[R-P] ¿QUIÉN DIJO QUE TODO ESTÁ PERDIDO? (Sólo para futboleros)
Alberto Franzoia
albertofranzoia en yahoo.com.ar
Mar Jun 20 17:50:45 MDT 2006
¿QUIÉN DIJO QUE TODO ESTÁ PERDIDO?
Lic. Alberto J. Franzoia
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Una noche de junio, a pocas horas de iniciarse el día
de la bestia, esa conjunción satánica que combina los
tres seis (6 del 6 de 2006), en La Plata, ciudad que
lleva inscripta en su diagramación también extrañas
combinaciones con el número seis, asistimos al
regreso, escoba de por medio, de uno de sus hijos
pródigos: la “brujita” Verón. Futbolísticamente
hablando el más exitoso platense de las últimas
décadas. El que jugó en algunos de los clubes más
importantes de Europa, el que vistió desde los catorce
años la camiseta de la selección nacional, el que fue
solicitado para incorporarse a River o nuevamente a
Boca (institución en la que ya había jugado antes de
emigrar hacia el viejo continente). Sí, en las
vísperas del mundo de las tinieblas, regresó el
descendiente de otra “bruja” que supo estremecer a sus
fans con jugadas electrizantes y goles soberbios. Y de
tal palo surgió otro talento, con una visión enorme
para colocar pelotas magistrales, desde esa selva
habitada por todo tipo de peligrosas especies que es
actualmente el medio campo de juego.
Regresó ese hincha fanático del León, el que supo
mezclarse tantas veces con su gente en los tablones de
1y 57. El que seguía desde Europa los partidos de su
querido equipo por Internet, o en su defecto llamaba a
altas horas de la madrugada a familiares o amigos para
enterarse de un resultado importante, conseguido en
ocasiones a costa de algún inoportuno infarto. Tenía
todas las posibilidades para continuar en el gran
Inter de Italia, pero decidió volver; aunque no con la
frente marchita. Volvió para que sus hijos crezcan en
la tierra que vio nacer la magia de su padre y de su
abuelo. Pero contra todos las especulaciones del
periodismo especializado, la brujita no volvió a la
Argentina para venderle su talento intacto a los
dueños del mercado futbolístico. Nada de Boca o River
como habían anticipado algunos sabihondos que miden
todo por los dólares que pueda ofrecer el mejor
postor. A no pocos de estos expertos en el relato o
análisis futbolero pero neófitos en descubrir
complejidades del alma, se les escapó un detalle, la
brujita es propietario de un corazón albirrojo enorme.
Está definitivamente integrado a la mística que
supieron gestar los bravos compañeros de su padre,
conducidos por aquel inolvidable maestro que fue Don
Osvaldo Zubeldía.
La Brujita lo había anticipado cuando partió hace una
década: “cuando regresé será para jugar en
Estudiantes”. A excepción de la numerosa y fiel
falange pincharrata, nadie más le creyó. Pero cumplió,
vaya si cumplió. No volvió acabado para estirar
artificialmente una gloria ya fenecida. Volvió entero,
con 31 años repletos de talento para tratar de ganar
algo grande con el club de sus amores. Pero antes de
volver ayudó durante mucho tiempo a la institución
donando sumas muy importantes para, por ejemplo, dotar
con excelentes campos de entrenamiento al Country de
City Bell.
Se dice de mí
¿Qué dijeron de él algunos periodistas locales
deslumbrados por su claridad conceptual?
“Lo de la Brujita Verón va más allá de lo
futbolístico. En este reino del tome y traiga y de
negocios carroñeros, sorprende la claridad de un tipo
que prometió volver y volvió, que habló de frente,
arregló rápido y regresó feliz a un escenario
doméstico, cuando aún le sobraba resto y nombre para
codearse con las super estrellas. Su decisión vale
como expresión casi lírica de un sentimiento amateur
que cada tanto es capaz de doblegar al invencible
profesionalismo. Es un gesto que cualquier hinchada
sabrá valorar, porque es la ofrenda de un hincha al
que le tocó ser jugador y de los grandes, pero que
jamás se olvidó que sus colores están más allá de
cheques y laureles.”(Alejandro Castañeda, diario El
Día de La Plata)
“La noticia no es menor: El hincha de Estudiantes de
La Plata más famoso de este planeta, y que mejor juega
a este deporte, hizo lo que casi nadie pensaba que
podía hacer. Decidió, para muchos poderosos de Europa
caprichosamente, pegar la vuela al pago “chico”.
Pero ¿vos sos tonto? Te llamó Butragueño, el “Buitre”
que maneja buena parte de los negocios de la “Casa
Blanca” del fútbol, y le dijiste que no. Aguilar viajó
a Milán, y en una cena mano a mano, te ofreció mucho
para que te pongas la de River. Después Macri,
Pumpilio y Basile te abrieron las puertas del
bicampeón argentino sin poner condiciones; y todo esto
sin contar el novato interés del ahora millonario
Independiente... Te repito la pregunta, ¿vos sos o te
hacés?
Respuesta contundente: No se hace, es hincha del club
que tiene a su padre como ídolo referencial. Nació,
creció y se hizo, gracias a su talento, exquisito
medio campista con la roja y blanca a listones
verticales marcada en el alma.”(Martín Mendinueta,
diario El Día de La Plata).
Honrar la vida
En un mundo regido por el dinero, en el que el éxito y
el fracaso se miden por la cuenta bancaria y bienes
acumulados, apostar a una pasión, dar la palabra por
ella y cumplirla, no es cosa frecuente. Cuando la
ética de muchos tambalea o directamente amanece
desparramada por el piso ante la seducción arrolladora
que ejerce una montaña de billetes, algunos hombres
enteros nos enseñan que por algunas cosas toda vía
vale la pena seguir peleando. El fútbol es para
ciertos intelectuales distanciados del pueblo, sean de
derecha o de izquierda, cipayos o nacionalistas, una
actividad menor que debe ser borrada de todo relato
trascendente de la existencia humana. Para algunos se
trata de un deporte grotesco, muy inferior a aquellos
más sutiles como el tenis o el golf, por citar sólo
dos ejemplos. Para otros el fútbol embrutece a la
gente pues resta tiempo para leer y hacer sesudos
análisis. No faltará quien lo equipare al opio de los
pueblos. En un estudio sobre la psicología de las
multitudes, podríamos concluir que estimula
peligrosamente una catarsis colectiva de deseos y
frustraciones. Pero por sobre todas las cosas, y más
allá de sus muchos ilustrados detractores, el fútbol
es un proyecto colectivo, cuyo triunfo o fracaso
depende en buena medida de cómo se amalgame ese grupo
de sujetos con mayores o menores talentos personales,
y en el que en ocasiones, algunas actitudes
individuales vestidas con la pasión, el honor y la
entrega para el goce colectivo, nos reconcilian con la
especie humana.
Por eso lo de la Brujita Verón debe enmarcarse como un
acto de entrega por los colores, por su historia y por
su gente, que marcha a contrapelo de lo socialmente
aceptado. Actitudes y aptitudes de esta estirpe suelen
pasar desapercibidas para quienes pretendían hacer un
mejor negocio comercializando tapas del Gráfico o
programas televisivos de Torneos y Competencias con la
imagen de nuestro muchacho luciendo la camiseta de
Boca o River. Pero temo que tenemos muy malas noticias
para los mercaderes del siglo XXI (que abundan tanto
en el fútbol, como en el arte, la ciencia y la
política): no todo hombre tiene su precio. Para Max
Weber, el tipo ideal humano de la sociedad capitalista
era Benjamín Franklin, pues para él el tiempo
representaba dinero, por lo tanto había que invertir
“productivamente” cada minuto de vida. Si Verón guiará
su conducta futbolística por este tipo ideal, es obvio
que debería haber continuado en Europa (posibilidades
no le faltaban), o si extrañaba demasiado a su país,
regresar para florearse en Boca o River. Pero
afortunadamente para la raza humana, nos demostró que
aún en la escéptica posmodernidad, en medio de tanta
insoportable levedad del ser, y como sentenció la
inolvidable Eladia: aùn es posible "honrar la vida".
¡Gracias Brujita, si no existieras hubiera sido
imprescindible inventarte!
La Plata, junio de 2006
©Alberto J. Franzoia
Todos los derechos reservados.
Para reproducir citar la fuente.
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