarte. En el otro extremo también tenemos a Juan Pablo Dávila, de 
origen ariqueño, autor del millonario desfalco de 120 millones de dólares de 
la cuprífera estatal Codelco en 1994.

Entre 1910 y 1922, movimientos ultranacionalistas chilenos (llamadas "Ligas 
Patrióticas") organizados en las ciudades tarapaqueñas hostilizaban a los 
peruanos residentes, ayudados por cierta prensa, con el explícito fin de 
expulsarlos de la zona, al más puro estilo de las limpiezas étnicas 
practicadas por los nazis y los eslavos. En muchos casos lo lograron, con la 
venia de las autoridades chilenas de la zona que hacían la vista gorda, 
encabezadas por su "intendente" (el equivalente chileno del Prefecto) 
Recaredo Amengual. Los nuevos residentes de la zona, trabajadores salitreros 
en su mayoría, buscaban obtener los mejores puestos de trabajo en las 
oficinas salitreras inglesas durante el boom del nitrato, puestos que en su 
mayoría estaban ocupados por peruanos, de lo mejor de nuestro país, y que 
superaban a los chilenos en educación, capacidad de trabajo y honestidad, 
finalmente lo lograron, expulsando por Iquique hacia el Callao a decenas de 
miles de peruanos. Parece increíble, pero en mi opinión, lo mejor del Perú 
del siglo XIX se había concentrado en Tarapacá. La gente que fue a hacer 
industria allá, que se mezcló con la gente del lugar, que trabajaban codo a 
codo empresarios y trabajadores, que no se habían contaminado con el Perú 
feudal y latifundista, herederos sí de la colonia, pero que ya habían dado 
al mejor presidente del Perú (Ramón Castilla) y se preparaban para 
entregarnos dos más (Remigio Morales Bermúdez y Guillermo Billinghurst), 
estaban listos para ser una clase dirigente nacional, que podía haber 
llevado al Perú a la modernidad mucho antes de lo pensado, que tenía 
contacto con todo el mundo capitalista a través del comercio, que vivía en 
una ciudad ultracosmopolita, y sobre todo, y lo más importante, con un amor 
a la patria y un respeto por las tradiciones nacionales que traducido en un 
nacionalismo bien llevado, llevó a los tacneños, ariqueños, iquiqueños y 
tarapaqueños en general a luchar con uñas y dientes contra la imposición más 
salvaje que pueda caer sobre un pueblo: la del cambio de nacionalidad.

Las grandes familias originarias de esa zona más los ricos empresarios del 
salitre, los Vernal, Zavala, Loayza, Ossio, Marquezado, Fuentes, etc., junto 
con los apellidos del pueblo, los Vildoso, Rejas, Mamani, Quispe, Carpio, 
Luza, etc., los hijos de inmigrantes que tomaron al Perú como su patria, los 
Neuhaus, Pescetto, MacLean, Lombardi, etc.; todos, todos en general, 
lucharon contra el invasor mientras hubo esperanzas de regresar a la patria, 
e inclusive cuando ya no la había, manteniendo sus tradiciones, celebrando 
el 28 de Julio, brindando con pisco, hablando como peruanos, evocando a su 
patria y sintiéndose extranjeros en su propia tierra, increíble. Sin 
embargo, entre 1910 y 1922, cuando las Ligas Patrióticas expulsaron a un 
gran número de ellos con la ropa que llevaban puesta, quitándoles casa, 
propiedades y demás bienes, llegaron al Callao a sentir la hostilidad de su 
propia patria, a soportar que los llamen "chilenos" y como prologa Lautaro 
Núñez en el libro de González Miranda: ". 40 mil refugiados 
peruano-tarapaqueños desembarcaron en el Callao al son de bandas musicales 
para luego ser trasladados a locales abandonados sin más ayuda, apiñados 
entre el hambre y la pena en lo que después sería la Urbanización Tarapacá". 
Emulando lo que siempre ha pasado en el Perú, los tarapaqueños ricos fueron 
a Lima, continuaron con su vida y fundaron una Sociedad Patriótica, que 
hasta ahora sobrevive, mientras la gente del pueblo fue a parar a Carmen de 
la Legua, frente a lo que hoy es la avenida Colonial, fundando también su 
propia sociedad tarapaqueña, actualmente mucho más representativa y con más 
tarapaqueños en ella, a vivir entre el pueblo ignorante que los hostilizaba 
y los culpaba de las desgracias que la guerra trajo a Lima "para defenderlos 
a ellos". Pueblo limeño y chalaco ignorante porque ignoraba que durante la 
guerra los batallones que con más fiereza se batieron en las batallas fueron 
justamente aquellos que estaban conformados por tarapaqueños, ariqueños y 
tacneños por la simple razón de que ellos ¡estaban defendiendo su propia 
tierra!, los principales héroes de las batallas del sur fueron originarios 
de la zona, que tenían a sus familias viviendo ahí, y que, como en el caso 
específico de Ramón Zavala y Alfonso Ugarte, tenía un futuro promisorio y 
lleno de comodidades ya que sus familias inmensamente ricas tenían ya 
cuarenta años en el negocio salitrero, civiles que dejaron todo para empuñar 
el fusil, cuando ya tenían planes de futuro para ellos y sus descendientes 
en una inhóspita región del sur peruano que habían ayudado a conquistar. 
Todo regado y destruido por la ambición del vecino, que al no encontrar 
riqueza en tierra propia tuvo que quitar la ajena por la fuerza.

Esa gente fue la que llegó refugiada luego de las expulsiones, esa gente 
cuya historia hace que nuestro patriotismo se eleve hasta las nubes, 
haciéndonos la pregunta del amante no correspondido: ¿vale la pena amar 
tanto para recibir palos? Tanto querer ser peruanos para que nos traten así 
en Lima. La mayoría de ellos venía de Iquique, que es un puerto, y como toda 
gente de puerto, eran de armas tomar, aguerridos, "achorados" como se diría 
actualmente, indomables, espíritus libres y muy autónomos, de ahí la bronca 
que causaron a los chilenos en Iquique y seguramente lo mismo a los limeños 
y chalacos. Un extracto del libro nos cuenta una anécdota de don Santiago 
Vernal en el Callao, alrededor de 1920: ".el señor Claudio Mamani celebró su 
cumpleaños e invitó a todos los amigos tarapaqueños, todos los pampinos 
tocaban la guitarra, la fiesta terminó como a las 12 y media de la noche. 
Veníamos caminando cuando en una tiendita había más o menos 10 zambos que 
comenzaron a gritarnos "chilenos desgraciados". Estos pensaron que los 
tarapaqueños que caminábamos éramos ciegos, empezamos a pegar puñetes y en 
un ratito les sacamos la mugre a los zambos estos. Nos gritaban chilenos que 
vienen a quitarnos el pan, ¡pensaban que nosotros éramos chilenos! ¡no 
quisimos ser chilenos! ¡yo soy peruano y quise ir a mi patria!...". El leer 
estos testimonios del libro de González me da esperanzas respecto al país. 
Si tuvimos a esta gente tan valiosa, tan patriota y sobre todo tan real y 
tan viva, entonces tenemos esperanzas, entonces vale la pena amar tanto al 
Perú, entonces sí podemos mirar adelante y pensar que el Perú tiene futuro y 
que una derrota militar impulsada por políticos limeños idiotas no tiene 
nada que ver con la fuerza de un pueblo tan valioso que no perdió la 
autoestima a pesar de la adversidad. Ellos demostraron que tenemos razón en 
amar al Perú.

¿Y qué debemos hacer ahora? ¿Qué lección aplicamos? Yo pienso que debemos 
rescatar de la memoria los acontecimientos de esa época, debemos honrar a 
nuestros héroes civiles tanto o más que a nuestros héroes militares. Honrar 
a gente como Ezequiel Ossio, líder de la lucha tarapaqueña por la 
reivindicación de su tierra en 1920, financista y vocero en foros 
internacionales del sentimiento nacional tarapaqueño, que denunció a los 4 
vientos los abusos cometidos contra los peruanos en Tarapacá. Él llevó a 
Washington a una delegación de tarapaqueños para mostrarse ante el árbitro 
de la contienda (Estados Unidos) y pedir la anulación del tratado de Ancón y 
la devolución de los territorios ocupados. Tantos eran los problemas en la 
zona que había corrientes dentro del mismo Chile que, hartos de la monomanía 
tarapaqueña, empezaron a proponer que los territorios peruanos fueran 
devueltos a su dueño y Chile se olvidara del tema y siguiera sin problemas 
el camino al progreso. Lógico, para ese tiempo el salitre ya no tenía ningún 
valor y Tarapacá era más una carga pesada para Chile que una fuente de 
riqueza. Nada se pudo hacer y el desierto, ahora sí desierto, siguió en 
manos chilenas hasta hoy.

Existen dos sociedades tarapaqueñas en Lima, una a media cuadra de la Av. 
Brasil en Breña, muy elegante y bonita, a la que me invitaron durante la 
sesión solemne de fiestas patrias de este año. Lamentablemente en ella no 
sobreviven ni los descendientes de los tarapaqueños. Revisando la lista de 
socios, el único tarapaqueño original que hay es don Alfredo Chamorro Luza, 
natural de Pica, con 95 años a cuestas, totalmente lúcido y como buen 
tarapaqueño, con una joven esposa, natural de Iquitos, de 50 años que 
parecen menos, viejo feliz, que me contaba todas las anécdotas de su tierra 
y la añoranza de la misma. Se asombró cuando le mostré el libro de González, 
en donde aparece su nombre como uno de los fundadores de la Urb. Tarapacá. 
El resto de socios es de diferentes partes del país, sólo vi en la lista a 
un par de Vernal, un Aste y paremos de contar de apellidos tarapaqueños. La 
otra sociedad está en el Callao, en la urb. Tarapacá, esta sí más auténtica, 
llena de descendientes y con sentimientos patrióticos impresionantes. Sergio 
González los conoce, los ha ido a visitar varias veces, ha extraído sus 
testimonios, que plasma en el libro y en general ha socializado con ellos 
desde su propia perspectiva, en la que deja en un valor secundario la 
condición de pertenencia de su provincia a una u otra "nación-estado", para 
enfatizar el hecho de, como dice él, "todos somos simplemente tarapaqueños". 
En mi opinión estas sociedades deberían ser consideradas y legalizadas como 
"clubes departamentales" o unirse en una sola entidad para tener ese 
estatus. ¿Por qué no? Tarapacá es un departamento que fue peruano y algunos 
tarapaqueños y muchísimos de sus descendientes viven en Lima, deberían tener 
estatus de Club Departamental, participar en la asociación de clubes 
departamentales, etc. También debería estrecharse lazos con algunos 
tarapaqueños descendientes importantes que no tienen actividad en los 
clubes. Puedo nombrar algunos de los que tienen mayor participación en la 
vida política e intelectual, como Carlos Neuhaus Rizo-Patrón, ex-alcalde de 
San Isidro, Juan Ossio, nieto de Ezequiel, quien es un importantísimo 
antropólogo de la Universidad Católica, Fernando Zavala Lombardi (santo 
Dios! qué apellidos!) quien es el actual joven ministro de Economía, 
Francisco Morales-Bermúdez, ex presidente del Perú, etc.

¿Y Tarapacá? Bueno, la historia no tiene vuelta a atrás, pero podemos hacer 
algo. Podemos integrarnos, Tarapacá se puede convertir en el punto de 
partida de la integración de nuestros pueblos a partir de la misma zona que 
nos convirtió en enemigos irreconciliables. Las raíces peruanas de esa 
tierra y el hecho de haber levantado las fronteras administrativas entre 
nuestros países hace que la vida ariqueña e iquiqueña pueda integrarse cada 
vez más a Tacna y el resto del sur peruano. Arica está a mil kilómetros de 
Santiago y a 53 km de Tacna, de la que nunca debió separarse, el comercio de 
Arica e Iquique con Tacna, mal regulado por parte nuestra y fuente de un 
inmenso contrabando durante 50 años, ha hecho que estas dos ciudades 
dependan del Perú para vivir, como siempre lo fue y lo será. Tenemos un 
muelle en Arica administrado por Enapu. Hay en realidad tanto por hacer, se 
me ocurren tantas ideas. El pisco por ejemplo: se otorga denominación de 
origen "pisco" a los aguardientes producidos hasta los valles de Tacna, ¿por 
qué no se otorga la misma denominación a los aguardientes producidos en los 
valles de Tarapacá? ¿porque ya no son peruanos? ¿acaso fue culpa de ellos? 
En Tarapacá se ha producido pisco desde siempre, cuando era peruana y cuando 
ya no lo era, inclusive algunas leyendas dicen que el Pisco Sour fue 
inventado por un barman inglés en un hotel de Iquique en 1872, y 
coincidentemente, al limón peruano utilizado para preparar nuestro famoso 
cebiche y el pisco sour se llama "limón de Pica" en Tarapacá. Otras ideas: 
podríamos integrar deportivamente nuestros dos países permitiendo que 
Deportes Arica participe en el campeonato de fútbol nacional. No es idea 
mía: ¡es idea de ellos! Los dirigentes del club hicieron la propuesta hace 
unos meses cuando las cabezas del fútbol chileno se confabularon para hacer 
que el equipo descienda a tercera división, amenazaron con desafiliarse de 
la federación, y económicamente era más rentable jugar en el Perú que 
recorrer enormes distancias en Chile. Nuestros miopes dirigentes peloteros, 
sin absoluta visión geopolítica, reaccionaron "desconcertados", en fin.

Para finalizar, quiero recomendar encarecidamente la lectura y difusión del 
libro de Sergio González en nuestro país. Su pensamiento integracionista y 
pacifista se pone de manifiesto en esta obra en la que rinde el homenaje a 
nuestro pueblo tarapaqueño que nosotros mismos le negamos en su momento, 
aunque ahora tampoco es demasiado tarde. También quiero saludar en esta 
fecha a esa heroica tierra tacneña, la única de las tres provincias que 
logró su objetivo de regresar al Perú luego de 49 años de ocupación, aunque 
con el dolor terrible de la pérdida de las irredentas provincias que hoy 
conforman la Primera Región de Chile.
.........
*Cortesía intelectual del brillante escritor liberteño Blasco Bazán Vera.





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