[R-P] El IRA, según la cruda mira de Ken Loach
Patricia H.A.
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mar Oct 3 09:18:54 MDT 2006
El IRA, según la cruda mirada de Ken Loach
Su premiado film se estrena el jueves
Tras doce participaciones en el Festival de Cannes,
Ken Loach consiguió con el decimotercer largometraje
que llevó hasta la Costa Azul francesa, El viento que
acaricia el prado (The Wind That Shakes the Barley),
terminar con el maleficio y obtener en mayo último la
tan codiciada Palma de Oro, el premio que consagra de
manera definitiva a todo gran director.
Este veterano (que acaba de cumplir 70 años) maestro
inglés del cine social y político ya había ganado dos
veces el premio del jurado en Cannes con Agenda
secreta (1990), otro duro acercamiento a la realidad
irlandesa, y con Como caídos del cielo (1993), pero
sólo ahora, con más de cuatro décadas de carrera, se
hizo justicia con este infatigable y combativo
artista.
Desde que en 1967 debutó con la notable Pobre vaca y
dos años más tarde presentara la todavía hoy
influyente Kes hasta la fecha (suma más de 40 trabajos
para cine y televisión), Loach se ha mantenido,
indócil, como uno de los directores más críticos y
consecuentes de su país. Su implacable mirada (siempre
ligada a los movimientos socialistas y anarquistas) le
valieron el odio de políticos como Margaret Thatcher y
de buena parte del establishment inglés, que no le
perdona sus retratos contemporáneos ni su revisionismo
histórico (como el de El viento que acaricia el prado)
tan cuestionadores hacia el papel desempeñado por su
país en el exterior.
Este nuevo film –cuyo estreno local se anuncia para
este jueves– significa el regreso de Loach, que ha
abordado desde la Guerra Civil Española (Tierra y
libertad) hasta la situación de los inmigrantes
ilegales en los Estados Unidos (Pan y rosas), pasando
por la revolución sandinista en Nicaragua (La canción
de Carla), a la sangrienta historia irlandesa.
Ambientada en 1920, un momento crucial en las
relaciones entre Inglaterra e Irlanda, la película se
centra en los derroteros opuestos de dos jóvenes
hermanos (el ascendente galán Cillian Murphy y Padraic
Delaney) que toman caminos enfrentados dentro de la
lucha revolucionaria.
Loach y su habitual guionista Paul Laverty narran el
surgimiento del IRA y de la lucha armada contra la
opresión del ejército inglés en una espiral de
violencia que derivó en décadas de sangrienta guerra
civil.
LA NACION estuvo presente durante la presentación que
el director de Riff-Raff, Ladybird Ladybird y Mi
nombre es todo lo que tengo hizo de su nuevo trabajo
en Cannes ante la prensa internacional. "No creo que
sea una película antiinglesa ni mucho menos una obra
propagandística a favor del IRA, pero nadie puede
cuestionar que el IRA tenía en aquella época muchas
convicciones justas y el apoyo masivo de su pueblo
tras arrasar en las elecciones de 1916, algo que fue
perdiendo con el correr del tiempo", se defendió ante
la primera pregunta.
-¿Y por qué muestra a los ingleses de una manera tan
negativa?
-El acercamiento a un tema así es inevitablemente
controvertido, porque todo lo que uno piense hoy sobre
la lucha armada está determinado por lo que ocurrió
hace 90 años. Los asesinatos, el sectarismo y la
violencia se han perpetuado por las políticas
implementadas durante la usurpación inglesa. Toda
ocupación militar ilegítima, toda guerra sucia,
implica cometer actos aberrantes, y hubiese sido
absurdo mostrar ese dominio de una manera lavada y
tranquilizadora. De todas maneras, ya estoy
acostumbrado a que me ataquen. No se olviden de la
violenta campaña de censura que soporté cuando también
dijeron que Agenda secreta era un film pro IRA.
-¿Y por qué volver a aquellos años 20?
-¿Y por qué Neil Jordan filmó películas con las que yo
no estoy de acuerdo como Michael Collins o En el
nombre del padre ? Porque todos tenemos derecho a
reflexionar sobre nuestro pasado colonialista,
expansionista, interventor, para empezar a entender
este presente. El cine nos permite que les contemos a
nuestros jóvenes hechos que prácticamente desconocen.
Los ingleses hemos manipulado la historia y dividido a
los irlandeses. Solemos olvidarla o contarla de una
manera menos perturbadora porque no quedamos bien
parados, pero -aunque no nos guste aceptarlo- las
consecuencias de nuestros pecados aún perduran. Los
paralelismos con la actualidad también resultan muy
incómodos. Las ocupaciones ilegítimas, como la de
Irak, provocan una lucha por la independencia y muchas
veces llevan a la guerra civil y a las masacres. A mí,
como a casi toda la sociedad británica que le ha dado
la espalda a Tony Blair, me avergüenza el papel que
hemos tenido en Irak.
-¿Y no le genera ningún problema de conciencia haber
sido financiado por el propio gobierno de su país?
-Los fondos de la lotería que maneja el Film Council
deben ser distribuidos de la manera más democrática
posible. A mí me correspondieron 545.000 libras para
una película que costó 4,5 millones. El resto provino
de una docena de productoras inglesas y de varios
otros países de Europa. Tardé diez años en armar esta
producción, y todavía no pude filmar la historia del
gran líder socialista irlandés James Connolly,
fusilado en 1916. Volviendo a la pregunta... no, no
tengo ningún remordimiento por el origen del dinero.
-¿Y qué querría para Irlanda de ahora en más?
-La guerra terminó. La lucha armada del IRA terminó.
Los paramilitares ya no actúan. Ya es tiempo de
prosperidad, una prosperidad basada en la
reconciliación y en el entendimiento mutuo.
Por Diego Batlle
Para LA NACION
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