[R-P] Año nuevo en Chulavista, Carola Chávez
Patricia H.A.
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Jue Dic 28 09:09:14 MST 2006
Año nuevo en Chulavista ó Una Vista no tan Chula
Recuerdo que hace algunos años, nos reuníamos varias
familias de amigos a esperar la llegada del año nuevo
en una terraza que tenía una vista privilegiada de
Caracas. En verdad la vista era preciosa. Recuerdo que
alguien siempre comentaba, con poca originalidad, que
Caracas parecía un nacimiento, toda llena de
lucecitas; y nunca faltaba quien dijera que en los
cerros debería ser siempre de noche, porque al llegar
el día las luces se apagaban y los ranchos dejaban de
ser objetos decorativos. Quien hacía aquel comentario
hablaba con la boca llena de pernil, hallacas, cocido
gallego, turrones, vino y arrogancia; todo un gesto de
mala educación.
Yo siempre he sido delicada de estómago, y ante al
noche que tenía por delante, prefería comerme las uñas
y no cenar. También soy delicada de los oídos, pero no
era muy elegante presentarse en una cena con unos
tapones de algodón atapuzados en las orejas. Por lo
cual no tenía más remedio que sentarme allí
envidiandole a los niños el don de la sordera
selectiva. (Cualquier padre o madre sabe a lo que me
refiero). Es por eso que cada año optaba por tomar
asiento en el puesto más alejado de quien hablaba con
la boca llena y y el más cercano al borde de la
terraza. No se confunda el lector, no es que quisiera
saltar a vacío, solo buscaba distancia y la mejor
vista para presenciar, una vez más, un espectáculo
bellísimo que, invariablemente, me destrozaba el
corazón.
La mayoría de los venezolanos habíamos pasado todo el
año tratando de sobrevivir en un país que se caía a
pedazos. Muchos teníamos la pueril ilusión de el año
que se terminaba cerraba para siempre un capitulo
nefasto. Yo esperaba que con el cañonazo no llegara un
nuevo año sino un nuevo tiempo. Venezuela entonces era
diferente, todos estábamos de acuerdo en que quienes
nos gobernaban eran una cuerda de sinvergüenzas. Hasta
la cuerda de sinvergüenzas coincidía con nosotros; sin
embargo, parecíamos resignados a que así tenía que
ser. Era como una especie de castigo que teníamos que
soportar por ser, según nos habían hecho creer, un
pueblo de de segunda categoría, de gente floja,
irresponsable y desordenada pero eso si, con las
mujeres más bellas del mundo. El hecho es que una vez
al año, durante unas pocas horas, parecíamos recuperar
la ilusión y todos comentábamos con sonrisas
nerviosas, ''no veo la hora de que se acabe esta
vaina, a ver si el año que viene mejora la cosa.''
Al empezar la cuenta regresiva me pasaba como al
maracucho de la gaita cuando cruza el puente. Sí, se
me hacía un nudo en la garganta y se me nublaba la
mente. Al dar las doce, mientras algunos se
atragantaban con las uvas, otros se besaban, se
abrazaban, lloraban y se perdonaban, otros salían
corriendo a la calle con unas maletas vacías y alguien
se enderezaba las pantaletas amarillas en el baño, yo
permanecía en mi baranda y llorando a moco tendido,
mirando como miles de cohetones iluminaban el cielo de
Caracas. Cuantos más cohetes lanzaban más lástima me
daba. Me parecía que los caraqueños trataban de hacer
llegar sus ilusiones, deseos y súplicas más cerca del
cielo, a ver si, por si acaso, allí estuviera Dios.
Por esos tiempos, al parecer, Dios estaba de parranda
y a los pocos días de comenzar el nuevo año,
encontrábamos que, con suerte, vendría más de lo mismo
y cuidadito, porque podía ser peor. Total, solo
habíamos cambiado de año, no de dirigentes. Como quien
dice gastamos la pólvora en zamuros, literalmente.
Me parecía inverosímil que al final de cada año se
repitieran con terquedad los mismos rituales. Era
increíble que celebráramos de nuevo y que volviera
puntualmente la efímera ilusión. Eramos unos tristes
reincidentes. Pero en algún momento dejamos de lanzar
nuestras esperanzas al cielo, (más no los cohetones).
Nos dimos cuenta de que éramos muchos los que
estábamos jodidos y pocos los que nos jodían; que los
flojos, desordenados, borrachos, irresponsables,
putañeros y/ o putas eran ellos. Fuimos recuperando
nuestro autoestima colectivo, crecimos como pueblo y
recobramos a nuestro país.
Este fin de año los cohetones iluminarán el cielo
venezolano, muchos llevarán consigo alegría, otros
agradecimiento y unos pocos, los más bonitos y caros,
serán lanzados desde el este de Caracas y sus
sucursales en las capitales de provincia, tratando de
elevar al cielo, una súplica desesperada y llena de
añoranza por tiempos que ya pasaron y que no volverán
jamás.
¡Feliz año nuevo!
"Yo como tú amo el amor, la vida, el dulce encanto de las cosas, el paisaje celeste de los días de enero. También mi sangre bulle y río por los ojos que han conocido el brote de las lágrimas. Creo que el mundo es bello, que la poesía es como el pan, de todos. Y que mis venas no terminan en mí, sino en la sangre unánime de los que luchan por la vida, el amor, las cosas, el paisaje y el pan, la poesía de todos' Roque Dalton García
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