[R-P] INFLACION: UNA NUEVA ZONCERA ARGENTINA (Mov Evita)

INFOR-MET rmermet en yahoo.com.ar
Mar Feb 7 08:30:38 MST 2006


 
INFLACION: UNA NUEVA ZONCERA ARGENTINA
 
Los incansables economistas liberales vuelven a dar
explicaciones 'chinas' sobre las causas que provocan
la inflación. Dan a conocer, a pesar del supuesto
rigor con que se manejan, una nueva zoncera argentina,
en la que ocultan los verdaderos motivos del alza de
precios, que obedecen a razones políticas más que a
económicas. 
 
Cuando Arturo Jauretche publicó el compendio conocido
como Manual de Zonceras Argentinas, el país sufría los
embates de una corriente teórica que predicaba ciertas
"verdades reveladas" sobre la economía mundial y
nacional. El Plan Prebisch, que debía su nombre al
ministro de economía de la época, propiciaba, cuando
no, la libertad del mercado como salvavidas ineludible
para la crisis de la coyuntura. 
 
Un filósofo muy reconocido del siglo XIX dijo que "la
historia se repite siempre: primero como farsa y
después como tragedia". Nada más esclarecedor. La
libertad del mercado es una bandera que agitan
cíclicamente los personeros de esos empresarios que,
debido a su posición monopólica, se pueden dar el lujo
de "competir" libremente por la sencilla razón de que
no tienen competencia. 
 
Repetimos la historia: primero como farsa (la plata
dulce de la dictadura militar de Videla): después como
tragedia (la convertibilidad de Menem y Cavallo). Y
aún así, hay quienes continúan hablando del
liberalismo como la panacea que logrará resolver todos
los inconvenientes de la economía criolla. 
 
Son los mismos economistas que revisten esa ciencia de
una complejidad de la que carece por completo. La raíz
del vocablo economía se remonta a la administración
hogareña: tan sencilla como sumar dos más dos, o como
lograr que las salidas no sobrepasen a las entradas de
dinero de un núcleo familiar. Pero para ellos no.
Ellos, los economistas liberales, fueron educados en
los claustros prestigiosos de Harvard o Yale o
Chicago, donde se les inculca aplicar el libre cambio
en sus países de origen, pero no en los Estados
Unidos. 
 
Y fueron esos economistas, los que lamentablemente
dirigieron las riendas del palacio de Hacienda durante
casi tres décadas. Así nos fue... 
 
Inflación 
 
Como si no hubiera sido suficiente el daño hecho al
país, ahora tratan de enredar nuevamente a la gente
con complicadas ecuaciones sobre el tema más ríspido
que debe afrontar el gobierno de Kirchner: la
inflación.   Hablan de múltiples causas, pero apuntan
a una como la principal: la excesiva demanda, la
escasa oferta. Traducido a la esquina del barrio, esto
es mayor cantidad de personas incluidas en el consumo
(por los nuevos empleos, por el aumento de salarios,
por la mejora de la economía en general) y empresas
desbordadas y trabajando al máximo de su capacidad de
producción. Pero basta repasar un poco esas nociones
para darse cuenta de que todo huele a una nueva
zoncera del estilo de las que Jauretche denunciaba en
su época. 
 
Indudablemente la oferta de hoy es mayor a la de los
años peores de la crisis desatada a partir de
diciembre de 2001. Y es lógico que las empresas no
hayan podido realizar las inversiones necesarias para
aumentar su producción. Pero lo que se oculta es algo
perverso: muchas de esas empresas son monopólicas u
oligopólicas, lo que significa que carecen de
competencia porque cada una controla primeras,
segundas y hasta terceras marcas de un mismo producto.
Por caso, La Serenísima, que también es propietaria de
La Armonía y de La Fortuna. El control del mercado es
casi absoluto y los precios no los pone la "mano
mágica" de la que hablaba Adam Smith, sino la máquina
remarcadora de Pascual Mastellone, dueño y patrón de
más de la mitad de la leche que se produce en el país.

 
La oferta y la demanda, y el equilibrio "natural" de
ellas de las que hablaba Smith, requieren de un
mercado con muchos productores que compiten y muchos
consumidores. Veamos un caso donde funciona a la
perfección. 
 
El mercado inmobiliario está compuesto por miles de
propietarios de departamentos, casas, locales y
terrenos. De la cantidad de oferta que haya, dependerá
la variación de los precios. Además, lógicamente de la
cantidad de demanda que exista. No es lo mismo el
costo de un departamento en Mar del Plata, donde
existe una sobreoferta de propiedades, que lo que
cuesta uno en Buenos Aires de idéntica característica,
y donde no sobran demasiadas propiedades. Ahí sí el
valor está regulado por esa mano invisible: la del
mercado. Cuanto mayor sea la oferta, más baratos van a
ser los precios porque los propietarios van a querer
venderlo. Por el contrario, cuanto menos oferta haya,
más se van a cotizar pues la demanda va a ser tanta
que van a ofrecer lo que sea por ese bien anhelado. 
 
Pero esa mano invisible se queda sin dedos cuando la
oferta está monopolizada: el que decide es uno solo y
los que demandan son millones. Así no hay equilibrio
que aguante. Tal es el caso de lo que sucede hoy en la
argentina. Y cuando el aumento de precios es
indiscriminado y no obedece a razones económicas, esas
razones debe hallárselas en la política. 
 
Presiones 
 
Hay algo de este gobierno que no les está gustando
demasiado a cierto sector del empresariado argentino.
Si no, no se comprende porqué reaccionan subiendo los
precios en forma abrupta, e incluso, violando los
propios acuerdos que han firmado con Kirchner para
mantener el valor de un centenar de productos. 
 
Aquí habría que detenerse y hacer una diferencia
sustancial. No es lo mismo el conglomerado empresarial
agrupado en torno al Coloquio IDEA, históricamente
relacionados con las grandes multinacionales
extranjeras, que ese empresariado conocido como
Burguesía Nacional, del que quedan, como un animal en
vías de extinción, pocos ejemplares pero muy valiosos
y necesarios. Los primeros han buscado la rentabilidad
máxima sin contemplar ni interesarles una estrategia
de desarrollo nacional. Los segundos han intentando
exactamente lo contrario. La inteligencia ha
acompañado siempre a estos; las armas de los militares
siempre han socorrido a aquellos. 
 
Sin argumentos económicos plenamente válidos (insisto
en que la demanda ha aumentado, aunque no tanto como
para iniciar una escalada inflacionaria), los
empresarios agrupados en el Coloquio IDEA recurren a
una vieja distorsión de la realidad para disfrazar
medidas políticas encubiertas como verdades reveladas
del mundo económico. Como en las décadas pasadas
obtuvieron rentabilidades netas que orillaban niveles
nunca alcanzados antes en la economía argentina
(revisar las cifras de la privatizada YPF), ahora no
quieren ceder ni un ápice de la torta distributiva y
alegan que si aumenta la puja salarial, deberán
trasladar los aumentos de sueldo a los precios de las
góndolas. Nada más perverso. No intuyen los
empresarios (y sus lacayos mejor pagos, los
economistas liberales) que el tiempo del despojo se ha
terminado y que hoy el pueblo argentino ha aprendido
la lección a fuerza de lágrimas y hambre. La tragedia
está concluyendo: habrá que domesticar a fuerza de
controles severos a esos empresarios inescrupulosos
que sólo saben sumar para su bolsillo y restar para
los ajenos. 
 
El objetivo que buscan, en última instancia, es
intentar socavar las bases sociales que respaldan a
este presidente: si aumentan los precios el
descontento popular crece, las culpas se achacan al
gobernante de turno y se hace imposible conocer la
verdad . Así operan, así han operado, así operarán si
no se les pone un freno.
 
Los acuerdos de precios son un paliativo momentáneo.
En el fútbol se usa la metáfora de parar la pelota:
acá lo que se busca es ganar tiempo para arremeter
cuando sea necesario con una reforma impositiva que
grabe las ganancias y utilidades y ejerza un control
institucional de las perversiones empresarias.
Institucional: es decir, de todos los ciudadanos a
través de las instituciones y no sólo del gobierno de
turno. 
 
Argentina necesita reconstruir esa clase empresarial
cuyo destino aparece atado al de los ciudadanos
comunes: una burguesía nacional es tal si cuando a
ella le va bien, le va bien a toda la sociedad. Una
casta empresarial responsable, solidaria y con
marcados objetivos nacionales de desarrollo industrial
es lo que precisamos. 
 
Hacer un país en serio requiere de una comunicación
clara y sin vueltas. Los motivos de la inflación
actual deben ser buscados más en cuestiones de índole
política que en las causas económicas. Terminar con
las zonceras argentinas es un imperativo moral y
político que permite desenmascarar los rostros de
aquellos que deben ser enterrados definitivamente en
el pasado.  
 

Secretaría de Prensa del Movimiento Evita




	


	
		
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