[R-P] "Ser venezolano sirve para algo"
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Jue Ene 12 09:52:55 MST 2006
Gentileza de la lista Redial Simón Bolívar
[Cito: "El pueblo venezolano, -como me decía una señora muy pobre-
ha aprendido que ser venezolano sirve para algo"
El artículo que sigue es excelente. Pero esa frase, rescatada por un
atento cronista de la masa de planteos populares, lo vuelve
antológico.
Condensa todo el sentido de la revolución bolivariana. Por lo demás,
es muy sugestivo y fértil el planteo de Guédez, directamente
vinculado a esa profundísima observación de puro pueblo:
"Los cambios cualitativos radicales se producen cuando las
indetenibles fuerzas productivas emergentes terminan por romper el
marco social, económico y jurídico que impide su crecimiento y
desarrollo. Un caso emblemático de esto lo vemos en los
acontecimientos que condujeron a la humanidad a la revolución
francesa. Lo razonable habría sido que, ante el fabuloso
encrespamiento de las fuerzas productivas emergentes, el viejo
sistema hubiese cedido en forma incruenta. La historia nos muestra
que no fue así. En otras oportunidades el enfrentamiento no es,
necesariamente, determinado por el surgimiento de nuevas fuerzas
productivas sino por una elevación del horizonte social de los
excluidos. Hoy, en la Venezuela bolivariana,se está desarrollando un
proceso de este tipo. El pueblo venezolano ha dejado de ser dócil y
reclama igualdad, justicia y equidad y quien no descubra la
significación revolucionaria de este acontecimiento está condenado a
un dramático y trágico destino." ]
2006: UN GIGANTE Y SU DESTINO.
El enfrentamiento: ¿un mal absoluto o un bien posible?
Por Martín Guédez
(10-01-2006)
Sin duda, este año será decisivo para el proceso revolucionario en
Venezuela. Es natural y no llama a asombro. El sistema capitalista,
en su dimensión global y su expresión vernácula, conoce del grave
desafío y pondrá en marcha todas sus poderosas fuerzas: Deben llegar
a diciembre desalojando del poder a Chávez, verdadero obstáculo entre
ellos y las riquezas de Venezuela. De nuevo surge la dolorosa duda
frente a los métodos que utilizarán para alcanzar tal objetivo.
¿Llegarán a diciembre, aún en medio de todas las marramuncias de que
son capaces, para medirse en las urnas? ¿Elegirán caminos verdes?
¿Conocerán todos los riesgos? ¿Estarán dispuestos a pagar el alto
precio?
La historia humana puede ser descifrada desde ángulos variados de
acuerdo con las travesuras de la historiografía. No obstante y dado
que es fundamentalmente memoria colectiva y expresión de eventos
acaecidos, -historiografía aparte- la historia muestra la eterna
lucha de los desposeídos, marginados y explotados contra los
propietarios, ladrones y explotadores. Al fin, la historia no es más
que el balance de la lucha de clases.
Los cambios cualitativos radicales se producen cuando las
indetenibles fuerzas productivas emergentes terminan por romper el
marco social, económico y jurídico que impide su crecimiento y
desarrollo. Hoy, el fracaso del capitalismo neoliberal para resolver
los graves problemas de la humanidad plantea un enfrentamiento entre
éste y nuevas formas productivas. En ello la va la vida al planeta y
la humanidad entera. Un caso emblemático de esto lo vemos en los
acontecimientos que condujeron a la humanidad a la revolución
francesa. Allí se enfrenta el sistema feudal, agrario y caduco con
las fuerzas productivas de villanos y burgueses, que requieren para
su desarrollo derrumbar los muros del feudo, barreras insalvables
para poder colocar su poderosa capacidad de producción de bienes y
servicios.
Así, villanos y burgueses, -todavía el término villano significa
para nosotros algo así como gentuza o tierruo en el léxico de la
nueva confrontación- estaban irremediablemente destinados a derrotar
el agónico sistema feudal. Lo razonable habría sido que, ante el
fabuloso encrespamiento de las fuerzas productivas emergentes, el
viejo sistema hubiese cedido en forma incruenta. La historia nos
muestra que no fue así, de aquella vieja nobleza no quedaba nada
salvo la soberbia y la arrogancia. Ellos representaban la muerte y la
putrefacción del viejo sistema. Como nos señala Ortega y Gasset: ".de
verdaderamente aristocrático sólo quedaba en aquellos seres la gracia
con que recibían en su cuello la visita de la guillotina; la
aceptaban como el tumor acepta el bisturí".
En otras oportunidades el enfrentamiento no es, necesariamente,
determinado por el surgimiento de nuevas fuerzas productivas sino por
una elevación del horizonte social de los excluidos. Hoy, en la
Venezuela bolivariana,se está desarrollando un proceso de este tipo.
El pueblo venezolano, -como me decía una señora muy pobre- ha
aprendido que ser venezolano sirve para algo. Ha dejado de ser dócil
y reclama igualdad, justicia y equidad y quien no descubra la
significación revolucionaria de este acontecimiento está condenado a
un dramático y trágico destino.
Nuestro tiempo actual se caracteriza por la arrolladora sublevación
moral del pueblo, como diría Ortega y Gasset: "imponente, indomable y
equívoca como todo destino. ¿Adónde nos lleva? ¿Es un mal absoluto o
un bien posible? ¡Ahí está, colosal como un gigante, cósmico signo de
interrogación, el cual tiene siempre una forma equívoca, con algo, en
efecto, de guillotina o de horca, pero también con algo que quisiera
ser un arco triunfal! Estamos pues frente a un pueblo que ha
descubierto que, por el sólo hecho de ser venezolano tiene derechos y
que para alcanzarlos no requiere de ninguna calificación especial
étnica, social, cultural o económica.
¿Qué hará la clase dominante ante este hecho? De su respuesta
dependerá que el destino esté signado por la guillotina a un arco del
triunfo compartido. Si acogemos los signos de sus últimos movimientos
su ceguera cósmica los conduce, violenta y torpemente, al
enfrentamiento y con él al caos. ¿No habrá entre esta nueva
aristocracia quienes impongan la luz del entendimiento? Los
venezolanos hemos sido originales y precursores en otros momentos de
la historia. Quizás, si hacemos un supremo esfuerzo de comunicación y
discusión podríamos protagonizar otra originalidad más. En este caso,
el cambio de unas estructuras excluyentes, caducas y superadas por
otras signadas por el respeto, la equidad y la inclusión sin la
necesidad de más dolores.
Las cartas están echadas. De un lado un pueblo en el estado
psicológico de sentirse amo, dueño y señor de su destino y del otro,
una clase aferrada a unos privilegios, -acaso explicables en otros
tiempos- que de a poco se convierten en pesadas piedras que los
arrastran hasta el fondo del pozo de la historia. Más que el pueblo,
la oligarquía tiene la palabra.
Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
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