[R-P] Nuestro Lacolla dominical ¿Adónde va el presidente Bush?

José María Cavalleri ingcavalleri en hotmail.com
Dom Mar 26 08:07:03 MST 2006


¿Adónde va el presidente Bush?
Por Enrique Lacolla l Periodista.
En el tercer aniversario de la guerra de Irak, el presidente estadounidense, 
George W. Bush, sigue prodigando su retórica: su resumen de las causas, las 
proyecciones y los resultados hasta hoy alcanzados por el conflicto no hacen 
sino repetir un cúmulo de lugares comunes, que sorprenden cuanto mucho por 
la desfachatez con que los pronuncia. Estos no toman en cuenta la 
inexistencia de las armas de destrucción masiva que fueron el pretexto para 
la invasión, la incapacidad para reducir a la resistencia al ingresar al 
cuarto año de guerra y el caos en que se sumerge cada vez más ese país al 
que se iba a salvar para la democracia. Pocos creen ya a Bush entre su 
auditorio interno, y nadie en el externo.

¿Adónde piensa el presidente norteamericano que va? O, mejor dicho, ¿adónde 
presumen que van quienes integran el complejo neoconservador que parece 
estar en la base de esta política que enfatiza las coordenadas expansivas de 
Estados Unidos en Medio Oriente y arriesga sumir a la región en el caos?

Hay una doble contradicción en la política norteamericana para el área. Por 
un lado, presiona cada vez más al Irán chiíta para que renuncie a alcanzar 
la autonomía nuclear, mientras que por otro favorece a la primera minoría 
chiíta en Irak para contraponerla a la segunda minoría, sunitas.

Si estalla un conflicto entre Estados Unidos e Irán, esa política con 
seguridad volará en pedazos y los chiítas iraquíes se volverán contra los 
norteamericanos, promoviendo el caos en su retaguardia.

Por otra parte, los Estados Unidos continúan pronunciando su 
intervencionismo en las regiones aledañas, como Afganistán, pese a que en 
este lugar el relativo éxito que había conseguido se está evaporando con 
rapidez a causa de la reemergencia de los talibanes, alojados ahora en el 
vecino Pakistán.

Una ironía de la historia

Allí, de resultas de un proceso de democratización prohijado desde arriba a 
principios de la década de 1990, los colegios electorales autorizados en las 
áreas fronterizas empezaron a suplantar a los concejos tribales para 
designar a los representantes en el Parlamento. Los concejos estaban 
formados por los jefes tribales, que habían crecido en riqueza y poderío 
gracias a la posesión de ese privilegio.

Los colegios electorales permitieron la irrupción en la arena de los 
clérigos pobres, el otro segmento relativamente ilustrado y provisto de 
predicamento entre la población. Ellos ocuparon los sitiales de los antiguos 
representantes parlamentarios.

Ese traspaso coincidió con el arribo de los talibanes expulsados de 
Afganistán por la invasión norteamericana posterior al 11/S. Los anteriores 
jefes, que procedían de linajes con centurias de predominio, empezaron a ser 
liquidados –en sentido literal– y los que quedaron se fugaron a las ciudades 
o se plegaron a la ley dictada por los jóvenes clérigos.

Toda el área, tanto Asia central como Medio Oriente, es un terreno minado. 
Estados Unidos no cuenta allí con aliados seguros, salvo Israel. Ahora bien, 
para proseguir la estrategia adoptada hasta este momento necesitará de 
tropas confiables. No se ve de dónde las pueda sacar si no es de su propio 
seno.

Pero la disconformidad en la opinión pública con el entripado mesoriental es 
muy marcada y los riesgos de enredarse en una guerra con Irán –un país de 
casi 70 millones de habitantes, provisto de un ejército convencional muy 
fuerte y aguerrido– es una apuesta peligrosa, e Israel no es fronterizo con 
el Estado de los ayatolás. Sólo podría colaborar desde el aire, y eso al 
precio de desencadenar una tormenta de protestas en el mundo musulmán.

Sin embargo, el gobierno de Jerusalén propugna las actitudes más drásticas 
hacia Teherán. La razón es clara: Israel es la única potencia con armamento 
atómico (no oficializado) en la zona y no quiere un competidor nuclear, 
movido para colmo por un radicalismo nacionalista y religioso intratable.

Las cosas se enredan así en un rollo inextricable. La retirada se hace cada 
vez más difícil, a menos de pagar un costo político muy elevado; y una 
guerra da toda la sensación de que puede configurarse en un verdadero 
desatino que, cualquiera sea su resultado inicial, se profundizará y 
expandirá hacia espacios imprevisibles.

A esta altura de las cosas, y volviendo al tema de adónde piensan que van 
los integrantes del establishment que gobierna Estados Unidos, cabe 
plantearse la pregunta de cuán fuerte es el lobby pro israelí en el seno del 
aparato de poder norteamericano. Nunca hemos creído que tenga la influencia 
que algunos le atribuyen, esto es, que sea determinante para la 
configuración de su política exterior. Pero si Estados Unidos se lanza a un 
choque mayor con Irán, quizá habrá llegado el momento de revisar esa 
creencia.

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