[R-P] Otro San Patricio
escobar45 en infovia.com.ar
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Mar Mar 14 04:49:19 MST 2006
Al prender la computadora en mi trábajo, junto con información que estaba
esperando para completar un proyecto que debo entregar esta semana recibí
invitaciones varias para el ya clásico festejo de San Patricio en bares y
pubs de Buenos Aires.
Recordando, de mi infancia entre barcos y bases navales, que en nuestra
historia hay otras remembranzas de esa fecha tan cara a los irlandeses que
la globalización ha degradado transformádola en parte de la cultura del
reviente busqué rapidamente en google algunas palabras que resonaban en mi
memoria. Sorprendentemenete enconté justo lo que estaba buscando, el relato
del combate de la isla Martín García que hace muchos años leí en un librito
de historias marineras de la biblioteca de mi padre.
Su dirección en internet http://cibernautica.com/historias/
Lo envío para compartir en la lista.
Saludos
Juan María Escobar
Del libro: Cielo al Tope
Luis Eduardo Arguero,
Agosto de 1948.
Transcripción: Antonela Farotto
San Patricio
(1814)
Mal debut el del Comodoro. Ha llevado su flamante escuadra frente a
Martín García para atacar la isla y a las naves de guerra allí surtas. Pero
un destino aciago ha querido que, al romper el fuego, haya varado su
capitana, la "Hércules", a tiro de fusil del enemigo, y que hayan muerto su
segundo Seaver, varios otros oficiales y cerca de sesenta marineros y
soldados.
El realista se ha ensañado con la nave insignia patriota acertando
ochenta impactos en su pobre casco inmóvil, desarbolándola y convirtiéndola
en un pontón. Y los restantes barcos consortes no la han protegido. Recién
a la mañana siguiente ha podido reflotar y ser remolcada río afuera, lejos
del furor enemigo.
El jefe realista ha escrito jubilosos partes: "Creo que han quedado
escarmentados, para no volver a insultar otra vez las fuerzas
nacionales...".
En fin: una derrota como bautismo de la escuadra de 1814, armada a
costa de tantos sacrificios. Vaya un estreno el que Brown ha hecho de sus
galones de Teniente Coronela de Marina...!
Pero el irlandés es tozudo. Ha pasado tres días sin dormir preparando
el desquite. Ya le han de pagar caro los godos ese contraste inicial! Tres
días atendiendo heridos, sermoneando a algún capitán timorato, reparando la
"Hércules", infundiendo optimismo a sus gentes y esperando tropas de
refuerzo. Debe dar un mentís a los escépticos que, en Buenos Aires, andan
pregonando que la escuadra patriota significa un reverendo disparate...
Son las tres y media de la mañana, hora propicia. La Luna se ha
ocultado tras una nube y el Río es una boca de lobo. Los lanchones
patriotas, con 340 hombres a bordo, bogando en silencio, parecen volar a
ras del agua. No se ve luz ni se oye un murmullo. Los hombres aprietan las
armas entre sus manos y escrutan las tinieblas.
La isla se va acercando lentamente. Ya se escucha el romper de la
resaca en las piedras de la orilla, el bullir de la fronda del boscaje
central y el chirriar de algún grillo trasnochado.
Los lanchones van atracando uno a uno y echando su gente a tierra.
Es la hora incierta en que únicamente el lucero reina en los cielos. Un
ligero albor se percibe por sobre las dunas de la costa Oriental. La tropa
desembarcada tiene a la vista el muelle. En los barcos de Romarate se ve
una que otra lucecita: el fogón de la guardia, probablemente adormilada. El
caserío también descansa, ajeno al peligro que lo acecha. Una fogata, junto
al muelle, marca el centro de todas las miradas: la batería española, que
sin compasión acribillara cinco días antes a la "Hércules", varada e
inerme: "Creo que han quedado escarmentados...". Brillan en la oscuridad
miradas de odio y rechinan los dientes con la voluntad férrea del desquite.
Amanece. Algún pájaro madrugador se pone a gorjear tímidamente entre el
follaje. Las cuchillas de Martín Chico se enrojecen con el alba.
De pronto, un centinela realista da la voz de alarma y los isleños se
aprestan a la defensa. Pero, casi simultáneamente, rompe la quietud de la
mañana naciente el bronco tronar del cañón: es la escuadra de Brown que
simula un ataque desde el Oeste para distraer al enemigo.
El realista, despertado de tan brutal manera, reacciona: los cañones
del muelle y de Romarate rompen el fuego contra Brown, y los fusileros
empiezan a escopetear a los desembarcados.
En ese instante, dos ó tres voces de mando ordenan a los patriotas. Se
desenvainan sables, se arman fusiles y pistolas, se enarbolan lanzas y
chuzos y se aprietan facones entre los dientes. Un minuto mas y un alarido:
"A LA CARGA!".
Los españoles, atacados por retaguardia, no tardan en organizar su
defensa. Los fusileros de Azcuénaga -un porteño realista- desde la altura
del muelle hacen vivo y nutrido fuego sobre los aparecidos, que lo deben
soportar marchando a la carrera por camino fragoso y ascendente y sin poder
contestar con el vigor debido. Hay que acortar distancias, para pelear
cuerpo a cuerpo y con arma blanca, a la criolla!.
¡Condenados godos! ¡Que bien se defienden! Ya han caído dos ó tres
patriotas. ¡La cosa no es fácil! Los atacantes comienzan a vacilar. Alguno
cede terreno. La terrible semillita del desorden y la desmoralización
apunta sus primeros brotes. ¿No habrá desquite para lo de la "Hércules"?.
Un minuto mas y el desembarco terminara en descalabro. ¿Cómo hablar a
esos hombres que marchan a paso vivo bajo una granizada de balas? ¿Cómo
alentarlos, llamarlos al cumplimiento heroico del deber? El tiempo urge,
los momentos son críticos y la cosa no esta para arengas...
Alguien tiene la inspiración salvadora. Y en medio de la grita del
combate y el chasquido de las descargas, mientras el cañón trunca a lo
lejos, el pifano de la "Hércules" -un grumete pelirrojo- y el tambor que
toca los zafarranchos de a bordo, arrancan con los compases alegres,
viriles y persistentes de la canción irlandesa " En la mañana de San
Patricio".
Los acordes saudosos surten instantáneo afecto: los muchos irlandeses
que hay en la marinería atacante, sienten al oírlos un frío que les perfora
la medula. Esas notas les hablan del viejo pueblo natal con su campanario
donde anidan las cigüeñas, de las verdes praderas de Erin, de la madre
lejana que pone una ramita de muerdago en sus canas en la mañana del santo
patrono, de las caletas transparentes de Belfast y Dublín... Dentro de dos
días Irlanda arderá en fiestas, los templos estarán llenos de gente, el
pastel de papa humeara en el hogar paterno y los jóvenes bailaran en las
calles...
Como relámpagos pasan las imágenes por las mentes de los rubios
marineros. ¿Qué dirá la madre cuando reciba la noticia de que su hijo ha
muerto en Martín García? ¿Qué comentaran los camaradas del puerto? La
mujer, la novia, lloraran al caído en la derrota...
¿Derrota? ¡Nunca, por San Patricio! ¡ A vencer, Goddam!
Y galvanizados al conjuro de las notas del pifano que les habla de cosas
lejanas y queridas, la marinería rehace sus filas y se lanza al asalto
cantando con rabia: "Saint Patrick's Day in the Morning...".
Pero no van solos. Los criollos - Dragones de la Patria, milicianos de
Las Conchas, infantes de tierra- les siguen a punta de coraje. Les han
sorprendido los compases juguetones de la canción, que parecieran derramar
un bálsamo en el combate adverso y luctuoso. Ellos no entienden ese
"guirigay" de los gringos! Pero algo ha de decir de santo y de grande
cuando los arrastra sin pausa hacia el peligro. ¡Gringos lindos, que bien
pelean cantando! ¡Pero nosotros, también podemos! Y una vos nuestra, ronca
de fatiga y coraje, arranca: "OID MORTALES EL GRITO SAGRADO...!.
Y en turbión heroico, unos jadeando las estrofas celtas, otros gritando
las del Himno de Lopez y los demás escupiendo imprecaciones, en magnifica
emulación épica, cargan como tromba sobre el realista, aguijoneados por el
tambor y el pifano...
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El sol ha aparecido por sobre los Cerros de San Juan. La escuadra de
Romarate huye y los defensores de Martín García se rinden o son
implacablemente acuchillados. En la batería del muelle, ayer verdugo de la
"Hércules", flamea la bandera azul y blanca. El pifano y el tambor
descansan tomando un grog. Brown, simula un golpe de tos para ocultar un
sollozo...
La Nación ha encontrado su almirante. Y la Patria canta su jubilo.
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