[R-P] Argentina: un análisis de setiembre de 2004
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Sab Jun 24 20:17:21 MDT 2006
[Reviendo documentos algo viejos, me encuentro con estas líneas. Me
parecen merecedoras de republicación salvo por detalles menores.
Solo enfatizaría un poco más la crítica al travestismo ex-menemista,
que asume diversas formas y se expresa en los rincones más insólitos.
Agrego algunas líneas introductorias con respecto a este tema, que
al momento de redactar el documento que presento a continuación no me
preocupaba tanto como ahora.
El político ramplón -o el desesperado por el poder- pretende borrar
el pasado de quienes traicionaron o abandonaron el campo nacional;
solo pide un facilongo arrepentimiento de quienes "se equivocaron",
pobrecitos, y a veces ni siquiera eso necesita. No será así, si es
que deseamos realmente avanzar en la lucha revolucionaria con gente
confiable.
Aquí han pasado cosas muy graves, y este documento da una pálida idea
de su dimensión. Un antiguo amigo y colaborador de Trotsky,
Guelfand, perdió durante la Primera Guerra Mundial la moral
revolucionaria y se enriqueció traficando en el mercado negro de
Rumania. Cuando se produjo la Revolución Rusa, pretendió volver a su
país para sumarse a ella. Por orden de Lenin, Trotsky tuvo que
rechazar su pretensión. Y lo hizo en estos términos: "La Revolución
necesita, decididamente, gente inteligente como vos. Pero más que
nada necesita gente honesta". En la Argentina, me dijo Spilimbergo
en privado alguna vez, hace falta una generación de incorruptibles.
Olvidar también es tener memoria, decía el Martín Fierro. Hay que
agregar, empero, que "tener memoria también es olvidar": los que
enfrentamos consecuentemente a todas y cada una de las conspiraciones
antinacionales, los que tratamos de mantener una organización
militante contra viento y marea, estamos _obligados a_ reservarnos el
derecho a juzgar a traidores, vivillos y tránsfugas. Le debemos ese
ejercicio implacable a los centenares de argentinos caídos en el
combate contra las fuerzas que esos hombres y mujeres débiles
apoyaron, justificaron o dejaron actuar. Por no hablar de las
víctimas sistémicas del país miserable que les permitieron construir,
y que se cuentan por miles. He allí un mandato de vigilancia.
No somos mezquinos. Al contrario, somos generosos y aceptamos que se
nos sumen ahora que el viento dio la vuelta y nuestros planteos se
ven confirmados por la historia. Pero tenemos memoria y no la
borraremos.]
ALGUNAS APRECIACIONES SOBRE LA
ACTUAL SITUACIÓN ARGENTINA
Buenos Aires, 8 de setiembre de 2004
1. - Proceso Militar y Proceso Civil
Ya se hizo un lugar común afirmar que el 19 y 20 de diciembre de 2001
"se cerró un período en la historia argentina". Conviene, por lo
tanto, ser precisos y definir bien el "período": lo que terminó en
esas dos jornadas fueron veinticinco años ininterrumpidos de
retroceso y contrarrevolución, y no un gelatinoso "ciclo" o "modelo
neoliberal". Esta precisión nos parece necesaria para evitar toda
forma de travestismo político. No se puede reconstruir el movimiento
nacional -y se supone que ésta, nada menos, es la tarea por acometer-
a partir de traidores, quebrados u oportunistas.
El período que terminó en diciembre de 2001 tiene dos etapas. La
primera, obviamente, es el Proceso Militar (y su inmediato
antecedente, el período de Celestino Rodrigo en el Ministerio de
Economía). La segunda se inicia con la presidencia de Raúl Alfonsín,
se profundiza con el de Menem y se cierra con de la Rúa. Aseguró,
con un formalismo legalista aparentemente respetuoso de la voluntad
popular, todos y acada uno de los logros estructurales de la
contrarrevolución de 1976. Habría que denominar a todo este período
el del "Proceso Civil".
Así como repudiamos a quienes formaron parte del "Proceso Militar" o
lo apoyaron, también deberemos estar alertas frente a los que desde
el "Proceso Civil" consolidaron lo obtenido por la reacción a partir
de 1976. Muchos fueron por entonces los que, so pretexto de
"defender la democracia", acompañaron -con mayor o menor entusiasmo
pero en todo caso siempre con el silencio cómplice- la decisión de
las élites políticas argentinas de no modificar ninguna de las leyes
estructurales básicas legadas por el Proceso.
2. - El papel del progresismo
Esos sectores constituyen lo que se suele denominar el "arco
progresista". Fingieron olvidar, entre otras cosas, que la
"democracia" iniciada en 1983 era una "democracia tutelada", ni
siquiera una "democracia burguesa" sino más bien un republicanismo
histriónico que consolidaba, y no cuestionaba, la estructura colonial
legada por el Proceso Militar[1]
Esa democracia, que no surgió de un proceso de alza exitosa de las
masas, no podía ser sino lo que fue. Muchos, en esos tiempos,
luchamos para transformar la democracia colonial en una democracia de
liberación nacional, y si bien es cierto que no logramos nuestro
objetivo también lo es que le complicamos la vida al enemigo, mucho
más por cierto que aquellos que se plegaban "sabiamente" a los nuevos
tiempos.
El régimen no se ahorró ningún método contra esta resistencia, que ni
siquiera Carlos Menem pudo apagar (La CGT le hizo once paros
generales). Se suele olvidar el arte de alquimia política por el
cual el esperanzador Frente del Sur, dirigido por Pino Solanas,
terminó anulado en el mediático, acuerdista (y finalmente...
delarruísta!) FREPASO, dirigido por el Chacho Álvarez. Conviene
tenerlo en cuenta ahora, que muchos de los que por entonces operaron
a favor del statu quo se presentan como renovada conducción de un
país harto de mentiras.
3. - El reparto de responsabilidades
Porque es mentira que "todos" los argentinos estuvimos de acuerdo con
lo que sucedía. Es falso que "todos" estuvimos de acuerdo con el
Plan Austral. Es falso que "todos" estuvimos de acuerdo con la
dolarización de hecho implícita en la "convertibilidad". Es falso de
toda falsedad, por último, que "todos" hayamos concordado en el
desguace de las empresas argentinas y el traspaso de su propiedad,
más que a manos extranjeras, a manos enemigas[2].
Pero es cierto que, en parte por el horror de los años de plomo, en
parte por conveniencias personales, importantes sectores de la
sociedad argentina prefirieron mirar para otro lado cuando -
destituyendo a Grinspun y, de pasada, incumpliendo sus acuerdos con
Alan García- el gobierno de Alfonsín se
atuvo a los lineamientos generales del Proceso, sólo para terminar
cayendo sin gloria a manos de aquellos mismos poderes que había
intentado complacer. Y también es cierto que, golpeados por las
hiperinflaciones salvajes de fines del gobierno de Alfonsín[3],
vastos sectores nuevamente prefirieron callar y esperar resultados
ante el magnicidio económico perpetrado por el menemato.
De todos modos, al final resultó que, tal y como planteamos los
integrantes del campo nacional desde las más diversas tribunas, de
Sourrouille a Cavallo, pasando por Machinea había la misma perfecta
continuidad que hubo, como demostró fehacientemente el Juicio Olmos,
de Cavallo a... Martínez de Hoz, pasando por Machinea y Sourrouille.
4. - El Partido Único de la Dependencia
Ahora bien, ¿qué no decir de Menem y del menemismo, sin escribir una
enciclopedia de la traición a la Patria?El recuerdo está lo bastante
fresco como para eximirnos de toda descripción detallada. Si nos
hemos detenido brevemente sobre el lapso alfonsinista, no es por
alguna predilección malsana, sino porque atacar al menemismo es
demasiado sencillo en estos tiempos. Mucho más complicado y urgente,
teniendo en cuenta los riesgos del "progresismo formal", es discernir
la contribución que hicieron al resultado final muchos que ahora
desean descargar sus responsabilidades sobre quienes dirigieron al
país a partir de 1989.
Es importante destacar que en la Argentina hubo, entre 1983 y 2001,
un verdadero "Partido Único de la Dependencia", que tenía dos alas.
Un ala, chabacanamente arribista, es hoy blanco justificado del odio
colectivo. Pero no menos funcionales fueron, para lograr los fines
que se habían propuesto las clases dominantes a mediados de la década
del 70, los posmodernos, grises y prudentes funcionarios económicos,
políticos e intelectuales del ala progresista.
En estos momentos, es de la mayor importancia resaltar esta
trayectoria gatopardista para no quedar entrampados en nuevos
pantanos sin salida. No será con cipayos y vendepatrias que se
construya el nuevo país, sea que hayan participado con culpa o sin
escrúpulos de la destrucción del país viejo. Por "progresistas" que -
con mayor o menor sinceridad- digan ser.
5. -Desgaste de la clase trabajadora, destrucción industrial y
desguace del Estado.
La Argentina que surgió de esa pesadilla es infinitamente más pobre,
dependiente y débil que el país con dificultades pero relativamente
justo y aún dueño de su destino del 23 de marzo de 1976, un país "sin
dificultades económicas serias", según declaraciones del propio
Martínez de Hoz.
Las políticas instaladas en ese momento[4] promovieron, conciente y
deliberadamente, la destrucción de la clase trabajadora argentina tal
como ella había surgido a la vida política en 1945. Esto no era un
capricho: toda la experiencia histórica inaugurada entonces la había
revelado como único bastión sobre el cual se podía asentar la
independencia económica de la Nación y un proyecto de crecimiento
económico autocentrado.
Así tuvo el coraje de admitirlo en su momento el Dr. Juan Alemann,
recriminándole a Raúl Alfonsín la ingratitud de atacar al Proceso
Militar, cuando le debía un movimiento obrero debilitado, elemento
éste que le facilitaba enormemente la adopción de las medidas
reclamadas por el sistema financiero internacional.
En síntesis, el Proceso (militar tanto como civil) vino -para decirlo
con la crudeza que seguramente habrá primado en los conciliábulos más
secretos de los conspiradores- a "someter a la negrada"; ese objetivo
estratégico se cumplió a rajatabla, aunque fuera a costa de la
destrucción de la industria nacional y, finalmente, del Estado
argentino. Esta última parte de la faena no quedó en manos de los
gobiernos militares[5] sino en las de sus continuadores civiles: los
doctores Alfonsín, Menem y De La Rúa.
6. -La situación actual
En este cuarto de siglo de contrarrevolución[6], la Argentina se
quedó sin industria, sin Estado y sin partidos políticos; todo el
sistema está en quiebra. La consigna "que se vayan todos", tan
exitosa en diciembre del 2001 y enero del 2002, tiene varias aristas,
no todas recomendables. Pero hay un a que quizás no se ha valorado
en toda su magnitud: la idea de que "todos los que están en el
candelero" son responsables del resultado final al que se llegó.
Esta idea es, en principio, correcta, pero debemos hacer una
salvedad.
Los beneficiarios de estos largos años de tragedia intentan zafar de
sus responsabilidades aprovechando este repudio generalizado de una
dirigencia que fue incapaz de estar a la altura de lo requerido. Ya
hicieron la misma maniobra con los uniformados, sobre quienes
descargaron todo el fardo del Proceso Militar. Ahora pretenden
desprestigiar masivamente a todos los políticos (inclusive aquellos
que les responden)[7] para mantenerse en el disfrute oculto de sus
malhabidas ganancias.
¿Quiénes son, entonces, estos "beneficiarios", que es como si
dijéramos quién es el enemigo del pueblo argentino?Y quiénes sus
víctimas?
a) La cúspide dominante
a. 1. -La vieja oligarquía argentina subsiste tras haber sufrido
varias transmutaciones. En esencia, su reconversión a partir del
reinado de Martínez de Hoz la vinculó mucho más estrechamente a los
intereses financieros que a la producción agropecuaria[8]. De todos
modos, no abandonó su vieja fuente de poder: los apellidos
"tradicionales" siguen ocupando importantes puestos en las gerencias
de todas las sociedades anónimas y los bufetes de abogados que las
sirven, así como se mantienen en la punta de la pirámide social de la
pampa agroexportadora.
a. 2. - El gran ganador, sin embargo, fue el capital imperialista.
En sus diversas versiones.
a. 2. 1. - En primer lugar, conspicuamente, están los grandes
cárteles monopolistas (muchas veces con participación mayoritaria de
Estados imperialistas) que se apoderaron de las empresas estratégicas
y de las finanzas de la Nación. La madeja laberíntica de
interrelaciones económicas, personales y financieras dificulta
determinar cuál es el origen de esos capitales. Pero básicamente, se
puede afirmar que la invasión extranjera la han liderado Estados
Unidos, Gran Bretaña, Francia y España (esta última más como
testaferro que como verdadera figura central).
Esos consorcios (algunos, viejos conocidos de la Argentina como la
"belga" Sofina) comandan la banca privada, la energía, las
comunicaciones, el transporte, la provisión de agua, la petroquímica,
la producción de minerales y metales básicos, etc. , etc. , en
suma: el rumbo general de la economía. Repsol no es sino su símbolo
más repugnante.
Se trata de un Estado dentro del Estado, que se burla del principio
del presidente Avellaneda según el cual no hay nada en la Nación
superior a la Nación misma[9]. Sus inversiones en publicidad,
además, condicionan hasta la última línea de lo que se publica en los
pocos medios de comunicación que escapan a su control o propiedad
directa.
a. 2. 2. -En segundo lugar, están los que podríamos llamar "nuevos
actores imperialistas", que se integraron al proyecto de
recolonización liderado por Menem y Cavallo en renglones que hasta
entonces estaban relativamente desaprovechados. Entre estos,
destacamos particularmente las empresas mineras , cuya actividad bajo
el imperio de la ley menemista de minería constituye un verdadero
desventramiento de la Nación, que solamente se quedará, al final del
ciclo, con los residuos tóxicos. Hay "inversiones" mineras, como la
de Pascua/Lama que solamente consisten de un túnel trasandino que pe
rmite enviar por puertos chilenos mineral argentino.
También es importante destacar el nuevo papel de las empresas
imperialistas vinculadas al sector agropecuario. Así como la
integración al mercado mundial de fines del siglo XIX implicó, para
el agro pampeano, un esfuerzo de inversión que le permitiera acceder
a las exigencias de ese mercado, a fines del siglo XX se produjo un
esfuerzo equivalente para incorporarse al mercado sojero. Esto
implicó adoptar técnicas y métodos productivos que venían en "paquete
cerrado", incluyendo fuertes componentes de maquinaria especializada,
agroquímica y biotecnología. Las grandes firmas extranjeras fueron,
otra vez, las beneficiarias más directas de este proceso. Pero
también en el plano de la comercialización, con la apertura para
instalar puertos privados y la eliminación de los organismos
reguladores del Estado, podemos encontrar en la cúspide del sistema a
estos mismos "nuevos actores".
a. 2. 3. - En tercer lugar, están las "maffias" y "cárteles", es
decir los diversos y oscuros sectores que combinan al crimen
organizado en sus más altos niveles con franjas significativas de la
burguesía metropolitana. No solamente el narcotráfico, sino también
el tráfico de armas a escala mundial hicieron su ingreso a la
Argentina bajo el mandato de Carlos Menem. En estos temas, no se
puede negar que la Argentina "se integró al mundo": cosas que
solamente pasaban en las series de TV, como la catástrofe de Río
Tercero, comenzaron a suceder en nuestro propio suelo. Sería ingenuo
suponer que estos sectores, que tomaron parte muy activa en la
degradación de las estructuras de la policía, han desaparecido con el
hundimiento del menemismo.
Esto implicaría admitir que pasaron por aquí sin tener efecto sobre
las estructuras internas del capitalismo argentino, presunción
arriesgada si las hay, y muy especialmente cuando circulan
permanentes sospechas de que existen importante gobernadores
provinciales directamente vinculados a éste que no es (en el fondo)
sino un sector más del empresariado imperialista: baste, para
entender esto último, tener en cuenta el reciente descubrimiento de
las cuentas del narcotráfico en el Citibank, o que sin "paraísos
fiscales" no habría tráfico ilegal posible, de armas o de drogas. La
complicidad es obscena de tan evidente.
Este "inframundo de las clases altas" se relaciona, en los espacios
sociales y geográficos del medio pelo, con los relictos
sobrevivientes de la burguesía que surgió bajo el primer peronismo (y
elementos de origen oligárquico más tradicional) para conformar el
rostro visible y actual de lo que queda como "burguesía argentina
exitosa" tras la catástrofe antiindustrial exógena.
El libre tránsito de estos lúmpenes de alta clase se facilita porque,
durante todo el menemismo, el mediopelo dejó de servir para la
esterilización de burgueses industriales sino para darle oropel a
quienes se degradaban de funcionario o industrial a intermediario,
comisionista y (o) coimero entre el mercado mundial y la Argentina.
Como esta especialidad los ponía en íntimo contacto con sus
equivalentes de ultramar, les permitió alimentar la ilusión de
suponerse parte del "Primer Mundo" porque se codeaban, en una
repetición a escala planetaria del mediopelesco cholulismo del
parvenu rioplatense, con lo que ellos creían era el "jet set"
mundial. En realidad se trataba de los mismos intermediarios (pero
con perfumes más caros) y también de mafiosos, traficantes de armas y
sujetos de similar condición, como los que se encuentran por docenas
en las más exclusivas (y por lo tanto encubridoras) playas españolas
de la Costa Brava.
b) Las clases medias y el empresariado orientado al mercado interno
b. 1. - Sometida a una implacable diferenciación social bajo
condiciones de movilidad social negativa, la antigua pequeño
burguesía argentina se dividió en dos capas[10], una de las cuales
tiende a hundirse directamente en la marginación más extrema. El
Proceso Civil y especialmente el menemismo, terminan de coagular el
quiebre[11].
La convertibilidad y la extranjerización (mal llamada
"privatización") de los resortes básicos de la economíallevaron
inexorablemente a la eliminación masiva de las fuentes de trabajo.
Con eso, exacerbaron esta recomposición social que la pequeño
burguesía vive, horrorizada, como una "igualación para abajo". De
esa transformación brota una masa informe de remiseros, kioskeros,
cuentapropistas y vendedores ambulantes que sobreviven al borde del
abismo: saben que en cualquier momento pueden ingresar al ejército
de cirujas, cartoneros y desocupados que pululan en torno a sus
desmedradas viviendas. Si bien esto puede llevarlas, como a veces
sucede, a expresiones brutales que mezclan la angustia con el racismo
y el desprecio por la vida humana, también es posible, como de hecho
se demostró durante las jornadas de diciembre de 2001, que se
incorporen a un proceso más vasto de lucha de calles contra el
régimen que las colocó en tan peligrosa situación. De hecho, habla
muy bien del pueblo argentino el que, pese a todo, no haya generado
fenómenos de fascismo militante en respuesta a la crisis.
b. 2. - Las capas más acomodadas de las clases medias y el pequeño
y mediano empresariado, en general, intentaron subirse al carro
triunfal de los vencedores de la hora. La responsabilidad es
particularmente grave en el caso del empresariado. Ciego ante las
consecuencias fatales de las fórmulas aplicadas, apoyaron
fervorosamente a aquellos economistas que terminarían liquidándolos
como clase social. Al final del período, aquellos empresarios que no
se habían transformado en importadores o vendido sus empresas,
sobrevivían malamente a partir de la superexplotación más descarnada
de los trabajadores de fábrica. Algunos casos extremos, incluso,
llegaron a caer como Satanás, desde el Paraíso de los directorios
hasta el Infierno de la casilla villera.
La creciente desocupación permitió transformar los derechos del
trabajador en mera fantasía, y la legislación previsional, de riesgos
de trabajo y laboral en general convalidaron (bajo el púdico nombre
de "flexibilización") esta guerra de clases contra los asalariados.
Ninguna organización empresarial de importancia reaccionó contra
estas tendencias, ignorantes de que al mismo tiempo doblaban a muerto
por ellas mismas ya que destrozaban y tornaban irreconocible el
otrora vibrante mercado interno argentino. El enfrentamiento con el
delegado de fábrica las encegueció, una vez más, ante el
enfrentamiento, mucho más mortal, con el banco extranjero y el
economista liberal encaramado en las estructuras del Estado.
b. 3. - Las clases medias exitosas, formadas en colegios y
universidades públicas, dieron la espalda a su país. Se
encastillaron en barrios privados, country clubs o residencias
almenadas con vigilancia particular. Enviaron a sus hijos a colegios
privados y universidades privadas; cuanto más reaccionarias, mejor.
Despilfarraron la lluvia de dinero que ingresó al país durante la
primera fase del menemismo, adquiriendo innumerables baratijas del
exterior o simplemente depósitandolo en el extranjero[12]. Mal
podemos esperar que estas clases medias -prácticamente una generación
entera- se reacomoden sin dar batalla a un nuevo país donde esas
prebendas habrán de ser consideradas un atentado contra los intereses
de la comunidad. De hecho, se encuentran entre los sectores más
reaccionarios de nuestro país y constituyen la base política de
"Lilita" Carrió y López Murphy.
c) Los trabajadores
c. 1. - Ya hemos planteado que el ataque oligárquico e imperialista
tenía por objetivo aniquilar políticamente a la clase
trabajadora[13]. Para demostrarlo no es necesario recurrir a las
estadísticas sobre distribución del ingreso, ni a los padrones
sindicales, ni a la legislación comparada. Basta con percibir que la
Argentina ha perdido en el camino la conciencia del destino
industrial del país, que había llegado a convertirse en un lugar
común treinta años atrás. Esta comprobación es más dura y profunda
que todas las cifras que se puedan volcar sobre la mesa.
Al mismo tiempo, los trabajadores argentinos se descubren rodeados
por una bullente masa humana, con la cual a veces tienen hasta
contactos familiares, masa que está excluida estructuralmente de toda
posibilidad de ingresar a un empleo remunerado. Por un lado, esto
genera tendencias conservadoras: desde la natural renuencia a
movilizarse para no perder el trabajo, hasta el no tan natural
rechazo a los "vagos" que "no quieren laburar", actitud que en modo
alguno está reservada a la pequeño burguesía. Por el otro, sin
embargo, abre un campo de alianzas que aún no se ha explorado como
corresponde.
c. 2. - Mención especial nos merece el movimiento de fábricas
recuperadas, que busca mantener las fuentes de trabajo, incluso
enfrentando a patronales que en su momento desertaron de la
producción. Se trata de una experiencia tan inédita como agudas son
las muestras de irresponsabilidad social de estos empresarios que,
literalmente, abandonan sus empresas cuando las cosas se ponen
difíciles. Es éste un desarrollo con final abierto.
Bajo condiciones adecuadas puede terminar convirtiéndose en una pieza
clave dentro de un esquema productivo que reconozca diversas formas
de propiedad y asigne a las cooperativas obreras de producción un
papel destacado, o puede terminar constituyendo, por diferenciación
interna, una nueva burguesía, como ha sucedido en varios casos del
movimiento cooperativo en el pasado.
En todo caso, demuestra sin lugar a dudas que allí donde el
empresario flaquea, el trabajador toma el puesto con éxito y sigue
adelante.
d) El Estado
La otra víctima principal del período fue el aparato de Estado. Esto
queda oculto en el pensamiento "derecho humanista abstracto", porque -
especialmente bajo el Proceso Militar- el Estado fue ante todo
victimario de una fracción de la ciudadanía para garantizar los
privilegios de otra. He aquí otro de los problemas que derivan de no
tomar en forma integral la cuestión de los derechos humanos, sino
sólo reduciéndola a una agenda que, en último análisis, termina
sirviendo al imperialismo.
Bajo el Proceso Civil todo se hizo más claro, y en especial con las
leyes promulgadas bajo el menemismo que culminan en la Constitución
de 1994. Institucionalmente, la Argentina ha retrocedido décadas.
El desguace del Estado nacional no sólo le quitó todas sus palancas
de intervención económica directa y puso el destino del país en manos
particulares, extranjeras y enemigas; también exacerbó el papel
político de las camarillas locales y provinciales[14].
De hecho, hemos retornado a la situación vigente un siglo y cuarto
atrás. El interés particular de una provincia -a veces incluso el
interés electoral más mezquino de un gobernador- puede obstaculizar
la aprobación de leyes de importancia nacional y convenientes para el
conjunto. Hoy como en tiempos de Yrigoyen, esta práctica desviada
del "federalismo" pone las autonomías al servicio de "los gobiernos"
y no de "los pueblos". Si en la década de 1920 la Standard Oil se
apoyaba en los gobiernos de Mendoza o Salta contra YPF, hoy Repsol se
expresa contra el gobierno central a través de Sobisch (y, no hace
tanto tiempo, a través del entonces gobernador de Santa Cruz Néstor
Kirchner... )
Los organismos técnicos del Estado nacional fueron eliminados prolija
y sistemáticamente, jibarizados, atomizados y -donde hubo compradores-
entregados al capital extranjero. Allí donde no fue posible nada de
esto, y no se los pudo hacer desaparecer, se congelaron las vacantes,
se achataron las escalas salariales (excepto para una reducida capa
gerencial superior y privilegiada), y se fueron incorporando
irregularmente sucesivas camadas de empleados y funcionarios adictos
mientras se obturaban los caminos a los múltiples técnicos patriotas
con que cuenta el país. Ni siquiera el sistema de salud se salvó de
la catástrofe. Y ni vale la pena mencionar el estado calamitoso en
que se encuentra el sistema público de educación, alguna vez un
orgullo nacional.
Los organismos de seguridad, como es público y notorio, mantienen
sólidas comunicaciones con el mundo de la delincuencia que deberían
reprimir. Las clases acomodadas, fieles a sus principios, resuelven
el problema contratando "seguridad privada", sólo para quedar
privadas de toda seguridad apenas transponen los límites de sus áreas
de residencia. Esto, que no es sino la lógica consecuencia del
régimen social que ellas han impuesto, se presenta a través de los
grandes medios de comunicación como una responsabilidad del gobierno.
Se trata de una falacia que hay que combatir.
Finalmente, las Fuerzas Armadas. Se suele tratar este problema
vinculándolo inmediatamente con la defensa de los derechos humanos.
No lo haremos así en este documento. Vincular FF.AA. y DD.HH.
significa, en la práctica, compartir el criterio imperialista y
oligárquico de que las FF.AA. solamente están para garantizar el
poder de los privilegiados y los extranjeros en contra del pueblo
argentino. Todo el debate pasa a girar, entonces, sobre cuán
"humanitarias" son en el desarrollo de esa misión.
Creemos, en cambio, que las FF.AA. deben entenderse en relación a
otro concepto, que es el que les dio origen y del que no deberían
haberse apartado jamás: el de la Defensa Nacional Omnicomprensiva,
tal y como se practicó durante la Defensa y Reconquista de Buenos
Aires en 1806 y 1807, verdadera acta de nacimiento de nuestras
milicias.
Pues bien: las FF.AA. argentinas están completamente incapacitadas
para cumplir ésa, su misión más primordial. Carecen del armamento,
de la formación, de los insumos, de la masividad y del contacto
íntimo y estrecho con las masas que permiten desarrollar con
efectividad ese objetivo. Están mal pagadas. No tienen prestigio
social. Ni siquiera las FF.AA., entonces, brazo armado de la
contrarrevolución y garantía del privilegio oligárquico por largas
décadas, han salido beneficiadas. Antes bien, se las culpó de cuanto
había acontecido desde el 24 de marzo, mientras los verdaderos
instigadores y usufructuarios del golpe se paseaban por las calles
sin que nadie los molestara.
Y esto trajo consecuencias políticas. Hoy en día, el campo de la
reacción no puede contar con los uniformados para reprimir a las
masas. Este fenómeno, inusual en la historia argentina reciente, es
lo que permitió al 19 y 20 de diciembre dar vuelta una página de la
historia.
7. -Las tareas del momento
La principal consecuencia del 19 y 20 de diciembre fue la declaración
de moratoria de la deuda externa argentina, que le costó la
presidencia al Dr. Adolfo Rodríguez Saá. En realidad, es esta
moratoria la que, junto con una devaluación del peso (y pese a que
esta devaluación, llevada adelante por partidarios de la
convertibilidad, no fue todo lo efectiva ni cuidadosa que debió haber
sido), está comenzando a sacar a la Argentina del pozo al que había
llegado de la mano de las políticas inauguradas en 1976.
Un país viejo muere, y un país nuevo no se decide a terminar de
nacer. En muy difíciles condiciones, varios elementos permiten
pensar sin embargo en una perspectiva de reconstitución del campo
nacional, que necesariamente tendrá que darse sobre nuevas bases pero
a partir de los elementos preexistentes de signo marcadamente
nacional, a los cuales se sumarán si así lo desean las diversas
organizaciones de signo "progresista".
a) el Dr. Kirchner, desde el gobierno, va desarrollando una táctica
envolvente de ataques parciales al interés oligárquico e imperialista
que, si bien no afectan lo sustancial de ese bloque, sí señalan una
voluntad nacional.
Quizás los dos signos más evidentes en este sentido sean los acuerdos
sellados con Venezuela, por un lado, y la remoción de los elementos
más retrógrados de la Corte Suprema, por el otro. Un tercer plano
donde el Dr. Kirchner ha actuado en el sentido del interés nacional
es el de los DD. HH. Del mismo modo, muchas de sus declaraciones
públicas apuntan en el buen sentido nacional, si bien no suelen tener
un claro correlato en acciones equivalentes.
b) esta táctica envolvente es inquietantemente incompleta. Hay áreas
enteras del accionar gubernamental que se mantienen en manos del
enemigo o de quienes consideran válidos algunos de sus argumentos.
En particular, en el campo económico, donde preferiríamos ver un
gobierno con la audacia que vemos en el campo de los DD.HH.
Aquí el balance no es positivo. Ni la reactivación ni la relativa
tranquilidad de los "mercados" se pueden atribuir a los méritos del
Dr. Lavagna, quien se limita a cosechar morosamente lo que se sembró
con la devaluación y la cesación de pagos. Antes bien, la protección
de los intereses del sector bancario, la idea obsesiva de que "hay
que llegar a algún arreglo con los acreedores", y la concomitante
negativa a investigar la deuda externa en el Congreso nada nos
aportan -no nos van a apreciar más por permitir la continuidad de
esta estafa- pero nos quitan de las manos herramientas de presión
fundamentales para enfrentar al sistema financiero-usurario
internacional.
De hecho, y como no podía esperarse otra cosa, ya se ha producido el
"amesetamiento" que cabía esperar de un ministerio de Economía y un
Banco Central que siguen comandados por equipos que, con mayor o
menor firmeza, se mantienen fieles al legado ideológico del Proceso.
Que ahora se pretenda exportar manufacturas a partir de empleos mal
pagos en lugar de soja y petróleo a partir del desempleo masivo es un
paso, pero demasiado pequeño para sustentar un verdadero proyecto
endógeno de crecimiento autocentrado. Frente a la realidad cruda, de
nada valen las zonceras neoliberales sobre el "recalentamiento" de la
economía que parece estar "recalentando" muchas cabezas en el
gabinete nacional...
c) pese a ello, y debido a que al mismo tiempo se han tomado otras
iniciativas que marcan un rumbo esperanzador, las masas argentinas
están observando el gobierno del Dr. Kirchner con precavida
simpatía. Es evidente que, en la medida que este gobierno siga
navegando entre dos aguas, esta simpatía se desvanecerá. No hay para
el Dr. Kirchner otra salida que hacia adelante. Y no como una
huida, sino como una carga de caballería.
d) para poder desarrollar esta acción, sin embargo, el gobierno no
cuenta con sustento político suficiente. No puede apoyarse en el
aparato del Estado;antes bien, sospecha no sin razón que éste le es
hostil. Tampoco dispone de un partido político propio. El PJ
alvearizado (el de la renovación y el de la ortodoxia, por igual) no
puede considerarse como el vehículo más apropiado para semejante fin.
Mucho menos el ya senil radicalismo y sus diversas esquirlas, más o
menos "progresistas" y "bienpensantes", que dan vueltas por allí.
Hacen falta fuerzas políticas nuevas.
e) pero estas fuerzas políticas tienen que surgir de un proceso de
coalescencia de múltiples experiencias, en torno a un eje marcada y
definitivamente nacional-democrático en el más profundo sentido de la
palabra. Ningún armado político será duradero si no se construye
sobre esta premisa. A partir de ella se pueden conjugar sectores de
los movimientos de desocupados, del movimiento obrero, de sectores
políticos e intelectuales con vocación de servicio a la Patria, e
incluso aún los fragmentos que siguen vivos de las estructuras de los
viejos partidos tradicionales.
Este eje tiene que responder a las tres banderas históricas del
movimiento nacional: la soberanía política, la independencia
económica y la justicia social. Y a ellas habrá de agregarles, para
poder llevarlas a cabo en las actuales condiciones, la más urgente
integración con América Latina, el restablecimiento de la hegemonía
estatal en el manejo de la economía, la promoción de las nuevas
formas de propiedad de los medios de producción, y la participación
más activa y democrática de las masas en el proceso histórico y
político.
N O T A S
[1] Era, en el mejor de los casos, una "democracia de la
dependencia", como no podía ser de otro modo ya que se originaba en
la derrota nacional de 1982. Esto también hay que dejarlo en claro:
Sin la victoria imperialista en el Atlántico Sur, ¿hubiera habido
elecciones? ¿No temía acaso Raúl Alfonsín por la "democracia
argentina" si nuestras tropas vencían a la coalición imperialista de
1982? ¿Cuánto le deben los políticos tradicionales argentinos a la
derrota de nuestras armas en defensa de la soberanía territorial?
[2] En efecto, todos y cada uno de los recursos básicos del país
están hoy en propiedad de potencias que durante el conflicto de las
Malvinas apuntaron literalmente contra el pecho de los soldados
argentinos. Bastaría con ese dato para orientar correctamente un
programa económico de salvación nacional.
[3] No cabe alegar inocencia oficial ni victimizar al gobierno,
puesto que estos dos verdaderos "golpes de Estado" económicos
pudieron ejecutarse, en buena medida, utilizando recursos que habían
sido distribuidos por los últimos ministerios de Economía del
gobierno radical
[4] Que, repitámoslo, tenían el precedente de Celestino Rodrigo:
Menem no era del todo imprevisible
[5] La dialéctica entre quienes defendían al Estado y quienes lo
atacaban fue muy compleja y multilateral, incluso bajo el Proceso.
Recién con Carlos Menem pudo imponerse con todo su poder el ala más
cerrilmente antinacional del pensamiento económico librecambista,
libreempresista y... mitrista.
[6] El período fue contrarrevolucionario, cabe agregar, a nivel
mundial. Es la consecuencia del agotamiento del ciclo de
revoluciones coloniales de la Segunda Posguerra (con la liberación de
Angola y Mozambique) y de la coincidente y mal llamada "crisis del
petróleo", típica crisis de superproducció
n que el régimen imperialista supo remontar a través de la
financierización de la economía planetaria. Una pieza maestra de esa
financierización fue el otorgamiento de créditos innecesarios a
muchos países, entre ellos la Argentina (esto surge de la mera
lectura de las actas del juicio a la deuda externa argentina iniciado
por Alejandro Olmos, está expresado allí con todas las letras.)
[7] Es una jugada política de enorme irresponsabilidad y altísimo
riesgo, porque el desprestigio de sus representantes políticos las
deja prisioneras, como de hecho han quedado, de los medios de
comunicación y las policías semidelincuenciales heredadas del Proceso
y la Fusiladora. A tal punto estos
grupos sociales se desentienden por completo del país real.
[8] La transición se simplificó porque el núcleo del negocio
oligárquico, aún en el período de auge de la "oligarquía vacuna" (la
Década Infame), no era la producción animal sino la intermediación
comercial y financiera;los campos de engorde incrementaban
automáticamente el valor de las haciendas, o
sea del capital del gran estanciero. Éste operaba como un
intermediario entre el criador y el frigorífico y, por supuesto,
estaba en acuerdo perfecto con el frigorífico. No corría el menor
riesgo productivo ni, mucho menos, estaba sujeto a la competencia.
Y, finalmente, en modo alguno pensaba en
reinvertir productivamente para ampliar e intensificar la escala de
producción. En el fondo, era tan especulador como lo serían luego
sus descendientes bajo el Proceso.
[9] Permítasenos agregar que esta ilegalidad originaria es origen de
muchas otras formas de ilegalidad, que permean el conjunto de la
estructura social argentina.
[10] Este proceso ya se había iniciado, pero con un signo opuesto,
durante los años previos al golpe de 1976: la crisis creciente (pero
en ese momento crisis de crecimiento potencial, no de decadencia) de
ese capitalismo de predominio oligárquico ya había diferenciado a las
clases medias asalariadas (que comenzaron a organizarse en sindicatos
como los docentes, ingresaron a la CGT, etc.) de las clases medias
independientes.
[11] Estos fenómenos tuvieron, incluso, expresión geográfica.
Durante el Proceso Militar y los primeros años del Proceso Civil se
produjo una redistribución social y demográfica en el área
metropolitana por la cual antiguas barriadas obreras se convertían en
zonas de convivencia de miembros de la clase media baja (en parte
expulsada de la Capital Federal) y sectores más tradicionales de
trabajadores fabriles (que, sin embargo, poco a poco iban
transformándose en desocupados).
[12] Eran los tiempos del "déme dos" y de los viajes de compras a
Miami. Se transformaban escuelas y colegios en "shóppings". La
afluencia a algunos centros comerciales de la Capital Federal llegaba
a tal extremo que las vidrieras reventaban, literalmente, de tantos
parroquianos que habían ingresado.
[13] El novelista Leopoldo Marechal había escrito, a principios de la
década del 70, que la Argentina era como una víbora que tenía que
cambiar la piel. Si no lo hacía, la piel asfixiaría al animal. La
premonición se cumplió con precisión admirable.
[14] Incluimos aquí, por cierto, a los dirigentes barriales de la
Ciudad "Autónoma" de Buenos Aires, que lograron en 1994 una
"Autonomía" que equipara al intendente de la fracción privilegiada de
una gran ciudad -no otra cosa es la Capital Federal con respecto al
conjunto del área metropolitana- con un gobernador de provincia.
Vieja reivindicación rivadaviana y mitrista, el antecedente más
directo está en la participación del Brigadier Cacciatore como un
integrante más de las 'reuniones de gobernadores' del Proceso
Militar.
Néstor Miguel Gorojovsky, setiembre de 2004
Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
Aparicio Saravia
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