[R-P] El día en que el general se quiso ir
Inti
intialpert en yahoo.com.ar
Mie Oct 18 11:33:30 MDT 2006
Queridos contertulios: este pedacito de "El año de tu enfermedad. De
liberales egoístas y comunistas vagos" que anda por la pagina 150, me parece
que vale la pena justo hoy.
Algún hijo de puta ayer tiró una piedra que solo debía caer sobre su propia
alma. Y empezó un fárrago de estupideces del cual los peronistas sinceros,
tranquilos y honestos no nos hacemos cargo en absoluto.
Lo de ayer no es peronismo. Peronismo eran solo los que honestamente
homenajeaban. El resto, no importa porque ni al servicio de quien son solo
basura.
Como me dijo una vez un veterinario que aprecio mucho criticando algunas
concepciones políticas que yo cargaba en mi primera juventud... no hay ser
vivo que no tenga parásitos. No te preocupes más por ellos y sabé que
mientras haya vida sismpre van a aparecer.
De ayer solo me quedan miles de ojos lagrimeando emocionados y el recuerdo
de un viejo general que dijo: es la ambición de mi vida: que todos los
trabajadores sean un poquito más felices.
El resto es mierda y como mierda que es, se aleja en la cloaca poco a poco.
Acá les mando un texto breve, parte de otro un poco más extenso, que cuenta
algún pedazo de esta historia que vivimos.
.................
"El día en que el general se quiso ir"
Me quiero ir del libro, me dijo el general de repente, un día.
Lo siento general, no puedo sacarlo tal fácil. Usted es protagonista.
Me dijo de todo.
Razones que yo no entendía. Y él me decía que lo dejara pensar alguna nueva
excusa hasta que perdiendo la paciencia me ordenaba que no le rompiera las
pelotas y que lo sacara ya del libro.
Ya.
Disculpe pero ni esto es "La rosa púrpura del Cairo" ni yo soy Macedonio
Fernández. No puedo sacarlo del libro así como así solo porque usted se
plante y lo pida.
No te lo pido. Te lo estoy ordenando.
Pasaron horas durante las que lo fui entendiendo, porque más allá del
hartazgo que le producía explicarme, se tomó su trabajo y me dijo poco a
poco, algo de lo que yo entendí esto que aquí les cuento:
Mirá purrete me dijo, yo me mandé mil cagadas a lo largo de mi vida pero hay
algo en lo que nunca fallé y es en saber cuando directamente no hay que
estar.
Mucha gente no entendió porque me fui alguna vez y porqué tardé tanto en
volver, pero tenía una razón.
Y lo que yo entendí de su razón era esto: Hay cosas que no se hacen por sus
consecuencias; pero hay otras que no se hacen porque no se hacen.
Los principios, entendés? No por las consecuencias sino por los principios.
Esas cosas anteriores que uno ya sabe que no va a probar para validarlas y
que aunque a veces nos hacen una trampa y nos hacen perder oportunidades
también nos mantiene vivos...
Cuando yo me fui de acá podía quedarme sabés, pero había que hacer una
guerra. Y en una guerra entre hermanos nadie gana.
Por eso hay que cortar a las provocaciones desde que se las ve. Desde que se
las sospecha. Y es en eso en que me equivoque más que una vez y jodí a
algunos de más y en definitiva nos jodimos todos.
En las guerras entre hermanos se pierde. Siempre. Entendés.
Se pierde siempre.
Por eso el hijo de puta que está dispuesto a provocarlas siempre gana. Pensá
purrete, pensá...
¿Y qué tiene que ver eso con irse del libro de repente, sin siquiera
explicamos bien para que vino todavía?
Yo no quiero ni hablar, ni decir, ni ser citado. En todo caso hacé que
algunos personajes hablen y expliquen lo que yo era o lo que quería pero a
mí sacame.
Tuvo piedad y entre palabras y palabras me explicó que si se quedaba en el
libro el libro iba a contar una historia argentina, y que el mundo estaba
demasiado hecho pelota como para que lo que estabamos diciendo quedara como
una pavada local para los que no son de acá.
La cuestión del sistema de representación del valor, la propiedad y la
creación de un sistema financiero popular en serio no es una joda ¿Sabés?
Claro que lo sabés. Pero yo no lo pude hacer y se me fueron al carajo muchos
planes por no haberlo sabido y en definitiva lo estoy pensando todavía. Cómo
hacer para tener el caballo adelante del carro y no detrás. Y no creo ser el
único.
Yo le había dicho que cuando me enteré de que él pensaba en como hacer del
hombre un tipo con ocupación, con casa, con cultura, dignidad y un par de
cosas más, usando todo lo que hubiera a mano para conseguirlo y punto. Yo
había sentido que la discusión política estaba en algún lado.
Él me dijo que quedara claro que había discusiones entre tipos que de una
manera u otra querían que la gente fuera hermosa, feliz, plena, humana,
sana...
Marx y Keynes, por ejemplo, cada uno desde su lado, pero que la confusión
estaba en que se les había subido la economía a la cabeza y se habían
olvidado de buscar la formula económica para la raza humana y buscaban la
fórmula social para la economía.
Uno un poco más, o un poco menos.
:- es más, ni siquiera sé si es eso lo que piensan pero siento que eso es lo
que de ellos quedó.
Y me preocupa que algo así quede de mí. Algo equivocado. Algo que no es.
Yo soy militar entendés. La vida por la victoria es un buen trato.
Y siento que si me voy del libro gano.
Este que hablamos no es el problema del país sino del mundo, creo, y este
libro en unos años tal vez pueda ser leído por mucha gente de otros lados. Y
eso quiero.
Y por eso no tiene que ser de Argentina. Sino del mundo. Por eso quiero irme
y que queden personajes de cualquier lugar pero no yo.
Y por eso no tiene que ser de economía. Sino de amor. Por eso quiero que se
queden solo las cuestiones que hagan más pajas que cuentas.
Y se fue.
El general. Que me lo había hecho empezar.
Me llevó un día al obelisco, sin cámara de fotos.
Se subió hasta la punta por las escaleras con dificultad pero llegó.
Me dijo: escribí esta foto.
Yo solo. Una vez.
Y que el que quiera se cuelgue la descripción en un cuadrito.
Falta poco para que algún hijo de puta venga a prohibir mis fotos pero las
palabras, creo que quedarán.
Tu foto escrita de mí en las ventanas del obelisco, mirando a cada uno a los
ojos.
Y algunos de los libros que escribí.
Creo que son interesantes. Traté de que sean prácticos. Que sean humanos
Chau pibe...
El general se fue del libro así nomás. De repente, sin avisarme y cuando
estaba listo para dedicarle varios capítulos.
Esta historia empezó cuando yo lo entendí y se fue.
Que tipo este pensé. Pensé y me quedé con su cara, ya mayor, con una vieja
sonrisa.
En un marquito, en la cocina de mi casa, hubo desde aquella mañana una
leyenda que decía: foto del general en una de las ventanitas del obelisco,
solo, mirando a cada uno a los ojos.
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