[R-P] Mas petroleo para que los gringos derrochen

Ezequiel Beer ebeer en telecentro.com.ar
Dom Jun 11 15:55:09 MDT 2006






El cambio climático abre el Ártico
La ciudad noruega de Hammerfest, frontera de la nueva fiebre del oro negro y 
de la apertura de rutas marinas
El cambio climático es, tal vez, la mayor amenaza para la supervivencia del 
planeta. Pero tiene algunas consecuencias positivas. El Ártico, el mar de 
hielo, se funde, y eso abre una nueva frontera que promete cambiar el Gran 
Norte: fabulosos yacimientos de gas y petróleo antes inaccesibles y 
rentables rutas interoceánicas. En Hammerfest (Noruega) se escenifica ya 
este desafío fascinante.
RAFAEL MÉNDEZ
DOMINGO - 11-06-2006










El curso del deshielo se acelera a ritmo vertiginoso. Desde 1979, el Ártico 
ha perdido el 20% de su superficie helada. En el último año, el equivalente 
a la mitad de España
Una regasificadora enorme situada en una isla permitirá abrir un nuevo 
yacimiento de gas en el mar de Barents, hasta ahora inaccesible a la 
perforación
"En el fin de semana, esto es el oeste. En Oslo hay ocho peleas por cada 
1.000 habitantes; aquí, 15", dice un camarero del Kai Kanteen
La población aumenta, la construcción se dispara y las casas se venden sobre 
plano. Algo habitual en España, pero no en el Círculo Polar Ártico
Hammerfest, gracias a la corriente del Golfo, fue tradicionalmente la puerta 
de entrada al Ártico para exploradores y científicos
Iberdrola ha comprado 1.600 millones de metros cúbicos de gas al año, que se 
extraerán a 250 metros de profundidad y se licuarán a 160º bajo cero
El deshielo abrirá rutas marítimas y potenciará disputas entre países por 
aguas que hasta hace poco apenas importaban
Magne Olsen es un tipo duro. Rapado, metro noventa, camiseta negra y un 
abrebotellas en el cinto. Impone respeto. Tiene que ser así porque atiende 
el Kai Kanteen, el antro más popular de Hammerfest (Noruega), que presume 
con razón de ser "la ciudad más cercana al Polo Norte". "Antes, aquí no 
había nada que hacer. Imagínese, 20 grados bajo cero en invierno, dos meses 
de oscuridad total y poco trabajo, tan sólo algo de pesca. Era un asco. La 
gente se iba; pero ahora, ya ve, a este rincón llega gente de todo el 
mundo", explica mientras termina de tirar una pinta de Mack, "la cerveza del 
Ártico".
El Polo Norte siente ya con fuerza el imparable calentamiento del planeta, 
una terrible amenaza a la supervivencia de la especie humana de la que ella 
misma es única responsable. El deshielo se ha acelerado a ritmo vertiginoso. 
Desde 1979 ha perdido un 20% de su superficie helada. Tan sólo en el último 
año, una extensión equivalente a la mitad de España. Y las previsiones son 
pavorosas: los científicos calculan que antes de 2070 no quedará ya hielo en 
verano, lo que permitirá abrir nuevas rutas marítimas y explotar fabulosos 
yacimientos de gas y petróleo. Aunque para la humanidad en su conjunto el 
calentamiento global es una tragedia de enormes proporciones, Hammerfest es 
el ejemplo perfecto de que incluso las tragedias pueden tener un lado 
positivo.
Al otro lado de la barra que custodia Olsen hay 26 hombres y tres mujeres. 
Ellos beben cerveza sin parar y hablan en distintos idiomas. Los que se 
repantigan en el sofá de piel junto a la barra hablan en ruso; los del 
billar, en polaco; otros, en finés. Todos siguen con la mirada a las chicas 
cuando cruzan camino del servicio. Patrick, un gigantón con la cabeza rapada 
y una barba hasta el esternón, procedente de Canadá, habla con Hans, el 
único noruego, en un inglés casi ininteligible. Demasiada cerveza, Patrick. 
Muchos de ellos llevan al cuello una placa con su foto, su nombre y una 
palabra que se repite: Melkoya.
Melkoya (que significa "la isla de la leche") es la explicación de que 
Hammerfest sea hoy lo más parecido que hay en el mundo a un pueblo minero 
del Salvaje Oeste. Melkoya es una regasificadora enorme situada en una isla 
en el fiordo que baña la ciudad. Melkoya permitirá abrir un nuevo yacimiento 
de gas natural en el mar de Barents, hasta ahora virgen e inaccesible a las 
perforaciones.
Olsen sorbe su cerveza y prosigue: "Tanta gente es buena para el negocio y 
para el pueblo. Las casas han doblado su precio y los jóvenes se quedan". De 
repente alza la vista: "Perdone, pero tengo trabajo". Y sale disparado de la 
barra a por dos jóvenes rusos que se están zurrando de lo lindo y que un 
segundo antes charlaban animadamente. Olsen los agarra y les saca fuera del 
bar sin esfuerzo aparente. En la plaza, junto a la estatua al oso polar, 
sigue la pelea. Uno lanza una patada, pero sólo le da al aire; cae al suelo 
y el otro se le sienta encima y le zumba con los dos puños. Sus amigos, con 
los ojos vidriosos, los miran fumando y riendo. Al final, los dos 
camorristas se separan y encienden un pitillo. No ha pasado nada. ¿Les suena 
esta película?
Atardecer perpetuo
Son las dos de la madrugada, pero el sol ilumina Hammerfest, sus casas de 
colorines de dos plantas con el tejado a dos aguas. El sol de medianoche, 
que no abandona ni un momento el cielo y que crea un atardecer perpetuo, se 
refleja en el fiordo.
Olsen vuelve a la barra, tira otra Mack y prosigue: "Y eso que hoy no es fin 
de semana. Entonces, esto es el Oeste. En Oslo hay ocho peleas por cada 
1.000 habitantes; aquí, 15". Entre semana, Olsen sirve 200 cervezas cada 
noche. Un sábado, 400. Esos días la caja alcanza los 1.200 euros.
Patrick, de 34 años y que ha recorrido medio mundo levantando andamios hasta 
el infinito en plantas de gas y petróleo, lo entiende: "Son muchos hombres 
trabajando 12 horas al día y cuando salen sólo tienen este bar. Es normal 
que haya peleas. No hay nada más que hacer". Suena el Rock hallelujah, el 
éxito de Eurovisión de Lordi, y los finlandeses rugen.
En la calle hay tres afganos: Jalil, Hassan y Alí. Aparte de sus rasgos, la 
cara escondida en el abrigo y las manos en los bolsillos delatan que vienen 
del sur. "Llegamos hace dos años a Noruega. Preguntamos dónde había trabajo 
y nos mandaron aquí", explica Jalil, de 23 años. "Este pueblo es una mierda. 
No hay nada que hacer, pero ya no podemos ir más al norte. Trabajamos de 
limpiadores ocho horas diarias en Melkoya, y luego salimos a comer y beber, 
como animales. No hay chicas, sólo un billar. En invierno hay varios metros 
de nieve". Los trabajadores no hablan de Melkoya, sino de Melcotraz, en 
honor de la antigua prisión-isla de la bahía de San Francisco.
Puerta del Ártico
Alf Jakobsen, el alcalde de Hammerfest, quita importancia a la bronca: "Sí, 
seguro que en el bar hay ahora mismo gente bebiendo, pero, en general, los 
trabajadores de Melkoya son buenos vecinos, gente sana". Jakobsen, 
socialdemócrata de 55 años, funcionario de profesión como 900 de los 9.000 
habitantes, se para junto al muelle: "Antes aquí había decenas de barcos de 
pesca. Hoy quedan tres. En aquellas plantas, Findus empleaba a 1.000 
personas; ahora trabajan 100. Nuestro futuro es el gas y el petróleo".
El pueblo perdió 1.049 habitantes entre 1990 y 2001; pero, desde que en 2002 
comenzó la construcción de Melkoya, han llegado 500 personas, sin contar con 
los 2.700 trabajadores que erigen la planta. Jakobsen explica que Hammerfest 
llegará a los 12.000 habitantes en 10 años y hasta 20.000 más adelante. 
Obreros de todo el norte de Europa levantan 200 casas al año que se venden 
sobre plano, algo habitual en la costa española, pero no en el Círculo Polar 
Ártico. Markku Palmu, por ejemplo, llegó desde Finlandia con su cuadrilla 
"para enseñarles a los noruegos a hacer casas de madera como Dios manda".
Jakobsen se pasea por la calle con una camisa y una chaqueta. Es un día de 
mayo soleado, un día único en la zona, aunque el viento del Polo amenaza con 
rasgar las orejas del visitante: "Allí", señala hacia el fiordo que da al 
mar de Barents, donde el agua está a tres grados, "hay petróleo y gas. 
Mucho. Dicen que con el deshielo será más accesible. Si esto es el cambio 
climático, bienvenido sea. Statoil paga al Ayuntamiento 12 millones de euros 
al año, y con eso podemos hacer escuelas, residencias para ancianos, 
etcétera. Nos gusta el Estado de bienestar".
Hammerfest fue tradicionalmente la puerta de entrada al Ártico. En el siglo 
XIX y principios del XX lo fue para los exploradores que buscaban nuevas 
rutas marinas y para estudios científicos. Hasta los años sesenta, los 
cazadores partían de este punto para capturar osos polares y venderlos a los 
circos europeos, como recuerdan las fotos de la Sociedad del Oso Polar, en 
el puerto. La razón es que la corriente del Golfo hace que la costa noruega 
tenga un clima menos frío que Groenlandia, Canadá, Alaska o Rusia. La 
corriente, que cruza el Atlántico desde el golfo de México, es la misma que 
permite que Lisboa sea más cálida que Nueva York aunque estén a la misma 
latitud. Los nazis tomaron la ciudad, y, cuando los ingleses la 
reconquistaron, las tropas alemanas la redujeron a cenizas.
Hoy quien manda es Statoil, la empresa pública noruega de hidrocarburos. A 
Severre Kojedal, su relaciones públicas, le chispean los ojos cuando habla 
de los proyectos en la zona. Statoil -cuyo nombre resume el lema de Evo 
Morales, petróleo estatal- recibió permiso del Parlamento para perforar el 
mar de Barents en 2002. Hasta entonces, Noruega se había conformado con el 
mar del Norte, pero ya tocaba seguir hacia el Polo. El Gobierno noruego 
anunció el jueves que la producción de petróleo en el Mar del Norte ha 
bajado un 18% en el último año. La empresa decidió trabajar en el yacimiento 
conocido como Snohvit (Blancanieves), identificado en 1984. "Entonces no 
existía la tecnología necesaria y no era rentable, pero hoy Snohvit es un 
gran negocio", explica. Se trata de la primera planta de gas licuado de 
Europa y la que está más cerca del Polo.
La empresa, junto a Total y Gaz de France, ha invertido 7.512 millones de 
euros en el monstruo. A partir de 2007, tres pozos a más de 250 metros de 
profundidad y situados a 130 kilómetros de Hammerfest extraerán el gas 
natural y, mediante un gasoducto submarino, lo llevarán a Melkoya, donde 
será licuado a 163 grados bajo cero para reducir su volumen 600 veces y 
enviarlo en barcos especiales a Estados Unidos y a España. Iberdrola ha 
comprado 1.600 millones de metros cúbicos de gas al año, que recibirá en 
Bilbao y Huelva, según Statoil. La planta operará durante 20 años, y, con el 
precio del gas por las nubes (en los mercados internacionales está ligado al 
del petróleo), Statoil espera ingresar más de 50.000 millones de euros. La 
previsión de ingresos se ha doblado desde que se inició la construcción de 
la planta.
Kojedal, de bigote casi albino y porte de atleta, se cala el casco y las 
gafas de protección, el pantalón reflectante y el abrigo naranja obligatorio 
y hace de guía por Melkoya. Donde se ve un enorme armazón de cemento y 
hierros, él ve la torre donde se enfriará el gas. Donde hay un amasijo de 
cables y tubos, él ve un gasoducto que llega desde el Polo. Gran parte de la 
planta se ha construido en bloques fuera de Noruega para evitar los rigores 
del invierno. Las partes gigantescas construidas en Alemania, Francia, Cádiz 
o Ferrol fueron transportadas en barco durante el verano y ensambladas como 
un mecano descomunal en Hammerfest. "En el yacimiento, de donde sacamos el 
gas, no habrá nada a la vista. Todo será automático y submarino. Los 
ecologistas han criticado el proyecto, pero lo hemos hecho con todas las 
medidas de respeto al medio ambiente".
Statoil es la más avanzada, pero no la única. La italiana ENI va a perforar 
en busca de petróleo frente a Hammerfest en el yacimiento conocido como 
Goliat; los rusos abrirán Stockman, una bolsa gigante de gas frente a 
Siberia, mientras que Rusia y Noruega se disputan las aguas territoriales 
fronterizas y sus reservas.
"Todo el mundo mira al norte", resume Kojedal. Hay razones: que al subir el 
precio del petróleo es rentable perforar donde hasta ahora era impensable; 
que la zona es políticamente estable y, por tanto, atractiva -no es lo mismo 
depender de Noruega que de Irán-; que un informe del servicio geológico de 
Estados Unidos calcula que un 25% del gas y el petróleo por descubrir en el 
mundo está en el Ártico, y que las petroleras sí que se creen que el 
calentamiento global del planeta fundirá el Ártico y facilitará sus 
prospecciones.
El círculo vicioso del gas
Una vez que las plantas de ciclo combinado de Iberdrola en España quemen el 
gas de Snohvit, producirán electricidad para los hogares españoles. Pero, 
además, emitirán dióxido de carbono, CO2, que se acumula en la atmósfera y 
frena la salida de calor de la Tierra. La concentración de esta sustancia en 
la atmósfera ha variado de forma natural entre 200 y 300 partes por millón 
(ppm). Y con el dióxido de carbono aumenta la temperatura. Actualmente, la 
cota está en 375 ppm. Las primeras previsiones calcularon que en 2050 la 
concentración llegaría a las 550 ppm, pero al ritmo actual de consumo de 
combustibles fósiles esa marca terrible puede llegar antes.
El resultado es que el planeta se calienta, y el Ártico más. "El Ártico es 
el canario del clima, el que primero nota los cambios", explica Pal 
Prestrud, director del Centro para la Investigación del Clima de Noruega, 
una fundación que se financia con sus estudios. Prestrud, uno de los 
coordinadores del informe del Consejo Ártico (el foro donde se reúnen los 
países de la zona) sobre cómo iba a afectar el calentamiento, explica que 
"la temperatura media en 2005 fue 2,5 grados superior a la normal". Como el 
hielo en el Ártico no es uniforme, sino que se forma en invierno y gran 
parte se pierde en verano, una ligera variación en la temperatura afecta a 
la extensión del hielo. Una de las explicaciones, según Prestrud, es que el 
Ártico ha entrado "en una espiral": como aumenta la temperatura, se funde el 
hielo y deja paso al agua del mar. Ésta es negra y no refleja la radiación, 
como hacía la nieve; así que el Ártico absorbe más calor y funde más hielo. 
Además, la corriente del Golfo llega más caliente y aumenta el deshielo.
Los satélites de la NASA miden periódicamente la extensión del hielo desde 
1979 y cada año ofrecen un nuevo récord negativo. En marzo de 2006 había 
300.000 kilómetros cuadrados menos de hielo que en 2005 (el 60% de la 
extensión de España). La pérdida de hielo, sostenida desde 1979, se ha 
acelerado en los últimos años.
-¿Llegará el Ártico a perder todo el hielo en verano?
Prestrud se levanta de la mesa, va a su ordenador y arranca la simulación 
sobre la evolución de la capa helada. La mancha que representa el hielo 
retrocede y se concentra alrededor del Polo al avanzar los años. A la vez, 
el mapa, que era azul, se vuelve rojizo y naranja, simbolizando el aumento 
de temperatura. En 2070, el verano se queda sin hielo. "Ésta es la 
predicción de la Universidad de Bergen, de lo mejor que hay. Otros estudios 
dicen que puede ocurrir antes. El ritmo de deshielo actual supera la peor de 
las expectativas realizadas a finales de los noventa", explica Prestrud. 
"Hace un año estaba en las islas Svalbard, muy cerca del Polo. Era enero y 
empezó a llover en vez de nevar. Pensé que era imposible, pero no. Es un 
fenómeno cada vez más frecuente".
Las implicaciones del deshielo son enormes para todo el mundo. "Al alterar 
uno de los sumideros de calor del planeta, el clima de gran parte del mundo 
podría verse afectado", explica por teléfono Mark Serreze, investigador de 
la Universidad de Colorado encargado de hacer las mediciones, y que el año 
pasado participó en un estudio sobre el deshielo que publicó la prestigiosa 
revista Science. Las mediciones del espesor del hielo realizadas con 
submarino han registrado reducciones de hasta un 40%.
El deshielo abrirá nuevas rutas marítimas, según explica el director 
ejecutivo del programa de Monitorización del Ártico, Lars Otto Reiesen. "Las 
nuevas rutas", añade, "permitirán ahorrar hasta un 40% del tiempo de viaje 
entre Europa y Asia si se cruza por la costa de Siberia. Dependerá de los 
seguros que pidan las compañías a los barcos porque puede haber problemas 
con los icebergs, pero estoy seguro de que se usarán". Actualmente, sólo los 
rusos, y en verano, se atreven a sacar sus minerales de Siberia por mar. La 
ruta es navegable 20 días al año y los científicos calculan que en 2080 
llegará a 80 días.
Las enormes posibilidades de una ruta en el Ártico han suscitado disputas 
sobre la bandera de aguas territoriales que hasta ahora a nadie importaban. 
El primer ministro canadiense, Stephen Harper, recordó nada más ser elegido 
que no renunciaría a las aguas heladas que considera suyas. El anuncio era 
importante porque EE UU piensa otro tanto.
Además, si se va el hielo llegarán las plantas, y con ellas el hombre. "El 
bosque subirá y las tierras que hoy son inservibles podrán ser cultivadas", 
señala Reiesen ante un mapa del Ártico en su despacho de Oslo. "Así nos 
gusta ver el mundo, con el Polo Norte en el centro". Los que no podrán ir 
más al norte serán algunas especies de focas y los osos polares. Por eso, la 
Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha incluido a los 
osos polares por primera vez como especie en peligro de extinción. "No 
tendrán hielo, que es su hábitat natural, así que lo más probable es que 
desaparezcan o que se mezclen con los osos grizzlies pardos de Alaska". 
Casualidad o no, el 16 de abril un cazador de EE UU llamado Jim Martell mató 
en Canadá al primer híbrido conocido de oso polar y oso pardo.
El escudo de Hammerfest es un oso polar, pero a nadie le preocupa que puedan 
desaparecer. La fiebre del oro es demasiado excitante. Hoy es Hammerfest, 
pero otras ciudades de Rusia, Canadá o Alaska toman ya posiciones. La nueva 
carrera por el Ártico ya está en marcha.
La Antártida, ¿un gigante dormido?
LA PÉRDIDA DE HIELO en el Ártico puede tener enormes implicaciones para el 
clima mundial, aunque no afectará al nivel del mar. La idea es simple: al 
fundir un cubito en un vaso, el agua no se desborda. Aquí ocurre lo mismo 
porque el hielo se encuentra flotando y ocupa el mismo volumen que si fuera 
agua líquida. Las previsiones de aumento del nivel del mar por el 
calentameinto responden a otros temores: a que al aumentar la temperatura el 
agua se expande, ocupa más volumen y, por tanto, sube de nivel, o a que se 
funda el hielo que está sobre un continente. En este caso, los científicos 
temen por Groenlandia, que se deshiela a toda velocidad, o a la Antártida, 
considerada hasta ahora un gigante dormido, pero que, según los últimos 
datos, puede estar despertando.
El director del Centro para la Investigación del Clima de Noruega, Pal 
Prestrud, explica que "el calentamiento se ve ya en el Ártico y no en la 
Antártida porque el norte está más cerca de la temperatura de fusión. El mar 
atempera y el Polo Norte no es tan frío como la Antártida. Además, la 
Antártida no tiene el problema del Ártico de que al fundirse el hielo se 
convierte en nieve que absorbe más calor. Allí siempre hay hielo que refleja 
la radiación solar". Aunque el efecto es más visible en el Polo Norte (en 
2005 la temperatura fue 2,5 grados superior a la media histórica, según la 
NASA), en la Antártida puede haber comenzado el deshielo.
Un estudio por satélite descubrió en marzo pasado que la Ántártida pierde 
152 kilómetros cúbicos de agua al año. Cada kilómetro cúbico equivale al 
derogado trasvase del Ebro. Groenlandia, una superficie helada similar a 
México, ha comenzado también a verter agua al mar a una velocidad que se ha 
duplicado en los últimos cinco años hasta los 150 kilómetros cúbicos al año, 
según otro estudio. Si Groenlandia se fundiera, el mar subiría siete metros.
España también mira al Norte
LOS INTERESES DE ESPAÑA en el Círculo Polar Ártico han sido hasta ahora 
escasos. Sin embargo, en los últimos años, España también ha girado la vista 
al lejano Norte. Iberdrola ha comprado gas de la planta de Snohvit y ACS 
fabricó en Cádiz la parte principal de la regasificadora de Hammerfest. La 
estructura, de 25.000 toneladas, 60 metros de altura, más de 200 de largo y 
una superficie de 8.300 metros cuadrados, fue transportada en barco hasta 
Noruega.
Además de la energía, Noruega tiene pesca. En diciembre, se apresó a dos 
pesqueros gallegos por pescar fletán azul (una especie protegida) frente a 
las islas Svalbard, al norte de Hammerfest, en una zona que España considera 
que no incumbe a Noruega.
Con estas inversiones y problemas, España ha pedido entrar en el Consejo 
Ártico como observador, según Lars-Otto Reiersen, director ejecutivo del 
programa de seguimiento del Ártico del Consejo . En éste participan los 
países del Ártico (Noruega, Finlandia, Suecia, Rusia, Estados Unidos, Canadá 
y Dinamarca), los representantes de los pueblos indígenas y las 
organizaciones ecologistas.
Como explica Reiersen, "el Ártico es cada vez más interesante. Además del 
gas y del petróleo, con el calentamiento la pesca se desplazará hacia el 
norte. Y ya se sabe que si hay bacalao, detrás aparecen los españoles".
El Rey ha visitado Noruega esta semana y allí pidió diálogo para resolver 
los conflictos sobre la pesca y trató sobre la importancia del gas. La 
anterior visita se produjo hace 24 años.
El país nórdico, que es el séptimo productor mundial de petróleo, aporta el 
7% del gas que consume España. El primer ministro noruego, Jens Stolterberg, 
explicó su interés por aumentar las exportaciones a España. Sobran razones 
para poner un ojo en el Norte.


http://www.elpais.es/articulo/portada/cambio/climatico/abre/artico/elpdompor/20060611elpdmgpor_1/Tes/#DESPIECE_1 






Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular