[R-P] [redial_s_bolivar] NO ES IRAQ, ES VENEZUELA, Alberto Cruz

Patricia H.A. desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Dom Oct 22 11:57:24 MDT 2006


21-10-2006  

No es Iraq, es Venezuela 

Alberto Cruz
Rebelión

La situación en Iraq no es buena para los EEUU. No lo
ha sido nunca, pero se está a años luz de Vietnam, por
poner el fácil ejemplo que tanto gusta. Nos perdemos
en la cifra de soldados muertos, en si la ratio es más
o menos alta y nos animamos pensando en una derrota
imperial. No. Si ahora Bush utiliza esta comparación
es sólo por cuestiones de política interna, por las
próximas elecciones, y para dejar claro que no tiene
que ocurrir lo mismo. EEUU no se puede permitir el
lujo de salir derrotado de Iraq porque eso supondría
el fin de su hegemonía a nivel mundial. No había que
ser muy perspicaz para analizar que sólo cabían tres
posibilidades: la retirada de los ocupantes (que
supondría una derrota), la estabilidad política
incierta (puesta en marcha con la celebración de
elecciones) y la guerra civil (en la que ya se está,
aunque se pueda denominar “de baja intensidad”).

No obstante, será en las elecciones del 7 de noviembre
en las que se vea si Iraq es determinante o no para un
cambio en la correlación de fuerzas, aunque los
demócratas tampoco se retirarán del país. Sin embargo,
una derrota de Bush y un triunfo demócrata permitiría
llegar a un acuerdo con quien realmente tiene la llave
de la estabilidad: Muthada al Sadr. De hecho, el
aumento de muertes de soldados de EEUU se debe no sólo
a las acciones de la guerrilla suní, sino a los
combates con integrantes del Ejército del Mahdi, como
los de Diwaniya, tras la captura por los ocupantes de
uno de sus principales dirigentes. Tan es así la cosa
que el primer ministro colaboracionista ha “exigido” a
las tropas de EEUU que pongan lo pongan en libertad
para no provocar más enfrentamientos armados.

Sorprende que haya muy pocos análisis de lo que
realmente le importa a los EEUU: el control del
petróleo. Guste o no, el petróleo iraquí –a pesar de
los reiterados ataques de las diferentes
organizaciones guerrilleras contra los oleoductos-
está controlado. Así hay que interpretar el plazo dado
al gobierno colaboracionista de Maliki para que en
diciembre, como máximo, apruebe una ley para
liberalizar el sector –es decir, quedará en manos de
cuatro grandes compañías, todas occidentales,
especialmente las reservas- y modernizar las
instalaciones. Esto se hará, además, para cumplir una
de las condiciones del FMI para otorgar créditos a
Iraq. El objetivo estratégico de EEUU en Iraq es
controlar el petróleo y, con él, derribar
definitivamente el poder de la Organización de Países
Exportadores de Petróleo (OPEP), teniendo en cuenta
también que Iraq cuenta con unas importantes reservas
de gas natural

Estabilizar la producción petrolífera de Iraq y
conseguir su retorno a la OPEP con todos sus derechos
­–durante la época del embargo al que fue sometido el
país tras la guerra con Kuwait su producción estaba
sometida a un riguroso régimen fiscal dentro del
programa Petróleo por Alimentos- fue una de las
prioridades iniciales de EEUU tras la ocupación,
máxime en unos momentos en los que la producción de
los países que no son miembros de esta organización
había comenzado a declinar y estaba a punto de ser
sobrepasada por la producción de los países OPEP, por
lo que el mundo industrializado no podrá buscar
mercados alternativos a los de esta organización. En
este sentido, no hay que perder de vista las maniobras
de EEUU en África.

Por lo tanto, normalizar la producción de petróleo de
Iraq ha sido siempre la prioridad de EEUU, por encima
de cualquier otra, porque de esta forma le convertiría
en el principal servidor de sus intereses en una doble
vía dentro de la OPEP: garantizar un aumento de la
producción para que el precio del barril no supere los
30 dólares y asegurar que no se va a cambiar el dólar
como moneda de transacción financiera en detrimento
del euro, como hizo en su momento Saddam Hussein y
ahora preconizan otros países como Irán o, en menor
medida, Rusia. En estos momentos Iraq exporta 2’05
millones de barriles diarios (cifras de la OPEP en el
mes de septiembre) y se pretende llegar a los 3’5
millones en dos años, para lo que son necesarias unas
inversiones de entre 3.000 y 5.000 millones de
dólares.

La estrategia energética de Washington supone que a
mediados de 2007 la producción haya alcanzado los 2’8
millones de barriles diarios e incluye, entre otras
cosas, el incumplimiento por Iraq de las cuotas de
bombeo fijadas por la OPEP para provocar una severa
contracción de los precios a corto plazo. Esto alarma
a otros países productores, que consideran que hay que
estabilizar el precio entre los 50-60 dólares por
barril y no permitir en ningún caso que se llegue a
los 30 dólares, como al inicio de la guerra contra
Iraq en 2003. Esta es la razón por la que la OPEP, a
iniciativa de Venezuela, está dispuesta a estudiar un
recorte de la producción para impedir que el precio
del barril continúe bajando. Será en la reunión
ordinaria que la OPEP va a celebrar en Qatar como
preludio de la extraordinaria que tendrá lugar en
Abuja (Nigeria) el 14 de diciembre próximo.

Dignidad, soberanía y autodeterminación

Esta es la razón por la que Venezuela se ha convertido
en la principal amenaza para los intereses
estratégicos de EEUU. Joseph Stiglitz, premio Nobel de
economía, ex consejero de Bill Clinton en su etapa
como presidente de los EEUU y ex vicepresidente del
Banco Mundial, lo dice muy claro en su último libro,
“Haciendo funcionar la globalización”. EEUU ha estado
detrás de todos los intentos desestabilizadores y
golpistas contra Chávez, pero lo que no le perdona es
que haya tomado en sus manos el control de la
industria petrolera, y sus rentas. Stiglitz hace un
reconocimiento expreso de los cambios en los contratos
petroleros de Venezuela para obtener las mejores
condiciones para su país y que se vienen traduciendo
en las ingentes ayudas para mejorar el nivel de vida
de la población a través de las famosas “misiones” en
educación, salud, alimentación, etc.

Los medios estadounidenses editorializan regularmente
con tres cuestiones y por este orden: Venezuela y su
influencia en América Latina; la guerra en Iraq, y el
pulso con Irán. Ahora se añade Corea del Norte, que
circunstancialmente ha pasado el primer plano. Chávez
es visto como el “heredero rico [por el petróleo y el
gas] de las ambiciones revolucionarias de Fidel
Castro” y el principal desestabilizador del
continente, con mención expresa a dos países: Ecuador
y Nicaragua. Las recientes elecciones en Ecuador y las
del mes que viene en Nicaragua han encendido todas las
alarmas. Incluso se recuerda que Lula ha repuntado en
la intención de voto y que será reelegido sin duda en
la segunda vuelta de las elecciones el 29 de octubre,
“lo que puede hacer que renueve su agenda
izquierdista”. Hay que recordar que Lula ha sido
duramente criticado por el Movimiento Sin Tierra, por
ejemplo, en lo que atañe a la reforma agraria, en la
adopción de medidas a favor de la multinacional de
transgénicos Monsanto y en la aplicación de una
política macroeconómica de claro corte neoliberal y
que por ello en la primera vuelta electoral esta
organización, y otras, le retiraron su apoyo.

Estos tres elementos, Ecuador-Nicaragua-Brasil son
considerados “vitales” para que “no se haga más daño a
las relaciones de EEUU con América Latina” y conjurar
“el peligro del chavismo-castrismo” que ya se ha
asentado, según estos análisis, en Bolivia y
Argentina. De hecho, el jefe del Comando Sur, general
Bantz Craddock, ha mostrado públicamente su
preocupación porque un triunfo de Rafael Correa ponga
en peligro la presencia de EEUU en la base de Manta
(18 de octubre de 2006). Esta base es parte importante
del Plan Colombia, diseñado con una estrategia
regional y con la vista puesta en Venezuela puesto que
la Revolución Bolivariana se ha convertido en una
amenaza estratégica para los EEUU por su independencia
política internacional y el liderazgo regional que
está logrando. No hay que olvidar importantes
cuestiones como la creación de Petrocaribe, el
gasoducto del sur, el Banco del Sur o el Bono del Sur
(con Argentina), por citar sólo la última iniciativa y
para la que Venezuela ya ha destinado mil millones de
dólares.

La escenificación de lo que está sucediendo en la ONU
con la votación del país latinoamericano que tiene que
ocupar el puesto en el Consejo de Seguridad como
miembro no permanente es tremendamente gráfica. Es una
lucha que pone de manifiesto la valentía de un país
por hablar con otra voz en este foro y el miedo de
otro a que dicha voz se oiga. En la ONU ha entrado muy
pocas veces el aire fresco. Si exceptuamos los
discursos del Che y Arafat ante la Asamblea General,
nunca hasta la llegada de Chávez EEUU había sufrido
una bofetada tan contundente en su casa. Una
humillación que no se perdona y la campaña de EEUU
para que Venezuela no sea elegida es algo más que una
anécdota.

Lo que se está viendo en la ONU es un logro de
Venezuela: ha puesto de manifiesto que no se ha
terminado la guerra fría, que continúa la polarización
mundial entre los países –casi habría que decir mejor
gobiernos- que se pliegan a las presiones
estadounidenses y los que mantienen su apuesta por la
dignidad, soberanía y autodeterminación de los
pueblos. 

Son muchos, en muchas partes del mundo, quienes ven
con admiración el ejemplo de Venezuela. Desde México
(es muy recomendable la lectura del editorial del
diario La Jornada del día 18 de octubre) a la India
(The Telegraph, también el día 18). El primero dice
que “más allá de juicios ideológicos, la llegada de
Caracas al Consejo de Seguridad es deseable por una
razón: mientras que Guatemala no enfrenta ningún amago
externo, Venezuela es, hoy, un país sometido al la
hostilidad imperial, y el puesto le daría mayor margen
de defensa, así sea diplomática, ante los cada vez más
desembozados planes intervencionistas de Washington”.
El segundo va más allá y, con el título “¿Bush o
Chávez?”, acusa a su gobierno de haberse dejado
presionar por EEUU para no votar a Venezuela, donde sí
hay embajada de India y no en Guatemala, por ejemplo,
y finaliza con el siguiente párrafo: “India no ha
afirmado su independencia en política exterior, no ha
hecho valer sus intereses nacionales [en referencia al
floreciente mercado que supone Venezuela y su
petróleo]. La moraleja de la historia es la siguiente:
cuando sus intereses están en juego, los americanos no
dejarán ninguna piedra sin remover”. Lo que dice el
diario hindú se puede aplicar a todos los países que a
última hora decidieron no votar por Venezuela, como es
el caso de Chile, entre otros.

Y el hecho de que Venezuela aguante la presión y no
retire su candidatura pone otra vez de manifiesto el
uso que EEUU hace de una organización inoperante y la
necesidad imperiosa de su reforma. 

Si antes de la invasión de Iraq en marzo de 2003, y al
calor de la Doctrina de Seguridad Nacional establecida
por Bush, para los EEUU la ONU era irrelevante, tras
el fiasco de la ocupación del país árabe han triunfado
aquellos que, como Michel Ignatief o Robert Kagan,
preconizaban que había que hacer de este foro
multinacional un “suministrador de legitimación
política” siempre y cuando, claro está, que se
reflejen en sus resoluciones los intereses nacionales
estadounidenses. A ello se han dedicado,
concienzudamente, desde entonces tal y como pone de
manifiesto el veto a Venezuela y lo que este país
representa.



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