[R-P] El subcomandante Marcos

Edgar Schmid condornacional en yahoo.com.ar
Lun Nov 27 09:20:24 MST 2006


México: El subcomandante Marcos opina
La rebelión en puerta
por Zósimo Camacho, Nancy Flores

El subcomandante Marcos promete que Felipe Calderón no
terminará su sexenio, pues antes de 2012 será
inevitablemente derrocado. Reconoce que se equivocó al
considerar que los capitales mexicano y estadounidense
serían “más inteligentes” y colocarían a López Obrador
en la Presidencia de la República, “pero optaron por
la vía más rápida para una revuelta nacional”.

22 de noviembre de 2006

Desde
Ciudad de México (México)

Entrevista con el Subcomandante Marcos Torreón, Coah.
"Calderón no termina. Lo que falta definir es si a la
caída de Calderón sigue otro país o sigue otro remedo
de tránsito", dice el subcomandante insurgente Marcos,
jefe militar del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN).

En entrevista con Contralínea, el jefe guerrillero
agrega que el presidente electo, resultado de “un
fraude tan evidente”, llegará a la titularidad del
Poder Ejecutivo con menos legitimidad que Carlos
Salinas de Gortari y sólo tan espurio como Porfirio
Díaz, quien intentó mantenerse en el poder mediante el
fraude electoral que detonó la Revolución de 1910.
Asegura que los únicos asideros en México de Calderón
Hinojosa serán “los medios masivos de comunicación y
las bayonetas”, pues “ni a su partido controla”.

El encapuchado considera que el sexenio que está por
comenzar ni siquiera favorecerá a los empresarios
mexicanos, pues los principales beneficiarios de las
reformas energética y fiscal y la “mano dura” serán
los grandes capitalistas estadounidenses.

A decir de Marcos, los que mandan en este país, o sea
“la banda” que encabeza Carlos Slim, “apostaron a que
Calderón les iba a dar más garantías de sobrevivencia,
pero les va a dar la última paletada de tierra. El
gobierno de Calderón va a ser lo que le diga el
Departamento de Estado norteamericano” y éste quiere
todo, incluyendo las empresas “del ’Maseco’, Salinas
Pliego, Azcárraga y Zambrano”, quienes quedarán como
administradores de oficinas de empresas que fueron
suyas.

Sostiene que el movimiento que encabeza López Obrador
no tiene otro destino que “la venta, si no es que ya
lo vendieron”, y que una presidencia del tabasqueño
hubiera sido de mayor utilidad al capital porque le
garantizaba la continuidad de la misma política
económica pero con “mayor control social”.

Reitera su respaldo a la Asamblea Popular de los
Pueblos de Oaxaca (APPO) en su demanda de la salida
del gobernador Ulises Ruiz, y reconoce que la
organización oaxaqueña es un modelo que La Otra
Campaña aspira a concretar a nivel nacional.

Después de haber recorrido 26 estados de la República
como Delegado Zero de la Comisión Sexta del EZLN —en
donde promueve las alianzas que terminarán en una
“insurrección nacional civil y pacífica”—, dice que la
resistencia al neoliberalismo que se está aglutinando
alrededor del movimiento convocado por la Sexta
Declaración de la Selva Lacandona “es tan grande que
ya no tenemos porqué detenernos en la resistencia: en
lugar de hacer una cerca para evitar que el lobo nos
robe muchas ovejas, mejor vamos por él y
liquidémoslo”.

El dulce aroma del maple, que ineludiblemente lo
acompaña, se instala en una de las aulas de la
Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro cuando el
jefe guerrillero vierte una pizca del rojizo tabaco en
su pipa. No la enciende de inmediato. Bajo su
infranqueable pasamontañas negro se advierte un
cabello largo, un bigote abultado y una barba crecida
en el mentón.

—Dabas por hecho que el próximo presidente de la
República sería López Obrador porque, decías,
garantizaba la continuidad del capitalismo con una
supuesta redistribución de la riqueza. Sin embargo,
quien está a punto de asumir es Felipe Calderón. ¿Te
equivocaste al señalar que ambas opciones
representaban lo mismo?

—No son iguales. Era mejor para el capitalismo salvaje
la opción de López Obrador, porque significaba
mantener la política económica, lo que él llamaba
“mantener las variables macroeconómicas”, con control
social. Nos equivocamos en asegurar que el capital
mexicano y el norteamericano eran más inteligentes de
lo que son; que iban a entender lo que López Obrador
les estuvo diciendo una y otra vez: que no iba a haber
ningún daño para ellos; que se iban a respetar sus
ganancias; simplemente se iba a redistribuir la
riqueza que se estaba atorando en el sistema político.
Él nunca ofreció reducir ni la tasa de ganancia ni las
políticas de despojo que hay actualmente.

—¿Por qué entonces finalmente los grandes empresarios
y las instituciones del sistema político mexicano se
decidieron por Felipe Calderón?

—Lo que ocurrió fue que tenían miedo de que López
Obrador fuera a despertar algo que no pudiera
controlar y que fuera rebasado. Cuando ellos hacían la
semejanza entre López Obrador y Chávez no se estaban
refiriendo a que hubiera alguien con las poses de
Chávez sino a que se generara un movimiento y una
confrontación social que no la iba a poder controlar
López Obrador ni nadie. Y ellos optaron por la línea
más rápida o expedita a la destrucción de las bases
materiales de la nación. O sea: las grandes reformas
que están pendientes, dicen ellos, y que son la de los
energéticos, la fiscal y la de la tierra, que me
refiero no sólo a la tierra sino al agua, aire y
recursos naturales. Eso es lo que se necesita para
acabar de destruir al país y convertirlo en un páramo
sin gente y sin ninguna capacidad productiva. Lo que
ellos hicieron a la hora de elegir a Calderón es
elegir la forma más rápida de llevar a este país a la
destrucción, suponiendo que basta con la acción
represiva para controlar las cosas. A grandes rasgos,
el gran capital mexicano y norteamericano optó por la
vía más rápida para una revuelta nacional.

—Pero qué intereses está representando Calderón. ¿Será
un gobierno más represor del que sería uno encabezado
por López Obrador?

—Calderón tiene una dificultad que López Obrador no
hubiera tenido: la ilegitimidad. Desde la reelección
de Porfirio Díaz en 1910 ningún otro presidente, ni
siquiera Carlos Salinas de Gortari, había llegado tan
ilegítimo, con un fraude tan evidente. Prácticamente
lo único que le queda a Calderón para empezar apenas a
gobernar es, por un lado, el pie de los medios masivos
de comunicación y, por otro, el de las bayonetas. Pero
los propietarios de los medios masivos de comunicación
tienen un problema que no alcanzan a ver, que es el de
la credibilidad. A la hora de que los grandes medios
como la televisión, la radio y las grandes empresas
editoriales abrazan a la clase política, abrazan
también su descrédito. El repudio cada vez más grande
que hay para los trabajadores de las dos más grandes
televisoras, lo hace cada vez más patente. Y el hecho
de que tengan que recurrir en forma lastimera a
programas que son cada vez más ridículos para llamar
la atención, es otro síntoma. Los ratings de los
noticiarios van para abajo. Y en la mayoría de la
gente está el descrédito de que lo poco que se ve, no
se cree. Y todo esto ha sido compartido por los
grandes periódicos y también por las revistas.

—El pasado proceso electoral, que has calificado como
fraudulento, ha generado un movimiento social de apoyo
a López Obrador. Sus simpatizantes lo han nombrado
presidente legítimo y él ha convocado a una Convención
Nacional Democrática (CND). El 20 de noviembre
iniciará su gobierno en resistencia. ¿Qué podemos
esperar de este movimiento que ha tenido la capacidad
de convocar a millones de personas?

—Que va a ser vendido. El problema del movimiento que
respalda a López Obrador en contra del fraude
electoral es la dirección. Y es un ejemplo de lo que
López Obrador iba a ofrecer en caso de llegar a la
presidencia. Esta mentira de una nueva forma de hacer
política con los viejos políticos de siempre, los que
estuvieron brincando de un lado para otro. El símbolo
de ese supuesto cambio que ofrecía López Obrador es
Muñoz Ledo, que ya no le falta ningún partido al cual
brincar, tal vez el Panal con Elba Esther Gordillo. Y
la dirección y la elite política del PRD, los
dirigentes y los que tienen cargos populares, lo van a
vender a la primera, si no es que ya lo vendieron. Y
buena parte de la movilización social que se despertó
después del fraude del 2 de julio estuvo manejada por
estas personas, dejando de lado que había gente
honesta y creía en lo que creía y que estaba dispuesta
a todo. Y esa presión social está siendo usada por esa
dirección del PRD y esos viejos políticos para
negociar con el gobierno. Y ahora también está la
cabeza de López Obrador sobre la mesa de negociación,
así como todo el movimiento social que estaba
respaldándolo. Conforme ha avanzado el tiempo ellos
han visto con beneplácito el desgaste de la parte
mediática de la figura de López Obrador. El hecho de
que cada vez que se presenta haya menos gente y sea
menos beligerante y combativa es para ellos una
ventaja, porque López Obrador se estaba convirtiendo
como en Cárdenas en su tiempo, en una sombra para sus
intereses. El destino del movimiento opositor que
encabeza López Obrador es la venta. Van a ser
vendidos. El cálculo que hacen allá arriba los del
PRD, los diputados y senadores, es que pase de moda.
Le van a dar la salida que le dieron a Cárdenas en su
tiempo, un instituto o algo o que se pasee por el país
como presidente legítimo pero que no produzca ningún
efecto. 

—¿Y la opción del gobierno en resistencia?

—El problema de un gobierno alternativo es que tiene
que gobernar; si no, es una declaración. Y un gobierno
que realmente gobierne tiene que dictar leyes y contar
con la capacidad de hacerlas cumplir. Tiene que hacer
un nuevo pacto social, una nueva forma de convivir. Y
en el caso de López Obrador, hasta a hora, no existe
eso, incluso ha dicho que no se trata de dejar de
pagar impuestos o de establecer otra justicia. Ahorita
el problema de la tierra es el artículo 27. Un
gobierno que se plantee como opositor al gobierno de
arriba tiene que definirse respecto al artículo 27, o
sea tiene que darle marcha atrás [a la reforma
salinista]. Si el gobierno de López Obrador planteara
eso, su movimiento, que ahorita fundamentalmente es
urbano y de clase media, se convertiría en un
movimiento campesino; y, como ya hemos visto, el
campesino ya no tiene más que irse al otro lado o
luchar por la tierra. No hay una definición sobre ese
punto. En el caso de la pequeña y mediana industrias
tanto agrícola como urbana, el Tratado de Libre
Comercio la ha liquidado. Y no se plantea nada radical
frente al TLC, que lo fundamental sería desconocerlo,
que no valga unilateralmente. Eso significaría volver
a proteger el mercado interno, que está completamente
minado. Su única definición más o menos de izquierda
era la del cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés,
que era algo que no le tocaba, que necesitaba
enarbolar el partido, los diputados y senadores porque
corresponde a ellos esa modificación constitucional. Y
a nuestra manera de ver, tenía que ver nada más con
que de los movimientos que hay en México el que tiene
impacto mediático es el zapatista y era la forma de
montarse en eso.

Un gobierno alternativo debía de tomar la tierra,
repartirla, dictar leyes de comercio, como hacen las
juntas de buen gobierno en Chiapas o como hacen los
municipios autónomos indígenas en otras partes del
país. Esos sí son gobiernos alternos. En algunas
partes entra en tratos mutuos de gobierno a gobierno
con los gobiernos estatales o municipales, pero en su
estructura interna no se modifica. El cambio
fundamental que habría en estas declaraciones de López
Obrador es que se planteara la tarea de gobernar en
resistencia como lo hizo Juárez. Ahí sí. Porque usa
mucho la imagen de Juárez, pero Juárez sí se enfrentó
al imperio de Maximiliano —y de Carlota, porque
sabemos que desde entonces está la moda ésta de las
parejas presidenciales—; gobernó, dictaba leyes, y sí
era un gobierno itinerante que iba de un lado para
otro pero estaba gobernando en resistencia y sin
recursos, pero estaba dictando leyes, llamando a la
gente que las hiciera cumplir, completamente en
contraposición al otro. El problema que vemos es que
vaya a pasar lo mismo que pasó con la movilización
postelectoral en el plantón de Reforma y el Zócalo, y
es que no se genere organización, que es la diferencia
con Oaxaca, que es un movimiento que sí está generando
autoorganización en la gente. Y que dependa tanto del
líder, de lo que él diga o deje de decir.

En el caso de nosotros como indígenas, los que asisten
como representantes del movimiento indígena en la CND
son los empleados de Fox. Es Marcos Matías, ahora
diputado por el PRD, pero estuvo de empleado de
Xóchitl Gálvez en el INI y luego desapareció y durante
mucho tiempo estuvo como funcionario. Ése es el
movimiento que simplemente les está dando una
apariencia de imagen, de legitimidad; pero que no
representan absolutamente nada. Y la parte fuerte del
movimiento indígena en México ni siquiera es el EZLN.
Es el Congreso Nacional Indígena. Y juegan con esto de
las siglas y le ponen Convención Nacional Indígena y
llama CNI, sin aclarar que es la Convención y no el
Congreso para empezar a jalar esto.

El tabaco comienza a arder en la pipa y el humo
constantemente envuelve la cabeza del guerrillero. Con
excepción del pasamontañas, el resto de su uniforme
tiene remedos sobre remedos. La gorra beige conserva,
al frente, las tres estrellas que alguna vez fueron
rojas; el paliacate no es más que jirones de tela
anudada que casi se deshace al tacto, y las botas,
cosidas hasta lo imposible, parecen agrietarse y
abrirse más con cada movimiento del guerrillero.

—Hemos estado observando la lucha de la Asamblea de
Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) en demanda de
la salida del gobernador Ulises Ruiz. Y también hemos
visto la respuesta de los gobiernos federal y estatal
que tratan de mantener al mandatario a toda costa.
¿Qué lecciones puede obtener el EZLN y La Otra Campaña
de estos hechos, tanto desde el punto de vista de la
organización de la APPO como de la respuesta de los
gobiernos?

—La primera gran lección: es un movimiento donde no
hay un líder identificado, que sea salvable, porque
hay unos que se identifican y dan pena ajena. El caso
del movimiento de la APPO se trata de un movimiento
donde sí manda la gente, por decirlo de alguna forma,
y empieza a suplir con éxito las labores del gobierno.
En el caso de la respuesta del gobierno federal, como
siempre, es que calcula mal la respuesta de la gente.

Nos están platicando que cuando la [Policía] Federal
Preventiva [PFP] tira gases, son de color amarillo. Es
un químico que se supone se pega a la piel y te da pa’
bajo, o sea que te pone como si estuvieras tomando
Diazepan. Y se supone que todos se deberían de ponerse
tranquilos y dóciles. Por supuesto, no está
funcionando. Los gringos ya lo habían probado en Irak
y no funcionó. Y lo probaron en Afganistán y no
funcionó. Nunca les ha funcionado. Se lo pasan a los
del gobierno mexicano, que compran cualquier
pendejada. Y calculan que una acción represiva va a
provocar inhibición del movimiento y va implicar
retroceso. Y lo que ha demostrado el movimiento de la
APPO es que ocurre lo contrario.

El movimiento se empieza a desgastar y se empieza a
reducir y viene un hecho represivo y la gente los
apoya. Oaxaca es un punto tan sensible casi como
Chiapas. Y la lección que está dando el gobierno es
que en lugar de optar por el diálogo está optando por
la represión. Qué mensaje le estás dando a la gente en
un lugar en donde hay movimientos armados. Así los
movimientos armados no necesitan reclutar a nadie. El
gobierno les está haciendo el trabajo de
reclutamiento: a toda esa gente golpeada y gaseada le
está diciendo: ’no te queda otra opción más que
alzarte’.

Nos parece absurdo, pero todo el sexenio de Fox ha
sido absurdo, que el Estado mexicano apueste tanto por
un criminal, que no lo quiere nadie, que es Ulises
Ruiz. Ya hasta el sector empresarial dijo que se vaya;
el Senado dijo que se vaya; los diputados… Entonces
nada más está sostenido por la Policía Federal
Preventiva y, según nos dicen, está entrando la
Policía Militar y la Armada de México. Y no tiene
ningún sentido a no ser que empiece a cundir el
ejemplo de la APPO en el resto de los estados. Y sí.
Porque ese problema se pudo haber resuelto desde meses
antes con la salida de Ulises Ruiz y un gobierno de
mediación. Y ahora Fox va a terminar su sexenio con
ese problema y Calderón va a comenzar el suyo con ese
problema, además de la falta de legitimidad, además de
La Otra Campaña.

La gran lección de la APPO y del pueblo de Oaxaca es
que es posible hacer esto y que es necesario que La
Otra Campaña acabe ya de tejer la red porque estamos
reaccionando a lo de Oaxaca, ahora sí que sobre las
rodillas, ya cuando nos están golpeando. Debíamos ya
de tener la capacidad en todo el país para acompañar
todas sus demandas. Lo que sigue es que caiga Ulises
Ruiz y que la APPO y el pueblo de Oaxaca empiecen a
plantear otras cosas. Pueden reprimir, pero la
organización ahí va a quedar. Aun así, aunque salga en
la televisión que los están golpeando y que tomen
muchos presos, el proceso de autoorganización que
generó en grupos y colectivos es invaluable, y eso no
va a tener vuelta de hoja.

—Flavio Sosa, uno de los líderes de la APPO, ha
comentado que están en contacto con Andrés Manuel
López Obrador y contigo. Que hay negociaciones para
que La Otra Campaña y el movimiento de López Obrador
se unieran con la APPO para derrocar al gobierno de
Felipe Calderón. Cuál es tu opinión al respecto.

—No, no hay nada de eso. Lo único que sabemos que hay
en La Otra Campaña es el apoyo a la APPO,
incondicional, para la caída de Ulises Ruiz. Hasta
ahí. En el caso del EZLN, también. Y lo que podamos
hacer para frenar la represión. Pero para nosotros y
el EZLN no valen ni el presidente oficial ni el
legítimo. Nosotros no pensamos que arriba se vayan a
resolver las cosas. Y estamos dispuestos a derrocar al
oficial y al legítimo.

—Está el asunto de la APPO, de La Otra Campaña, la
gente está descontenta, el narcotráfico ha sobrepasado
la capacidad de las autoridades. ¿Consideras que hay
gobernabilidad en México?

 —No hay. Pero lo del narcotráfico es en realidad una
escenografía. Es para vender que el principal problema
de México es el de la seguridad. Entonces se hace
mucho hincapié en el narcotráfico, los índices de
criminalidad, los asaltos y la inseguridad; cuando,
como hemos visto, los principales problemas son el
despojo, la precariedad en el trabajo, los bajos
salarios, la privatización de la educación, la
destrucción del sistema de seguridad social,
incluyendo todo el sistema de salud, y que se
mantengan políticas de desprecio respecto a los
pueblos indios.

Entonces lo que se hace es magnificar un problema que
sí existe, pero no es tan grande como se está
presentando si se compara con los otros, de tal forma
que la opción sea para resolver el problema del país,
es un aparato represivo más ostentoso, o más
modernizado, dicen ellos. Quieren justificar que se
arme mejor a la policía, al Ejército Federal Mexicano
y que empiece a asumir labores de policía interna.
Entonces mientras se planteen en ese terreno las
cuestiones, la oferta que gana es la que ofrezca más
mano dura. En ese sentido, Calderón es lo que está
ofreciendo.

Dicen: si se desestabiliza el país, que haya mucha
inseguridad, le cargamos la mano por el lado del
narcotráfico y los criminales, y en esa
criminalización de la sociedad metemos al movimiento
social. Y entonces así ofreciendo mano dura voy a
tener el respaldo de la gente. En donde se está
equivocando Calderón es: primero, que no entra con el
respaldo que entró Fox y ni quiera con el que tuvo
Zedillo o Salinas de Gortari. Ni siquiera tiene el
control del Partido Acción Nacional, porque hay ahí
una fricción muy dura respecto a la cuota de poder que
le reclama el yunque y la que le reclama el panismo
tradicional, que es la que está representada por
Calderón.

El yunque está representado por Espino. En esa disputa
ni siquiera puede controlar a su partido. Es de
esperar que ni siquiera pueda controlar a Congreso; ya
no se diga a resto de los gobernadores y todo eso. Hay
un clima de desestabilidad y desgobernabilidad —no
sólo ingobernabilidad, pues ya no sólo es la
incapacidad para gobernar sino la capacidad para
provocar crisis de gobierno, que ése es el ejemplo de
Oaxaca—. Y muchos piensan que la gente de abajo no se
da cuenta. No. Lo que la gente de abajo piensa es que
está sola. O que eso que le está pasando sólo le está
pasando a ella. Lo que está haciendo La Otra Campaña
es demostrando que está pasando en todo el país. En
esta segunda parte, que estamos recorriendo, en el
norte, La Otra Campaña acabó con el mito entre el
norte y sur de México.

Se derrumbó completamente. Si agarras un campesino de
norte, de Sonora, de Baja California, de Chihuahua o
de la región lagunera, lo puedes ubicar en cualquier
parte del centro o del sur de México y son los mismos
problemas, la misma rabia y la misma indignación. Ese
mito creado por los medios de comunicación que están
clavados en la cuestión electoral y sólo ven arriba y
al ver los índices de votación dicen que el norte es
azul y el sur es amarillo, se derrumbó ahorita. Las
bases fundamentales están tan destruidas que se
necesita hacer una cosa más radical, que es la que
estamos proponiendo en La Otra Campaña.

Acostumbrado a expresar alegría o enojo sólo con la
mirada, deja de lado el talante jocoso y habla más
pausadamente para referirse a los objetivos de La Otra
Campaña.

—Has mencionado que el objetivo de La Otra Campaña es
derrocar al gobierno. Constantemente has dicho que
sólo traes una única promesa y es para los de arriba:
que los van a tirar. Pero también has dicho que se
trata de un movimiento pacífico. Cómo se logrará esto.
¿Acaso los de arriba se van a quedar con los brazos
cruzados y no van a defender sus latifundios, sus
fábricas?

—Lo que hemos visto en nuestra experiencia en América
Latina y aquí, con la excepción de Cuba, es que los
movimientos armados que llegan al poder y que desde
arriba empiezan a tratar de solucionara la cosas
fracasan. Dejan muchos pendientes y se crea como una
elite, nada más que con bandera de izquierda, que
empieza a decidir y a suplantar decisiones. En lugar
de la masa, el partido; en lugar del partido, el
Comité Central; en lugar del Comité Central, el
secretario general y así, para usar una figura de
izquierda.

Nosotros decimos que si se construye desde abajo, no
importa qué pase arriba [la dirección] queda sujetada,
controlada. Y las lecciones de los movimientos
indígenas en Ecuador, en Bolivia y en otras partes y
no sólo de indígenas es que sí es posible poner en
crisis con una movilización pacífica, civil, masiva y
que da buenos resultados porque genera organización
abajo y el gobierno entra en otro tipo de relación con
la gente que se insubordinó o que se hizo insumisa o
que se rebeló. Lo que pasa es que lo que todavía está
pendiente en La Otra Campaña es qué sigue. Eso que
sigue debe ser el producto de una discusión muy amplia
en donde estamos incorporados nosotros.

Hay una consigna que se repite mucho: “por un gobierno
obrero, campesino y popular”; pero no dicen indígena.
Incluso en esa propuesta de la izquierda ortodoxa, que
nosotros respetamos porque tiene tiempo que está ahí y
no se ha rendido, a pesar de que ha pasado lo que ha
pasado sigue sin ver a los pueblos indios como pueblos
indios: o somos campesinos o somos obreros, pero no
somos indígenas. —En la UNAM dijiste que ya no iba a
haber sistema político mexicano para 2012. Qué es lo
que va a haber entonces.

—Mira, Calderón no termina. Eso sí. No termina por los
de abajo, por el descontento social que se provoque y
que esté organizado. O no termina por los de arriba,
porque el afán de conquista que tienen las grandes
trasnacionales no se va detener ni siquiera con esta
especie de cortina muy tenue que son aún las leyes
mexicanas de protección. O sea, van por todo. Y lo que
eso va a provocar son rebeliones espontáneas,
aisladas, que van a terminar en derrotas si no nos
organizamos.

Pero la derrota no es sólo que el movimiento fracase.
La derrota es que esto se convierta en una guerra
civil, de sálvese quien pueda. Cerrada la frontera
como la están cerrando, a dónde van a ir los
campesinos despojados, los estudiantes egresados de
las universidades sin trabajo, la gente que se
desplazada de las fábricas, todos los cinturones de
miseria, que ya están tratando de disputarles a las
urbes el espacio urbano, el que esté creciendo cada
vez más el ambulantaje y por otro lado esté creciendo
al represión para darles más espacio a los centros
comerciales. Calderón no termina.

Lo que falta por definir es si a la caída de Calderón
sigue otro país o sigue otro remedo de tránsito.
Nosotros decimos: las crisis fundamentales no se
resuelven necesariamente con un cambio, porque el de
arriba tiene la capacidad de regeneración. Entonces si
no hay una alternativa sí es posible que en lugar de
Calderón entre otro y que haga lo mismo y trate de
administrar a mediano plazo lo que es inevitable, que
es la destrucción de las bases fundamentales de la
nación. Lo que nosotros decimos es que cuando ese
momento llegue tiene que haber una alternativa de
izquierda que ponga el dedo en el punto central: lo
que está aquí mal es el sistema económico y sobre él
el sistema político, jurídico, ideológico, cultural
que se mantiene con base en eso.

Nosotros decimos, destruyendo uno, para qué nos vamos
a detener: destruyamos todo. Nosotros empezamos a
plantear esto cuando se gesta la Sexta Declaración
como un mecanismo de resistencia, que es nuestra
especialidad. Nosotros decimos: lo que necesitamos es
organizarnos para resistir el embate neoliberal. Pero
para resistir el embate neoliberal necesitamos una
fuerza muy grande. Si la organizamos, por qué
detenernos en la resistencia. En lugar de hacer una
cerca para que el lobo no robe muchas ovejas, mejor
vamos por él y liquidémoslo.

Publicado: Noviembre 2a quincena de 2006 | Año 5 | No.
68
	Zósimo Camacho

__________________________________________________
Correo Yahoo!
Espacio para todos tus mensajes, antivirus y antispam ¡gratis! 
¡Abrí tu cuenta ya! - http://correo.yahoo.com.ar




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular