[R-P] Pupilas como leznas

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Vie Sep 1 06:37:56 MDT 2006


Soy una bestia para los aniversarios.

Apenas si recuerdo -en orden de certeza decreciente- mi propio 
cumpleaños, los de mis hijos, los de unas poquitísimas mujeres muy 
queridas, y pará de contar.

Y de los fallecimientos, ni hablemos.

Tengo más presentes las fechas en que murieron Sarmiento, Belgrano o 
San Martín (fiestas escolares mediante) que el día en que perdí a mi 
viejo, quizás la persona que más he querido en este mundo.  Y en eso, 
que a muchos -seguramente con razón- les parecerá imperdonable, me 
hago acreedor a doble censura, puesto que es una fecha fácil: siete 
(¿o eran ocho?) días después (¿antes? no, no, antes no!) de que 
naciera mi hija menor.  Quien, no estoy cien por ciento seguro, pero 
me parece que nació un 11 de abril (¿o un 15 de abril? no, no, 15 no; 
 un 15 de junio nació otro de mis hijos).  Así que lo de mi padre 
tiene que haber sido el 17 o el 18 de abril.  ¿Seguro?  No era 17 de 
agosto?  No, no, 17 de agosto nació otro de mis hijos.  Creo.  Eso 
sí:  estoy seguro de que ese día murió San Martín.  Ja, al menos una 
la tengo bien clara.  Y que ese hijo nació el día de San Martín 
también la tengo clara.

¿De qué año?  Ah, no, milagros no me pidan.

Así son mis cuentas permanentes con las fechas que a mucha gente le 
brotan de la memoria con la sencillez de un amanecer,  habilidad 
semidivina que envidio con la máxima admiración.  Hace muchos años 
que he desistido en el vano empeño de imitarlas.  Esto me ha 
provocado no pocos tropezones, falsas acusaciones de desamor, e 
incluso amarguísimas peleas.  Por no hablar de las oportunidades, 
innumerables, en las que el ridículo me cubrió como una melaza espesa 
y definitiva, ésa de la que no se regresa jamás.

En estas cavilaciones me encontraba yo la vez pasada, en el local del 
Centro de Estudios Arturo Jauretche, debido a que alguien me había 
preguntado cuándo había fallecido Spilimbergo.  Mi respuesta fue 
inmediata: "El 4 de setiembre".  Pero después dudé.  ¿Habrá sido el 4 
de setiembre?  No estaré confundido con el año?  Porque me parece -en 
estos asuntos la inseguridad se me arremolina como un viento zonda en 
las entrañas- que murió en el 2004, ¿no?  Así es que hice lo que 
suelo hacer: pedí paciencia y busqué confirmación.  Una vez que la 
tuve, afirmé orondamente "el 4 de setiembre".  Pese a que en el 
periódico "Patria y Pueblo" que publicamos en su homenaje dimos tres 
fechas distintas (téngase en cuenta que lo dirigía yo).

Decía que estaba en el localcito del Centro Jauretche allá sobre la 
calle Bolívar (salvo un caso, el Centro Jauretche siempre estuvo en 
calles con nombres gloriosos:  Maipú, Avenida de Mayo, Bolívar, 
Salta, Chile... Una sola vez tuvimos que recalar en Pavón;  pero esto 
se compensa, en cierto modo, por el hecho de que el local de Avenida 
de Mayo le mostraba el culo a Rivadavia).  Cavilaba entonces en el 
tan histórico barrio porteño de San Telmo, sobre las mismas calles 
donde alguna vez (en 1806 o 1807, o quizás en ambos años) los nativos 
supieron sacar a patadas a los ingleses.  Y en excelente compañía.

Porque tenemos una muy linda y nutrida galería de retratos en el 
Centro.  

Nos faltan algunos (extraviados en mudanzas, omitidos mal, o afanados 
por alguien con excesivo amor por lo ajeno), y se me ocurre que un 
día de estos quizás hagamos un mangazo público.  Pero estamos 
bastante contentos con los cuadritos y fotos de nuestros héroes 
amados.  Entre esos retratos, claro, está el de Jorge Enea 
Spilimbergo, oteando el saloncito principal desde una posición de 
privilegio.  

Es un lindo retrato.  Algo borrosito, quizás, porque es la ampliación 
inmisericorde de una foto bastante chiquita; pero hasta eso es bueno, 
si bien se lo mira,  porque el efecto "flou" favorece la dulzura 
irónica de humanismo filosófico y combatiente que caracterizó su 
mirada en los últimos años.

He de decir, porque viene a cuento, que esa mirada no siempre era tan 
blanda.  A veces, especialmente cuando uno se mandaba una tontería 
militante poco perdonable, y especialmente cuando su dueño presentía 
una aflojada, se tornaba una lezna incandescente.  En esos momentos, 
era como el filo sin mellar de un ojo de aguilucho enfurecido.  Pero 
allí, en el Jauretche, lo tenemos en su faceta más cordial, lo que 
está muy bien, claro, ya que no nos interesa asustar a nadie con 
obligaciones que Spili reservaba solo para los militantes y en primer 
lugar para sí mismo, el mejor de todos.

Estaba yo mirando, decía, ese retrato, mientras cavilaba sobre mis 
problemas con fechas, onomásticos y patronímicos, especialmente el 
del aniversario del fallecimiento del retratado.  Justo en ese 
instante se me cruzó por la cabeza la idea de si no era un 
despropósito, para compañeros que luchamos hombro a hombro con él 
para mantener en alto las mejores banderas de la Izquierda Nacional 
en los momentos más negros de la historia patria, homenajear un 
cumpleaños ajeno el mismo día en que Spili había fallecido dos años 
atrás.  Porque para el 4 de setiembre de 2004 tenemos todas las pilas 
puestas en la cena a Don Arturo Peña Lillo, y hay que decir que no 
distrajimos energías en una ceremonia fúnebre a nuestro querido 
compañero.

Decía que se me había ocurrido que bien podía ser un despropósito, y 
que muchos podrían recriminarme esta muestra de desprecio por quien 
fuera el maestro de todos nosotros.  Para qué.

Juro, juro por lo que más quieran, que al retrato le cambió la mirada 
y alguien o algo me dijo, clavándoseme en la nuca como un bisturí 
ardiente:  "No sea pelotudo, quiere".

Curado entonces de todo fetichismo del calendario, llegué a la 
conclusión de que el mejor homenaje que podemos hacer a Jorge Enea 
Spilimbergo, en un nuevo aniversario de su fallecimiento, es celebrar 
la vida y la militancia con una cena monstruo donde agasajemos a una 
de las personas que él más admiraba en este mundo, Don Arturo Peña 
Lillo.  El que se lo pierda por desidia, que se embrome.  

Y... "honni soit qui mal y pense", como hubiera dicho Spili, 
retornando a la beatífica mirada de zorro filosófico con que nos 
observa, todos los días, desde el cuadrito que tenemos en Bolívar 
1511.

Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
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