[R-P] Chile: La elección de Bachelet (James Petras)
INFOR-MET
rmermet en yahoo.com.ar
Lun Mar 13 19:56:55 MST 2006
Chile: La elección de Bachelet
James Petras :professeur émérite de l’université
d’État de New York à Binghamton (USA) et professeur
associé de la St Mary’s University, Halifax (Canada).
Colabora para la revista americana "Monthly Review".
Rebelión : http://www.rebelion.org/
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
Introducción
El 15 de enero de 2006, Verónica Michelle Bachelet fue
elegida Presidenta de Chile por un margen del 54% al
46% de los votos (en su mayoría de jóvenes menores de
30 años) y un 40% de abstenciones. Al encabezar una
coalición de dos partidos en teoría ‘socialistas’, los
Cristiano-Demócratas y los Radicales, su victoria
electoral ha sido muy bien acogida por un vasto
espectro político que va desde la Administración Bush
al Presidente Chavez, incluidos todos los grandes
medios de comunicación económicos (Financial Times,
Time Magazine, Wall Street Journal) y las
instituciones financieras internacionales más
importantes (Banco Mundial, Fondo Monetario
Internacional…).
Los progresistas, al igual que en las valoraciones
efectuadas después de otras elecciones recientes, se
han equivocado de nuevo (o quizá han renunciado a su
agenda reformista) y la derecha tiene razones para
sentirse regocijada.
Los progresistas echan mano de consideraciones un
tanto mezquinas para explicar su respuesta positiva
ante la elección de Bachelet: Alegan que es la primera
mujer presidenta en Latinoamérica (olvidando que
Margaret Thatcher fue la primera mujer Primera
Ministra de Inglaterra), que pasó un breve período en
las cárceles de Pinochet; que era la hija de un
general de las fuerzas aéreas que fue leal al depuesto
Presidente socialista Allende y que fue torturado
hasta la muerte; y en el hecho de que era dirigente en
el, teóricamente, Partido ‘Socialista’ de Chile. La
confianza de los progresistas en su identidad política
contrasta agudamente con la aproximación histórica
materialista adoptada por el ala derechista de
determinados regímenes políticos y de los medios de
comunicación de masas de las grandes corporaciones,
que centran la atención en su actuación política
durante los últimos quince años, en su papel como
Ministra (de Sanidad y Defensa) en el gabinete
gubernamental y en su adhesión incondicional a las
políticas de libre mercado neo-liberales y a la
doctrina militar regional de EEUU.
Para comprender el significado de la elección de
Bachelet y las razones por las que el régimen de Bush
se ha quedado extasiado ante ella, se debe profundizar
al menos brevemente en los antecedentes de los
denominados regímenes de ‘centro-izquierda’ que han
gobernado Chile durante los últimos 16 años.
En 1988, la coalición denominada la “Concertación”
derrotó al dictador Pinochet mediante un plebiscito y,
un año después, venció a un candidato pinochetista,
ganando así las elecciones presidenciales. Desde 1989
hasta la actualidad, Chile ha seguido siendo gobernado
bajo la constitución autoritaria impuesta en 1980 por
la dictadura. Los regímenes de la Concertación
Presidencial (ya fueran Demócrata-Cristianos o
Socialistas) no sólo aceptaron las fraudulentas
privatizaciones valoradas en miles de millones de
dólares que se llevaron a cabo bajo la dictadura, sino
que extendieron la práctica a todos los sectores de la
economía, incluida la sanidad, las pensiones y la
educación. Un informe llevado a cabo por un grupo de
investigadores del Congreso (20 de julio de 2005)
reveló que se habían transferido ilegalmente tierras y
propiedades valoradas en 6.000 millones de dólares a
funcionarios pinochetistas. A lo largo de una década,
una serie de oficiales militares de alto rango, con
Pinochet incluido, que habían estado implicados en
crímenes contra la humanidad se fueron sucediendo en
los cargos más importantes del país. Se ascendió a
oficiales de grado medio. Bajo la Concertación, Chile
conservó la bochornosa cualidad de ser el segundo
país, de entre los que componen Sudamérica, con las
desigualdades sociales más graves.
Hasta el momento actual, los militares continúan
recibiendo el 10% de los ingresos que genera el cobre
(el porcentaje más alto nunca fijado), una medida
apoyada con entusiasmo por Bachelet cuando era
Ministra de Defensa (2002-2004). Una legislación
laboral restrictiva impide que los sindicatos y los
movimientos laborales se impliquen en cualquier huelga
que afecte a niveles amplios a la industria, y la
mayor parte de los jornaleros y leñadores no tienen
casi defensa alguna frente a los depredadores
productores de los sectores de la uva, el vino y la
madera. En contraste con lo anterior, una nueva clase
de multimillonarios ha pasado a dominar una economía
altamente monopolizada que está asociada con
multinacionales europeas y estadounidenses dedicadas a
saquear la riqueza piscícola, los bosques, las aguas y
los recursos minerales del país, apropiándose de
tierras indias y criminalizando a los movimientos
indios de los Mapuches. La afirmación de la
Concertación de haber reducido la pobreza de la
población de un 48% a un 18% no es más que una
manipulación estadística: es el resultado de redefinir
el límite de la pobreza hasta niveles mínimos de
subsistencia. Estimaciones más realistas, basadas en
estándares de vida adecuados, elevarían ese 18% al
menos hasta un 40-45%. Asimismo importante es el hecho
de que la “Concertación” se ha alineado con EEUU –y en
oposición al resto de Latinoamérica- como el discípulo
más leal de las políticas económicas de libre mercado,
firmando una versión bilateral del Área de Libre
Comercio de Latinoamérica y votando con EEUU en contra
de Cuba en las reuniones anuales sobre Derechos
Humanos de la ONU en Ginebra. El Partido Socialista,
de entre cuyas filas salieron los dos últimos
Presidentes elegidos, no sólo ha renunciado a todas
las políticas puestas en marcha por el martirizado
Presidente Allende (nacionalización del cobre, reforma
agraria, democracia industrial, seguridad social y
legislación laboral proteccionista) sino que ha
“confesado” que Allende siguió “políticas
equivocadas”. El ala derechista y los socios
demócrata-cristianos del golpe militar de 1973 no
llevaron nunca a cabo una “autocrítica” parecida.
Michelle Bachelet: Trayectoria de su Ascenso al Poder
Antes del golpe militar, Bachelet había apoyado al
Gobierno de la Unidad Popular, del cual su padre, el
General de las Fuerzas Aéreas Alberto Bachelet, era un
partidario leal. Fue detenida durante un breve tiempo
junto con decenas de miles de chilenos progresistas y
se marchó eventualmente del país, recibiendo una beca
de la Universidad Humboldt en la comunista República
Democrática Alemana (GDR), donde se convirtió en una
partidaria de Hoeneker carente de todo sentido
crítico. Tras el restablecimiento en Chile de la
política electoral, Bachelet volvió al país,
convirtiéndose en miembro del Comité Central del
“renovado” y pro-neo-liberal Partido Socialista. Desde
su regreso a Chile hasta su elección como Presidenta
Bachelet, no sólo no cuestionó nunca la impunidad de
los militares que torturaron a su padre hasta matarlo,
sino que abrazó su doctrina de seguridad nacional,
promovió a numerosos oficiales de rango medio que
habían trabajado en la DINA (policía secreta) de
Pinochet, jactándose de las estrechas relaciones de
trabajo que mantenía con ellos.
El profundo cambio de la trayectoria de Bachelet desde
la RDA hasta su aproximación a EEUU se evidenció
durante su estancia de un año en Fort McNair, donde se
imbuyó de la doctrina de “guerra interna” de EEUU y de
las estrategias contra la resistencia. A diferencia
del camino que abrazó su padre rechazando el
imperialismo y abrazando políticas re-distributivas
socialistas, Bachelet siguió un sendero de
“convergencia con el poder hegemónico” (en sus propias
palabras), que en esencia se resume en la sumisión
servil a los dictados estratégicos de EEUU. Su
anterior período (2000-2002) como Ministra de Sanidad
no presenció mejora alguna en el desmoronado sistema
sanitario público, no puso en marcha ningún programa
relevante para el 50% de la población chilena que no
podía afrontar los sistemas de sanidad privada, y no
hizo ningún esfuerzo por mejorar el fracasado sistema
de pensiones privadas definido por Washington, en otra
época, como “modelo” para el mundo. Los planes de
pensiones privadas sufren en la actualidad una
desvalorización estimada en un total de 1.000 millones
de dólares, mientras que las subidas de las tasas
administrativas y otros gastos se están llevando hasta
el 20% de las cantidades fijadas para dichas
pensiones. La Organización Internacional del Trabajo
ha llamado por ello la atención a Bachelet y a sus
predecesores, ya que únicamente el 58% de los
pensionistas van a recibir 120 dólares al mes y, el
restante 42%, prácticamente nada.
Bachelet: el Bismarck chileno
Durante el período de Bachelet como Ministra de
Defensa, los gastos militares de Chile alcanzaron
nuevas cotas: el gasto militar per capita superó el de
cualquier gobierno de Latinoamérica. Gastó miles de
millones de dólares en una nueva flota de aviones de
combate, helicópteros, navíos de guerra y sistemas de
espionaje mediante fotografía por satélite, Chile se
preparó para “converger” con EEUU para vigilar a los
turbulentos países andinos. Bachelet fue la seguidora
más enérgica de EEUU al enviar a Haití una fuerza
expedicionaria militar para que ayudara en las tareas
de represión de los partidarios del democráticamente
elegido Bertrand Aristide. Unos 400 soldados chilenos
armados hasta los dientes patrullaron las paupérrimas
calles de Puerto Príncipe en apoyo del régimen-títere
impuesto por EEUU.
Bachelet acogió siempre muy bien cualquier oportunidad
de realizar maniobras militares junto a EEUU –
ofreciendo apoyo logístico para las últimas
operaciones de UNITAS.
Bachelet superó los protocolos normales en las
relaciones de un Ministro de Defensa con los
militares: en las primeras páginas del derechista
diario El Mercurio aparecieron publicadas fotos
memorables con abrazos a generales. Incluso hubo algo
más impactante aún en la exuberancia efusiva de
Bachelet hacia los generales, entre los que figuraban
muchos de los que habían servido en la policía secreta
de Pinochet, 13 de los 30 generales con los que
Bachelet colaboró habían sido miembros de la
tristemente célebre DINA, famosa por sus torturas y
asesinatos de sospechosos políticos.
En su oportunista ascenso al poder, Bachelet se mostró
dispuesta a alabar y promover precisamente a aquellos
oficiales militares que podían haber estado directa o
indirectamente implicados en las torturas a su propio
padre.
Bachelet: Presidencia y Continuidad con el Pasado
En una entrevista publicada en el influyente diario El
Mercurio (22.1.06), Bachelet expuso enfáticamente su
apoyo entusiasta al modelo neo-liberal, el
mantenimiento del 19% del regresivo IVA, la oposición
a cualquier impuesto progresista o a políticas
re-distributivas y la ausencia de una legislación
positiva que pudiera reparar las abismales
desigualdades. Aparte de promover la “educación” en
niveles medios, proclamó que no existía una “fórmula
mágica” para superar la brecha entre ricos y pobres –
y ni hablar de cambiar la jornada de trabajo chilena,
con 48 horas a la semana, la más alta entre los 60
países considerados por la clasificación del
International Institute of Management. Pero, para
Bachelet, aprobar una legislación laboral supone una
“fórmula mágica” inalcanzable.
Teniendo en cuenta los antecedentes históricos, el
disponer de una Presidenta recién elegida que pone un
énfasis muy especial en la seguridad militar, incluida
la “seguridad interna”, a fin de impedir cualquier
movimiento social, habilitando la existencia de
batallones de reacción rápida que ya han sido
preparados para converger con las intervenciones
militares de EEUU, no es sorprendente que la
Administración Bush y la Embajada de EEUU en Santiago
nombrara a Chile el mejor socio de Washington, un
modelo para Latinoamérica, el cliente perfecto: un
paraíso para la inversión extranjera, un infierno para
los trabajadores y una amenaza para los movimientos
sociales andinos.
La subida al poder de Bachelet demuestra que el poder
político es más fuerte que los lazos de parentesco,
que la lealtad de clase es más poderosa que la
política de identidad y que pasadas afiliaciones
izquierdistas no suponen estorbo alguno para
convertirse en el mejor aliado de Washington en su
defensa del imperio.
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