[R-P] Lacolla UN LARGO Y DIFÍCIL CAMINO

José María Cavalleri ingcavalleri en hotmail.com
Mar Oct 17 06:03:58 MDT 2006


CÓRDOBA, ARGENTINA, 17(PSI).- UN LARGO Y DIFÍCIL CAMINO. (Nota del 
periodista y escritor Enrique Lacolla, de la Redacción del matutino cordobés 
"La Voz del Interior", publicada en la edición del domingo 15 de octubre).
             Los obstáculos que separan a los países de América latina del 
cumplimiento de sus metas básicas –esto es, la instalación de cierta 
justicia social y la orientación hacia algún tipo de unidad entre ellos–, 
quedaron expuestos por estos días en los trágicos sucesos que enlutaron a 
Bolivia.
             Mineros estatales y mineros cooperativistas se enfrentaron por 
el control de la mina de estaño de Huanuni, el yacimiento más rico en ese 
mineral y el último que se encuentra bajo control oficial.
             Los choques dejaron por lo menos 16 muertos y unos 60 heridos. 
No pudo determinarse si entre las bajas se contaron también víctimas de 
francotiradores que habrían disparado desde los cerros vecinos, para 
incrementar el caos.
             El gobierno de Evo Morales encabeza la experiencia social más 
importante que ha tenido Bolivia desde que el Movimiento Nacional 
Revolucionario (MNR) rompió la Rosca minera e inició un período de reformas 
que a la vuelta de unos años el mismo MNR se encargaría de revertir.
             Las aspiraciones del gobierno del Movimiento al Socialismo 
(MAS) en el sentido de reconectarse con las tendencias más vivas de aquel 
período se enfrentan hoy a una situación compleja. En ella, hay que hacer 
las cuentas con el campo minado que dejaron la desarticulación del viejo 
proyecto y las tendencias centrífugas que alimentan los departamentos más 
ricos del país. Tendencias que, con toda probabilidad, son fogoneadas por 
intereses no sólo locales sino también foráneos, que pueden ir desde 
empresas de Estados Unidos hasta grupos de poder afincados en Brasil.
             La colisión entre los mineros cooperativistas y estatales es la 
clásica pelea entre pobres, aunque el sector que defiende el estatismo para 
Huanuni es sin duda el que inviste mayor progresividad y resulta más acorde 
con las líneas generales del gobierno de Morales.
             Las cooperativas nacieron como un paliativo luego de la 
privatización de la minería en 1985, cuando los ex trabajadores de la 
minería estatal se organizaron para explotar diversos yacimientos, algunos 
suculentos y muchos otros de escaso rinde.
Ahora piden al Ejecutivo que les permita explotar también el del cerro 
Posokoni, en Huanuni, último reducto de la explotación estañífera por cuenta 
del Estado, que contiene una formidable reserva de mineral de casi mil 
millones de toneladas y que provee una alta rentabilidad.
              Las posibilidades de manipulación de estas reivindicaciones de 
parte de sectores interesados en sembrar cizaña en el bando del gobierno son 
evidentes. Evidentes, pero no sorpresivas. Después de todo, el MAS no podía 
esperar encontrarse con una aquiescencia beata a sus proyectos de reforma.
              Las pulsiones centrífugas.
              Esta colisión en el Altiplano probablemente no es sino la 
primera de las convulsiones que se preparan. Pero tiene un carácter 
determinante. Un respaldo popular coherente, proveniente del sector más 
dinámico y combativo del pueblo, como es el de los trabajadores mineros, es 
esencial para que el gobierno de Evo se afirme o al menos cuente con un 
núcleo firme para contrarrestar la embestida que se prepara.
             Esta proviene de los estados energéticos y separatistas de 
Beni, Pando, Santa Cruz de la Sierra y Tarija; de la Fencomin (Federación 
Nacional de Cooperativistas Mineros, la organización que estuvo detrás de 
los últimos disturbios y que cuenta con una clientela de miles de mineros 
manejados por los intereses expansionistas del capital privado); de los 
despachos de Petrobras y tal vez también de Repsol-YPF y de la articulación 
política de los partidos que intentan limitar la potestad de la Asamblea 
Constituyente para cambiar la normatividad existente.
          Según éstos, la Asamblea Constituyente no puede considerarse 
"originaria, plenipotenciaria y funcional" sino provista de un poder 
"derivado-reformador", lo cual la subordinaría a la legislación hoy vigente, 
que exige que la nueva Constitución sea aprobada en todos sus artículos con 
los dos tercios de los votos y no por mayoría simple. Con lo que el gobierno 
de Morales tendría atadas las manos.
          El aparato de poder de las oligarquías sudamericanas, como se ha 
señalado en otras oportunidades, sigue intacto. Su capacidad para trabar, 
demorar o destruir los intentos de reformar el estado de cosas continúa 
siendo muy alta. Y lo seguirá siendo en la medida que no existan los 
contrapesos sociales que son necesarios para equilibrar la disputa.
           Ellos no pueden provenir de la presencia continua del pueblo en 
las calles, pues la presión multitudinaria no puede mantenerse en forma 
indefinida y a la postre se torna enervante, sino de la puesta en 
equilibrio, por vía de la acción del Estado, del peso que tienen los 
protagonistas sociales: las clases en disputa. Sólo así se podrá hacer 
camino.- XXX

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