[R-P] [A. Horowicz] El nuevo ciclo del capital

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Sab Feb 11 10:14:08 MST 2006


[Con toda certeza, Alejandro Horowicz no reniega de su paso por la 
Izquierda Nacional argentina, que le brindó muchos de los puntos de 
anclaje en la realidad que hacen de este reportaje un producto fresco 
y original, incomparable con las tristes rumiaciones de otros 
marxistas sobre el mismo tema.

Muy recomendable, por cierto.]

Gentileza de Gabriel Erdmann

Entrevista a Alejandro Horowicz 
El nuevo ciclo del capital

por Leonardo Sai y Gabriel Erdmann

La cadena invisible que une a los trabajadores con su lugar de 
trabajo imprimiéndoles movilidad era, según Cohen, "el corazón del 
Fordismo". La ruptura de esa cadena iba a ser un cambio decisivo, una 
divisoria de aguas en la experiencia vital asociada con la decadencia 
y la acelerada desaparición del modelo fordista. Pero hoy, como 
observa Cohen, "quien empieza su carrera en Microsoft no tiene idea 
donde terminará. Comenzarla en Ford o en Renault significaba, en 
cambio, tener la certeza casi total de concluirla en el mismo sitio". 
¿Cómo es el proceso de acumulación en el posfordismo? ¿Se puede 
pensar la relación entre proceso de acumulación posfordista y lo que 
Toni Negri llama "Producción de vida cotidiana"? 

Primero: la estructura de la acumulación se ha modificado 
dramáticamente. El capital tecnológico al subsumir las formas 
indiferenciadas de capital -es decir, las formas que no cuentan con 
la innovación tecnológica permanente como recurso-, restauran el 
viejo método de saquear las otras ramas a favor de la punta 
tecnológica. Lo que no quiere decir que desaparece el Fordismo, sino 
que el Fordismo deja de ser el centro, el corazón de la acumulación; 
al dejar de ser el centro una parte de que sus integrantes son 
lanzados a la Nada. La Nada es: 1) Las prebendas del "Estado 
benefactor" en crisis. 2) La desocupación sin el "Estado benefactor". 
3) La Marginalización perpetua. 4) Aquellos que por, a pesar de, en 
consecuencia de la crisis son lanzados a otras direcciones que de no 
ser por la crisis no hubieran intentado, tales como reciclarse en la 
punta tecnológica. De modo que no estamos hablando de una vida 
cotidiana homogénea, ni de destinos claramente trazados, sino de un 
sinnúmero de destinos individuales que dependen de las 
características de la estructura de la subjetividad por una parte, y 
de la naturaleza de la objetividad nacional por la otra; es decir, de 
las nuevas condiciones sociales de reproducción del capital: como 
transformación del trabajo asalariado y por tanto en la conformación 
de la nueva fuerza productiva. Esto construye un sinnúmero de 
escenarios para la vida cotidiana. La idea de estratificarlos rápido, 
sociológicamente, suele estar más bien vinculada a creer que el café 
de la esquina de la casa donde uno vive es el centro del universo. Lo 
que nosotros vemos es, precisamente, migrantes que arrancan de 
distintas puntas del universo para ir a parar al viejo Fordismo en 
crisis -porque convengamos que los migrantes que van a Europa o a los 
Estados Unidos no van a parar a la punta tecnológica sino a servicios 
altamente descalificados y que, generalmente, los locales no quieren 
hacer, al menos no en esas condiciones, o con esa estructura salarial-
; de modo que estamos planteando situaciones que organizan vidas 
cotidianas muy heterogéneas dentro de la misma estructura. Este es el 
famoso problema de la fragmentación de la estructura fordista de la 
clase obrera, o sea, de su estallido definitivo. Al mismo tiempo, 
como la estructura del capital tecnológico tiene localizaciones 
geográficas específicas (no necesariamente dentro de la misma 
"localización nacional") pero todavía existe un Estado agujereado que 
contiene, de alguna manera, viejos capítulos que el Fordismo tuvo en 
su correspondencia con el estado de bienestar; esta nueva estructura, 
con que en definitiva los sobrevivientes logran sostener durante un 
rato su vieja situación, contiene una inevitable caída libre 
sistémica-continua que los vuelve una suerte de Mutantes Sociales; 
con toda la angustia que esta situación trae aparejada para el 
conjunto de trabajadores (antes tenían una cierta clase de garantía 
no sólo de ubicación y continuidad sino ante la crisis misma. Esto 
está dejando de existir o directamente ya no existe más). Estos 
mutantes sociales, organizados en condiciones del agujero del mercado 
nacional, son hombres y mujeres que saltan en distintas direcciones 
al ritmo del flujo de la nueva estructura del capital, como en los 
mejores relatos de la ciencia ficción de Philip Dick. .

Ya no hay la crisis como la del 29, el capitalismo mutó y las nuevas 
formas ya no producen ni las mismas crisis ni las mismas salidas que 
producían antes.

La crisis es un ingrediente sistémico-continuo. Es decir, todo el 
tiempo hay segmentos de la economía que están en crisis y todo el 
tiempo hay una punta tecnológica que no sólo sobrelleva la crisis 
sino que impulsa la actividad. Sin esta doble tendencia no se puede 
entender ahora por ejemplo qué pasa en la economía norteamericana. Si 
uno mira los viejos indicadores "asalariados-desocupados" uno ve que 
hay una doble tendencia, que hay sectores de la economía que están en 
franca expansión, sectores de la economía que están estancados y 
sectores en franco retroceso. Al mismo tiempo, la marginalización de 
países y continentes prosigue. Es verdad que la marginalización 
incluye los países del viejo centro, pero no es menos cierto que 
África entera está al margen, que 2/3 parte de Asia, salvo 
determinados enclaves, está al margen y que América Latina, 
básicamente, salvo unos pocos puntos, están al margen. El viejo mapa 
colonial, semicolonial, neocolonial ha sido rediseñado por esta nueva 
situación, pero no pierde su condición neocolonial dado que está 
sometido a una gramática de funcionamiento que no controla de ninguna 
manera. Es cierto que el centro de la economía mundial, a través del 
Estado Nación tampoco controla estas nuevas formas: pero convengamos 
que no hablamos de lo mismo.

Está bien que las crisis (del 29', del 70', etc) están sobrellevadas 
por fuerzas dentro del propio sistema -la crisis es intrínseca al 
capitalismo- pero estas grandes debacles ya no se solucionan con 
Keynesianismos o nuevos Keynesianismos que lo pongan en 
funcionamiento.

Las crisis tenían que ver con un "adentro" y un "afuera" del capital. 
Las Crisis eran el momento en que el "afuera" no era capaz de 
absorber los excedentes del capital; esto producía una caída de la 
tasa de ganancia, un abarrotamiento del mercado por una falta de 
demanda solvente. Esta situación ya no funciona. Ya no hay "afuera" 
del capital. Todo está "adentro", capital tecnológico mediante.

El capital crea su propio consumo.

Construye su propio mercado interno. Mercado para el capital. Es 
decir, la fórmula de Keynes "toda oferta construye su demanda" ha 
alcanzado su punto exponencial máximo. Esa oferta satura su propia 
demanda y la vuelve a saturar, y la vuelve a re-construir. La 
situación en la que Keynes pensó ya no existe. Esa idea alcanzó su 
punto límite. Keynes ha sido, por así decirlo, alcanzado. El 
postulado keynesiano es el postulado de la acción económica misma: 
"Toda oferta construye su propia demanda" se traduce como "esta 
oferta construye su propia demanda casi ad infinitum" si se sustenta 
en el capital tecnológico. De lo contrario, no. Esa es la realización 
del Keynesianismo por desborde definitivo.

Pero ya no es el Estado el que realiza políticas públicas para 
incentivar el consumo, sino el capital mismo dictando el Código. No 
se puede entender este capitalismo sin el método de acumulación del 
keynesianismo, pero al mismo tiempo es un Poder Mayor.

Muy superior. Nunca el capital dispuso de semejante estructura porque 
no hay masa que le haga resistencia. Porque él mismo es su propio 
límite, porque la fuerza de trabajo del capital tecnológico no sólo 
no le hace resistencia sino que por ahora se pliega plásticamente a 
su dictado.

Además, la acumulación se da principalmente a través del mercado 
financiero, acumulación bancaria-tecnológica.

La acumulación tiene una doble noción: una sobre la estructura del 
capital muerto, que es el Capital Constante -los medios de producción-
 y otra (y esta es la novedad descomunal) sobre la Estructura del 
Capital Variable: lo que Negri llama Biopolítica no es otra cosa que 
la transformación directa de las capacidades de la subjetividad vivas 
sobre la estructura del capital. Esta es la verdadera nueva 
acumulación. Ahí está el centro. Lo que vos estás hablando de la 
estructura financiera tiene que ver con la disponibilidad de hacer 
circular; en rigor, esta nueva estructura del capital que ya no está 
exactamente sometida a la estructura financiera. La estructura 
financiera está sometida a la nueva estructura del capital y somete, 
subsume, las formas anteriores mediante una estructura de saqueo. Es 
verdad que en el mapa Neo-colonial, para las víctimas la estructura 
del sistema financiero sigue siendo El Fantasma. Pero, ese fantasma, 
está al servicio de otra cosa: por eso uno puede entender con que 
tranquilidad el presidente de EE.UU le dice al presidente de 
Argentina "pelee centavo a centavo con el Fondo". No está hablando de 
su plata, ni siquiera la de los bancos. Está hablando de otra cosa. 
Es la plata de los rentistas marginales que siguen sobreviviendo de 
alguna manera en otras condiciones que, para garantizar su cuantum, 
tienen que aceptar operaciones donde el riesgo es infinitamente mayor 
porque no acceden a otra cosa.

Negri sostiene que la dialéctica marxista no es la hegeliana. O sea, 
que el marxismo es el pensamiento de la crisis, no la contradicción 
que se resuelve. ¿Esta de acuerdo? 

Primero: para dos generaciones decisivas de luchadores socialistas, 
la dialéctica de Marx o no existía -era de un positivismo craso- o 
era la de Hegel, que era el caso de Lenin. Lenin pensaba que la 
lectura del primer libro del capital requería el conocimiento de la 
dialéctica de Hegel, al punto que sostenía que nadie prácticamente 
había entendido el primer libro del capital sino disponía de esta 
afinada estructura conceptual. En realidad, ese es un error de 
percepción filosófica grave. ¿Por qué? ¿Cuál es el problema de Hegel? 
Entender qué relación hay entre la revolución francesa, y el nuevo 
Logos laico dentro de la tradición occidental. Hegel hace un traje a 
medida para este problema. Puesto que la revolución francesa es La 
Razón es preciso construir un linaje ad doc para la Revolución 
Francesa. Este es el modo, dice el jóven Marx, en que el pensamiento 
filosófico alemán se situaba a la altura conceptual de los problemas 
de su tiempo, porque no se podía situar a su altura material. En 
lugar de pensar, como lo ingleses, en términos de Economía Política, 
había de pensar los problemas en términos de Filosofía Política. Y la 
Fenomenología de Hegel es la conceptualización que plantea la 
ausencia de modernidad alemana, situando teóricamente como centro el 
problema que esa sociedad era incapaz de resolver. Hegel entendió 
exactamente esta debilidad estructural alemana como debilidad de su 
burguesía, y como no tenía ninguna posibilidad de resolver esto en el 
terreno material, lo resuelve en el terreno de la reflexión 
conceptual, de la especulación. Esta construcción de linaje 
constituye una operación intelectual descomunal; da sentido de 
continuidad al conjunto de la reflexión humana, desde un punto 
teleológico de llegada: es un modo de continuar la lógica teológica 
como lógica histórica, como si fuera la Biblia laica de la Revolución 
Francesa. Es un intento de pensar una continuidad posible en donde la 
transformación de los conceptos arroje ese resultado. El único 
pequeño detalle es que no hay modo de entender esta operación sino ex 
post facto: no se puede entender porque la reflexión sucede en 
Berlín, porque la materialidad transcurre en Londres, porque la 
Revolución se desarrolla en París. Es decir, no se entiende, desde 
esta lógica, la especificidad del recorrido histórico. Por eso, Hegel 
hace una metafísica objetiva de la historia que le permite a Lukacs 
hablar de Subjetivismo-Objetivo. Por eso, el corazón de su teoría es 
el Trabajo. Pero no cualquier trabajo: el Trabajo del Espíritu 
Absoluto. Esta metafísica de la historia está al servicio de entender 
esta estructura de la modernidad, pero no resuelve los problemas de 
ausencia de modernidad en tanto problemas materiales. Hegel no es un 
instrumento para resolver los problemas de la sociedad alemana. 
Cuando Hegel llega a ser un instrumento alemán se parece más a un 
vigilante prusiano, en su versión Bismarkeana, que a una herramienta 
de transformación radical.

¿Qué hay para descubrir en Hegel? 

Un problema elidido: la impotencia histórica de la burguesía alemana, 
impotencia que Marx subraya, intentando resolverla radicalmente. Por 
tanto construye un tesis sociológica-política ad hoc: la revolución 
permanente. Según este postulado una tarea histórica no está 
determinada por la naturaleza abstractamente social de sus 
beneficiarios, sino por quienes son capaces de ejecutarla. Ahí 
organiza una notable novedad histórica: el modo de resolver una tarea 
-la forma histórica que esta adopta- está determinado por la 
naturaleza del movimiento que encabeza y resuelve el problema. La 
Revolución Rusa no fue una revolución socialista porque la 
materialidad permita organizar en la Rusia Zarista una sociedad 
socialista, sino que resultó tendencialmente Socialista porque 
desarrolló un nuevo camino histórico (el gobierno soviético) 
articulando una nueva perspectiva de clase a escala planetaria. Esta 
novedad nada tiene que ver con el hegelianismo, con la necesariedad 
lógica de una revolución socialista en Europa, sino con la 
descomposición histórica del capitalismo ruso, de la burguesía en el 
imperio de los Zares, acompañado del surgimiento de una nueva 
herramienta histórica y de un nuevo protagonismo político. En lugar 
de poner el centro en una conceptualización necesariamente unilateral 
(por eso derrapa el menchevismo, con su rigidez sociologizante y 
deductiva) pone el centro en las tareas, y desde esa perspectiva se 
lanza a la guerra civil con Lenin a la cabeza. Con un detalle: ganar 
la guerra no implicaba la victoria de la revolución.

La praxis.

Exactamente. Marx plantea que bajo el capitalismo, la naturaleza de 
las relaciones sociales es mercantil. Por eso su libro, El Capital, 
arranca con una divisoria de aguas: "En los países en lo que impera 
el régimen capitalista de producción la riqueza se nos aparece como 
un inmenso arsenal de mercancías y la mercancía como su forma 
elemental". Esto quiere decir que en los países donde no impera el 
régimen capitalista, la riqueza no se nos aparece bajo una forma 
mercantil, y la mercancía no es su forma elemental. Este es un corte 
tajante. De esta frontera para afuera yace la resistencia al capital, 
y de esta frontera para adentro funciona el núcleo del nuevo capital. 
Este núcleo construye, contiene, impulsa una historia universal que 
no es otra que la historia del mercado mundial. Ya no es una ficción 
sobre cómo se cruzan ciertas ideas de una determinada manera para 
arrojar un determinado resultado conceptual, sino el sentido de la 
materialidad histórica real, los procesos vivos por los que se 
transforman las sociedades existentes. Ya no se trata de un mapa que 
permite viajar con el dedo sobre el mapa, sino de operaciones 
históricas, de programas políticos surgidos a consecuencia de estas 
operaciones históricas. El hegelianismo no construye ningún programa 
político revolucionario, sólo puede armar linajes a los que remite de 
una forma culta, interesante y erudita. De modo que está muy claro 
que la lógica de transformación de la que se ocupa Marx en El Capital 
no es la lógica de Hegel porque su problema no es el problema de 
Hegel. Cuando a Marx le preguntan si él tuviera que autodefinirse, 
¿cómo lo haría? Nunca dijo filósofo: sino Historiador. Porque los 
problemas que él se plantea resolver son problemas históricos, no 
filosóficos. No estoy diciendo que no haya una reflexión filosófica 
posible sobre los problemas históricos. Estoy diciendo que no se 
trata de navegar en un mar de interesantes generalidades ("lo bien 
conocido en general no es conocido", nos recuerda Hegel) sino se 
trata de entender la especificidad que Marx define, con toda 
precisión en El Capital, como Gramática Mercantil, que no es una 
dialéctica hegeliana. No son conceptos que su mueven per se. La 
noción de capital no es una noción dialéctica, en el sentido 
hegeliano de la palabra. Es una fórmula que parte del conocimiento 
existente sobre economía política, de la economía clásica, de Adam 
Smith y David Ricardo, que reformula polémicamente. Construye la 
pregunta para una respuesta sin pregunta, la plusvalía, y por tanto 
reorganiza radicalmente el campo rompiéndolo. Al decir de Althusser: 
cambia de objeto construyendo uno nuevo: un objeto teórico: el 
capital. Organiza un desvío que de ninguna manera tiene que ver una 
transformación interna del mismo campo -dialéctica- sino con un nuevo 
campo problemático. Por momentos reinventa todos los problemas, y por 
momentos no esta a la altura de sus propias invenciones. Pero siempre 
lo que está haciendo Marx es someter esos problemas histórico-
materiales a una crítica implacable. Esta crítica no se resuelve con 
una operación de conceptos, con una necesariedad dialéctica, sino con 
una propuesta de transformación de estructuras. Lucha, 
enfrentamiento, victoria que no incluye a los vencidos sino como 
cuerpo sobre el que se ejerce la victoria. Los vencidos son vencidos 
definitivamente. No se trata de ver cómo se incluía en la Revolución 
Rusa a la Burgusía Rusa. La Burguesía Rusa no tiene inclusión: la 
burguesía rusa huye. No hay ninguna elevación del concepto anterior a 
otro Estado. La revolución destruye esa burguesía y reconstruye el 
capital. El capital impulsa una lógica expansiva. La revolución se 
propone reconducir, bajo sus propios postulados, esa lógica. Sólo es 
posible sostener transitoriamente esa dirección. Lenin y los 
bolcheviques lo saben. Entonces, o la lógica política se adueña de la 
situación a escala europea o la lógica económica destruye los 
fundamentos de ese programa político. Esta lógica expansiva tiene una 
materialidad perfectamente diseñada. De esas relaciones sociales 
materiales se ocupa Marx y es esta especificidad la que pone en el 
centro, como problemática. La transformación socialista no es una 
variable de la transformación burguesa (cosa que el jóven Marx 
creyó), no es la revolución donde una minoría guía a la mayoría 
(aunque represente los intereses mayoritarios). No hay tal cosa. Si 
la mayoría no asume como propia esa situación, tal cosa no sucede. 
Asumirla como propia pasa a ser el hecho político decisivo, y una 
cuestión que la mayoría tenía que hacer de sí: una clase dominante. 
Tarea que la clase obrera tenía que asumir en tanto clase histórica. 
Esta tarea jamás sucedió. Este es el fracaso, la derrota, del 
socialismo leninista. La clase obrera no se planteó en Europa jamás 
este problema a esa escala y por lo tanto el socialismo no pudo 
vencer. No porque no estaban dadas las condiciones materiales 
histórico-políticas, sino que no estaban dadas las condiciones de su 
propia transformación para esa tarea. La revolución rusa dejó en 
claro que un sistema de representantes (el soviet) daba paso a otro 
sistema de representantes (el PCUS con sus 13 millones de 
burócratas): el pueblo que gobierna no es el pueblo gobernado, y los 
que gobiernan terminaron representándose a sí mismos. Este es el 
problema que ninguna situación revolucionaria fue capaz de resolver 
durante el siglo XX. La representación, en tanto ficción política, 
presupone la represión porque aquellos que no son representados no 
tienen lugar. Por eso, la representación es una ficción excluyente. 
Hay formas de representación que se adecuan, en ciertas condiciones, 
a una formulación más amplia, casi mayoritaria. Pero aún en este caso 
existe un violentísimo afuera. Si algo quiere decir la noción nueva 
de Multitud es precisamente que no se trata de representar a los 
individuos, que los individuos se representan a sí mismos -como 
Rousseau ya bien entendía- que no se pueden representar, que no son 
representables. La Multitud tiene que ver con el modo en que 
participan en el proceso productivo, desde esa especificidad, la 
democracia pierde su carácter representativo para alcanzar su cenit: 
la democracia directa. Este nuevo proceso productivo es el que 
democratiza radicalmente la situación. Si uno piensa la reflexión de 
Hobbes desde la atalaya de Spinoza, uno puede observar que Hobbes 
está pensando desde y para Leviatán, en términos de soberanía. ¿Qué 
organiza? El Estado. ¿Los límites? El mínimo intraspasable: la 
sobrevivencia de individuos. Locke no es otra cosa que las garantías 
dentro Leviatán, que éste se puede dar el lujo de suspender cada vez 
que lo considere necesario para la sobrevivencia del Leviatán.

¿Y cómo lo razona Spinoza? 

Se lo plantea al revés: del lado de la ciudadanía. ¿Cuáles son las 
operaciones de terror que el Leviatán hace? ¿Cuál es la teología 
política que hace posible el terror como sistema de propagación, 
continuidad y sometimiento? Por lo tanto: ¿Cuáles son los elementos 
sobre los que hay que hacer palanca para evitar y destruir el 
monstruo? La Democracia Absoluta -en las condiciones de Spinoza- es 
la desintegración del Leviatán. Y Hobbes tiene razón en esos términos 
históricos. Spinoza piensa, como límite de su tiempo y como 
posibilidad del nuestro. No se trata de creer que hoy vamos a aplicar 
la noción de Spinoza entonces. Lo que estamos entendiendo es que el 
modo en que Spinoza razona, resiste conceptualmente al Leviatán de 
Hobbes, nos sirve a nosotros para esta nueva forma que adopta el 
capital. Y las nuevas formas del capital no pueden ser otra cosa que 
nuevas formas de la clase obrera. Decir que el Fordismo ha concluido, 
decir que la fábrica ya no es más el escenario, es decir, que la 
clase obrera industrial concebida como objeto central de esa 
transformación ya no puede serlo porque el proceso productivo mismo 
se ha modificado, modificándola.

La disolución del trabajo manual por el inmaterial.

Así es. Se ha quebrado definitivamente esta estructura dicotómica 
anterior que funciono para todo ese pasado, y que es parte de la pre-
historia humana. La historia humana empieza ahora instalada sobre un 
nuevo piso tecnológico. Este nuevo piso hace posible el respeto de 
todas las singularidades; que no se respeten todas las singularidades 
ya no es un problema material, ni siquiera es un problema conceptual: 
es puramente político. El problema del socialismo ya no es más 
alcanzar la productividad del trabajo que no tenemos, la distribución 
de la riqueza por crear: es simplemente aprovechar el conjunto la 
riqueza existente, evitando su apropiación privada. Ahora sí: 
confisquemos a los confiscadores. Es decir, que la apropiación del 
excedente sea tan colectiva como su producción. El Socialismo, en 
tanto materialidad, es posible instantáneamente: simplemente requiere 
un nuevo programa para esta Matrix, donde otra vez nos topamos con la 
ciencia ficción, esta vez bajo la pluma de William Gibson.

La revolución tecnológica apropiada por las masas supone un tipo de 
trabajo que se puede hacer de tu propia casa.

Así es. Es un trabajo genuinamente democrático. Es un trabajo donde 
el interés, la afinidad personal, los afectos, y no la rentabilidad 
deciden; la rentabilidad ha alcanzado un grado tan descomunal que ya 
no es un problema. Estamos en condiciones de producir todo para 
todos, todo el tiempo y más. No "estaremos": hoy eso es 
inmediatamente posible. Hay hambre, injusticia, riqueza desigual, 
simplemente, para asegurar la apropiación del excedente para un 
conjunto de absolutos parásitos. Nunca la clase dominante fue más 
parasitaria que hoy. Porque en el período anterior, la clase 
dominante estaba al servicio del núcleo del capital que garantizaba 
el uso más racional de esos excedentes: ésa era su justificación 
histórica. Ahora, el trabajo muerto es trabajo muerto. Punto. El 
centro del trabajo es el trabajo vivo y el centro del trabajo vivo 
son todos los trabajadores, por lo tanto, ya no hay más capitanes de 
la industria. Hay una democracia del conocimiento tecnológico en la 
punta, y esa punta se puede extender, por decisión política 
colectiva, a una nueva ciudadanía mundial. Si todavía no sucedió es 
simplemente porque la mayoría no tiene todavía la capacidad política 
de transformar su mayoría potencial en mayoría efectiva.

El individuo era la creación donde el capital se sostenía...

En la Introducción a la contribución de la Economía Política, Marx 
explica su investigación: la producción material. La producción 
material, dice Marx, es la producción social de individuos. El 
individuo es un resultado histórico. Ese resultado histórico es una 
condición necesaria para la constitución del capitalismo. Pero en El 
Capital, Marx ya no estudia las condiciones de la producción material 
sino como condiciones de la riqueza mercantil, es decir, ya no pone 
el centro en la producción de individuos, se da cuenta que la 
producción de individuos sigue la lógica de la producción mercantil. 
Ahora bien, mientras la producción de individuos sigue la lógica de 
la producción mercantil es la lógica de la producción mercantil la 
que determina el quienes, el cómo y sobre todo el dónde. Es decir: 
¿cuál es el trabajo necesario? ¿cuál es el trabajo 
innecesario/inútil? ¿Qué cosas quedan al margen de ambos, es decir, 
marginalidad: ejército de desocupados? La noción de ejército de 
desocupados en estas nuevas condiciones se transforma hasta la 
negación. Todos son o pueden ser desocupados en tanto que todos son 
potencialmente libres. En un mundo de hombres y mujeres libres el 
Mercado deja de ser la demanda solvente, para ser el registro del 
consumo global. En definitiva, antes era preciso saturar el mercado, 
y nadie sabía en rigor en qué momento sucedía tal cosa. La producción 
era una incitación a expandir, sobrepasar, extender el mercado. Hasta 
que la crisis le fijaba al mercado su propio límite, el mercado 
retrocedía, la crisis reconstruía los términos productivos 
destruyendo y construyendo, y así volvía el nuevo ciclo del capital: 
había un adentro del capital y un afuera del capital. El Mercado es 
una noción que presupone que hay un afuera del mercado, sino hay 
afuera del mercado no hay mercado tradicional. 1ra cuestión. 2da: El 
Mercado presupone que la cuantificación de su propio número es un 
resultado a obtener porque depende entre otras cosas de la lucha de 
clases: hay mercado más chico según quienes sean los vencedores y los 
vencidos en el reparto del ingreso, porque eso define nada más y nada 
menos que la demanda solvente y en consecuencia el tamaño del mercado 
y la naturaleza de la innovación tecnológica también dependen de la 
lucha de clases. Ahora bien, la innovación de hacer que la producción 
tenga cierta instantaneidad. Ejemplo "Vender producción musical en 
Internet": yo no tengo que producir un millón de discos previamente; 
espero que me pidan, aplico la tecla "Enter" y envío. Hay una 
retroalimentación comunicativa instantánea que hace que ese número a 
despejar sea un valor matemático cierto (certeza en lugar de 
probabilidad) en cada momento: esa es la demanda y también el mercado 
de eso. El trabajo inútil desaparece. La noción de Mercado 
desaparece. Es la posibilidad de tener instantáneamente lo que 
demandas. Si algo caracteriza la fábrica toyotista es esto: una 
fábrica que trabaja sin Stock, ¿por qué? Porque cada uno de los 
usuarios le dice: "quiero un toyota estilo K, quiero que el tapizado 
sea la opción 4, quiero que la palanca de cambio entre las 14 
opciones sea..." Cada uno diseña dentro de cierta estructura su 
propia versión del modelo K, absolutamente personal. Si eso es 
posible para un automóvil, ¿por qué no va a ser posible para todo lo 
demás? Esta dada la instancia de Dominio, de Conocimiento que hace 
eso posible por lo tanto no es más que un problema del tamaño de la 
demanda solvente, y el tamaño de la demanda solvente no es más que el 
resultado de la lucha de clases: otro resultado político arroja otro 
ordenamiento general de la sociedad mundial. Este es el problema, no 
el mercado. La discusión Mercado, no-Mercado, era una discusión donde 
había una tensión, donde el secreto de la economía era la limitada 
capacidad de satisfacer la necesidad. La producción insuficiente. Por 
eso era tan importante la noción de mercado. Porque no era posible 
satisfacer inmediatamente todo.

La cuestión es la articulación política que permita esto, que ya no 
pasa por la representación.

Hay un consenso tendencial que es una forma de ciudadanía mundial. 
Todo esto que estamos charlando son tendencias; tendencias 
significativas, decisivas, que se van materializando, pero conviene 
entender que el análisis de las tendencias no puede confundirse con 
cada una de las cuestiones prácticos-empíricas que la gente tiene que 
resolver en cada lugar.

La Micropolítica.

Estas tendencias tienen que articular la micropolítica, es decir, que 
la escala de la acción política no es la escala ni de la 
municipalidad, ni la de la provincia, ni de la Nación, ni del Estado 
sino la escala que hace posible la satisfacción de estas necesidades. 
En Sudamérica sin MERCOSUR, nosotros, no tenemos escala de acción 
política: hacemos simplemente gestión administrativa. En esa gestión, 
con límites de estructura dados, la política sólo puede ser la 
decisión que ponga en la picota esos límites transformando la escala; 
es decir, si alguien cree que los problemas de Tucumán se resuelven 
en Tucumán está muy equivocado, si alguien cree que los problemas de 
la Argentina pueden resolverse simplemente en el marco del mercado 
nacional también. El camino son las estructuras supranacionales en 
tránsito a una estructura mundial unificada; ahí es donde se ve que 
hay recursos más que suficientes para todos; lo que falta en 
determinados lugares falta porque en otros re-contra sobra, y falta 
por el disparate del sistema de apropiación. Aquí se puede terminar 
con la demanda insuficiente, porque hay producción suficiente. No se 
trata más de una economía de necesidades insatisfechas por 
incapacidad productiva, se trata de la necesidad de la economía por 
perpetuar este orden establecido generando la necesidad insatisfecha. 
Esa el a tarea de los organismos financieros internacionales. En 
cambio, si la economía es sometida a la política, si dicta las 
condiciones, ya no es más voluntarismo sino simplemente el nuevo 
orden posible. Voluntarismo es tratar de cubrir con una tela que 
permite vestir a 30 a 50. Y todo el tiempo hay que desvestir para 
vestir. Y no está mal eso. Burlarse es un acto cínico, porque no es 
lo mismo que durante un rato estén todos vestidos a que uno estén 
siempre vestidos y otros siempre desnudos. Esa perspectiva sólo es 
amable desde el punto de vista del que está siempre vestido. Desde el 
punto de vista del otro no lo es tanto. El planteo: este ya no es el 
dilema: hay más que suficiente para todos. La paradoja puede 
visualizarse incluso en esta Argentina: un país que genera alimentos 
para más de 300 millones de personas, tiene 35 millones de habitantes 
de lo cuales 20 tienen necesidades básicas insatisfechas. Eso muestra 
brutalmente que entre la generación de riquezas y su apropiación 
media la propiedad privada.

El sostén del actual sostenimiento del capital se lo puede pensar con 
este Sujeto larvario que adosa un consumo como placer momentáneo.

El capitalismo es Esquizofrenia, el capitalismo produce esquizofrenia 
y funciona esquizofrénicamente. La esquizofrenia es su lógica 
funcional. Por eso, la tendencia histórica a la esquizofrenia se ha 
incrementado hasta alcanzar el rango de problema central. Ahora bien, 
si la sociedad política dependiera de la fuerza de la subjetividad 
kantiana, es decir, que cada uno fuera éticamente responsable de cada 
una de todas sus conductas, entonces, ¿qué nos muestra Deleuze? Que 
ese "deber ser" no tiene nada que ver con el "ser", y que esa 
presuposición justifica el Leviatán. Esa presuposición resalta la 
enorme distancia entre ambos términos finalmente aplanados por el 
Leviatán, que los vuelve individuos que son... esquizofrénicos. ¿Cómo 
se resuelve? Dentro de ese marco, de ese juego, de ningún modo. Es 
que la construcción de individuos en esta sociedad jamás puede poner 
en la picota a un sistema que los construye dañados.

Es lo que dice Marx: en el Estado son un Igual.

La igualdad formal ante la ley ni siquiera termina siendo igualdad 
ante la ley. En el planteo socialista tradicional una operación 
política, la confiscación de los confiscadores, se constituía en 
soporte para la construcción de la nueva subjetividad. Pues bien, 
cuando se confiscó a los confiscadores se los reemplazó por 
representantes que confiscaron a sus representados. Por tanto esta 
nueva subjetividad no apareció en parte alguna. Entonces, parece ser 
que este no es el camino para la construcción de las nuevas 
subjetividades. La novedad que nos aporta Negri es que el 
capitalismo, dice siguiendo a Marx, construye una tensión entre poder 
político y poder económico. En todas las formas anteriores, el poder 
económico determina el poder político. No hay ninguna clase de duda 
que el propietario feudal de tierras y siervos es el poder económico, 
detenta el poder político, el religioso y el militar: hay una 
absoluta identidad entre todas las formas de poder y una absoluta 
coherencia. Mientras que aquí existe una tensión entre el mercado 
político y el mercado económico, porque las cartas de ambos mercados 
no siguen ni la misma lógica, ni el mismo reparto; el gran temor del 
mercado económico es que el mercado político imponga sus términos y 
burle a los confiscadores. Esta tensión se resolvía mediante el 
socialismo. Cuando el mercado político confisca a los confiscadores 
no incluye a los excluidos, sino que incorpora al juego a otros que 
no estaban incluidos; eso sí, excluye a unos que sí estaban (la 
burguesía) pero la mayoría de los que no estaban (proletarios, 
campesinos y sectores medios) sigue sin estar. La dictadura del 
proletariado terminó siendo la dictadura sobre el proletariado por 
medio del comité central representado por el secretario general. En 
consecuencia, lo que hemos visto es un desplazamiento de lógicas de 
poder que no se resuelve en dirección popular sino oligárquica. Este 
problema no se resuelve con voluntarismo, sino con la transformación 
de la estructura productiva.

¿Cómo se organizan las nuevas necesidades del capital? 

La novedad de las nuevas formas de producción en la punta tecnológica 
es que la cooperación democrática no es un enunciado: "yo no te puedo 
hacer inventar nada a punta de pistola". Los sistemas de cooperación, 
los sistemas de democracia y funcionamiento son intrínsecos a esta 
nueva forma de actividad y por lo tanto la posibilidad democrática ya 
no depende de un deber ser, sino de la estructura del mismo Ser. Esta 
transformación ontológica del ser es la clave de la posibilidad misma 
de la nueva forma de subjetividad. En rigor los economistas más 
inteligentes decían que si el capitalismo hubiera necesitado brutos y 
analfabetos habría brutos y analfabetos. Si hubo un importante nivel 
de alfabetización, un importante nivel de cultura de masas es por la 
necesidad misma del capital. La variación de las necesidades mismas 
del capital hace posible nuevas formas de democracia directa, ya no 
son formas abstractas de democracia, ya no es el deber ser de nuevos 
ciudadanos que van a ser perfectos por un sistema educativo así los 
construya, sino que son ciudadanos que adquieren su ciudadanía a 
través del proceso de producción mismo. En lugar de sólo decidir en 
la esfera de su actividad, deciden la esfera de toda la implicancia 
de su actividad, es decir, le da un acompañamiento político a su 
actividad productiva. Se trata de terminar con la separación liberal 
entre política y economía. Se trata de entender que la economía es 
política y que las decisiones económicas son decisiones de política 
concentrada, como sostenía Lenin. Si estas decisiones pasan a ser 
decididas no sólo por los que intervienen directamente sino también 
por los que intervienen mediadamente -si se democratizan estas 
decisiones- esto hace posible un ordenamiento totalmente otro, en 
condiciones totalmente otras; ese es el límite más seguro contra la 
esquizofrenia que el capitalismo impone, terminando con un sistema 
donde los ciudadanos votan pero no deciden. Es decir, la posibilidad 
de que la esquizofrenia se vuelva recesiva. Es tiempo que la gente 
empiece a decidir la dirección de su propio cambio. En rigor, las 
nuevas condiciones de producción de la subjetividad hacen posible que 
cada uno pueda ser quien desee ser, esto es, el mapa del deseo deja 
de ser simplemente el mapa del consumo, el nuevo mapa del deseo va a 
ser el mapa de la construcción de la propia subjetividad: conocer y 
reconocer tu propio diseño. No comprar el deseo unilateral mercantil 
de la publicidad.

Danos algún ejemplo.

Ejemplo, la democratización de ciertas modas mientras la 
esquizofrenia estalla en el cuerpo. La ropa de mujer, que impone 
tamaños que no son los de las mujeres comunes y tienen que adecuar 
sus formas y tamaños a la ropa de las modelos: hay que meter cirugía 
para que entren, hay que meter dietas, sufrimiento. Ni el placer ni 
la salud determinan la dieta alimentaria, es la Indumentaria la que 
determina todo: una dictadura más imbécil y más profundamente 
deshumanizada no se ha visto jamás. Los cinturones de castidad 
medieval al lado de las formas de bombacha de la bikini actual son un 
poroto, la chica que no entra en la bombacha se siente una verdadera 
porquería. Una púber que todavía no completó su desarrollo 
fisiológico se "hace las lolas" y la mamá le paga la cirugía de sus 
nuevas "lolas" cuando ni siquiera sabe todavía cómo son sus lolas. 
Eso no es simplemente la locura de algunos: es el patrón de locura 
instalada. Uno no puede entender los comportamientos alimentarios de 
millones y millones de personas sin entender estas formas avanzadas y 
determinantes de esquizofrenia. No son conductas personales. Esta 
cada vez más claro que el capitalismo resulta cada vez más 
esquizofrénizante.

¿Las nuevas formas de la política incluyen el descentramiento? 

A la gramática de concentración del Estado, el capital le tenía que 
oponer una fuerza que tuviera la posibilidad, al menos abstracta, de 
ofrecer resistencia eficaz. Si las formas de organización no eran más 
que las formas de organización del capital, el cambio de las formas 
de organización del capital plantean las formas tendenciales de 
liquidación del Estado: una suerte de programa anarquista abstracto -
no porque nos proponemos La Anarquía, sino porque proponemos una 
sociedad donde el Estado tiene su mínima expresión, esto es, donde la 
administración de las cosas por las personas es el centro, y no la 
administración de personas como si fueran cosas. Lo que estamos 
diciendo es que no se trata de la abolición abstracta y voluntarista 
del Estado sino de que esta nueva forma de relación y producción no 
requiere de semejantes instrumentos. La formación de nuevos 
instrumentos políticos depende fundamentalmente de nuevas luchas que 
se están comenzando recién a librar. Decir como van a ser esas luchas 
es adelantarse demasiado a los acontecimientos. No podemos saber cómo 
van a ser exactamente esas luchas, si sabemos que la nueva teoría no 
va a ser ninguna otra cosa que la sistematización de esas nuevas 
formas de praxis. Nosotros vamos a aprehender de millones de luchas 
que se van a librar, y esas nuevas luchas nos van a enseñar, como en 
su momento La comuna de París, cuál es el nuevo camino. No se trata 
aquí que alguien teleológicamente, a lo Hegel, nos cuente cómo va a 
ser eso. Nadie sabe cómo va a ser eso. La caída del muro de Berlín no 
es simplemente el derrumbe del orden soviético. Es el derrumbe de 
todo un sistema de acción política. Es preciso re-inventar la 
política. Es preciso hacerla toda de nuevo. La política no decepciona 
aquí: decepciona aquí, allá, en todas partes. Y decepciona porque 
nada de lo que hace falta viene de allí. Es preciso entender entonces 
qué hace falta para re-inventarla. O para disolverla definitivamente.

¿Cómo ves la experiencia de las Asambleas? 

Es una experiencia muy pobre. Si uno quiere pensar en términos de 
receta, piensa en términos de Fordismo. Ya no es más un problema de 
recetas, ni de mezclarlas. El capital tecnológico impone la 
invención. La invención no puede ser una propuesta programática. 
Nadie puede tener un programa de inventos. Entender la enorme riqueza 
tecnológica, o biopolítica como dice Negri, sin entender la enorme 
pobreza política de la sociedad contemporánea, la enorme incapacidad 
de la mayoría para imponer su punto de vista -fuera de la encuesta- 
no puede dejar de llamarnos la atención, y no puede dejar de estar 
ligado a las experiencias políticas concretas y a las derrotas 
políticas concretas.

No sólo tenemos que ver el aspecto constructivo de la crisis. Tenemos 
que entender la naturaleza destructiva de la crisis que organiza a su 
vez nuevas formas de construcción tendencial. Lo que vemos en las 
Asambleas es la inmovilidad, son recetas más viejas que la humedad, 
relojes que hace décadas que no dan la hora. El Leninismo sirvió como 
conceptualización sobre el capitalismo monopólico, la lucha de los 
estados monopolistas, hasta 1945. Así como es imposible pensar el 
capitalismo sin competencia, es imposible pensar el imperialismo sin 
luchas inter-imperialistas. A partir de 1945 ¿cuáles son las luchas 
Inter-imperialistas? ¿Dónde vemos enfrentamientos entre potencias 
imperialistas? No hay tal cosa. Lo que vemos es bi-polaridad, que las 
viejas potencias imperialistas se ven obligadas en función de esta bi-
polaridad a ceder sus áreas de dominio. Quién crea que Irak es una 
nación no entiende. Quien crea que Arabia Saudita es una nación, no 
entiende. Si algo muestra África es su trivialización absoluta. El 
mapa colonial no se transformó en un mapa nacional en ningún caso. No 
en algún caso sí, en otro no. No es que el caminio libio funcionó y 
el libanés no funcionó. No funcionó el libio, el sudanés, no funcionó 
el congoleño: No funcionó ninguno. Vemos un conjunto de problemas 
irresueltos que es preciso volver a plantear. El colosal retroceso 
político de los sectores populares en el mundo entero no puede no 
vincularse con las derrotas de las viejas formas de acción política. 
No sirven. Hay que inventar, construir nuevas formas de acción 
política a otra escala. Ese es el desafió del siglo XXI.


Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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