[R-P] [A. Horowicz] El nuevo ciclo del capital
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Sab Feb 11 10:14:08 MST 2006
[Con toda certeza, Alejandro Horowicz no reniega de su paso por la
Izquierda Nacional argentina, que le brindó muchos de los puntos de
anclaje en la realidad que hacen de este reportaje un producto fresco
y original, incomparable con las tristes rumiaciones de otros
marxistas sobre el mismo tema.
Muy recomendable, por cierto.]
Gentileza de Gabriel Erdmann
Entrevista a Alejandro Horowicz
El nuevo ciclo del capital
por Leonardo Sai y Gabriel Erdmann
La cadena invisible que une a los trabajadores con su lugar de
trabajo imprimiéndoles movilidad era, según Cohen, "el corazón del
Fordismo". La ruptura de esa cadena iba a ser un cambio decisivo, una
divisoria de aguas en la experiencia vital asociada con la decadencia
y la acelerada desaparición del modelo fordista. Pero hoy, como
observa Cohen, "quien empieza su carrera en Microsoft no tiene idea
donde terminará. Comenzarla en Ford o en Renault significaba, en
cambio, tener la certeza casi total de concluirla en el mismo sitio".
¿Cómo es el proceso de acumulación en el posfordismo? ¿Se puede
pensar la relación entre proceso de acumulación posfordista y lo que
Toni Negri llama "Producción de vida cotidiana"?
Primero: la estructura de la acumulación se ha modificado
dramáticamente. El capital tecnológico al subsumir las formas
indiferenciadas de capital -es decir, las formas que no cuentan con
la innovación tecnológica permanente como recurso-, restauran el
viejo método de saquear las otras ramas a favor de la punta
tecnológica. Lo que no quiere decir que desaparece el Fordismo, sino
que el Fordismo deja de ser el centro, el corazón de la acumulación;
al dejar de ser el centro una parte de que sus integrantes son
lanzados a la Nada. La Nada es: 1) Las prebendas del "Estado
benefactor" en crisis. 2) La desocupación sin el "Estado benefactor".
3) La Marginalización perpetua. 4) Aquellos que por, a pesar de, en
consecuencia de la crisis son lanzados a otras direcciones que de no
ser por la crisis no hubieran intentado, tales como reciclarse en la
punta tecnológica. De modo que no estamos hablando de una vida
cotidiana homogénea, ni de destinos claramente trazados, sino de un
sinnúmero de destinos individuales que dependen de las
características de la estructura de la subjetividad por una parte, y
de la naturaleza de la objetividad nacional por la otra; es decir, de
las nuevas condiciones sociales de reproducción del capital: como
transformación del trabajo asalariado y por tanto en la conformación
de la nueva fuerza productiva. Esto construye un sinnúmero de
escenarios para la vida cotidiana. La idea de estratificarlos rápido,
sociológicamente, suele estar más bien vinculada a creer que el café
de la esquina de la casa donde uno vive es el centro del universo. Lo
que nosotros vemos es, precisamente, migrantes que arrancan de
distintas puntas del universo para ir a parar al viejo Fordismo en
crisis -porque convengamos que los migrantes que van a Europa o a los
Estados Unidos no van a parar a la punta tecnológica sino a servicios
altamente descalificados y que, generalmente, los locales no quieren
hacer, al menos no en esas condiciones, o con esa estructura salarial-
; de modo que estamos planteando situaciones que organizan vidas
cotidianas muy heterogéneas dentro de la misma estructura. Este es el
famoso problema de la fragmentación de la estructura fordista de la
clase obrera, o sea, de su estallido definitivo. Al mismo tiempo,
como la estructura del capital tecnológico tiene localizaciones
geográficas específicas (no necesariamente dentro de la misma
"localización nacional") pero todavía existe un Estado agujereado que
contiene, de alguna manera, viejos capítulos que el Fordismo tuvo en
su correspondencia con el estado de bienestar; esta nueva estructura,
con que en definitiva los sobrevivientes logran sostener durante un
rato su vieja situación, contiene una inevitable caída libre
sistémica-continua que los vuelve una suerte de Mutantes Sociales;
con toda la angustia que esta situación trae aparejada para el
conjunto de trabajadores (antes tenían una cierta clase de garantía
no sólo de ubicación y continuidad sino ante la crisis misma. Esto
está dejando de existir o directamente ya no existe más). Estos
mutantes sociales, organizados en condiciones del agujero del mercado
nacional, son hombres y mujeres que saltan en distintas direcciones
al ritmo del flujo de la nueva estructura del capital, como en los
mejores relatos de la ciencia ficción de Philip Dick. .
Ya no hay la crisis como la del 29, el capitalismo mutó y las nuevas
formas ya no producen ni las mismas crisis ni las mismas salidas que
producían antes.
La crisis es un ingrediente sistémico-continuo. Es decir, todo el
tiempo hay segmentos de la economía que están en crisis y todo el
tiempo hay una punta tecnológica que no sólo sobrelleva la crisis
sino que impulsa la actividad. Sin esta doble tendencia no se puede
entender ahora por ejemplo qué pasa en la economía norteamericana. Si
uno mira los viejos indicadores "asalariados-desocupados" uno ve que
hay una doble tendencia, que hay sectores de la economía que están en
franca expansión, sectores de la economía que están estancados y
sectores en franco retroceso. Al mismo tiempo, la marginalización de
países y continentes prosigue. Es verdad que la marginalización
incluye los países del viejo centro, pero no es menos cierto que
África entera está al margen, que 2/3 parte de Asia, salvo
determinados enclaves, está al margen y que América Latina,
básicamente, salvo unos pocos puntos, están al margen. El viejo mapa
colonial, semicolonial, neocolonial ha sido rediseñado por esta nueva
situación, pero no pierde su condición neocolonial dado que está
sometido a una gramática de funcionamiento que no controla de ninguna
manera. Es cierto que el centro de la economía mundial, a través del
Estado Nación tampoco controla estas nuevas formas: pero convengamos
que no hablamos de lo mismo.
Está bien que las crisis (del 29', del 70', etc) están sobrellevadas
por fuerzas dentro del propio sistema -la crisis es intrínseca al
capitalismo- pero estas grandes debacles ya no se solucionan con
Keynesianismos o nuevos Keynesianismos que lo pongan en
funcionamiento.
Las crisis tenían que ver con un "adentro" y un "afuera" del capital.
Las Crisis eran el momento en que el "afuera" no era capaz de
absorber los excedentes del capital; esto producía una caída de la
tasa de ganancia, un abarrotamiento del mercado por una falta de
demanda solvente. Esta situación ya no funciona. Ya no hay "afuera"
del capital. Todo está "adentro", capital tecnológico mediante.
El capital crea su propio consumo.
Construye su propio mercado interno. Mercado para el capital. Es
decir, la fórmula de Keynes "toda oferta construye su demanda" ha
alcanzado su punto exponencial máximo. Esa oferta satura su propia
demanda y la vuelve a saturar, y la vuelve a re-construir. La
situación en la que Keynes pensó ya no existe. Esa idea alcanzó su
punto límite. Keynes ha sido, por así decirlo, alcanzado. El
postulado keynesiano es el postulado de la acción económica misma:
"Toda oferta construye su propia demanda" se traduce como "esta
oferta construye su propia demanda casi ad infinitum" si se sustenta
en el capital tecnológico. De lo contrario, no. Esa es la realización
del Keynesianismo por desborde definitivo.
Pero ya no es el Estado el que realiza políticas públicas para
incentivar el consumo, sino el capital mismo dictando el Código. No
se puede entender este capitalismo sin el método de acumulación del
keynesianismo, pero al mismo tiempo es un Poder Mayor.
Muy superior. Nunca el capital dispuso de semejante estructura porque
no hay masa que le haga resistencia. Porque él mismo es su propio
límite, porque la fuerza de trabajo del capital tecnológico no sólo
no le hace resistencia sino que por ahora se pliega plásticamente a
su dictado.
Además, la acumulación se da principalmente a través del mercado
financiero, acumulación bancaria-tecnológica.
La acumulación tiene una doble noción: una sobre la estructura del
capital muerto, que es el Capital Constante -los medios de producción-
y otra (y esta es la novedad descomunal) sobre la Estructura del
Capital Variable: lo que Negri llama Biopolítica no es otra cosa que
la transformación directa de las capacidades de la subjetividad vivas
sobre la estructura del capital. Esta es la verdadera nueva
acumulación. Ahí está el centro. Lo que vos estás hablando de la
estructura financiera tiene que ver con la disponibilidad de hacer
circular; en rigor, esta nueva estructura del capital que ya no está
exactamente sometida a la estructura financiera. La estructura
financiera está sometida a la nueva estructura del capital y somete,
subsume, las formas anteriores mediante una estructura de saqueo. Es
verdad que en el mapa Neo-colonial, para las víctimas la estructura
del sistema financiero sigue siendo El Fantasma. Pero, ese fantasma,
está al servicio de otra cosa: por eso uno puede entender con que
tranquilidad el presidente de EE.UU le dice al presidente de
Argentina "pelee centavo a centavo con el Fondo". No está hablando de
su plata, ni siquiera la de los bancos. Está hablando de otra cosa.
Es la plata de los rentistas marginales que siguen sobreviviendo de
alguna manera en otras condiciones que, para garantizar su cuantum,
tienen que aceptar operaciones donde el riesgo es infinitamente mayor
porque no acceden a otra cosa.
Negri sostiene que la dialéctica marxista no es la hegeliana. O sea,
que el marxismo es el pensamiento de la crisis, no la contradicción
que se resuelve. ¿Esta de acuerdo?
Primero: para dos generaciones decisivas de luchadores socialistas,
la dialéctica de Marx o no existía -era de un positivismo craso- o
era la de Hegel, que era el caso de Lenin. Lenin pensaba que la
lectura del primer libro del capital requería el conocimiento de la
dialéctica de Hegel, al punto que sostenía que nadie prácticamente
había entendido el primer libro del capital sino disponía de esta
afinada estructura conceptual. En realidad, ese es un error de
percepción filosófica grave. ¿Por qué? ¿Cuál es el problema de Hegel?
Entender qué relación hay entre la revolución francesa, y el nuevo
Logos laico dentro de la tradición occidental. Hegel hace un traje a
medida para este problema. Puesto que la revolución francesa es La
Razón es preciso construir un linaje ad doc para la Revolución
Francesa. Este es el modo, dice el jóven Marx, en que el pensamiento
filosófico alemán se situaba a la altura conceptual de los problemas
de su tiempo, porque no se podía situar a su altura material. En
lugar de pensar, como lo ingleses, en términos de Economía Política,
había de pensar los problemas en términos de Filosofía Política. Y la
Fenomenología de Hegel es la conceptualización que plantea la
ausencia de modernidad alemana, situando teóricamente como centro el
problema que esa sociedad era incapaz de resolver. Hegel entendió
exactamente esta debilidad estructural alemana como debilidad de su
burguesía, y como no tenía ninguna posibilidad de resolver esto en el
terreno material, lo resuelve en el terreno de la reflexión
conceptual, de la especulación. Esta construcción de linaje
constituye una operación intelectual descomunal; da sentido de
continuidad al conjunto de la reflexión humana, desde un punto
teleológico de llegada: es un modo de continuar la lógica teológica
como lógica histórica, como si fuera la Biblia laica de la Revolución
Francesa. Es un intento de pensar una continuidad posible en donde la
transformación de los conceptos arroje ese resultado. El único
pequeño detalle es que no hay modo de entender esta operación sino ex
post facto: no se puede entender porque la reflexión sucede en
Berlín, porque la materialidad transcurre en Londres, porque la
Revolución se desarrolla en París. Es decir, no se entiende, desde
esta lógica, la especificidad del recorrido histórico. Por eso, Hegel
hace una metafísica objetiva de la historia que le permite a Lukacs
hablar de Subjetivismo-Objetivo. Por eso, el corazón de su teoría es
el Trabajo. Pero no cualquier trabajo: el Trabajo del Espíritu
Absoluto. Esta metafísica de la historia está al servicio de entender
esta estructura de la modernidad, pero no resuelve los problemas de
ausencia de modernidad en tanto problemas materiales. Hegel no es un
instrumento para resolver los problemas de la sociedad alemana.
Cuando Hegel llega a ser un instrumento alemán se parece más a un
vigilante prusiano, en su versión Bismarkeana, que a una herramienta
de transformación radical.
¿Qué hay para descubrir en Hegel?
Un problema elidido: la impotencia histórica de la burguesía alemana,
impotencia que Marx subraya, intentando resolverla radicalmente. Por
tanto construye un tesis sociológica-política ad hoc: la revolución
permanente. Según este postulado una tarea histórica no está
determinada por la naturaleza abstractamente social de sus
beneficiarios, sino por quienes son capaces de ejecutarla. Ahí
organiza una notable novedad histórica: el modo de resolver una tarea
-la forma histórica que esta adopta- está determinado por la
naturaleza del movimiento que encabeza y resuelve el problema. La
Revolución Rusa no fue una revolución socialista porque la
materialidad permita organizar en la Rusia Zarista una sociedad
socialista, sino que resultó tendencialmente Socialista porque
desarrolló un nuevo camino histórico (el gobierno soviético)
articulando una nueva perspectiva de clase a escala planetaria. Esta
novedad nada tiene que ver con el hegelianismo, con la necesariedad
lógica de una revolución socialista en Europa, sino con la
descomposición histórica del capitalismo ruso, de la burguesía en el
imperio de los Zares, acompañado del surgimiento de una nueva
herramienta histórica y de un nuevo protagonismo político. En lugar
de poner el centro en una conceptualización necesariamente unilateral
(por eso derrapa el menchevismo, con su rigidez sociologizante y
deductiva) pone el centro en las tareas, y desde esa perspectiva se
lanza a la guerra civil con Lenin a la cabeza. Con un detalle: ganar
la guerra no implicaba la victoria de la revolución.
La praxis.
Exactamente. Marx plantea que bajo el capitalismo, la naturaleza de
las relaciones sociales es mercantil. Por eso su libro, El Capital,
arranca con una divisoria de aguas: "En los países en lo que impera
el régimen capitalista de producción la riqueza se nos aparece como
un inmenso arsenal de mercancías y la mercancía como su forma
elemental". Esto quiere decir que en los países donde no impera el
régimen capitalista, la riqueza no se nos aparece bajo una forma
mercantil, y la mercancía no es su forma elemental. Este es un corte
tajante. De esta frontera para afuera yace la resistencia al capital,
y de esta frontera para adentro funciona el núcleo del nuevo capital.
Este núcleo construye, contiene, impulsa una historia universal que
no es otra que la historia del mercado mundial. Ya no es una ficción
sobre cómo se cruzan ciertas ideas de una determinada manera para
arrojar un determinado resultado conceptual, sino el sentido de la
materialidad histórica real, los procesos vivos por los que se
transforman las sociedades existentes. Ya no se trata de un mapa que
permite viajar con el dedo sobre el mapa, sino de operaciones
históricas, de programas políticos surgidos a consecuencia de estas
operaciones históricas. El hegelianismo no construye ningún programa
político revolucionario, sólo puede armar linajes a los que remite de
una forma culta, interesante y erudita. De modo que está muy claro
que la lógica de transformación de la que se ocupa Marx en El Capital
no es la lógica de Hegel porque su problema no es el problema de
Hegel. Cuando a Marx le preguntan si él tuviera que autodefinirse,
¿cómo lo haría? Nunca dijo filósofo: sino Historiador. Porque los
problemas que él se plantea resolver son problemas históricos, no
filosóficos. No estoy diciendo que no haya una reflexión filosófica
posible sobre los problemas históricos. Estoy diciendo que no se
trata de navegar en un mar de interesantes generalidades ("lo bien
conocido en general no es conocido", nos recuerda Hegel) sino se
trata de entender la especificidad que Marx define, con toda
precisión en El Capital, como Gramática Mercantil, que no es una
dialéctica hegeliana. No son conceptos que su mueven per se. La
noción de capital no es una noción dialéctica, en el sentido
hegeliano de la palabra. Es una fórmula que parte del conocimiento
existente sobre economía política, de la economía clásica, de Adam
Smith y David Ricardo, que reformula polémicamente. Construye la
pregunta para una respuesta sin pregunta, la plusvalía, y por tanto
reorganiza radicalmente el campo rompiéndolo. Al decir de Althusser:
cambia de objeto construyendo uno nuevo: un objeto teórico: el
capital. Organiza un desvío que de ninguna manera tiene que ver una
transformación interna del mismo campo -dialéctica- sino con un nuevo
campo problemático. Por momentos reinventa todos los problemas, y por
momentos no esta a la altura de sus propias invenciones. Pero siempre
lo que está haciendo Marx es someter esos problemas histórico-
materiales a una crítica implacable. Esta crítica no se resuelve con
una operación de conceptos, con una necesariedad dialéctica, sino con
una propuesta de transformación de estructuras. Lucha,
enfrentamiento, victoria que no incluye a los vencidos sino como
cuerpo sobre el que se ejerce la victoria. Los vencidos son vencidos
definitivamente. No se trata de ver cómo se incluía en la Revolución
Rusa a la Burgusía Rusa. La Burguesía Rusa no tiene inclusión: la
burguesía rusa huye. No hay ninguna elevación del concepto anterior a
otro Estado. La revolución destruye esa burguesía y reconstruye el
capital. El capital impulsa una lógica expansiva. La revolución se
propone reconducir, bajo sus propios postulados, esa lógica. Sólo es
posible sostener transitoriamente esa dirección. Lenin y los
bolcheviques lo saben. Entonces, o la lógica política se adueña de la
situación a escala europea o la lógica económica destruye los
fundamentos de ese programa político. Esta lógica expansiva tiene una
materialidad perfectamente diseñada. De esas relaciones sociales
materiales se ocupa Marx y es esta especificidad la que pone en el
centro, como problemática. La transformación socialista no es una
variable de la transformación burguesa (cosa que el jóven Marx
creyó), no es la revolución donde una minoría guía a la mayoría
(aunque represente los intereses mayoritarios). No hay tal cosa. Si
la mayoría no asume como propia esa situación, tal cosa no sucede.
Asumirla como propia pasa a ser el hecho político decisivo, y una
cuestión que la mayoría tenía que hacer de sí: una clase dominante.
Tarea que la clase obrera tenía que asumir en tanto clase histórica.
Esta tarea jamás sucedió. Este es el fracaso, la derrota, del
socialismo leninista. La clase obrera no se planteó en Europa jamás
este problema a esa escala y por lo tanto el socialismo no pudo
vencer. No porque no estaban dadas las condiciones materiales
histórico-políticas, sino que no estaban dadas las condiciones de su
propia transformación para esa tarea. La revolución rusa dejó en
claro que un sistema de representantes (el soviet) daba paso a otro
sistema de representantes (el PCUS con sus 13 millones de
burócratas): el pueblo que gobierna no es el pueblo gobernado, y los
que gobiernan terminaron representándose a sí mismos. Este es el
problema que ninguna situación revolucionaria fue capaz de resolver
durante el siglo XX. La representación, en tanto ficción política,
presupone la represión porque aquellos que no son representados no
tienen lugar. Por eso, la representación es una ficción excluyente.
Hay formas de representación que se adecuan, en ciertas condiciones,
a una formulación más amplia, casi mayoritaria. Pero aún en este caso
existe un violentísimo afuera. Si algo quiere decir la noción nueva
de Multitud es precisamente que no se trata de representar a los
individuos, que los individuos se representan a sí mismos -como
Rousseau ya bien entendía- que no se pueden representar, que no son
representables. La Multitud tiene que ver con el modo en que
participan en el proceso productivo, desde esa especificidad, la
democracia pierde su carácter representativo para alcanzar su cenit:
la democracia directa. Este nuevo proceso productivo es el que
democratiza radicalmente la situación. Si uno piensa la reflexión de
Hobbes desde la atalaya de Spinoza, uno puede observar que Hobbes
está pensando desde y para Leviatán, en términos de soberanía. ¿Qué
organiza? El Estado. ¿Los límites? El mínimo intraspasable: la
sobrevivencia de individuos. Locke no es otra cosa que las garantías
dentro Leviatán, que éste se puede dar el lujo de suspender cada vez
que lo considere necesario para la sobrevivencia del Leviatán.
¿Y cómo lo razona Spinoza?
Se lo plantea al revés: del lado de la ciudadanía. ¿Cuáles son las
operaciones de terror que el Leviatán hace? ¿Cuál es la teología
política que hace posible el terror como sistema de propagación,
continuidad y sometimiento? Por lo tanto: ¿Cuáles son los elementos
sobre los que hay que hacer palanca para evitar y destruir el
monstruo? La Democracia Absoluta -en las condiciones de Spinoza- es
la desintegración del Leviatán. Y Hobbes tiene razón en esos términos
históricos. Spinoza piensa, como límite de su tiempo y como
posibilidad del nuestro. No se trata de creer que hoy vamos a aplicar
la noción de Spinoza entonces. Lo que estamos entendiendo es que el
modo en que Spinoza razona, resiste conceptualmente al Leviatán de
Hobbes, nos sirve a nosotros para esta nueva forma que adopta el
capital. Y las nuevas formas del capital no pueden ser otra cosa que
nuevas formas de la clase obrera. Decir que el Fordismo ha concluido,
decir que la fábrica ya no es más el escenario, es decir, que la
clase obrera industrial concebida como objeto central de esa
transformación ya no puede serlo porque el proceso productivo mismo
se ha modificado, modificándola.
La disolución del trabajo manual por el inmaterial.
Así es. Se ha quebrado definitivamente esta estructura dicotómica
anterior que funciono para todo ese pasado, y que es parte de la pre-
historia humana. La historia humana empieza ahora instalada sobre un
nuevo piso tecnológico. Este nuevo piso hace posible el respeto de
todas las singularidades; que no se respeten todas las singularidades
ya no es un problema material, ni siquiera es un problema conceptual:
es puramente político. El problema del socialismo ya no es más
alcanzar la productividad del trabajo que no tenemos, la distribución
de la riqueza por crear: es simplemente aprovechar el conjunto la
riqueza existente, evitando su apropiación privada. Ahora sí:
confisquemos a los confiscadores. Es decir, que la apropiación del
excedente sea tan colectiva como su producción. El Socialismo, en
tanto materialidad, es posible instantáneamente: simplemente requiere
un nuevo programa para esta Matrix, donde otra vez nos topamos con la
ciencia ficción, esta vez bajo la pluma de William Gibson.
La revolución tecnológica apropiada por las masas supone un tipo de
trabajo que se puede hacer de tu propia casa.
Así es. Es un trabajo genuinamente democrático. Es un trabajo donde
el interés, la afinidad personal, los afectos, y no la rentabilidad
deciden; la rentabilidad ha alcanzado un grado tan descomunal que ya
no es un problema. Estamos en condiciones de producir todo para
todos, todo el tiempo y más. No "estaremos": hoy eso es
inmediatamente posible. Hay hambre, injusticia, riqueza desigual,
simplemente, para asegurar la apropiación del excedente para un
conjunto de absolutos parásitos. Nunca la clase dominante fue más
parasitaria que hoy. Porque en el período anterior, la clase
dominante estaba al servicio del núcleo del capital que garantizaba
el uso más racional de esos excedentes: ésa era su justificación
histórica. Ahora, el trabajo muerto es trabajo muerto. Punto. El
centro del trabajo es el trabajo vivo y el centro del trabajo vivo
son todos los trabajadores, por lo tanto, ya no hay más capitanes de
la industria. Hay una democracia del conocimiento tecnológico en la
punta, y esa punta se puede extender, por decisión política
colectiva, a una nueva ciudadanía mundial. Si todavía no sucedió es
simplemente porque la mayoría no tiene todavía la capacidad política
de transformar su mayoría potencial en mayoría efectiva.
El individuo era la creación donde el capital se sostenía...
En la Introducción a la contribución de la Economía Política, Marx
explica su investigación: la producción material. La producción
material, dice Marx, es la producción social de individuos. El
individuo es un resultado histórico. Ese resultado histórico es una
condición necesaria para la constitución del capitalismo. Pero en El
Capital, Marx ya no estudia las condiciones de la producción material
sino como condiciones de la riqueza mercantil, es decir, ya no pone
el centro en la producción de individuos, se da cuenta que la
producción de individuos sigue la lógica de la producción mercantil.
Ahora bien, mientras la producción de individuos sigue la lógica de
la producción mercantil es la lógica de la producción mercantil la
que determina el quienes, el cómo y sobre todo el dónde. Es decir:
¿cuál es el trabajo necesario? ¿cuál es el trabajo
innecesario/inútil? ¿Qué cosas quedan al margen de ambos, es decir,
marginalidad: ejército de desocupados? La noción de ejército de
desocupados en estas nuevas condiciones se transforma hasta la
negación. Todos son o pueden ser desocupados en tanto que todos son
potencialmente libres. En un mundo de hombres y mujeres libres el
Mercado deja de ser la demanda solvente, para ser el registro del
consumo global. En definitiva, antes era preciso saturar el mercado,
y nadie sabía en rigor en qué momento sucedía tal cosa. La producción
era una incitación a expandir, sobrepasar, extender el mercado. Hasta
que la crisis le fijaba al mercado su propio límite, el mercado
retrocedía, la crisis reconstruía los términos productivos
destruyendo y construyendo, y así volvía el nuevo ciclo del capital:
había un adentro del capital y un afuera del capital. El Mercado es
una noción que presupone que hay un afuera del mercado, sino hay
afuera del mercado no hay mercado tradicional. 1ra cuestión. 2da: El
Mercado presupone que la cuantificación de su propio número es un
resultado a obtener porque depende entre otras cosas de la lucha de
clases: hay mercado más chico según quienes sean los vencedores y los
vencidos en el reparto del ingreso, porque eso define nada más y nada
menos que la demanda solvente y en consecuencia el tamaño del mercado
y la naturaleza de la innovación tecnológica también dependen de la
lucha de clases. Ahora bien, la innovación de hacer que la producción
tenga cierta instantaneidad. Ejemplo "Vender producción musical en
Internet": yo no tengo que producir un millón de discos previamente;
espero que me pidan, aplico la tecla "Enter" y envío. Hay una
retroalimentación comunicativa instantánea que hace que ese número a
despejar sea un valor matemático cierto (certeza en lugar de
probabilidad) en cada momento: esa es la demanda y también el mercado
de eso. El trabajo inútil desaparece. La noción de Mercado
desaparece. Es la posibilidad de tener instantáneamente lo que
demandas. Si algo caracteriza la fábrica toyotista es esto: una
fábrica que trabaja sin Stock, ¿por qué? Porque cada uno de los
usuarios le dice: "quiero un toyota estilo K, quiero que el tapizado
sea la opción 4, quiero que la palanca de cambio entre las 14
opciones sea..." Cada uno diseña dentro de cierta estructura su
propia versión del modelo K, absolutamente personal. Si eso es
posible para un automóvil, ¿por qué no va a ser posible para todo lo
demás? Esta dada la instancia de Dominio, de Conocimiento que hace
eso posible por lo tanto no es más que un problema del tamaño de la
demanda solvente, y el tamaño de la demanda solvente no es más que el
resultado de la lucha de clases: otro resultado político arroja otro
ordenamiento general de la sociedad mundial. Este es el problema, no
el mercado. La discusión Mercado, no-Mercado, era una discusión donde
había una tensión, donde el secreto de la economía era la limitada
capacidad de satisfacer la necesidad. La producción insuficiente. Por
eso era tan importante la noción de mercado. Porque no era posible
satisfacer inmediatamente todo.
La cuestión es la articulación política que permita esto, que ya no
pasa por la representación.
Hay un consenso tendencial que es una forma de ciudadanía mundial.
Todo esto que estamos charlando son tendencias; tendencias
significativas, decisivas, que se van materializando, pero conviene
entender que el análisis de las tendencias no puede confundirse con
cada una de las cuestiones prácticos-empíricas que la gente tiene que
resolver en cada lugar.
La Micropolítica.
Estas tendencias tienen que articular la micropolítica, es decir, que
la escala de la acción política no es la escala ni de la
municipalidad, ni la de la provincia, ni de la Nación, ni del Estado
sino la escala que hace posible la satisfacción de estas necesidades.
En Sudamérica sin MERCOSUR, nosotros, no tenemos escala de acción
política: hacemos simplemente gestión administrativa. En esa gestión,
con límites de estructura dados, la política sólo puede ser la
decisión que ponga en la picota esos límites transformando la escala;
es decir, si alguien cree que los problemas de Tucumán se resuelven
en Tucumán está muy equivocado, si alguien cree que los problemas de
la Argentina pueden resolverse simplemente en el marco del mercado
nacional también. El camino son las estructuras supranacionales en
tránsito a una estructura mundial unificada; ahí es donde se ve que
hay recursos más que suficientes para todos; lo que falta en
determinados lugares falta porque en otros re-contra sobra, y falta
por el disparate del sistema de apropiación. Aquí se puede terminar
con la demanda insuficiente, porque hay producción suficiente. No se
trata más de una economía de necesidades insatisfechas por
incapacidad productiva, se trata de la necesidad de la economía por
perpetuar este orden establecido generando la necesidad insatisfecha.
Esa el a tarea de los organismos financieros internacionales. En
cambio, si la economía es sometida a la política, si dicta las
condiciones, ya no es más voluntarismo sino simplemente el nuevo
orden posible. Voluntarismo es tratar de cubrir con una tela que
permite vestir a 30 a 50. Y todo el tiempo hay que desvestir para
vestir. Y no está mal eso. Burlarse es un acto cínico, porque no es
lo mismo que durante un rato estén todos vestidos a que uno estén
siempre vestidos y otros siempre desnudos. Esa perspectiva sólo es
amable desde el punto de vista del que está siempre vestido. Desde el
punto de vista del otro no lo es tanto. El planteo: este ya no es el
dilema: hay más que suficiente para todos. La paradoja puede
visualizarse incluso en esta Argentina: un país que genera alimentos
para más de 300 millones de personas, tiene 35 millones de habitantes
de lo cuales 20 tienen necesidades básicas insatisfechas. Eso muestra
brutalmente que entre la generación de riquezas y su apropiación
media la propiedad privada.
El sostén del actual sostenimiento del capital se lo puede pensar con
este Sujeto larvario que adosa un consumo como placer momentáneo.
El capitalismo es Esquizofrenia, el capitalismo produce esquizofrenia
y funciona esquizofrénicamente. La esquizofrenia es su lógica
funcional. Por eso, la tendencia histórica a la esquizofrenia se ha
incrementado hasta alcanzar el rango de problema central. Ahora bien,
si la sociedad política dependiera de la fuerza de la subjetividad
kantiana, es decir, que cada uno fuera éticamente responsable de cada
una de todas sus conductas, entonces, ¿qué nos muestra Deleuze? Que
ese "deber ser" no tiene nada que ver con el "ser", y que esa
presuposición justifica el Leviatán. Esa presuposición resalta la
enorme distancia entre ambos términos finalmente aplanados por el
Leviatán, que los vuelve individuos que son... esquizofrénicos. ¿Cómo
se resuelve? Dentro de ese marco, de ese juego, de ningún modo. Es
que la construcción de individuos en esta sociedad jamás puede poner
en la picota a un sistema que los construye dañados.
Es lo que dice Marx: en el Estado son un Igual.
La igualdad formal ante la ley ni siquiera termina siendo igualdad
ante la ley. En el planteo socialista tradicional una operación
política, la confiscación de los confiscadores, se constituía en
soporte para la construcción de la nueva subjetividad. Pues bien,
cuando se confiscó a los confiscadores se los reemplazó por
representantes que confiscaron a sus representados. Por tanto esta
nueva subjetividad no apareció en parte alguna. Entonces, parece ser
que este no es el camino para la construcción de las nuevas
subjetividades. La novedad que nos aporta Negri es que el
capitalismo, dice siguiendo a Marx, construye una tensión entre poder
político y poder económico. En todas las formas anteriores, el poder
económico determina el poder político. No hay ninguna clase de duda
que el propietario feudal de tierras y siervos es el poder económico,
detenta el poder político, el religioso y el militar: hay una
absoluta identidad entre todas las formas de poder y una absoluta
coherencia. Mientras que aquí existe una tensión entre el mercado
político y el mercado económico, porque las cartas de ambos mercados
no siguen ni la misma lógica, ni el mismo reparto; el gran temor del
mercado económico es que el mercado político imponga sus términos y
burle a los confiscadores. Esta tensión se resolvía mediante el
socialismo. Cuando el mercado político confisca a los confiscadores
no incluye a los excluidos, sino que incorpora al juego a otros que
no estaban incluidos; eso sí, excluye a unos que sí estaban (la
burguesía) pero la mayoría de los que no estaban (proletarios,
campesinos y sectores medios) sigue sin estar. La dictadura del
proletariado terminó siendo la dictadura sobre el proletariado por
medio del comité central representado por el secretario general. En
consecuencia, lo que hemos visto es un desplazamiento de lógicas de
poder que no se resuelve en dirección popular sino oligárquica. Este
problema no se resuelve con voluntarismo, sino con la transformación
de la estructura productiva.
¿Cómo se organizan las nuevas necesidades del capital?
La novedad de las nuevas formas de producción en la punta tecnológica
es que la cooperación democrática no es un enunciado: "yo no te puedo
hacer inventar nada a punta de pistola". Los sistemas de cooperación,
los sistemas de democracia y funcionamiento son intrínsecos a esta
nueva forma de actividad y por lo tanto la posibilidad democrática ya
no depende de un deber ser, sino de la estructura del mismo Ser. Esta
transformación ontológica del ser es la clave de la posibilidad misma
de la nueva forma de subjetividad. En rigor los economistas más
inteligentes decían que si el capitalismo hubiera necesitado brutos y
analfabetos habría brutos y analfabetos. Si hubo un importante nivel
de alfabetización, un importante nivel de cultura de masas es por la
necesidad misma del capital. La variación de las necesidades mismas
del capital hace posible nuevas formas de democracia directa, ya no
son formas abstractas de democracia, ya no es el deber ser de nuevos
ciudadanos que van a ser perfectos por un sistema educativo así los
construya, sino que son ciudadanos que adquieren su ciudadanía a
través del proceso de producción mismo. En lugar de sólo decidir en
la esfera de su actividad, deciden la esfera de toda la implicancia
de su actividad, es decir, le da un acompañamiento político a su
actividad productiva. Se trata de terminar con la separación liberal
entre política y economía. Se trata de entender que la economía es
política y que las decisiones económicas son decisiones de política
concentrada, como sostenía Lenin. Si estas decisiones pasan a ser
decididas no sólo por los que intervienen directamente sino también
por los que intervienen mediadamente -si se democratizan estas
decisiones- esto hace posible un ordenamiento totalmente otro, en
condiciones totalmente otras; ese es el límite más seguro contra la
esquizofrenia que el capitalismo impone, terminando con un sistema
donde los ciudadanos votan pero no deciden. Es decir, la posibilidad
de que la esquizofrenia se vuelva recesiva. Es tiempo que la gente
empiece a decidir la dirección de su propio cambio. En rigor, las
nuevas condiciones de producción de la subjetividad hacen posible que
cada uno pueda ser quien desee ser, esto es, el mapa del deseo deja
de ser simplemente el mapa del consumo, el nuevo mapa del deseo va a
ser el mapa de la construcción de la propia subjetividad: conocer y
reconocer tu propio diseño. No comprar el deseo unilateral mercantil
de la publicidad.
Danos algún ejemplo.
Ejemplo, la democratización de ciertas modas mientras la
esquizofrenia estalla en el cuerpo. La ropa de mujer, que impone
tamaños que no son los de las mujeres comunes y tienen que adecuar
sus formas y tamaños a la ropa de las modelos: hay que meter cirugía
para que entren, hay que meter dietas, sufrimiento. Ni el placer ni
la salud determinan la dieta alimentaria, es la Indumentaria la que
determina todo: una dictadura más imbécil y más profundamente
deshumanizada no se ha visto jamás. Los cinturones de castidad
medieval al lado de las formas de bombacha de la bikini actual son un
poroto, la chica que no entra en la bombacha se siente una verdadera
porquería. Una púber que todavía no completó su desarrollo
fisiológico se "hace las lolas" y la mamá le paga la cirugía de sus
nuevas "lolas" cuando ni siquiera sabe todavía cómo son sus lolas.
Eso no es simplemente la locura de algunos: es el patrón de locura
instalada. Uno no puede entender los comportamientos alimentarios de
millones y millones de personas sin entender estas formas avanzadas y
determinantes de esquizofrenia. No son conductas personales. Esta
cada vez más claro que el capitalismo resulta cada vez más
esquizofrénizante.
¿Las nuevas formas de la política incluyen el descentramiento?
A la gramática de concentración del Estado, el capital le tenía que
oponer una fuerza que tuviera la posibilidad, al menos abstracta, de
ofrecer resistencia eficaz. Si las formas de organización no eran más
que las formas de organización del capital, el cambio de las formas
de organización del capital plantean las formas tendenciales de
liquidación del Estado: una suerte de programa anarquista abstracto -
no porque nos proponemos La Anarquía, sino porque proponemos una
sociedad donde el Estado tiene su mínima expresión, esto es, donde la
administración de las cosas por las personas es el centro, y no la
administración de personas como si fueran cosas. Lo que estamos
diciendo es que no se trata de la abolición abstracta y voluntarista
del Estado sino de que esta nueva forma de relación y producción no
requiere de semejantes instrumentos. La formación de nuevos
instrumentos políticos depende fundamentalmente de nuevas luchas que
se están comenzando recién a librar. Decir como van a ser esas luchas
es adelantarse demasiado a los acontecimientos. No podemos saber cómo
van a ser exactamente esas luchas, si sabemos que la nueva teoría no
va a ser ninguna otra cosa que la sistematización de esas nuevas
formas de praxis. Nosotros vamos a aprehender de millones de luchas
que se van a librar, y esas nuevas luchas nos van a enseñar, como en
su momento La comuna de París, cuál es el nuevo camino. No se trata
aquí que alguien teleológicamente, a lo Hegel, nos cuente cómo va a
ser eso. Nadie sabe cómo va a ser eso. La caída del muro de Berlín no
es simplemente el derrumbe del orden soviético. Es el derrumbe de
todo un sistema de acción política. Es preciso re-inventar la
política. Es preciso hacerla toda de nuevo. La política no decepciona
aquí: decepciona aquí, allá, en todas partes. Y decepciona porque
nada de lo que hace falta viene de allí. Es preciso entender entonces
qué hace falta para re-inventarla. O para disolverla definitivamente.
¿Cómo ves la experiencia de las Asambleas?
Es una experiencia muy pobre. Si uno quiere pensar en términos de
receta, piensa en términos de Fordismo. Ya no es más un problema de
recetas, ni de mezclarlas. El capital tecnológico impone la
invención. La invención no puede ser una propuesta programática.
Nadie puede tener un programa de inventos. Entender la enorme riqueza
tecnológica, o biopolítica como dice Negri, sin entender la enorme
pobreza política de la sociedad contemporánea, la enorme incapacidad
de la mayoría para imponer su punto de vista -fuera de la encuesta-
no puede dejar de llamarnos la atención, y no puede dejar de estar
ligado a las experiencias políticas concretas y a las derrotas
políticas concretas.
No sólo tenemos que ver el aspecto constructivo de la crisis. Tenemos
que entender la naturaleza destructiva de la crisis que organiza a su
vez nuevas formas de construcción tendencial. Lo que vemos en las
Asambleas es la inmovilidad, son recetas más viejas que la humedad,
relojes que hace décadas que no dan la hora. El Leninismo sirvió como
conceptualización sobre el capitalismo monopólico, la lucha de los
estados monopolistas, hasta 1945. Así como es imposible pensar el
capitalismo sin competencia, es imposible pensar el imperialismo sin
luchas inter-imperialistas. A partir de 1945 ¿cuáles son las luchas
Inter-imperialistas? ¿Dónde vemos enfrentamientos entre potencias
imperialistas? No hay tal cosa. Lo que vemos es bi-polaridad, que las
viejas potencias imperialistas se ven obligadas en función de esta bi-
polaridad a ceder sus áreas de dominio. Quién crea que Irak es una
nación no entiende. Quien crea que Arabia Saudita es una nación, no
entiende. Si algo muestra África es su trivialización absoluta. El
mapa colonial no se transformó en un mapa nacional en ningún caso. No
en algún caso sí, en otro no. No es que el caminio libio funcionó y
el libanés no funcionó. No funcionó el libio, el sudanés, no funcionó
el congoleño: No funcionó ninguno. Vemos un conjunto de problemas
irresueltos que es preciso volver a plantear. El colosal retroceso
político de los sectores populares en el mundo entero no puede no
vincularse con las derrotas de las viejas formas de acción política.
No sirven. Hay que inventar, construir nuevas formas de acción
política a otra escala. Ese es el desafió del siglo XXI.
Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
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