[R-P] La donna ¿é mobile? S/el voto de Chile y su politica exterior
INFOR-MET
rmermet en yahoo.com.ar
Mie Oct 18 06:06:56 MDT 2006
La donna ¿é mobile?
Con el voto en Naciones Unidas Bachelet definió la
clave de su no-política exterior
Por: Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)*
(Fecha publicación:17/10/2006)
La donna ¿é mobile?
“Estamos en presencia de una Presidenta que escucha”.
Así explicó hoy (martes) en el Mercurio el canciller
Alejandro Foxley la decisión de Michelle Bachelet de
elegir la abstención y decir NO a la aspiración de
Venezuela al sillón vacante de Argentina en el Consejo
de Seguridad, tras un acalorado debate interno muy
poco usual.
Pareciera que la Democracia Cristiana de Gutenberg
Martínez y Soledad Alvear se apoderaron de la facultad
presidencial de dirigir la política exterior del
gobierno, actuando en un escenario un tanto histérico
fabricado transversalmente por la derecha que
pertenece a la oposición y la que se anida dentro del
gobierno, más la prensa que exhibió el mismo signo
ideológico frente a esta cuestión, salvo la
imparcialidad del diario electrónico El Mostrador.
La decisión presidencial, adoptada en una reunión de
gabinete el domingo, argumentó la ausencia de consenso
en América Latina. Previendo que Guatemala ni
Venezuela reunirían suficientes preferencias, para no
“perder su voto” Chile se refugió en la cómoda y poco
ética abstención, que marca cierto continuismo en la
indefinición de una política exterior coherente, en
particular hacia América del Sur. Las votaciones
desalentadoras para Venezuela en Nueva York
fortalecieron alegatos en favor de la “sabiduría” de
la postura abstencionista de Bachelet, aunque en los
hechos desmereció su rol conductor real de la política
exterior.
La decisión fue comunicada al público alrededor de las
21 horas del domingo, pero antes la propia Presidenta
se lo informó de manera personal a la presidenta de la
Democracia Cristiana. “Antes de que el ministro
secretario general de Gobierno, Ricardo Lagos Weber,
anunciara la noche del domingo que Chile decidió
abstenerse en la elección de un miembro no permanente
de origen latinoamericano en el Consejo de Seguridad
de Naciones Unidas, la Presidenta de la República,
Michelle Bachelet, llamó por vía telefónica a la jefa
de la Democracia Cristiana (DC), Soledad Alvear, para
explicarle los motivos por los cuales tomó dicha
resolución”, explicó hoy (martes) El Mostrador (1).
El Mercurio reseñó que la dirección de la DC celebró
la decisión el lunes. “De hecho, la mayoría de los
cálculos que se sacaron resultaron con un saldo más
que positivo, ya que se cumplió gran parte de los
objetivos trazados al hacer público el rechazo a
Venezuela”, indicó El Mercurio. “Uno de estos es el
tomar un lugar de privilegio en el conglomerado,
marcando diferencia con el ala izquierdista”, añadió
el diario.
El “antes y el después”
'La Presidenta ha tomado la decisión pensando en
Chile; en materia de política exterior no caben las
presiones, no caben los antes ni los después”, dijo el
comunicado que leyó el hijo del ex presidente Ricardo
Lagos. “Sólo caben los intereses permanentes de la
nación”, añadió, aunque sin especificar cuáles son
esos intereses permanentes.
La referencia a “los antes ni los después” alude una
amenaza de ruptura de la DC local con la gobernante
socialista “después” de un eventual voto por
Venezuela). El chantaje fue formulado por el
presidente de la Organización Demócrata Cristiana de
América (ODCA), Gutenberg Martínez, quien no tiene
cargos relevantes en el partido… pero es el marido de
su presidenta, la senadora y ex canciller Soledad
Alvear, quien también aspira a ser la próxima
presidenta de Chile. Martínez y Alvear jugaron
abiertamente a socavar la gobernabilidad de su aliada
amenazando con la inestabilidad.
Pareciera que en el ánimo presidencial pesaron más las
presiones DC, sin dejar de lado a EEUU. Sin una
política exterior coherente, Chile ahora podrá
ratificar el tratado del Tribunal Penal Internacional
(TPI) sin el riesgo de mayores represalias económicas
estadounidenses, probablemente se someta a los
tratados bilaterales IBA que otorgan inmunidad local y
en la jurisdicción del TPI a las tropas
estadounidenses y, a la vez, seguir mostrando al mundo
la pretendida cara democrática de un sociedad
neoliberal ejemplar.
Entretanto, Martínez, la ODCA y la DC están manejando
de hecho la política exterior de Chile, no sólo por la
presencia del canciller Foxley. El más alto cargo de
un socialista en la Cancillería corresponde a Carlos
Portales Cifuentes, director general de Política
Exterior, quien está por debajo del subsecretario
Alberto Van Klaveren, cercano al PPD.
Según la reseña de El Mercurio de la celebración DC,
“pese a que en un comienzo se vio con temor el efecto
que pudieron traer las declaraciones de Gutenberg
Martínez de que habría un antes y un después en la
relación con la DC también fueron aplaudidas en el
partido, sobre todo luego que fueran incluidas en el
comunicado que informó sobre la postura de Chile”.
La DC, la ODCA y Gutenberg Martínez detestan al
presidente Hugo Chávez. Participaron en el fugaz golpe
de estado perpetrado en Venezuela el 11 de abril de
2002 con el respaldo de EEUU y la España de José María
Aznar, que recibió de inmediato el apoyo de la
Canciller Soledad Alvear, por consiguiente del
gobierno de Ricardo Lagos. Sin embargo, el columnista
de El Mostrador Esteban Silva Cuadra recordó, bajo el
título “¿Ortega si, Chávez no?”, que hace cinco años
la ODCA y Martínez apoyaron al ex presidente Daniel
Ortega de Nicaragua cuando éste fue candidato del
Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) a la
Presidencia de Nicaragua (2).
La explicación respondería a alianzas políticas
electorales. Ortega hoy es de nuevo candidato del
sandinismo y valora públicamente la política de la
Republica Bolivariana de Venezuela, bajo el liderazgo
del Presidente Hugo Chávez, en el proceso de
integración latinoamericano y en la construcción de un
bloque autónomo para contribuir a un sistema de
relaciones internacionales multipolar y un comercio
mundial más justo, indicó el columnista.
Pero hace cinco años suscribió 'un acuerdo electoral
entre sandinistas y socialcristianos, los que llevaban
a Agustín Jarquín, como candidato a la Vicepresidencia
de la República en la fórmula del ex Presidente
Ortega', explicó Silva Cuadra. Hace un lustro, la ODCA
de Gutenberg Martínez aportó especialistas en campañas
electorales, asesores y una importante cantidad de
recursos para que Daniel Ortega fuese electo
presidente de Nicaragua.
Martínez fue responsabilizado del “CarmenGate”, un
fraude acaecido en la elección interna DC que en 1989
definió la candidatura de Patricio Aylwin como
reemplazante de Pinochet en detrimento de Gabriel
Valdés Subercaseaux, cuyos votos se perdieron.
El jefe de la ODCA también sabe desestabilizar e
incluso organizar golpes de estado. El apoyo de la
ODCA al golpe en Venezuela no fue sólo ideológico.
Martínez se trasladó a Caracas dos semanas antes para
reunirse con los líderes demócrata cristianos
venezolanos, encabezados por Eduardo Fernández y otros
próceres locales. Se decidió que el entonces
vicepresidente de la ODCA José Rodríguez Iturbe se
convirtiera en el ministro de Relaciones Exteriores
del efímero gobierno de Pedro Carmona Stanga.
Según fuentes venezolanas, el cónyuge de la entonces
canciller Alvear fue portador de la buena disposición
del gobierno de Lagos para ayudar en todo lo que
estuviese a su alcance (3). Tal ayuda llegó al día
siguiente del golpe en una declaración oficial de la
cancillería chilena reconociendo al 'nuevo gobierno' y
culpando a Chávez. Por añadidura, el binomio
Martínez-Alvear también sabe mentir: “Ante los hechos
ocurridos en las últimas horas en Venezuela, el
Gobierno de Chile lamenta que la conducción del
Gobierno venezolano haya llevado a la alteración de la
institucionalidad democrática con un alto costo de
vidas humanas y de heridos, violentando la Carta
Democrática Interamericana a través de esta crisis de
gobernabilidad”, señaló el documento oficial chileno
(4).
Ganaron El Mercurio y la derecha
Para el triunfante El Mercurio, 'Tras meses de debate
interno y con un ambiente político enrarecido en la
Concertación por los apoyos o rechazos a la
candidatura de Venezuela, la Mandataria hizo un gesto
en pos de la unidad de la coalición'. Esa misma
lectura de privilegiar la unidad de la alianza de
gobierno la entregaron hasta los amigos más duros de
Venezuela, como el presidente del partido Socialista,
senador Camilo Escalona, quien expresó desazón al
mismo diario pero valoró que la Presidenta haya
actuado 'buscando sortear la aguda polarización que se
generó, evitando que esta decisión se transformara en
un tema de política interior que abriera divisiones en
el seno de los chilenos'.
“Los socialistas formamos parte de este gobierno,
queremos a la Concertación más que a nada,
consideramos que la unidad del bloque es básica para
el futuro del gobierno y la estabilidad democrática de
Chile y porque el PS entiende que gobernar no
solamente significa pensar en nuestros opiniones sino
que en las de todo el país; es por esa misma razón que
valoro la decisión de la Presidenta”, explicó Escalona
según El Mostrador.
La victoriosa Alvear señaló que lo importante es que
la Mandataria tomó una determinación teniendo en
cuenta los intereses superiores de Chile, acotó El
Mercurio. Aparentemente, todos quedaron felices. El
senador socialista Alejandro Navarro Brain, partidario
abierto de Venezuela, apoyó la determinación de
Bachelet aunque reconoció que 'no vamos a dormir esta
noche con una amplia sonrisa y hay un sabor amargo por
la pasión que uno emprende', según El Mercurio.
Navarro dijo que 'las presiones y el lobby' en torno
al tema demuestran que 'claramente los mecanismos para
solucionar las disputas internas no están maduros' en
la alianza de gobierno, evidentemente carente de una
política exterior coherente para la región
latinoamericana”. El joven diputado socialista Marco
Enríquez Ominami criticó ácidamente la ausencia de una
política exterior coherente del gobierno del que forma
parte en El Termómetro de Chilevisión.
El senador PS Jaime Naranjo, luchador por los derechos
humanos pero a la vez exponente de la derecha
socialista -apoyó el TLC con EEUU y en general sigue
la corriente pro estadounidense- opinó que 'cualquier
otra opción iba a provocar más división en el país y
al interior de la Concertación'. El presidente del
PPD, Sergio Bitar, respaldó la determinación e
insistió en que 'no había que hacerle olitas a la
Presidenta”
Política exterior desprovista de principios
Aunque el voto es secreto, la información recabada en
la sede de la ONU en Nueva York por el embajador
socialista Heraldo Muñoz y proporcionada a medios como
El Mercurio durante la noche del domingo, asegura que
20 países de la región apoyan a Venezuela: Argentina,
Brasil, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Cuba, Antigua y
Barbudas, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica,
Granada, Guyana, Jamaica, Monserrat, Saint Kitts and
Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadadinas,
Suriname y la propia Venezuela.
Guatemala tiene 11 votos latinoamericanos, incluido el
suyo, con el apoyo de Estados Unidos, Colombia,
Panamá, Costa Rica, El Salvador, Honduras, México,
Canadá, República Dominicana Nicaragua, y Guatemala.
Hay dos países que todavía no se han definido, Ecuador
y Haití. Y tres que se abstendrían, Chile, Ecuador y…
Perú, que pertenece al Consejo de Seguridad sin
haberlo hecho notar.
La decisión de Bachelet ratifica una política exterior
marcada por el oportunismo y la indefinición. En la
percepción gubernamental, quizás esta postura parezca
menos indecorosa para el prestigio internacional que
Chile cree poseer. El país salva las apariencias como
furgón de cola de EEUU, pero sin mostrarse tan
incondicional bajo la máscara del “consenso”, aunque
este consenso no se dio en la candidatura cuando
Venezuela respaldo al chileno José Miguel Insulza en
su postulación a la OEA contra el deseo de Washington,
que apoyaba al mexicano Ernesto Derbez.
Más o menos esa misma filosofía inspiró la votación de
Chile en el Consejo de Seguridad, en vísperas de la
invasión de Irak. En rigor, Chile apoyó el detalle
nimio de aplazar por unos días el ataque propuesto por
Gran Bretaña, el aliado más obsecuente del proyecto
guerrero de EEUU, para darle tiempo a una última
inspección en busca de las míticas armas de
destrucción masiva. Al final, Chile se plegó al
“consenso” contra la acción militar, que fue efectuada
violando la legalidad de Naciones Unidas, pero los
medios y el gobierno de la época presentaron esa
modesta postura como un desafío a EEUU que nunca
existió en el ánimo chileno. Al contrario, siempre
hubo un voto de “consenso” a favor de un castigo a
Irak. El paso de Chile como miembro no permanente del
Consejo de Seguridad no tuvo pena ni gloria, igual al
rol que hoy ejerce Perú, miembro en ejercicio del
selecto club aunque pocos se hayan percatado.
La política exterior de “consenso” de Chile no es más
que un reflejo del “consenso” que marca la política
interna a nivel del Parlamento, que mantiene fuera de
sus dos cámaras a la opinión política de izquierda,
tal como lo diseñó el aparataje jurídico ideado por la
dictadura militar antes de ser tirada al tacho de la
basura histórica por los mismos poderes que la
instalaron sangrientamente, EEUU y la derecha política
y económica chilena, incluida la Democracia Cristiana
de Soledad Alvear y Gutenberg Martínez. En los años 60
esto se llamaba “colaboración de clases”
La política elusiva es una vieja costumbre local para
no quedar mal con Dios ni con el Diablo. Viene de
lejos, más o menos desde que Chile se abstuvo en la
votación de Naciones Unidas respecto a la partición de
Palestina en 1947. La definición de Bachelet hace
brotar comentarios como “Por sus hechos los
conoceréis, dijo el Señor”, “Mostró la hilacha”, “Se
le aconcharon los meaos”, “El pago de Chile”, “Muestra
la luz de viraje hacia a la izquierda pero en
definitiva tuerce a la derecha, no por distracción”,
etc. Pero en Chile no hay donde expresar estas ideas
anti “consenso”, que son bastante suaves y que
brotaron en muchas cabezas al conocerse la decisión
presidencial cerca de la medianoche del domingo,
simplemente porque en este país no hay libertad de
expresión ni medios de comunicación dónde expresarlas.
Futuro incierto para la Comunidad Sudamericana de
Naciones
Con esta definición clave de su política exterior, la
mandataria parece darle la espalda a la América del
Sur, que apoyó a Venezuela excepto Colombia, Perú, y
Ecuador. También traicionó el apoyo brindado por
Venezuela a José Miguel Insulza para alcanzar la
secretaría general de la OEA. Rompió, además, la
tradición de coincidencia con el país caribeño en la
lid internacional -sea cual fuere su gobierno- e hizo
suya la satanización que metió en un mismo saco
a-histórico a la trinidad nación Venezuela, su pueblo
y gobierno de Hugo Chávez. En definitiva, cedió de
frente a las presiones y amenazas de EEUU, de la ODCA
de Gutenberg Martínez y la DC de su esposa Soledad
Alvear y de toda la derecha criolla, la de los
partidos de oposición y “la otra derecha”, enquistada
en los partidos de la Concertación.
La derecha chilena no es solamente la llamada Alianza
por Chile de la pinochetista Unión Demócrata
Independiente (UDI) y y la deslavada Renovación
Nacional (RN) del empresario Sebastián Piñera, ex
simpatizante DC e hijo de un fundador de esa
colectividad. La derecha real hoy está consolidada en
un amplio espectro de pensamiento reaccionario que une
a la clase política representada en el parlamento, más
allá de las bancadas de “gobierno” u “oposición”,
salvo honrosas excepciones. Esa clase dirigente
expresada en un “bipartidismo”, pero de dos bloques no
de dos partidos como en EEUU, excluye del Parlamento
al pensamiento disidente como el de los comunistas y
otros grupos de izquierda, por efecto de las leyes
fundamentales heredadas de Pinochet que establecieron
el sistema binominal de elecciones.
Aunque toda la normativa constitucional chilena carece
de validez por haber sido impuestas a la fuerza por
una dictadura sangrienta que en 1973 destruyó la
República, disolvió el Congreso, derogó la
Constitución de 1925, proscribió a todos los partidos
políticos -DC incluida, a pesar de su apoyo inicial al
golpe- y en 1980 improvisó una nueva constitución
entre las cuatro paredes de una habitación de palacio.
Pero los gobiernos de la Concertación han estado
legitimando -durante 16 años de gobierno “de
transición a la democracia”- toda esa superestructura
jurídica por la vía de reformar sucesivamente la carta
fundamental y las principales leyes de amarre político
de la democracia restringida legada por Pinochet, una
democracia de libre mercado tan incoherente como la
política exterior. Todos esos cuerpos legales son hoy
las sagradas escrituras que disfrazan al modelo
chileno de sociedad neoconservadora gobernada por
socialistas que sufrieron prisión y tortura.
La clase política ofrece una visión mediática dispersa
y, en apariencia, enfrentada en “oposición” versus
“gobierno”, o una dicotomía semántica falsa, y todavía
más confundidora, de “derecha e izquierda”, explotada
por medios como El Mercurio, por lo demás, los únicos
que realmente existen. Pero en rigor se trata de un
solo pensamiento reaccionario homogéneo, casi
monolítico, encubierto por una falsa retórica.
Por ejemplo, convirtieron a los derechos humanos
atropellados por Pinochet en una cáscara, que de suyo
es imposible de romper, pero sin meterse con su
contenido, el moderado proyecto de reformas sociales y
de ampliación de la responsabilidad social del Estado
levantado por el gobierno constitucional de Salvador
Allende, contenidos de los que ya renegaron
públicamente unos cuantos socialistas prominentes
arrepentidos de su pasado “extremista”. Allende fue
sacado del closet por los socialistas apenas en 2003,
a los 30 años de su muerte, pero hasta ahora pocos han
rescatado su programa de gobierno, porque así lo
determina el “consenso”: la experiencia allendista fue
un desastre y punto y lo que ocurrió en sus 1.000 días
de gobierno no se debate seriamente jamás.
Si hoy no gobierna formalmente todo el conjunto de un
pensamiento “pinochetista sin Pinochet”, en los hechos
por lo menos co-gobierna. E incluye a la derecha
propiamente tal -la UDI y RN-, más las derechas
mayoritarias anidadas en el seno de los partidos
gobernantes de la Concertación, Demócrata Cristiano,
Radical, PPD y sectores socialistas personificados por
Isabel Allende y el senador Naranjo, entre otras
figuras.
Lo más probable es que en tres años más aparezca una
nueva coalición DC-RN, ante la carencia de liderazgo
en el partido de Soledad Alvear. Gutenberg Martínez ya
tiene en su poder el registro de la marca Partido
Popular, igual al de la tienda del populista
cristiano-franquista José María Aznar, que en Chile
hubiera querido poseerlo la UDI. El líder derechista
hispano de la Unión Mundial Demócrata Cristiana viajó
a Chile a recibir honores del Opus Dei y a hacer lobby
contra Venezuela y Evo Morales, con el respaldo
compartido de sus anfitriones y hermanos locales, la
UDI y la DC, de cuyas universidades recibió dudosos
doctorados honoris causa.
Para no aparecer desde el comienzo tan proclive a
EEUU, Bachelet optó por el silencio y el suspenso
durante varios meses. El trabajo sucio lo hizo el
canciller Alejandro Foxley, que fue coherentemente
anti Venezuela. La Presidenta jugó al oportunismo al
postergar dar a conocer una decisión probablemente
adoptada mucho tiempo atrás, pero haciendo pestañeos
de “luz de viraje a la izquierda”, dando indicios de
que podría optar por Venezuela y reiterando varias
veces que el manejo de las relaciones exteriores era
de su exclusiva competencia como jefa del Estado.
Anunciando antes que decidiría “lo mejor para Chile”,
matizó el clima con expresiones bravuconas que daban
pábulo para pensar lo contrario de lo que hizo, como
decir “no acepto presiones” desde escenarios
significativos, como una visita al campo de
concentración y exterminio de Villa Grimaldi,
construido por una dictadura militar impuesta por EEUU
y donde ella misma fue una cautiva más. Dijo que la
decisión la tomaría sola, pero no fue así.
Esta definición clave de su política exterior
significa también una partida de defunción adelantada
para la naciente Comunidad Sudamericana de Naciones
que formularan Ricardo Lagos y Evo Morales, cuya
primera reunión cumbre de jefes de Estado se realizará
en Santiago el 8 y 9 de diciembre, después de una
reunión de cancilleres prevista para noviembre. Chile,
por otra parte, no tiene nada que hacer en el bloque
países No Alineados (con EEUU). Lamentablemente, a
riesgo de emitir un juicio de género, las mujeres no
han dejado una herencia digna de recordarse como jefas
de Estado en América Latina, salvo la honrosa
excepción de la boliviana Lidia Gueiler, depuesta el
17 de julio de 1980 por los narco militares Luis
García Meza y Luis Arce Gómez
Notas:
1)
http://www.elmostrador.cl/modulos/noticias/constructor/noticia_new.asp?id_
noticia=200297&estHomepage=Titulo1
2)
http://www.elmostrador.cl/modulos/noticias/constructor/detalle_noticia.asp?id_
noticia=200223
3) http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=26044
4) http://www.minrel.gov.cl/webMinRel/home.do?sitio=1
* Ernesto Carmona es periodista y escritor chileno.
__________________________________________________
Preguntá. Respondé. Descubrí.
Todo lo que querías saber, y lo que ni imaginabas,
está en Yahoo! Respuestas (Beta).
¡Probalo ya!
http://www.yahoo.com.ar/respuestas
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular