[R-P] GARIBALDI: ENTRE DOS MUNDOS ( Prof P.Godoy )

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Jue Oct 5 05:44:42 MDT 2006


JOSE GARIBALDI: ENTRE DOS MUNDOS
                                                      
                                                      
      A Garibaldi se le visualiza apenas como un
relámpago en la epopeya de liberar e integrar Italia.
Tal proceso -insuficientemente estudiado en las aulas
chilenas- posee, en el guerrillero camisa roja, su
artífice romántico y triunfal. Tras aquella figura,
por cierto están el ideólogo Mazzini, el diplomático
Cavour y el monarca Víctor Manuel I.¿pero por qué se
manifiesta que el personaje, amén de héroe del Viejo
Mundo, lo sea del Nuevo? ¿Es libertador e integrador
en el Nuevo? ¿U opera en otra trinchera quizás
alucinado por la “libertad” –hoy democracia y DDHH- y
desdeña la trascendencia de conservar la integración o
de reimponerla? 

El siglo XIX sorprende a Italia fragmentada en
repúblicas urbanas y en reinos regionales.  El Imperio
Austrohúngaro por otro lado, ejerce dominación sobre
comarcas norteñas y su tutoría es evidente sobre todo
el país. El mensaje de Dante y de Maquiavelo en orden
a integrar la nacionalidad italiana y expulsar a los
invasores, es acción política de los “mazzinianos”. Su
brazo armado de mayor nombradía será el notable
nizano.  En 1835 participa en el alzamiento por la
unidad y contra la opresión de Viena. Al fracasar
aquel conato, huye, refugiándose en su natal Niza. En
toda Italia el brote nacionalista libertador ha sido
aniquilado.

 ¡A SUDAMERICA!

De Niza, Garibaldi, se desplaza a Marsella. De allí
atraviesa el Atlántico con destino a Río de Janeiro.
En Brasil es testigo de la repercusión de la
revolución de 1830, que conmueve a Francia, poniendo
punto final a la Restauración. Tal hecho obliga al
Emperador Pedro I, a  abdicar en beneficio de su hijo,
quién asume como Pedro II. No obstante, se
insurrecciona Río Grande del Sur, que anima afanes
republicanos y balcanizadores. Es la revolución de
Farrapos, insurgencia de los andrajosos, según
estigmatiza al movimiento la prensa. A tal alzamiento,
encabezado por el “gaúcho” Bento Gonzalvez, se unen
los emigrantes italianos incorporados a la logia
ultramarina de la Joven Italia. Dedicados al comercio
de cabotaje, la tarea la efectúan mientras mercadean
en un pequeño barco que bautizan “Mazzini”. Estoss
“carbonari” simptizan el movimiento farrouphila
(nombre dado a los separatistas sureños por la
monarquía de Braganza.). Obtienen patente de corso
para contribuir a consolidar, desde el mar, la
República de Piratinin.(Estado escisionista que asocia
a Porto Alegre y Río Grande del Sur en territorio de
Brasil). Los integradores en Europa operan como
desintegradores en nuestra América.

GUERRA, AMOR Y MAR

El comandante de la nave es José Garibaldi, en aquel
momento proscrito y condenado a muerte en su país
natal. Aplastado el brote republicano y desmembrador,
el barco protagoniza una fuga rocambolesca, que
incluye, entre otras peripecias el encarcelamiento y
posterior evasión de su capitán de Argentina. Retorna
clandestinamente a Brasil. Es allí donde convierte en
esposa a Ana María Ribeiro da Silva. Testigos los
describen así: él, alto, colorín, barbudo y de treinta
años. Ella, cabellos negros, ojos vivaces, tez morena
y veintiañera.

La guerra, reiniciada entre el Brasil de Pedro II y la
insurrecta república farrophila, supone nuevas
aventuras. Algunas amargas, otras gratas: como la
alianza conyugal anotada. Extinguida la insurgencia,
Garibaldi y Anita, cruzan la frontera asilándose en
Uruguay. Allí, contraen matrimonio en el templo de San
Francisco. El osado corsario se transforma, por un
instante, en pacífico ganadero. Alivia la derrota
domiciliándose vecino al mar. El Atlántico es la
ventana que le permite asomarse a Italia. Está
consiente que al otro lado del océano hay faena
pendiente.

URUGUAY

En aquel entonces Juan Manuel de Rosas, jefe supremo
de la Confederación Argentina, anhela reaglutinar los
fragmentos del Virreinato del Plata. Programa la
anexión de la Banda Oriental como entonces se conoce
al Uruguay. Con el objeto de contribuir a la defensa
de lese Estado tapón el joven Garibaldi moviliza 700
voluntarios. Misión: defensa de Montevideo. Utiliza,
en la confección del uniforme la única tela
disponible: paño escarlata. Lo usan para sus mamelucos
los matarifes. Ver desfilar la brigada garibaldina con
vestuario de aquel color, origina el asombro
ciudadano. Desde entonces se emplea la expresión,
primero despectiva y después enaltecedora, de camisas
rojas. Nuevamente el futuro unificador de Italia opera
oponiéndose al programa rosista que apunta a atenuar
la fragmentación del exvirreinato.

Siempre atraído por el mar, organiza la escuadra
uruguaya. Con ella enfrenta a la flota de Rosas,
capitaneada por Guillermo Brown. De esas proezas
deriva que Uruguay le confiere el rango de almirante.
No obstante, la situación en la patria de origen lo
inquieta. A esta altura, la prensa ha difundido a los
cuatro vientos las hazañas de Garibaldi en Sudamérica,
Los líderes del “Risorgimento” urgen su retorno.

 
REGRESO A CASA

Así pone fin a su periplo en el Nuevo Mundo.
Acompañado de 73 camisas rojas marcha a la magna gesta
europea. Allá serán apodados como “gauchos”.
Constituyen, de hecho, una secta. Dialogan en
castellano, mezclado con vocablos y giros lusitanos,
usan poncho, vincha y chiripá. Cuando vivaquean, beben
mate amargo. Son las marcas indelebles que ha
estampado, en el caudillo y su entourage, el Brasil
sureño y el Río de la Plata. Su mujer Anita y la
familia, también están allí, en aquella otra guerra.
Ella lo acompañará siempre compartiendo la alegría de
la victoria y la tristeza de los reveces. No presencia
la culminación de la campaña. En 1849, durante la
defensa de Roma, enferma. En la retirada fallecerá
cerca de Ravena. Se le sepulta apresuradamente en el
bosque. Sus últimas palabras, anotadas en portugués,
son despachadas a su esposo. Merecen el bronce: “En la
hora del combate no pienses en mí, ni en nuestros
hijos, sólo piensa en la patria” Ella ha insistido en
participar en aquella, su tercera guerra. En los
episodios bélicos, motiva la admiración de la tropa
por sus condiciones de amazona  y por su coraje.
Garibaldi, según atestiguan sus Memorias, siempre la
conservará en su corazón. Del mismo modo jamás olvida
a Brasil, Argentina, y Uruguay.


GRATITUD ITALICA

 
En Roma, el monumento ecuestre al gaucho Garibaldi
–desintegrador aquí y unificador allá- en sólido
bronce domina la ciudad. Está en la cumbre del
Gianicolo, con su estampa pampera, poncho y vincha. Al
contemplarlo lo sentimos emparentado a Don Segundo
Sombra y a Martín Fierro, es decir, al Cono Sur. Nos
preguntamos: ¿Y Anita, dónde está?. La gratitud
italiana es imprevista y sublime. Ella no ocupa
ninguna cumbre. Está en un discreto parque arbolado,
para evocar a su país natal, con palmeras. Allí entre
el verde de los jardines y el cielo azul galopa,
pistola en mano en brioso corcel. Es todo movimiento y
belleza. Quizás sea una de las estatuas más bellas por
el fervor romántico que fluye de su figura.

Los sudamericanos, al visitar París suelen congregarse
bajo el Arco de Triunfo. Escrutan el granito para,
entre decenas de nombres esculpidos, encontrar el de
Francisco Miranda. También en la capital de la
latinidad ocurre algo parecido. No somos pocos los que
no hemos descansado hasta encontrar a la criolla
garibaldina enamorada. Desde la cima y sobre un potro
la protege su hombre: José Garibaldi, el héroe de dos
mundos cuya brújula política está estragada en el
Nuevo Mundo, pero funciona de modo correcto en el
Viejo. No advierte que nuestro Mazzini es Bolívar y
que nuestra América requería la integración tanto como
la Italia de entonces. 

Prof. Pedro Godoy P.
Centro de Estudios Chilenos CEDECH
director en cedech.cl

 



	
	
		
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