[R-P] Argentina: un análisis de setiembre de 2004

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Sab Jun 24 20:17:21 MDT 2006


[Reviendo documentos algo viejos, me encuentro con estas líneas.  Me 
parecen merecedoras de republicación salvo por detalles menores.

Solo enfatizaría un poco más la crítica al travestismo ex-menemista, 
que asume diversas formas y se expresa en los rincones más insólitos. 
 Agrego algunas líneas introductorias con respecto a este tema, que 
al momento de redactar el documento que presento a continuación no me 
preocupaba tanto como ahora.

El político ramplón -o el desesperado por el poder- pretende borrar 
el pasado de quienes traicionaron o abandonaron el campo nacional;  
solo pide un facilongo arrepentimiento de quienes "se equivocaron", 
pobrecitos, y a veces ni siquiera eso necesita.  No será así, si es 
que deseamos realmente avanzar en la lucha revolucionaria con gente 
confiable.  

Aquí han pasado cosas muy graves, y este documento da una pálida idea 
de su dimensión.  Un antiguo amigo y colaborador de Trotsky, 
Guelfand, perdió durante la Primera Guerra Mundial la moral 
revolucionaria y se enriqueció traficando en el mercado negro de 
Rumania.  Cuando se produjo la Revolución Rusa, pretendió volver a su 
país para sumarse a ella.  Por orden de Lenin, Trotsky tuvo que 
rechazar su pretensión.  Y lo hizo en estos términos: "La Revolución 
necesita, decididamente, gente inteligente como vos.  Pero más que 
nada necesita gente honesta".  En la Argentina, me dijo Spilimbergo 
en privado alguna vez, hace falta una generación de incorruptibles.  

Olvidar también es tener memoria, decía el Martín Fierro.  Hay que 
agregar, empero, que "tener memoria también es olvidar":  los que 
enfrentamos consecuentemente a todas y cada una de las conspiraciones 
antinacionales, los que tratamos de mantener una organización 
militante contra viento y marea, estamos _obligados a_ reservarnos el 
derecho a juzgar a traidores, vivillos y tránsfugas.  Le debemos ese 
ejercicio implacable a los centenares de argentinos caídos en el 
combate contra las fuerzas que esos hombres y mujeres débiles 
apoyaron, justificaron o dejaron actuar.  Por no hablar de las 
víctimas sistémicas del país miserable que les permitieron construir, 
y que se cuentan por miles.  He allí un mandato de vigilancia.

No somos mezquinos.  Al contrario, somos generosos y aceptamos que se 
nos sumen ahora que el viento dio la vuelta y nuestros planteos se 
ven confirmados por la historia.  Pero tenemos memoria y no la 
borraremos.]

ALGUNAS APRECIACIONES SOBRE LA 
ACTUAL SITUACIÓN ARGENTINA

Buenos Aires, 8 de setiembre de 2004

1.  - Proceso Militar y Proceso Civil

Ya se hizo un lugar común afirmar que el 19 y 20 de diciembre de 2001 
"se cerró un período en la historia argentina".  Conviene, por lo 
tanto, ser precisos y definir bien el "período":  lo que terminó en 
esas dos jornadas fueron veinticinco años ininterrumpidos de 
retroceso y contrarrevolución, y no un gelatinoso "ciclo" o "modelo 
neoliberal".  Esta precisión nos parece necesaria para evitar toda 
forma de travestismo político.  No se puede reconstruir el movimiento 
nacional -y se supone que ésta, nada menos, es la tarea por acometer- 
a partir de traidores, quebrados u oportunistas.

El período que terminó en diciembre de 2001 tiene dos etapas.  La 
primera, obviamente, es el Proceso Militar (y su inmediato 
antecedente, el período de Celestino Rodrigo en el Ministerio de 
Economía).  La segunda se inicia con la presidencia de Raúl Alfonsín, 
se profundiza con el de Menem y se cierra con de la Rúa.  Aseguró, 
con un formalismo legalista aparentemente respetuoso de la voluntad 
popular, todos y acada uno de los logros estructurales de la 
contrarrevolución de 1976.  Habría que denominar a todo este período 
el del "Proceso Civil".

Así como repudiamos a quienes formaron parte del "Proceso Militar" o 
lo apoyaron, también deberemos estar alertas frente a los que desde 
el "Proceso Civil" consolidaron lo obtenido por la reacción a partir 
de 1976.  Muchos fueron por entonces los que, so pretexto de 
"defender la democracia", acompañaron -con mayor o menor entusiasmo 
pero en todo caso siempre con el silencio cómplice- la decisión de 
las élites políticas argentinas de no modificar ninguna de las leyes 
estructurales básicas legadas por el Proceso.

2.  - El papel del progresismo

Esos sectores constituyen lo que se suele denominar el "arco 
progresista".  Fingieron olvidar, entre otras cosas, que la 
"democracia" iniciada en 1983 era una "democracia tutelada", ni 
siquiera una "democracia burguesa" sino más bien un republicanismo 
histriónico que consolidaba, y no cuestionaba, la estructura colonial 
legada por el Proceso Militar[1]

Esa democracia, que no surgió de un proceso de alza exitosa de las 
masas, no podía ser sino lo que fue.  Muchos, en esos tiempos, 
luchamos para transformar la democracia colonial en una democracia de 
liberación nacional, y si bien es cierto que no logramos nuestro 
objetivo también lo es que le complicamos la vida al enemigo, mucho 
más por cierto que aquellos que se plegaban "sabiamente" a los nuevos 
tiempos.

El régimen no se ahorró ningún método contra esta resistencia, que ni 
siquiera Carlos Menem pudo apagar (La CGT le hizo once paros 
generales).  Se suele olvidar el arte de alquimia política por el 
cual el esperanzador Frente del Sur, dirigido por Pino Solanas, 
terminó anulado en el mediático, acuerdista (y finalmente...  
delarruísta!) FREPASO, dirigido por el Chacho Álvarez.  Conviene 
tenerlo en cuenta ahora, que muchos de los que por entonces operaron 
a favor del statu quo se presentan como renovada conducción de un 
país harto de mentiras.

3.  - El reparto de responsabilidades

Porque es mentira que "todos" los argentinos estuvimos de acuerdo con 
lo que sucedía.  Es falso que "todos" estuvimos de acuerdo con el 
Plan Austral.  Es falso que "todos" estuvimos de acuerdo con la 
dolarización de hecho implícita en la "convertibilidad".  Es falso de 
toda falsedad, por último, que "todos" hayamos concordado en el 
desguace de las empresas argentinas y el traspaso de su propiedad, 
más que a manos extranjeras, a manos enemigas[2].

Pero es cierto que, en parte por el horror de los años de plomo, en 
parte por conveniencias personales, importantes sectores de la 
sociedad argentina prefirieron mirar para otro lado cuando -
destituyendo a Grinspun y, de pasada, incumpliendo sus acuerdos con 
Alan García- el gobierno de Alfonsín se 
atuvo a los lineamientos generales del Proceso, sólo para terminar 
cayendo sin gloria a manos de aquellos mismos poderes que había 
intentado complacer.  Y también es cierto que, golpeados por las 
hiperinflaciones salvajes de fines del gobierno de Alfonsín[3], 
vastos sectores nuevamente prefirieron callar y esperar resultados 
ante el magnicidio económico perpetrado por el menemato.

De todos modos, al final resultó que, tal y como planteamos los 
integrantes del campo nacional desde las más diversas tribunas, de 
Sourrouille a Cavallo, pasando por Machinea había la misma perfecta 
continuidad que hubo, como demostró fehacientemente el Juicio Olmos, 
de Cavallo a...  Martínez de Hoz, pasando por Machinea y Sourrouille.

4.  - El Partido Único de la Dependencia

Ahora bien, ¿qué no decir de Menem y del menemismo, sin escribir una 
enciclopedia de la traición a la Patria?El recuerdo está lo bastante 
fresco como para eximirnos de toda descripción detallada.  Si nos 
hemos detenido brevemente sobre el lapso alfonsinista, no es por 
alguna predilección malsana, sino porque atacar al menemismo es 
demasiado sencillo en estos tiempos.  Mucho más complicado y urgente, 
teniendo en cuenta los riesgos del "progresismo formal", es discernir 
la contribución que hicieron al resultado final muchos que ahora 
desean descargar sus responsabilidades sobre quienes dirigieron al 
país a partir de 1989.

Es importante destacar que en la Argentina hubo, entre 1983 y 2001, 
un verdadero "Partido Único de la Dependencia", que tenía dos alas.  
Un ala, chabacanamente arribista, es hoy blanco justificado del odio 
colectivo.  Pero no menos funcionales fueron, para lograr los fines 
que se habían propuesto las clases dominantes a mediados de la década 
del 70, los posmodernos, grises y prudentes funcionarios económicos, 
políticos e intelectuales del ala progresista.

En estos momentos, es de la mayor importancia resaltar esta 
trayectoria gatopardista para no quedar entrampados en nuevos 
pantanos sin salida.  No será con cipayos y vendepatrias que se 
construya el nuevo país, sea que hayan participado con culpa o sin 
escrúpulos de la destrucción del país viejo.  Por "progresistas" que -
con mayor o menor sinceridad- digan ser.

5.  -Desgaste de la clase trabajadora, destrucción industrial y 
desguace del Estado.

La Argentina que surgió de esa pesadilla es infinitamente más pobre, 
dependiente y débil que el país con dificultades pero relativamente 
justo y aún dueño de su destino del 23 de marzo de 1976, un país "sin 
dificultades económicas serias", según declaraciones del propio 
Martínez de Hoz.

Las políticas instaladas en ese momento[4] promovieron, conciente y 
deliberadamente, la destrucción de la clase trabajadora argentina tal 
como ella había surgido a la vida política en 1945.  Esto no era un 
capricho:  toda la experiencia histórica inaugurada entonces la había 
revelado como único bastión sobre el cual se podía asentar la 
independencia económica de la Nación y un proyecto de crecimiento 
económico autocentrado.

Así tuvo el coraje de admitirlo en su momento el Dr.  Juan Alemann, 
recriminándole a Raúl Alfonsín la ingratitud de atacar al Proceso 
Militar, cuando le debía un movimiento obrero debilitado, elemento 
éste que le facilitaba enormemente la adopción de las medidas 
reclamadas por el sistema financiero internacional.

En síntesis, el Proceso (militar tanto como civil) vino -para decirlo 
con la crudeza que seguramente habrá primado en los conciliábulos más 
secretos de los conspiradores- a "someter a la negrada"; ese objetivo 
estratégico se cumplió a rajatabla, aunque fuera a costa de la 
destrucción de la industria nacional y, finalmente, del Estado 
argentino.  Esta última parte de la faena no quedó en manos de los 
gobiernos militares[5] sino en las de sus continuadores civiles:  los 
doctores Alfonsín, Menem y De La Rúa.

6.  -La situación actual

En este cuarto de siglo de contrarrevolución[6], la Argentina se 
quedó sin industria, sin Estado y sin partidos políticos; todo el 
sistema está en quiebra.  La consigna "que se vayan todos", tan 
exitosa en diciembre del 2001 y enero del 2002, tiene varias aristas, 
no todas recomendables.  Pero hay un a que quizás no se ha valorado 
en toda su magnitud:  la idea de que "todos los que están en el 
candelero" son responsables del resultado final al que se llegó.  
Esta idea es, en principio, correcta, pero debemos hacer una 
salvedad.

Los beneficiarios de estos largos años de tragedia intentan zafar de 
sus responsabilidades aprovechando este repudio generalizado de una 
dirigencia que fue incapaz de estar a la altura de lo requerido.  Ya 
hicieron la misma maniobra con los uniformados, sobre quienes 
descargaron todo el fardo del Proceso Militar.  Ahora pretenden 
desprestigiar masivamente a todos los políticos (inclusive aquellos 
que les responden)[7] para mantenerse en el disfrute oculto de sus 
malhabidas ganancias.

¿Quiénes son, entonces, estos "beneficiarios", que es como si 
dijéramos quién es el enemigo del pueblo argentino?Y quiénes sus 
víctimas?

a) La cúspide dominante

a.  1.  -La vieja oligarquía argentina subsiste tras haber sufrido 
varias transmutaciones.  En esencia, su reconversión a partir del 
reinado de Martínez de Hoz la vinculó mucho más estrechamente a los 
intereses financieros que a la producción agropecuaria[8].  De todos 
modos, no abandonó su vieja fuente de poder:  los apellidos 
"tradicionales" siguen ocupando importantes puestos en las gerencias 
de todas las sociedades anónimas y los bufetes de abogados que las 
sirven, así como se mantienen en la punta de la pirámide social de la 
pampa agroexportadora.

a.  2.  - El gran ganador, sin embargo, fue el capital imperialista.  
En sus diversas versiones.

a.  2.  1.  - En primer lugar, conspicuamente, están los grandes 
cárteles monopolistas (muchas veces con participación mayoritaria de 
Estados imperialistas) que se apoderaron de las empresas estratégicas 
y de las finanzas de la Nación.  La madeja laberíntica de 
interrelaciones económicas, personales y financieras dificulta 
determinar cuál es el origen de esos capitales.  Pero básicamente, se 
puede afirmar que la invasión extranjera la han liderado Estados 
Unidos, Gran Bretaña, Francia y España (esta última más como 
testaferro que como verdadera figura central).

Esos consorcios (algunos, viejos conocidos de la Argentina como la 
"belga" Sofina) comandan la banca privada, la energía, las 
comunicaciones, el transporte, la provisión de agua, la petroquímica, 
la producción de minerales y metales básicos, etc.  , etc.  , en 
suma:  el rumbo general de la economía.  Repsol no es sino su símbolo 
más repugnante.

Se trata de un Estado dentro del Estado, que se burla del principio 
del presidente Avellaneda según el cual no hay nada en la Nación 
superior a la Nación misma[9].  Sus inversiones en publicidad, 
además, condicionan hasta la última línea de lo que se publica en los 
pocos medios de comunicación que escapan a su control o propiedad 
directa.

a.  2.  2.  -En segundo lugar, están los que podríamos llamar "nuevos 
actores imperialistas", que se integraron al proyecto de 
recolonización liderado por Menem y Cavallo en renglones que hasta 
entonces estaban relativamente desaprovechados.  Entre estos, 
destacamos particularmente las empresas mineras , cuya actividad bajo 
el imperio de la ley menemista de minería constituye un verdadero 
desventramiento de la Nación, que solamente se quedará, al final del 
ciclo, con los residuos tóxicos.  Hay "inversiones" mineras, como la 
de Pascua/Lama que solamente consisten de un túnel trasandino que pe
rmite enviar por puertos chilenos mineral argentino.

También es importante destacar el nuevo papel de las empresas 
imperialistas vinculadas al sector agropecuario.  Así como la 
integración al mercado mundial de fines del siglo XIX implicó, para 
el agro pampeano, un esfuerzo de inversión que le permitiera acceder 
a las exigencias de ese mercado, a fines del siglo XX se produjo un 
esfuerzo equivalente para incorporarse al mercado sojero.  Esto 
implicó adoptar técnicas y métodos productivos que venían en "paquete 
cerrado", incluyendo fuertes componentes de maquinaria especializada, 
agroquímica y biotecnología.  Las grandes firmas extranjeras fueron, 
otra vez, las beneficiarias más directas de este proceso.  Pero 
también en el plano de la comercialización, con la apertura para 
instalar puertos privados y la eliminación de los organismos 
reguladores del Estado, podemos encontrar en la cúspide del sistema a 
estos mismos "nuevos actores".

a.  2.  3.  - En tercer lugar, están las "maffias" y "cárteles", es 
decir los diversos y oscuros sectores que combinan al crimen 
organizado en sus más altos niveles con franjas significativas de la 
burguesía metropolitana.  No solamente el narcotráfico, sino también 
el tráfico de armas a escala mundial hicieron su ingreso a la 
Argentina bajo el mandato de Carlos Menem.  En estos temas, no se 
puede negar que la Argentina "se integró al mundo":  cosas que 
solamente pasaban en las series de TV, como la catástrofe de Río 
Tercero, comenzaron a suceder en nuestro propio suelo.  Sería ingenuo 
suponer que estos sectores, que tomaron parte muy activa en la 
degradación de las estructuras de la policía, han desaparecido con el 
hundimiento del menemismo.

Esto implicaría admitir que pasaron por aquí sin tener efecto sobre 
las estructuras internas del capitalismo argentino, presunción 
arriesgada si las hay, y muy especialmente cuando circulan 
permanentes sospechas de que existen importante gobernadores 
provinciales directamente vinculados a éste que no es (en el fondo) 
sino un sector más del empresariado imperialista:  baste, para 
entender esto último, tener en cuenta el reciente descubrimiento de 
las cuentas del narcotráfico en el Citibank, o que sin "paraísos 
fiscales" no habría tráfico ilegal posible, de armas o de drogas.  La 
complicidad es obscena de tan evidente.

Este "inframundo de las clases altas" se relaciona, en los espacios 
sociales y geográficos del medio pelo, con los relictos 
sobrevivientes de la burguesía que surgió bajo el primer peronismo (y 
elementos de origen oligárquico más tradicional) para conformar el 
rostro visible y actual de lo que queda como "burguesía argentina 
exitosa" tras la catástrofe antiindustrial exógena.

El libre tránsito de estos lúmpenes de alta clase se facilita porque, 
durante todo el menemismo, el mediopelo dejó de servir para la 
esterilización de burgueses industriales sino para darle oropel a 
quienes se degradaban de funcionario o industrial a intermediario, 
comisionista y (o) coimero entre el mercado mundial y la Argentina.  
Como esta especialidad los ponía en íntimo contacto con sus 
equivalentes de ultramar, les permitió alimentar la ilusión de 
suponerse parte del "Primer Mundo" porque se codeaban, en una 
repetición a escala planetaria del mediopelesco cholulismo del 
parvenu rioplatense, con lo que ellos creían era el "jet set" 
mundial.  En realidad se trataba de los mismos intermediarios (pero 
con perfumes más caros) y también de mafiosos, traficantes de armas y 
sujetos de similar condición, como los que se encuentran por docenas 
en las más exclusivas (y por lo tanto encubridoras) playas españolas 
de la Costa Brava.

b) Las clases medias y el empresariado orientado al mercado interno

b.  1.  - Sometida a una implacable diferenciación social bajo 
condiciones de movilidad social negativa, la antigua pequeño 
burguesía argentina se dividió en dos capas[10], una de las cuales 
tiende a hundirse directamente en la marginación más extrema.  El 
Proceso Civil y especialmente el menemismo, terminan de coagular el 
quiebre[11].

La convertibilidad y la extranjerización (mal llamada 
"privatización") de los resortes básicos de la economíallevaron 
inexorablemente a la eliminación masiva de las fuentes de trabajo.  
Con eso, exacerbaron esta recomposición social que la pequeño 
burguesía vive, horrorizada, como una "igualación para abajo".  De 
esa transformación brota una masa informe de remiseros, kioskeros, 
cuentapropistas y vendedores ambulantes que sobreviven al borde del 
abismo:  saben que en cualquier momento pueden ingresar al ejército 
de cirujas, cartoneros y desocupados que pululan en torno a sus 
desmedradas viviendas.  Si bien esto puede llevarlas, como a veces 
sucede, a expresiones brutales que mezclan la angustia con el racismo 
y el desprecio por la vida humana, también es posible, como de hecho 
se demostró durante las jornadas de diciembre de 2001, que se 
incorporen a un proceso más vasto de lucha de calles contra el 
régimen que las colocó en tan peligrosa situación.  De hecho, habla 
muy bien del pueblo argentino el que, pese a todo, no haya generado 
fenómenos de fascismo militante en respuesta a la crisis.

b.  2.  - Las capas más acomodadas de las clases medias y el pequeño 
y mediano empresariado, en general, intentaron subirse al carro 
triunfal de los vencedores de la hora.  La responsabilidad es 
particularmente grave en el caso del empresariado.  Ciego ante las 
consecuencias fatales de las fórmulas aplicadas, apoyaron 
fervorosamente a aquellos economistas que terminarían liquidándolos 
como clase social.  Al final del período, aquellos empresarios que no 
se habían transformado en importadores o vendido sus empresas, 
sobrevivían malamente a partir de la superexplotación más descarnada 
de los trabajadores de fábrica.  Algunos casos extremos, incluso, 
llegaron a caer como Satanás, desde el Paraíso de los directorios 
hasta el Infierno de la casilla villera.

La creciente desocupación permitió transformar los derechos del 
trabajador en mera fantasía, y la legislación previsional, de riesgos 
de trabajo y laboral en general convalidaron (bajo el púdico nombre 
de "flexibilización") esta guerra de clases contra los asalariados.

Ninguna organización empresarial de importancia reaccionó contra 
estas tendencias, ignorantes de que al mismo tiempo doblaban a muerto 
por ellas mismas ya que destrozaban y tornaban irreconocible el 
otrora vibrante mercado interno argentino.  El enfrentamiento con el 
delegado de fábrica las encegueció, una vez más, ante el 
enfrentamiento, mucho más mortal, con el banco extranjero y el 
economista liberal encaramado en las estructuras del Estado.

b.  3.  - Las clases medias exitosas, formadas en colegios y 
universidades públicas, dieron la espalda a su país.  Se 
encastillaron en barrios privados, country clubs o residencias 
almenadas con vigilancia particular.  Enviaron a sus hijos a colegios 
privados y universidades privadas; cuanto más reaccionarias, mejor.  
Despilfarraron la lluvia de dinero que ingresó al país durante la 
primera fase del menemismo, adquiriendo innumerables baratijas del 
exterior o simplemente depósitandolo en el extranjero[12].  Mal 
podemos esperar que estas clases medias -prácticamente una generación 
entera- se reacomoden sin dar batalla a un nuevo país donde esas 
prebendas habrán de ser consideradas un atentado contra los intereses 
de la comunidad.  De hecho, se encuentran entre los sectores más 
reaccionarios de nuestro país y constituyen la base política de 
"Lilita" Carrió y López Murphy.

c)  Los trabajadores

c.  1.  - Ya hemos planteado que el ataque oligárquico e imperialista 
tenía por objetivo aniquilar políticamente a la clase 
trabajadora[13].  Para demostrarlo no es necesario recurrir a las 
estadísticas sobre distribución del ingreso, ni a los padrones 
sindicales, ni a la legislación comparada.  Basta con percibir que la 
Argentina ha perdido en el camino la conciencia del destino 
industrial del país, que había llegado a convertirse en un lugar 
común treinta años atrás.  Esta comprobación es más dura y profunda 
que todas las cifras que se puedan volcar sobre la mesa.

Al mismo tiempo, los trabajadores argentinos se descubren rodeados 
por una bullente masa humana, con la cual a veces tienen hasta 
contactos familiares, masa que está excluida estructuralmente de toda 
posibilidad de ingresar a un empleo remunerado.  Por un lado, esto 
genera tendencias conservadoras:  desde la natural renuencia a 
movilizarse para no perder el trabajo, hasta el no tan natural 
rechazo a los "vagos" que "no quieren laburar", actitud que en modo 
alguno está reservada a la pequeño burguesía.  Por el otro, sin 
embargo, abre un campo de alianzas que aún no se ha explorado como 
corresponde.

c.  2.  - Mención especial nos merece el movimiento de fábricas 
recuperadas, que busca mantener las fuentes de trabajo, incluso 
enfrentando a patronales que en su momento desertaron de la 
producción.  Se trata de una experiencia tan inédita como agudas son 
las muestras de irresponsabilidad social de estos empresarios que, 
literalmente, abandonan sus empresas cuando las cosas se ponen 
difíciles.  Es éste un desarrollo con final abierto.

Bajo condiciones adecuadas puede terminar convirtiéndose en una pieza 
clave dentro de un esquema productivo que reconozca diversas formas 
de propiedad y asigne a las cooperativas obreras de producción un 
papel destacado, o puede terminar constituyendo, por diferenciación 
interna, una nueva burguesía, como ha sucedido en varios casos del 
movimiento cooperativo en el pasado.

En todo caso, demuestra sin lugar a dudas que allí donde el 
empresario flaquea, el trabajador toma el puesto con éxito y sigue 
adelante.

d) El Estado

La otra víctima principal del período fue el aparato de Estado.  Esto 
queda oculto en el pensamiento "derecho humanista abstracto", porque -
especialmente bajo el Proceso Militar- el Estado fue ante todo 
victimario de una fracción de la ciudadanía para garantizar los 
privilegios de otra.  He aquí otro de los problemas que derivan de no 
tomar en forma integral la cuestión de los derechos humanos, sino 
sólo reduciéndola a una agenda que, en último análisis, termina 
sirviendo al imperialismo.

Bajo el Proceso Civil todo se hizo más claro, y en especial con las 
leyes promulgadas bajo el menemismo que culminan en la Constitución 
de 1994.  Institucionalmente, la Argentina ha retrocedido décadas.  
El desguace del Estado nacional no sólo le quitó todas sus palancas 
de intervención económica directa y puso el destino del país en manos 
particulares, extranjeras y enemigas;  también exacerbó el papel 
político de las camarillas locales y provinciales[14].

De hecho, hemos retornado a la situación vigente un siglo y cuarto 
atrás.  El interés particular de una provincia -a veces incluso el 
interés electoral más mezquino de un gobernador- puede obstaculizar 
la aprobación de leyes de importancia nacional y convenientes para el 
conjunto.  Hoy como en tiempos de Yrigoyen, esta práctica desviada 
del "federalismo" pone las autonomías al servicio de "los gobiernos" 
y no de "los pueblos".  Si en la década de 1920 la Standard Oil se 
apoyaba en los gobiernos de Mendoza o Salta contra YPF, hoy Repsol se 
expresa contra el gobierno central a través de Sobisch (y, no hace 
tanto tiempo, a través del entonces gobernador de Santa Cruz Néstor 
Kirchner...  )

Los organismos técnicos del Estado nacional fueron eliminados prolija 
y sistemáticamente, jibarizados, atomizados y -donde hubo compradores-
 entregados al capital extranjero.  Allí donde no fue posible nada de 
esto, y no se los pudo hacer desaparecer, se congelaron las vacantes, 
se achataron las escalas salariales (excepto para una reducida capa 
gerencial superior y privilegiada), y se fueron incorporando 
irregularmente sucesivas camadas de empleados y funcionarios adictos 
mientras se obturaban los caminos a los múltiples técnicos patriotas 
con que cuenta el país.  Ni siquiera el sistema de salud se salvó de 
la catástrofe.  Y ni vale la pena mencionar el estado calamitoso en 
que se encuentra el sistema público de educación, alguna vez un 
orgullo nacional.

Los organismos de seguridad, como es público y notorio, mantienen 
sólidas comunicaciones con el mundo de la delincuencia que deberían 
reprimir.  Las clases acomodadas, fieles a sus principios, resuelven 
el problema contratando "seguridad privada", sólo para quedar 
privadas de toda seguridad apenas transponen los límites de sus áreas 
de residencia.  Esto, que no es sino la lógica consecuencia del 
régimen social que ellas han impuesto, se presenta a través de los 
grandes medios de comunicación como una responsabilidad del gobierno. 
 Se trata de una falacia que hay que combatir.

Finalmente, las Fuerzas Armadas.  Se suele tratar este problema 
vinculándolo inmediatamente con la defensa de los derechos humanos.  
No lo haremos así en este documento.  Vincular FF.AA.  y DD.HH.  
significa, en la práctica, compartir el criterio imperialista y 
oligárquico de que las FF.AA.  solamente están para garantizar el 
poder de los privilegiados y los extranjeros en contra del pueblo 
argentino.  Todo el debate pasa a girar, entonces, sobre cuán 
"humanitarias" son en el desarrollo de esa misión.

Creemos, en cambio, que las FF.AA.  deben entenderse en relación a 
otro concepto, que es el que les dio origen y del que no deberían 
haberse apartado jamás:  el de la Defensa Nacional Omnicomprensiva, 
tal y como se practicó durante la Defensa y Reconquista de Buenos 
Aires en 1806 y 1807, verdadera acta de nacimiento de nuestras 
milicias.

Pues bien:  las FF.AA.  argentinas están completamente incapacitadas 
para cumplir ésa, su misión más primordial.  Carecen del armamento, 
de la formación, de los insumos, de la masividad y del contacto 
íntimo y estrecho con las masas que permiten desarrollar con 
efectividad ese objetivo.  Están mal pagadas.  No tienen prestigio 
social.  Ni siquiera las FF.AA., entonces, brazo armado de la 
contrarrevolución y garantía del privilegio oligárquico por largas 
décadas, han salido beneficiadas.  Antes bien, se las culpó de cuanto 
había acontecido desde el 24 de marzo, mientras los verdaderos 
instigadores y usufructuarios del golpe se paseaban por las calles 
sin que nadie los molestara.

Y esto trajo consecuencias políticas.  Hoy en día, el campo de la 
reacción no puede contar con los uniformados para reprimir a las 
masas.  Este fenómeno, inusual en la historia argentina reciente, es 
lo que permitió al 19 y 20 de diciembre dar vuelta una página de la 
historia.

7.  -Las tareas del momento

La principal consecuencia del 19 y 20 de diciembre fue la declaración 
de moratoria de la deuda externa argentina, que le costó la 
presidencia al Dr. Adolfo Rodríguez Saá.  En realidad, es esta 
moratoria la que, junto con una devaluación del peso (y pese a que 
esta devaluación, llevada adelante por partidarios de la 
convertibilidad, no fue todo lo efectiva ni cuidadosa que debió haber 
sido), está comenzando a sacar a la Argentina del pozo al que había 
llegado de la mano de las políticas inauguradas en 1976.

Un país viejo muere, y un país nuevo no se decide a terminar de 
nacer.  En muy difíciles condiciones, varios elementos permiten 
pensar sin embargo en una perspectiva de reconstitución del campo 
nacional, que necesariamente tendrá que darse sobre nuevas bases pero 
a partir de los elementos preexistentes de signo marcadamente 
nacional, a los cuales se sumarán si así lo desean las diversas 
organizaciones de signo "progresista".

a) el Dr.  Kirchner, desde el gobierno, va desarrollando una táctica 
envolvente de ataques parciales al interés oligárquico e imperialista 
que, si bien no afectan lo sustancial de ese bloque, sí señalan una 
voluntad nacional.

Quizás los dos signos más evidentes en este sentido sean los acuerdos 
sellados con Venezuela, por un lado, y la remoción de los elementos 
más retrógrados de la Corte Suprema, por el otro.  Un tercer plano 
donde el Dr.  Kirchner ha actuado en el sentido del interés nacional 
es el de los DD.  HH.  Del mismo modo, muchas de sus declaraciones 
públicas apuntan en el buen sentido nacional, si bien no suelen tener 
un claro correlato en acciones equivalentes.

b) esta táctica envolvente es inquietantemente incompleta.  Hay áreas 
enteras del accionar gubernamental que se mantienen en manos del 
enemigo o de quienes consideran válidos algunos de sus argumentos.  
En particular, en el campo económico, donde preferiríamos ver un 
gobierno con la audacia que vemos en el campo de los DD.HH.

Aquí el balance no es positivo.  Ni la reactivación ni la relativa 
tranquilidad de los "mercados" se pueden atribuir a los méritos del 
Dr.  Lavagna, quien se limita a cosechar morosamente lo que se sembró 
con la devaluación y la cesación de pagos.  Antes bien, la protección 
de los intereses del sector bancario, la idea obsesiva de que "hay 
que llegar a algún arreglo con los acreedores", y la concomitante 
negativa a investigar la deuda externa en el Congreso nada nos 
aportan -no nos van a apreciar más por permitir la continuidad de 
esta estafa- pero nos quitan de las manos herramientas de presión 
fundamentales para enfrentar al sistema financiero-usurario 
internacional.

De hecho, y como no podía esperarse otra cosa, ya se ha producido el 
"amesetamiento" que cabía esperar de un ministerio de Economía y un 
Banco Central que siguen comandados por equipos que, con mayor o 
menor firmeza, se mantienen fieles al legado ideológico del Proceso.  
Que ahora se pretenda exportar manufacturas a partir de empleos mal 
pagos en lugar de soja y petróleo a partir del desempleo masivo es un 
paso, pero demasiado pequeño para sustentar un verdadero proyecto 
endógeno de crecimiento autocentrado.  Frente a la realidad cruda, de 
nada valen las zonceras neoliberales sobre el "recalentamiento" de la 
economía que parece estar "recalentando" muchas cabezas en el 
gabinete nacional...

c) pese a ello, y debido a que al mismo tiempo se han tomado otras 
iniciativas que marcan un rumbo esperanzador, las masas argentinas 
están observando el gobierno del Dr.  Kirchner con precavida 
simpatía.  Es evidente que, en la medida que este gobierno siga 
navegando entre dos aguas, esta simpatía se desvanecerá.  No hay para 
el Dr.  Kirchner otra salida que hacia adelante.  Y no como una 
huida, sino como una carga de caballería.

d) para poder desarrollar esta acción, sin embargo, el gobierno no 
cuenta con sustento político suficiente.  No puede apoyarse en el 
aparato del Estado;antes bien, sospecha no sin razón que éste le es 
hostil.  Tampoco dispone de un partido político propio.  El PJ 
alvearizado (el de la renovación y el de la ortodoxia, por igual) no 
puede considerarse como el vehículo más apropiado para semejante fin. 
 Mucho menos el ya senil radicalismo y sus diversas esquirlas, más o 
menos "progresistas" y "bienpensantes", que dan vueltas por allí.  
Hacen falta fuerzas políticas nuevas.

e) pero estas fuerzas políticas tienen que surgir de un proceso de 
coalescencia de múltiples experiencias, en torno a un eje marcada y 
definitivamente nacional-democrático en el más profundo sentido de la 
palabra.  Ningún armado político será duradero si no se construye 
sobre esta premisa.  A partir de ella se pueden conjugar sectores de 
los movimientos de desocupados, del movimiento obrero, de sectores 
políticos e intelectuales con vocación de servicio a la Patria, e 
incluso aún los fragmentos que siguen vivos de las estructuras de los 
viejos partidos tradicionales.

Este eje tiene que responder a las tres banderas históricas del 
movimiento nacional:  la soberanía política, la independencia 
económica y la justicia social.  Y a ellas habrá de agregarles, para 
poder llevarlas a cabo en las actuales condiciones, la más urgente 
integración con América Latina, el restablecimiento de la hegemonía 
estatal en el manejo de la economía, la promoción de las nuevas 
formas de propiedad de los medios de producción, y la participación 
más activa y democrática de las masas en el proceso histórico y 
político.



N O T A S

[1] Era, en el mejor de los casos, una "democracia de la 
dependencia", como no podía ser de otro modo ya que se originaba en 
la derrota nacional de 1982.  Esto también hay que dejarlo en claro:  
Sin la victoria imperialista en el Atlántico Sur, ¿hubiera habido 
elecciones? ¿No temía acaso Raúl Alfonsín por la "democracia 
argentina" si nuestras tropas vencían a la coalición imperialista de 
1982? ¿Cuánto le deben los políticos tradicionales argentinos a la 
derrota de nuestras armas en defensa de la soberanía territorial?

[2] En efecto, todos y cada uno de los recursos básicos del país 
están hoy en propiedad de potencias que durante el conflicto de las 
Malvinas apuntaron literalmente contra el pecho de los soldados 
argentinos.  Bastaría con ese dato para orientar correctamente un 
programa económico de salvación nacional.

[3] No cabe alegar inocencia oficial ni victimizar al gobierno, 
puesto que estos dos verdaderos "golpes de Estado" económicos 
pudieron ejecutarse, en buena medida, utilizando recursos que habían 
sido distribuidos por los últimos ministerios de Economía del 
gobierno radical

[4] Que, repitámoslo, tenían el precedente de Celestino Rodrigo:  
Menem no era del todo imprevisible

[5] La dialéctica entre quienes defendían al Estado y quienes lo 
atacaban fue muy compleja y multilateral, incluso bajo el Proceso.  
Recién con Carlos Menem pudo imponerse con todo su poder el ala más 
cerrilmente antinacional del pensamiento económico librecambista, 
libreempresista y...  mitrista.

[6] El período fue contrarrevolucionario, cabe agregar, a nivel 
mundial.  Es la consecuencia del agotamiento del ciclo de 
revoluciones coloniales de la Segunda Posguerra (con la liberación de 
Angola y Mozambique) y de la coincidente y mal llamada "crisis del 
petróleo", típica crisis de superproducció
 n que el régimen imperialista supo remontar a través de la 
financierización de la economía planetaria.  Una pieza maestra de esa 
financierización fue el otorgamiento de créditos innecesarios a 
muchos países, entre ellos la Argentina (esto surge de la mera 
lectura de las actas del juicio a la deuda externa argentina iniciado 
por Alejandro Olmos, está expresado allí con todas las letras.)

[7] Es una jugada política de enorme irresponsabilidad y altísimo 
riesgo, porque el desprestigio de sus representantes políticos las 
deja prisioneras, como de hecho han quedado, de los medios de 
comunicación y las policías semidelincuenciales heredadas del Proceso 
y la Fusiladora.  A tal punto estos 
grupos sociales se desentienden por completo del país real.

[8] La transición se simplificó porque el núcleo del negocio 
oligárquico, aún en el período de auge de la "oligarquía vacuna" (la 
Década Infame), no era la producción animal sino la intermediación 
comercial y financiera;los campos de engorde incrementaban 
automáticamente el valor de las haciendas, o 
sea del capital del gran estanciero.  Éste operaba como un 
intermediario entre el criador y el frigorífico y, por supuesto, 
estaba en acuerdo perfecto con el frigorífico.  No corría el menor 
riesgo productivo ni, mucho menos, estaba sujeto a la competencia.  
Y, finalmente, en modo alguno pensaba en
 reinvertir productivamente para ampliar e intensificar la escala de 
producción.  En el fondo, era tan especulador como lo serían luego 
sus descendientes bajo el Proceso.

[9] Permítasenos agregar que esta ilegalidad originaria es origen de 
muchas otras formas de ilegalidad, que permean el conjunto de la 
estructura social argentina.

[10] Este proceso ya se había iniciado, pero con un signo opuesto, 
durante los años previos al golpe de 1976:  la crisis creciente (pero 
en ese momento crisis de crecimiento potencial, no de decadencia) de 
ese capitalismo de predominio oligárquico ya había diferenciado a las 
clases medias asalariadas (que comenzaron a organizarse en sindicatos 
como los docentes, ingresaron a la CGT, etc.) de las clases medias 
independientes.

[11] Estos fenómenos tuvieron, incluso, expresión geográfica.  
Durante el Proceso Militar y los primeros años del Proceso Civil se 
produjo una redistribución social y demográfica en el área 
metropolitana por la cual antiguas barriadas obreras se convertían en 
zonas de convivencia de miembros de la clase media baja (en parte 
expulsada de la Capital Federal) y sectores más tradicionales de 
trabajadores fabriles (que, sin embargo, poco a poco iban 
transformándose en desocupados).

[12] Eran los tiempos del "déme dos" y de los viajes de compras a 
Miami.  Se transformaban escuelas y colegios en "shóppings".  La 
afluencia a algunos centros comerciales de la Capital Federal llegaba 
a tal extremo que las vidrieras reventaban, literalmente, de tantos 
parroquianos que habían ingresado.

[13] El novelista Leopoldo Marechal había escrito, a principios de la 
década del 70, que la Argentina era como una víbora que tenía que 
cambiar la piel.  Si no lo hacía, la piel asfixiaría al animal.  La 
premonición se cumplió con precisión admirable.

[14]  Incluimos aquí, por cierto, a los dirigentes barriales de la 
Ciudad "Autónoma" de Buenos Aires, que lograron en 1994 una 
"Autonomía" que equipara al intendente de la fracción privilegiada de 
una gran ciudad -no otra cosa es la Capital Federal con respecto al 
conjunto del área metropolitana- con un gobernador de provincia.  
Vieja reivindicación rivadaviana y mitrista, el antecedente más 
directo está en la participación del Brigadier Cacciatore como un 
integrante más de las 'reuniones de gobernadores' del Proceso 
Militar.

Néstor Miguel Gorojovsky, setiembre de 2004

Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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