[R-P] Dos miradas sobre un mundo complejo (Reenvio La Señal Medios)
INFOR-MET
rmermet en yahoo.com.ar
Lun Mar 6 06:08:26 MST 2006
En este envío, La Señal ofrece dos miradas sobre
aspectos de la realidad política internacional.
La primera, originada en una red informativa
latinoamericana, se refiere a la tensión entre los
Estados Unidos e Irán y da cuenta de los motivos y la
proyección de esta situación. La otra, es un perfil
originado en el centro mundial acerca del creciente
poderío chino, uno de los grandes protagonistas
silenciosos del nuevo panorama mundial. Elementos para
tener en cuenta a la hora de considerar la complejidad
de las relaciones internacionales.
La Señal Medios
Lo que realmente está en juego en la crisis iraní
Desde París / Red Voltaire
Escalada de tensión entre la República Islámica de
Irán y las potencias atlantistas deseosas de controlar
las últimas reservas de hidrocarburos. Bajo la presión
británica, los miembros permanentes del Consejo de
Seguridad aceptaron redefinir las relaciones entre el
Organismo Internacional de Energía Atómica y la ONU.
Este compromiso debe facilitar la tarea de los
partidarios de la confrontación armada.
Rusia y China apuestan, sin embargo, al factor tiempo.
En efecto, Vladimir Putin se dispone a revelar un
proyecto de envergadura que podría resolver
definitivamente el problema de la proliferación
garantizando, al mismo tiempo, el derecho legítimo de
cada nación a utilizar la energía atómica con fines
pacíficos.
Prosigue el enfrentamiento sobre la cuestión de Irán
entre las grandes potencias. Desde diciembre de 2002,
Estados Unidos acusa a Irán de tratar de equiparse con
la bomba atómica, lo que sería una violación del
Tratado de No Proliferación (TNP). Estados Unidos
trata de obtener así que el Consejo de Seguridad emita
contra Irán una condena oficial que pueda
interpretarse como un cheque en blanco que permita
atacar a la República Islámica [1].
De establecer su control sobre Irán, Washington
adquiriría también el control militar de la costa
oriental del Golfo y de la costa sur del Mar Caspio,
de sus reservas petrolíferas y gasíferas, consideradas
ambas las segundas en importancia a nivel mundial [2].
Estados Unidos dispone ya del control militar de una
parte de la cuenca del Caspio y del corredor que
permite la comunicación de esa zona con el Océano
Índico (Afganistán y Pakistán). La mayor parte del
Golfo (Arabia Saudita e Irak) también se encuentra ya
bajo el control militar de EE.UU. Al término de esta
operación, Washington sería por tanto dueño y señor de
las más importantes zonas actuales de explotación de
hidrocarburos y de las principales reservas aún por
explotar. La economía mundial estaría en manos de Wash
ington que gozaría de un poder total.
En la fase actual del conflicto, las potencias se
encuentran divididas en cuanto a las acusaciones
estadounidenses. El Reino Unido, Francia y Alemania
están convencidos del carácter militar del proyecto
nuclear iraní. Su convicción se basa en informes de
los servicios de inteligencia estadounidenses. Estos
últimos afirman, en documentos confidenciales, que
Teherán lleva a cabo un Green Salt Project cuyo
objetivo es el desarrollo de un medio de lanzamiento y
de cabezas de misiles nucleares. Por el contrario,
Rusia, China y la India consideran que el programa
nuclear iraní es puramente civil [3]. Basan esta
certeza en la fatwa pronunciada por el Guía Supremo,
el ayatolá Ali Hoseini Jamenei, que condena la
fabricación, tenencia y uso de la bomba atómica como
contrarios a la ética islámica.
Objetivamente, la diferencia que establece el TNP
entre la tecnología nuclear civil autorizada y la
tecnología nuclear militar prohibida ha dejado de ser
adecuada en el estado actual de éstas. El conocimiento
y las instalaciones civiles pueden ser adaptados
rápidamente con fines militares. La estricta
interpretación del TNP implicaría la prohibición, para
todos los Estados, del desarrollo de una industria
nuclear civil mientras que una interpretación liberal
abriría la puerta a la proliferación generalizada.
Como este debate no ha sido resuelto es imposible
resolver con serenidad el caso iraní. Esa falta de
definición es el factor que Estados Unidos espera
explotar para desatar la guerra [4].
Existe, sin embargo, un medio de esclarecer la
situación. Un método específico de enriquecimiento del
uranio, hasta ahora conocido sólo de forma parcial,
permite al parecer restablecer nuevamente la
diferencia entre el uso civil y el militar. Rusia se
esforzó por desarrollarlo y tiene la intención, por
consiguiente, de ponerlo a la disposición de Irán, así
como de toda la comunidad internacional. Esa parece
ser una de las tres grandes propuestas que llevará el
presidente Putin a la cumbre del G8, encuentro que él
mismo presidirá este verano en San Petersburgo.
Será necesario demostrar la factibilidad de ese
proyecto. Rusia fabricaría entonces el combustible
nuclear, en su propio territorio, en fábricas
construidas conjuntamente con los Estados beneficiados
y bajo control del Organismo Internacional de Energía
Atómica (OIEA). Sería necesario elaborar protocolos
detallados para garantizar los intereses de las
partes. La realización de ese proyecto implicaría un
cambio radical en el plano de las relaciones
internacionales. La seguridad energética que Rusia
proporcionaría al mundo eclipsaría la autoridad de
Estados Unidos, país que satisface actualmente su
propia seguridad energética en detrimento del resto
del mundo.
Irán ha hecho de su proyecto de desarrollo nuclear
civil el símbolo de su independencia ante el
colonialismo anglosajón que tanto sufrimiento ha
significado para su pueblo [5]. Contrariamente a una
idea ampliamente difundida por la prensa atlantista,
ese proyecto no pertenece simplemente a un grupo del
poder iraní sino que es un factor de consenso de la
sociedad toda. Además, la República Islámica abandonó
su sueño de expandir la revolución jomeinista, hoy
tiene en cambio la intención de convertirse en el
motor del Movimiento de Países No Alineados,
actualmente en fase de revitalización. Irán quiere
compartir con otros su actual reclamo y hacer triunfar
el derecho a una industria nuclear civil, no sólo para
su propio pueblo, sino para todos los demás.
Lejos de estar ligado exclusivamente al porvenir de
Irán, el juego diplomático actual tiene que ver por
tanto con el equilibrio internacional y la ambición
estadounidense, reafirmada ayer en el discurso sobre
el estado de la Unión, de acaparar el liderazgo
mundial.
A lo largo de los años 2004 y 2005, los diferentes
protagonistas emprendieron numerosas maniobras. Una
troika europea (Francia, Reino Unido y Alemania)
desempeñó supuestamente el papel de intermediario
entre Washington y Teherán, pidió a los iraníes que
congelaran la situación y acabó inclinándose del lado
estadounidense. Irán, luego de haber aceptado una
moratoria de dos años y medio para sus
investigaciones, las retomó el 10 de enero de 2006,
estimando que había esperado lo suficiente como para
demostrar su buena voluntad sin que los europeos
hicieran ninguna proposición seria. Mientras tanto, la
posición rusa se había hecho indescifrable en la
medida en que el ministro ruso de Relaciones
Exteriores dejaba entrever que se ponía del lado de
sus homólogos occidentales, antes de que el presidente
Putin lo pusiera públicamente en su lugar al recordar
su interés en alcanzar una solución pacífica.
Finalmente, durante las últi mas semanas, numerosos
viajes diplomáticos permitieron a los dirigentes
rusos, chinos e iraníes elaborar una estrategia común.
El asunto tuvo una brusca evolución debido a la
organización, por parte del Reino Unido, el 30 de
enero de 2006, de una «cena ministerial privada» que
reunió a los ministros de Relaciones Exteriores
británico, francés, alemán, ruso, estadounidense y
chino. Durante la reunión, el británico Jack Straw
propuso que el OIEA presentara la cuestión al Consejo
de Seguridad de la ONU, primera etapa del proceso
hacia la guerra. Sus homólogos ruso y chino señalaron
que, en la actual situación, una decisión de ese tipo
no tendría ninguna base jurídica. Dada su confianza en
la factibilidad de su propio proyecto para el
enriquecimiento de uranio, la Federación Rusa deseaba
únicamente «dejar correr el reloj» el tiempo necesario
para preparar un protocolo de acuerdo con Irán, cosa
que tomaría un mes o dos según los expertos. Los
comensales concluyeron la cena estableciendo una
agenda que ambas partes interpretan como una victoria:
la se mana que viene. La Junta de Gobernadores del
OIEA no trasladará el expediente iraní al Consejo de
Seguridad ya que no cuenta con la autoridad para
hacerlo, pero le entregará un informe pidiendo la
adopción de medidas que fortalezcan su propia
autoridad para poder hacerlo en el futuro. Ese
compromiso permite a estadounidenses y europeos
mantener la presión mientras que permite a rusos y
chinos ganar tiempo. Saber quién ganó aquella noche
depende de la idea que se tenga sobre si un vaso está
medio lleno o medio vacío cuando está por la mitad. En
la práctica, suponiendo que el Consejo de Seguridad le
otorgue la prerrogativa a la Junta de Gobernadores del
OIEA, este último no podría servirse de ella hasta la
próxima reunión, prevista para el 9 de marzo.
Los iraníes fingieron interpretar la componenda como
un posible abandono por parte de sus amigos rusos. Es
posible, sin embargo, que hayan obtenido de la
Federación Rusa un compromiso escrito de que esta
recurrirá al veto en el Consejo de Seguridad en caso
de presentación de una resolución tendiente a
autorizar la guerra. Como quiera que sea, los iraníes
recurrieron inmediatamente a sus colegas del
Movimiento de Países No Alineados. El presidente
Mahmud Amadineyad obtuvo por teléfono el apoyo de su
homólogo sudafricano Thabo Mbeki (aunque el régimen
del apartheid fabricó la bomba atómica junto a Israel,
África del Sur renunció posteriormente a ella).
Indonesia emitió múltiples declaraciones de
apaciguamiento mientras que Venezuela y Malasia
recibirán próximamente al presidente iraní.
Simultáneamente, Irán prepara «un mundo sin Israel ni
Estados Unidos».
Teherán espera con optimismo crear una bolsa petrolera
que no aceptará el dólar. Esta funciona ya de forma
experimental. Aunque ningún Estado ha anunciado
oficialmente su participación, muchos estimularán la
participación de firmas que servirán de
intermediarios. Siendo el dólar una moneda ampliamente
sobrevaluada que se mantiene principalmente porque
sirve como moneda de cambio ante el petróleo [6] una
bolsa de ese tipo, si llegara a funcionar y aún
abarcando solamente la décima parte del mercado del
petróleo, provocaría un derrumbe del dólar comparable
al de 1939. El poderío estadounidense sería arrastrado
entonces por la devaluación y el propio Israel se
vería condenado a la bancarrota.
Washington no tiene por tanto más remedio que utilizar
toda su influencia sobre los actores económicos
internacionales para que rompan con Teherán. A falta
de una guerra, Estados Unidos tiene que lograr, como
mínimo, aislar a Irán en el aspecto económico.
Paradójicamente, ninguna de esas opciones parece
realista. Razonablemente, la fuerza aérea
estadounidense y el ejército israelí no pueden
bombardear las instalaciones nucleares iraníes debido
a la presencia en estas últimas de consejeros y
técnicos rusos. Golpear a Irán implicaría declarar
también la guerra a Rusia. Por lo demás, a ese tipo de
ataque seguiría seguramente una respuesta de Irán que
utilizaría contra Israel los devastadores misiles Thor
M-1 adquiridos en Rusia, además de que los chiítas de
Irak harían la vida todavía más difícil a las fuerzas
de ocupación. En caso de que Estados Unidos tratara de
utilizar el bloqueo económico, Irán podría burlarlo
mediante su acuerdo de socio privilegiado con China.
Sin embargo, privaría a «Occidente» de una parte de su
abastecimiento de petróleo, provocando así un alza de
300% en la cotización del barril y una amplia crisis
económica.
En definitiva, el resultado de esta prueba de fuerza
depende de la capacidad de cada participante para
adaptar su propio calendario al de los demás mientras
que la administración Bush se obstina en tratar de
arrastrarlos a una confrontación para la que no
dispone de los medios necesarios y en la que corre el
riesgo de perder su autoridad.
[1] Ver los artículos «El duelo Washington-Teherán »,
por Thierry Meyssan, Voltaire, 9 de septiembre de
2005, y las Tribunas y Análisis «Irán, ¿la
satanización antes de qué?», Voltaire, 20 de enero de
2006.
[2] Para más información sobre las reservas de
hidrocarburos, ver nuestros artículos «El poder del
petróleo en el siglo XXI » y «L’avenir du gaz
naturel».
[3] Ver, en nuestra rúbrica «Tribunas y Análisis»,
«Irán y Rusia desean reconciliarse con Europa
Occidental», Voltaire, 26 de septiembre de 2005, y el
artículo «Irán se alía a China frente a los Estados
Unidos », Voltaire, 17 de noviembre de 2004.
[4] Ver el artículo «François Géré: «La position
iranienne à propos du nucléaire est légitime», por
Ahmad Nokhostine, Voltaire, 22 de mayo de 2005.
[5] Ver el artículo «BP-Amoco, coalición petrolera
anglosajona », por Arthur Lepic, Voltaire, 10 de junio
de 2004.
[6] Ver el artículo «El tendón de Aquiles de los
Estados Unidos», por L.C. Trudeau, Voltaire, 4 de
abril de 2003.
China y su protagonismo mundial
Tim Luard
BBC, China
A través de una combinación de dinamismo económico,
una hábil diplomacia y una comedida amenaza, el país
está recuperando gran parte de su antigua supremacía
en toda Asia.
Al llenar el vacío dejado por la antigua Unión
Soviética, también emergió como el más probable reto
para Estados Unidos en la categoría de superpotencia
mundial.
¿Pero está China dispuesta, o puede, llegar tan lejos?
Y sí lo está ¿qué tipo de superpotencia podría ser,
benevolente o no?
“No tengo duda de que China va camino a convertirse en
una gran potencia, y como tal hará añicos el status
quo”, señala Jeffrey E Garten, decano de la facultad
de Administración de la universidad estadounidense de
Yale.
Falta mucho para eso, opina Yan Xuetong, director del
Instituto de Estudios Internacionales de la
Universidad de Tsinghua en Pekín.
Para Yan, en un futuro previsible China no será rival
para Estados Unidos, aunque eso no significa que esté
a gusto con el papel que le toca jugar, ya que todo
país tiene el deseo de convertirse en líder mundial.
“China no acepta el liderazgo estadounidense. La
confrontación es inevitable”.
Por su parte, Gary Milhollin, de la organización no
gubernamental sobre control de armas nucleares
Wisconsin Arms Project , destaca que es raro que un
país que logra primacía económica no tenga ambiciones
militares.
“En estos momentos, China no puede competir
militarmente con Estados Unidos. Sin embargo, es
importante recordar que el poderío militar
estadounidense fue construido sobre la base de la
superioridad económica estadounidense. El día en que
China tenga más dinero que los demás, tendrá un mejor
sistema de defensa que nadie”.
Auge regional
Durante más de 40 años después de la llegada de los
comunistas al poder, China fue considerada por otras
naciones asiáticas como pobre y peligrosa. Por lo
tanto era mejor evitarla.
Sin embargo, ahora cuando el largamente prometido
“Siglo del Pacífico” comienza a desarrollarse, el país
ha dejado a un lado sus raras ideas de revolución y
está retomando su rol anterior de cabeza de familia.
Cada vez más, Pekín está llevando la agenda de Asia
Oriental, asumiendo un papel conductor en sus
organizaciones multilaterales y alimentando su
resurgimiento económico.
Japón sigue estando muy cerca de Estados Unidos, pero
también está mirando a China y sus mercados para
salvarse del estancamiento.
Países del sudeste asiático, donde los chinos son cada
vez más poderosos, ya no ven a Japón como una
alternativa de liderazgo regional.
Al mismo tiempo, si bien China pudiera ser el nuevo
paladín de Asia, también es visto como un competidor
por economías similarmente exportadoras. Además,
también persisten dudas
Sobre sus intenciones.
Es importante recordar que el poderío militar
estadounidense fue construido sobre la base de la
superioridad económica estadounidense. El día en que
China tenga más dinero que los demás, tendrá un mejor
sistema
de defensa que nadie
Gary Milhollin, Wisconsin Arms Project
“Para el sudeste asiático China representa no sólo un
reto económico, sino una amenaza cultural y militar
convencional”, señala el prominente político tailandés
Kobsak Chutikul.
“Antes de empezar a volar, un dragón suele respirar
fuego”, dice.
Mientas tanto, el gobernante Partido Comunista de
China está ansioso de calmar cualquier temor
relacionado con dragones iracundos.
El partido comenzó a hablar del “ascenso pacífico” del
país, pero dejó de hacerlo, aparentemente porque
algunos líderes pensaron que la palabra “pacífico”
podría enojar al ejército, mientras que otros llegaron
a pensar que la palabra “ascenso” podría provocar
alarma en el exterior.
Consultado por la BBC, el portavoz de la cancillería
china, Liu Jianchao, admitió que hubo una discusión al
respecto.
El mensaje deseado, explicó, era que el desarrollo de
China no se haría a costa de los otros países.
Señalando que China era una potencia regional y
mundial y desempeñaría un rol cada más influyente, Liu
aclara que su protagonismo debe ser visto como una
oportunidad, y no una amenaza.
El portavoz evitó cuidadosamente utilizar la palabra
“ascenso” y, como todos los demás funcionarios chinos,
reaccionó horrorizado a la mención de la palabra
“superpotencia”.
Pero mientras siguen existiendo superpotencias, la
mayoría de observadores pronostica que China será una
de ellas. Y si bien puede seguir siendo un país en
desarrollo, demuestra mucha determinación.
Fuerza poderosa
Según Barry Buzan, profesor de relaciones
internacionales del London School of Economics, tener
el tren asiático detrás ha fortalecido su aspiración
como potencia mundial, pero otros deberían estar en
guardia.
“Los chinos quieren subir tranquila y suavemente, pero
queda por ver si van a cambiar cuando lleguen”,
señaló. “El ‘hipernacionalismo’ está bullendo bajo la
superficie”, agrega, añadiendo que existen
“comparaciones sorprendentes” con el ascenso de
Alemania antes de la Segunda Guerra Mundial.
Otros dicen que ahora China es un firme aliado de los
mismos principios de libre mercado de Estados Unidos.
Para esos analistas, la mayor amenaza es la
desintegración y el caos que podría traer una
proliferación de refugiados o armas de destrucción
masiva.
Destacan que históricamente China es una nación que
mira hacia adentro, y que no es dada a la expansión
agresiva.
“China tiende a comportase como alguien que se sabe
poderoso y, por lo tanto, no necesita imponerse sobre
los demás”, indicó Hugh Baker de la Facultad de
Estudios Orientales y Africanos.
Y para ilustrar su comentario, Baker citó un clásico
proverbio chino.
“El caballero no pelea. De hacerlo, ganaría”.
La Señal Medios
Director Gabriel Fernández
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