[R-P] Américo Rial sobre el 24 de febrero de 1946
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Vie Feb 24 09:15:49 MST 2006
BUENOS AIRES, 24(PSI).- LAS TRES JORNADAS REDENTORAS DE LA REVOLUCION
NACIONAL
4 + 17 = 24 (por Américo Rial).
Se cumplen 60 años del día en que la Patria le ganó una crucial
elección a los partidos. Aquel 24 de febrero del 46 el coronel Perón
jugó con las reglas que le había impuesto el enemigo, pero logró
asegurarse que el arbitro fuera imparcial.
Así, con un aparato armado con saldos y retazos, en pocos meses
derrotó a la gran coalición sinárquica, integrada por casi todos y
casi todo... el poder mundial, políticos, dinero, prensa...
Aquel 24 de febrero se completó el ciclo triunfal de la Revolución
Nacional, iniciado el 4 de junio de 1943, asumido y convalidado por
el pueblo argentino el 17 de octubre de 1945. Esas tres jornadas
redentoras forman un solo e inseparable haz, siendo imposible
entenderlas en toda su dimensión separadamente.
Y como alguna vez nos explicaron que en política dos mas dos no son
cuatro, nos permitimos sumar 4 y 17 para alcanzar este 24...
Sabemos que el tema disgusta al democratismo tardío de la llamada
"renovación peronista", deseosa de ocultar el verdadero origen del
movimiento del que se sirvió, con el fin de ser bien recibida en los
salones europeos de las internacionales partidarias y aprobados por
los comisarios del "pensamiento políticamente correcto".
Todavía recordamos las palabras de Antonio Cafiero en la
Constituyente del 94 aludiendo al 4 de junio como un golpe mas,
magníficamente contestadas en aquella ocasión por el joven
convencional Nuñez. Y ni que hablar de los Grosso, los Manzano, los
Corach...y tantos otros alérgicos a la Revolución Nacional.
Pero fue Juan Domingo Perón quien siempre estableció sin dudas ni
disimulos la correspondiente correlación entre estos tres hechos
históricos. En el magnifico discurso que propaló por radio -desde San
Vicente- como cierre de la campaña del 46, afirmó "nosotros, los
revolucionarios de junio, queremos dignificar la vida de la
república". Y tras la portentosa victoria resolvió asumir el gobierno
el día 4 de junio, como homenaje a la revolución, lo que reitero tras
la reelección en 1952.
Los años no cambiaron sus convicciones. En 1974, en su mensaje a la
asamblea mundial de países no alineados reivindicó el origen juniano
del movimiento.
Es que fue la Revolución la que dio fuerza y sentido a la histórica
movilización que determinó aquel gran triunfo electoral. La fórmula
Perón-Quijano venció a sus contendientes en todo el país, menos en
San Luis, San Juan, Córdoba y Corrientes. La Capital Federal y la
provincia de Buenos Aires fueron decisivas, mal que le pese a cierto
revisionismo siempre dispuesto a criticar a "los porteños".
También fue importante la incorporación al padrón de casi un millón
de jóvenes que votaron por primera vez. Sobre ellos trabajó
intensamente la FUBA, controlada por los comunistas, pero también lo
hizo la juventud nacionalista que había logrado un alto grado
organizativo en la Alianza -ALN- la que sólo en la ciudad de Buenos
Aires contaba con mas de 20 fortines.
Eduardo Colom, uno de los primeros grandes dirigentes del peronismo -
provenía del yrigoyenismo- por entonces director del diario "La
Epoca" testimonió sobre la Alianza Libertadora Nacionalista: "el 12
de octubre (del 45) tuvo un papel destacado al obstaculizar la
demostración oligárquico-comunista de plaza San Martín y evitar que
gravitase en la solución del problema político e institucional
planteado". En ese acto, entre señoras y señorones platudos, el
dirigente Peter pidió la horca para los peronistas y quienes los
ayudaban. El plan era tomar el Círculo Militar y luego la Casa de
Gobierno, pero la decida acción de los aliancistas -en total
inferioridad numérica- arruinó estos propósitos de las tropas de
Braden.
Unas semanas antes el tristemente célebre embajador norteamericano
Spruille Braden, agasajado en el Plaza Hotel por la runfla
democrática también atacó a la juventud nacionalista: "Hace algún
tiempo, cuando el éxito parecía acompañar a los ejército nazis, el
canciller de uno de los gobiernos satélites del Eje -el guaso se
refería así a la Argentina- se creyó en el caso de hacer méritos ante
sus jefes extranjeros, de pasada, hacer leña de un árbol que él y los
suyos creían ya caído. A tal efecto organizó una "espontánea"
manifestación en contra de una de las Naciones Unidas. Seleccionó
entre sus huestes a dos o tres centenares de nacionalistas y les dio
la orden expresa de exigir con gritos, con insultos y con piedras la
inmediata reintegración a la soberanía patria de cierto famoso
territorio..." Asi se refirió a la Islas Malvinas. Los supuestos
argentinos agasajadores aplaudieron a rabiar.
Braden era brutal pero tenía una gran garra política, que ya había
demostrado al fogonear la guerra paraguayo-boliviana o al derrocar
presidentes en centroamèrica. El fue el virtual jefe de campaña de la
Unión Democrática. Además, estaba en ganador por el triunfo aliado y
creía que se llevaría todo por delante también aquí, por lo que el
historiador Felix Luna lo motejo "el búfalo". Su ayudante de campo, y
para algunos su cerebro gris, era un republicano español que había
peleado duro por el ejercito rojo en la guerra civil, de apellido
Durán, a quien se señalaba como uno de los que apretó el gatillo en
el incidente del 17 de octubre en el que fue muerto el estudiante
Darwin Passaponti. El diario El Laborista lo acusó en su tapa con
título catástrofe: UN YANKI, UN ESPAÑOL Y UN CUBANO OGANIZAN LA
GUERRA CIVIL EN LA ARGENTINA. Durán manejaba la conspiración desde un
cómodo departamento en Pueyrredón y French.
Pero, como suele suceder, detrás de todo estaba la inteligencia
inglesa, por entonces también ocupada en terminar de armar la CIA.
Gran Bretaña retiró su embajador en Buenos Aires el 30 de junio del
44 y con eso dio la señal de largada del plan para desestabilizar a
los revolucionarios de junio, lo que culminó con los hechos de
octubre del 45.
Un testimonio, insospechable de properonismo, como el del escritor y
periodista Tomas Eloy Martinez (habitual columnista de La Naciòn)
publicado en la década del 70 en La Opiniòn que dirigía don Jacobo
Timmerman, dice esto sobre Braden: "Enfrente estaban Perón, los
nacionalistas que habían defendido una neutralidad sospechosa, y la
turba que solo entendía el lenguaje de los punteros de comité. Y
estos también respaldaban a Braden. El bocado parecía de fácil
digestión para el embajador".
Braden hacía campaña. En un acto en el Museo Social Argentino
arremetió: "No existe un país en el mundo en que los nazis se
encuentren tan fuertes como aquí". Horacio Rivarola, Carlos Saavedra
Lamas, Adolfo Bioy, Leopoldo Melo y los generales liberales Rawson,
Espíndola y Mohr estaban entre los que, regocijados, aplaudieron la
infame chicana.
Meses después, prudentemente retirado de Buenos Aires pero premiado
con un cargo en el Departamento de Estado, desde el que seguía
manejando a los dirigentes de la Unión Democrática, Braden anunció
sanciones económicas e intervención militar en la Argentina si ganaba
Juan Perón.
En concordancia con "búfalo", desde Buenos Aires, Alvaro Yunque,
Sábato, Victoria Ocampo, Noble, Perette, Vítolo (el que nos encajó el
plan Conintes como ministro de Frondizi) y muchos mas también
pidieron públicamente a la ONU que "se bloqueara a la Argentina para
extirpar de raiz el nazifascismo". Mas antipatria, imposible...
El 30 de enero del 46 los socialistas reafirmaron su definición por
la Unión Democrática. En un acto en la Recoleta en homenaje a
Aristóbulo del Valle, organizado por la Juventud del PS el
histriónico Alfredo Palacios -luego embajador de Aramburu y Rojas-
recibió ovaciones cuando con voz cavernosa y enfática se dedicó a
denigrar a Juan Perón.
Con las acusaciones de "nazismo" en realidad se buscaba demonizar al
movimiento nacional para arrinconarlo y hasta justificar la
eliminación física de sus militantes. En esta tarea andaba
principalmente el Partido Comunista. Fueron muchos los muertos en
aquella campaña electoral, que se hizo a pulmón. No existían las
empresas de pegadores de afiches y pintores de paredes. No había
activistas rentados ni droga. Cada noche de aquel verano del 46 fue
una batalla entre los defensores y enemigos del coronel.
El 9 de febrero del 46 la Unión Democrática proclamó su fórmula José
Tamborini-Enrique Mosca -ambos radicales- en plaza Congreso.
Allí se reunió una multitud pocas veces vista antes en Buenos Aires.
En el palco, sobre las escalinatas del palacio, un enorme cartel
sentenciaba: POR LA LIBERTAD, CONTRA EL NAZISMO, firmado por la UCR,
y los partidos socialista, comunista y demócrata progresista. Esa
noche festejaron, ya que consideraban la demostración el anticipo de
la victoria.
Tres días después llegó la otra proclamación: Perón-Quijano. Este,
don Hortensio, era un tranquilo correntino de Goya, radical de la
línea de Marcelo Torcuato de Alvear, descendiente de argentinos que
habían peleado bravíamente por la patria en la Guerra del Paraguay.
La concentración fue en el Obelisco. Enfrente -sobre Cerrito- tenía
su sede a medio terminar el Partido Laborista (la conocí en los años
60 y seguía en ese estado). También se reunió una multitud. Llovió,
pero como golpeaba el calor la gente lo festejó: "Aunque caiga el
chaparrón somos todos de Perón", improvisó el gentío.
Perón, que contra muchos pronósticos estaba seguro de su triunfo,
adelantó una jugada: recibió a corresponsales de diarios
norteamericanos y separó la política de ese país de las acciones de
Spruille Braden. The New York Times tituló al dia siguiente: "Perón
nos ofrece ahora un ramo de olivo". Cabe anotar que un par de años
después casi Braden va a la cárcel, acusado por el implacable senador
Mac Carthy de colaborar con el comunismo, en lo que no andaba muy
descaminado...
Así se llegó a un final que parecía ser "cabeza a cabeza". La prensa
grande se jugó con todo en las últimas horas sin preocuparse mucho
por respetar la veda electoral. El mismo domingo 24 Clarín colocó en
tapa una gran foto de Tamborini con la leyenda "la Constitución será
mi guía de gobierno". En la tarde anterior La Razón proclamó en su
título central "mañana el país votará por la libertad y la
democracia". Y ya en la jornada electoral Crítica lanzó "ANTICIPASE
UN APLASTANTE TRIUNFO DE LA DEMOCRACIA".
Gracias a Dios el triunfo fue de la Patria...El 24 de febrero de 1946
triunfó "el enorme ejercito civil de la Nueva Argentina", como
definió el coronel Perón en su memorable discurso de cierre de
campaña.- XXX
Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
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