[R-P] Trabajo temporario y abandono de niños
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Lun Mar 6 06:16:23 MST 2006
MENDOZA, 6(PSI).- HAY CHICOS QUE LLEGAN PARA TRABAJAR EN LAS FINCAS Y
QUEDAN ABANDONADOS.
Para Ale fue casi como nacer de nuevo. El día que le entregaron la
partida de nacimiento ya era adolescente. Y por primera vez tuvo un
nombre, una nacionalidad declarada y un papel que decía quién era. El
chico llegó a los 8 años a Mendoza para trabajar. Vino desde Bolivia
solo y en Mendoza nadie se hizo cargo. Era uno más trabajando todo el
día en una finca de Tupungato. Alguien denunció que el niño vivía
como un esclavo y terminó en un hogar. No había registro suyo en
ningún lado y para saber la edad tuvieron que hacerle exámenes
médicos. Lo único que alcanzaba a manifestar Ale era que no quería
volver a Bolivia porque nadie lo esperaba. "No sabíamos si había ido
a la escuela, si conocía a alguien acá y ni siquiera su nombre. Todo
el tiempo nos pedía algún papel que lo arraigara, que dijera quién
era", cuentan quienes lo conocen desde que llegó.
La situación se repite cada temporada. En micros legales y
clandestinos. Mezclados con adultos en camiones, con nombres
cambiados y pocas certezas, todos los años llegan a la provincia
niños para trabajar en zonas rurales y muchos de ellos quedan sin
nadie a cargo.
Trabajan con poco descanso (en algunos casos hasta se denuncia
esclavitud) y viven en condiciones precarias. Junto con los
trabajadores golondrina, empiezan con la siembra y cosecha del ajo y
la cebolla. Y en esta época forman parte de la otra cara de la
Vendimia. Hoy, por ejemplo, hay cuatro chicos en hogares de la
Dirección de Familia, pero, aclaran, eso es sólo una pequeña muestra.
Es que a esos sitios sólo llegan los casos por alguna denuncia de
abuso y son cientos los que en silencio trabajan todos los días. Para
comprobarlo, sólo alcanza con realizar un recorrido, por ejemplo, por
el Valle de Uco.
La mayoría viene desde Bolivia, en muchos casos sin adultos que los
tengan a su cargo, con hermanos y hasta cambiándose el nombre ante
las autoridades. "Hay una serie de negligencias en el camino.
Creo que están fallando en los controles porque no puede ser que un
chico llegue desprotegido a trabajar. Es un dato llamativo para
nosotros, porque son los casos más complicados. Vienen o los traen
para trabajar y desde ese momento están con sus derechos vulnerados.
Incluso, hasta pierden su identidad", explica Lorena Rosales,
coordinadora de la Dinaadyf del Valle de Uco. Otro de los casos que
hoy repercutió en la Justicia de Familia es el de Juan (nombre
ficticio). El chico no recibe visitas y aparentemente está solo. El
problema es que llegó con sus hermanos que también trabajan y les
perdió el rastro. Cuando un caso así llega a la Justicia todos tratan
de evitar la internación. Si los niños son de alguna provincia
argentina, se rastrea a la familia o algún referente adulto del
lugar. En el caso de los chicos de Bolivia, el trámite se complica y
la gestión se hace a través del consulado. La mayoría termina
quedándose en el país. El año pasado, dos chicos de Tucumán y una
chica de Jujuy fueron enviados a sus provincias. "Hay momentos en los
que hasta se ponen colectivos para el retorno de familias enteras",
explican. "Los chicos no llegan al juzgado porque estén trabajando
sino porque hubo alguna situación de abuso o de violencia. Es una
situación difícil por los problemas de identidad y de identificación.
La situación sanitaria también es muy difícil porque, por ejemplo, se
transmiten enfermedades", aclaró la jueza Rodríguez, del juzgado de
familia de Tupungato.
La Dirección de Familia tiene un programa para asistir durante el día
a los hijos de las personas que trabajan. En las zonas rurales son
más de 1.700 los chicos hijos de obreros rurales que asisten todos
los días a esos centros.
Mientras todos trabajan agachados arrancando los matorrales de las
hileras, no hay diferencia aparente de edad y todos están a la par.
Más atrás un bebé duerme dentro de un changuito y un par de chicos
esperan. En la finca todos trabajan con las mismas exigencia.
Jony llegó de Bolivia con una tía, pero ella está en otra finca. Por
eso duerme en una "colectiva" de nailon con adultos desconocidos y
aún no sabe si vuelve. "Hay situaciones que estas familias aceptan
como naturales y no protestan. Pero los propietarios de las fincas no
pueden tomar como natural traer a un niño a trabajar y tenerlo en
esas condiciones. Esa es una violación a los derechos", dijo un
referente de la producción del Valle de Uco.
En las zonas rurales, la incidencia del trabajo infantil es muy
fuerte. Incluso, muchos chicos comienzan las clases recién luego de
terminar el trabajo en la vendimia. Para los obreros del campo es un
problema dónde y con quién dejar los chicos cuando el resto de la
familia trabaja.La Dirección de Familia tiene un programa que
funciona durante todo el año y que en esta época tiene rasgos
particulares. Se trata de los Centros de Desarrollo Infantil y
Familiar (CDIF). En esos lugares, 37 en toda la provincia, se reciben
a niños de entre 45 días y 12 años. Los chicos llegan a las 8 de la
mañana y la idea es que sean asistidos mientras los padres trabajan,
y que al mismo tiempo reciban asistencia, controles sanitarios, apoyo
escolar y realicen actividades recreativas. En total, hay 3.260
chicos en los centros que están distribuidos en toda la provincia. Y
son 1.755 los que llegan cada día en las zonas rurales porque sus
padres trabajan en la cosecha. El problema que se presentaba es que
muchos centros cerraban temprano, cuando los padres aún estaban en el
campo. Por eso se inició, según explican en la Dinaadyf, una prueba
estirando el horario de algunos centros. En esos casos cierran cerca
de las 19. "Se trata de hacer una atención integral de los chicos
desde lo nutricional, lo educativo y lo recreativo. Nosotros tratamos
también de prevenir la internación. Un paso adelante que estamos
iniciando es incluir a los padres y madres en distintos talleres,
para que se involucren", explica Patricia Valdés, quien tiene a cargo
los CDIF y asegura que la asistencia es inmediata, luego de que se
solicita ayuda.
Un caso extremo que tuvieron que atender fue el de Rama Caída. Allí
problemas climáticos dejaron sin cosecha a muchas fincas y tuvieron
que asistir a los hijos de los obreros que se quedaron sin trabajo.
"Tratamos de que no se trate sólo de una asistencia alimentaria.
Incluso, hay casos en los que tenemos que involucrarnos con las
familias para ayudarlos a buscar trabajo", cuenta la profesional. En
los centros, los chicos reciben desayuno, almuerzo y merienda a
través del Programa Provincial de Nutrición. Según la información
oficial, se invierten 130 pesos por mes por cada chico, sólo en
alimentación. En los hogares del Valle de Uco hay un alto grado de
internación, teniendo en cuenta que ante los problemas familiares la
última opción que se busca con el chico es sacarlo de su familia. De
promedio hay 70 chicos que viven en los cuatro hogares. Las causas de
asistencia más repetidas son la violencia familiar y los abusos.
Walberto 11 años: "Me estoy arrepintiendo un poco de haber venido".
"Extraño el circo", dice. Walberto vuelve a ser niño y recuerda
algunas cosas de Oruro, el lugar de Bolivia desde donde llegó.
Ante la pregunta de si va a la escuela, cuenta que su padre lo sacó
para venir hasta Mendoza con algunos familiares, hace unos dos meses.
El chico tiene once años. Viene de Oruro, un pueblo con fuertes
tradiciones donde cuesta respirar por la altura. Incluso Walberto
habla más el quechua que el español. Allí quedó toda su familia y en
Mendoza trata de hacer buenos amigos, pero le cuesta. "Hay muchas
peleas en la carpa". Junto con otros diez niños de Bolivia está
desmalezando una plantación de zanahoria. El lugar donde vive es una
carpa sin baños, que está escondida entre callejuelas de la zona
rural de Tunuyán y cuyo único cuidador se despega de
responsabilidades. El agua la sacan de una acequia. Sólo tiene una
comida fuerte al día, luego de terminar la jornada de trabajo. "Me
estoy arrepintiendo un poco de haber venido", dice.
UN DATO DE LA REALIDAD. En la provincia habría unos 50 mil bolivianos
indocumentados y en condiciones laborales irregulares.
La fuerza laboral del obrero boliviano cubre el 70 por ciento del
trabajo agrícola provincial, pero en el caso del ajo y la cebolla su
participación es del 90 por ciento. Muchos están empleados en blanco,
pero hay un elevado porcentaje que trabaja en negro. Muchos trabajan
de lunes a lunes, y hay patrones y empleadores, algunos también son
bolivianos, que los tienen amenazados para que no regularicen su
situación.- XXX
Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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