[R-P] La droga de los condenados
Edgar Schmid
condornacional en yahoo.com.ar
Mar Dic 26 07:22:42 MST 2006
Del laboratorio a la villa
Informe especial: La droga de los condenados
Por Virginia Escobar, especial para Causa Popular.
Me cansé de pedir ayuda y nunca tuve ayuda de nadie.
Los testimonios de los adictos al paco tienen en común
los lugares de la exclusión, la sensación constante de
insatisfacción, la confirmación del rápido deterioro,
pero también la impresión de que no hay nada más allá
cuando se quiere dar un paso al costado.
Ellos son la cara visible de un fenómeno de consumo
que creció rápidamente en los últimos cuatro años en
Argentina de la mano de la salida de la
Convertibilidad, cuando el mercado de las drogas se
reacomodó ante el crecimiento del precio de la cocaína
para empezar a ofrecer una droga más barata pero
letal.
La razón de este hecho hay que buscarla no sólo en el
bajo precio de esta droga -en promedio un peso la
dosis- sino en otros factores como las características
del producto, que provoca altísima adicción y rápido
deterioro, la multiplicación de los laboratorios
clandestinos en la Capital Federal y el conurbano
bonaerense, y la consolidación de redes de
comercialización en villas y barrios marginales,
afianzadas en una realidad de pobreza y complicidades
institucionales.
El efecto del paco es fuerte, dura segundos y deja una
dependencia terrible. Pero el paco no es cocaína, sino
que está elaborado a partir de un desecho del proceso
de elaboración de ésta. "PACO" es el apócope de "PAsta
Base de COcaína", nombre vulgar por el que se reconoce
al residuo de la PBC que se obtiene en el proceso de
transformación de ésta en el clorhidrato de cocaína,
en el que se utilizan solventes como parafina,
bencina, éter, tolueno o kerosene y ácido sulfúrico.
Este "residuo", que constituye el insumo básico del
paco, puede contener hasta no más de un 5% de cocaína,
y a su vez es nuevamente "cortado" por los vendedores
minoristas o "kioscos".
La explosión de esta droga arranca con la salida de la
Convertibilidad. Como explica Sebastián Gastelu en su
trabajo La invasión de la droga más letal (publicado
en la página de la Subsecretaría de Atención a las
Adicciones del Ministerio de Salud bonaerense), "a
partir de ese momento, nuestro país dejó de ser
atractivo para los productos fabricados afuera y los
insumos importados se volvieron casi una especie en
extinción.
El mercado de las drogas se acomodó ágilmente al nuevo
escenario y hubo sustancias que prácticamente
desaparecieron de los clásicos circuitos de consumo.
La cocaína, que evidenció una explosión de ventas
durante la década del noventa en todos los sectores
sociales, se retrajo exponencialmente en las plazas de
bajo poder adquisitivo y se ubicó sólo allí donde
todavía hay capacidad de compra.
Esto, que a priori podría parecer una buena noticia,
trajo como consecuencia una reconversión del mercado,
que suplantó con PBC ese consumo instalado en los
barrios pobres que ya no accederían a la opulencia de
la cocaína".
La reproducción
"Las "cocinas" de pasta se han multiplicado no sólo en
las provincias del noreste y noroeste del país, sino
también en las zonas urbanas de mayor concentración
poblacional como la Capital Federal, el conurbano
bonaerense, Rosario y Córdoba. Para amplios sectores
de la población que han quedado marginados del
sistema, el tráfico de drogas corresponde a una simple
forma de supervivencia. A pesar de que la cocaína
perdió rentabilidad en nuestro país y se volcó
nuevamente a la exportación hacia el mercado europeo y
norteamericano, Argentina no volvió a ser el "país de
tránsito" que fue", agrega Gastelu.
La PCB tiene un efecto devastador "diez a veinte veces
más implacable que la cocaína y está haciendo estragos
en los consumidores", se precisa en ese informe. A
diferencia del clorhidrato de cocaína, que se destruye
a temperaturas elevadas, el paco se puede fumar, en
pipas hechas con un caño de aluminio ahuecado.
El efecto -que dura entre 8 y 40 segundos- varía de
acuerdo al tipo de precursores incluidos en la
preparación, pero es casi automático. Desaparece en
pocos minutos pero provoca una compulsión insoportable
a seguir fumando.
Lo que caracteriza al paco es su alta toxicidad, su
rápida absorción y la corta duración del efecto. La
adicción es alta: un solo consumo genera en el
organismo una fuerte compulsión a repetir la
experiencia. A los tres meses de consumo, el cerebro
puede presentar daños neurológicos irreversibles, los
cuales continúan agravándose. Según los especialistas,
los deterioros se producen en el lóbulo frontal del
cerebro, región en donde residen centros neuronales
ocupados de funciones motoras, de la memoria, del
comportamiento social y del razonamiento lógico.
Atacadas estas funciones neuronales el resultado
observable en el adicto es una severa degradación de
la personalidad en los aspectos cognitivos,
comportamental y psicológico. La adicción lo ata al
producto, ya que paulatinamente éste altera la
bioquímica del cerebro, en donde termina sustituyendo
neurotransmisores producidos naturalmente por el
cuerpo, por sus símiles artificiales de mayor
metabolización y potencia.
Pero no se muere por una sobredosis de paco. Según los
especialistas, el adicto muere debido al deterioro que
la droga produce en su organismo, y ese deterioro es
mucho más rápido y profundo cuanto peores son las
condiciones de vida. Los pobres que fuman paco mueren
rápidamente porque viven en condiciones tan precarias
que la muerte a consecuencia de esta adicción es uno
de sus muchos flancos de vulnerabilidad. Ahí es cuando
las políticas públicas no llegan, o llegan tarde.
Industria nacional
En septiembre pasado, un informe elaborado por el ARI
señaló que el consumo creciente de esta droga en
Argentina es consecuencia de que el país dejó de ser
mero territorio de tránsito y consumo, para empezar a
producir. "El paco es un residuo del proceso de
producción de la cocaína, y esto es consecuencia de
que en la Argentina se produce clorhidrato de cocaína,
mediante la creciente instalación de laboratorios o
"cocinas" en la provincia de Buenos Aires", se
sostiene en el informe Paco, la punta del iceberg.
El trabajo se maneja, entre otros argumentos, con las
conclusiones del primer estudio realizado por un
equipo de investigadores sobre la pasta base de
cocaína (PBC), trabajo de campo encargado por la ONG
Internacional Transnational Institute a la Asociación
Civil Intercambios. Los especialistas de Intercambios
elaboraron un documento "en el que queda claro que el
paco no es sólo una consecuencia de la miseria, sino
el efecto del cambio del mercado global de drogas
debido a que la Argentina es ahora un país productor y
exportador, y no hace otra cosa que vender el desecho
de esa producción: el paco", se cita.
Según el ARI, "es cierto que, además que dejó de ser
la droga de los pobres y llegó a los estratos sociales
medios bajos y medios que al amparo del crecimiento
del precio de la cocaína empiezan a consumir paco".
Pero el impacto de los daños que produce esta droga no
es el mismo tratándose de uno y otro perfil de
consumidor. Los de clase media cuentan con un plus de
ventajas: mayor contención, el cuidado físico
posterior al consumo, la privacidad, la posibilidad de
elegir a quién se le compra por su calidad y, sobre
todo, las condiciones de vida que los hacen menos
vulnerables.
El documento de Intercambios indica que así como la
droga resulta invisible en la clase media, es de una
visibilidad extrema en las villas a las que ha
"inundado" y donde se presenta como una oportunidad de
empleo. "La venta de PBC puede haberse convertido en
una posibilidad de supervivencia frente a las
condiciones de extrema pobreza en la que se hallan
vastos sectores de la población", afirman las
conclusiones. "No obstante, esto no implica la
aceptación de dicha actividad en el barrio. Se han
verificado diversas confrontaciones con quienes
conviven en la misma zona: los compradores mismos o
familiares de usuarios de PBC."
De acuerdo con la tesis del ARI, "la libre
disponibilidad de productos químicos es una de las
razones por las cuales las cocinas se han mudado de
Bolivia y Perú a nuestro país. En estos países no
existe una industria petroquímica como en el caso de
Argentina, y debido a ello los precursores químicos
son escasos, caros y muy controlados. En nuestro país
existe una importante industria química, y por lo
tanto hay abundancia de productos a precios accesibles
y no hay, a su vez, una política efectiva de
controles".
"Por su parte, el residuo del proceso productivo toma
relevancia como factor de articulación entre la cocina
y algunos habitantes del entorno devenidos en micro
traficantes asociados.
En este caso la necesidad de proveerse de recursos
para la subsistencia por parte de los habitantes
alrededor de la cocina es funcional a la necesidad por
parte de los narcotraficantes de tener una red de
seguridad fundada en la complicidad de aquellos que
creen ser parte del negocio.
Cabe señalar que esta red de complicidad se completa
con la omisión por parte de las fuerzas de seguridad y
autoridades políticas que de hecho no desconocen el
fenómeno", arriesga el trabajo del ARI.
Y agrega que "en marzo del 2005, la DEA señaló en un
informe oficial que, si bien la Argentina no es un
país productor de droga, en el 2004 "hubo un aumento
en la producción de cocaína utilizando Coca Base
(Pasta Base de cocaína) importada de Bolivia".
Donde caen los caídos
El problema del paco no se debe a una maldición, como
bien estiman estos trabajos, sino a una estructura
social que contiene cada vez más pobres. Teniendo en
cuenta sólo la provincia de Buenos Aires, las cifras
del INDEC permiten inferirlo. En la provincia de
Buenos Aires viven aproximadamente 1.900.000
adolescentes entre 14 y 21 años.
El 50% está bajo la línea de pobreza y de ellos, un
38,8% es indigente; uno de cada cinco no estudia ni
trabaja y el 2,3% es analfabeto: no sabe leer ni
escribir. El 13% de las madres de toda la provincia
tiene menos de 19 años. Estas condiciones explican en
buena medida que el crecimiento del consumo de esta
droga se haya disparado en el territorio provincial, y
que los partidos más afectados sean los de Quilmes,
Berazategui, Florencio Varela, La Matanza y Ezeiza,
cuyos indicadores de pobreza son altos.
Desde el Centro de Prevención de las Adicciones (CPA)
de Berazategui arrojan un dato que alcanza para
ilustrar la magnitud del fenómeno. "En el 2001 se
atendía en ese lugar un 10% de consumidores de paco.
Actualmente, el 80% de las consultas se asocian a esa
adicción y no es todo: el paco desplazó a la marihuana
como droga de inicio y se consume a edades cada vez
más tempranas", se cita en el informe del ARI.
Por eso, los Centros de Prevención de las Adicciones,
que son un eje de la política sanitaria de la
provincia de Buenos Aires, no llegan a abarcar todas
las consultas. El trabajo del ARI indica que la
estructura de los CPA apenas atiende a un 6,7% de los
presuntos 450 mil adictos a algún tipo de droga ilegal
que existen en la provincia de Buenos Aires: "En este
momento, hay en la provincia 250 pacientes internados
en instituciones públicas y otros 250 becados e
internados en instituciones tercerizadas, apenas el 2%
de las consultas que recibe anualmente.
Asimismo son solamente los menores de entre 18 y 21
años acompañados de padre o tutor aquellos de ser
susceptibles de atención estatal. Los menores de 18 no
gozan de semejante "privilegio". Este panorama se
vuelve mas brutal debido a que en la provincia hay un
solo hospital que atiende menores hasta 12 años y otro
que atiende hasta los 15 años".
Si se considera que los nuevos consumidores son chicos
de 13 o 14 años que directamente empiezan con paco, el
vacío institucional para atender a los menores es un
problema clave. Según el testimonio de la especialista
Ana De Imperio, del CPA de Berazategui, citado en el
trabajo de Gastelu, es el miedo a la muerte lo que
lleva a los chicos a pedir ayuda. "Las
transformaciones físicas son demasiado elocuentes,
sobre todo a nivel respiratorio y esto los coloca
frente a una sensación de muerte inminente", dice De
Imperio, y agrega que "muchos pibes también tienen
miedo de que los maten porque para poder sostener el
consumo tienen que salir a robar".
No está muy claro si todos son marginales. Según De
Imperio "en algunos casos provienen de familias de
clase media, que han visto pauperizadas sus
condiciones económicas y, en muchos casos, el jefe de
hogar tiene trabajos temporales o es beneficiario de
algún plan social".
Todo parece indicar que para el área de las
adicciones, y especialmente ésta en particular, no
existe una estructura sanitaria suficiente. El informe
elaborado por el ARI alega que en la provincia de
Buenos Aires parte de los chicos usuarios de drogas
son tomados por el Poder Judicial e internados en
instituciones privadas tercerizadas. "Lo más llamativo
es que el "consumidor" de edad promedio (16 años) en
la provincia de Buenos Aires queda atrapado en un
vacío de atención primaria de salud, porque entre los
15 y los 21 años no hay una instancia de salud mental
ni de atención a las adicciones por parte del estado
provincial, y estos chicos caen en una judicialización
de la adicción y de la pobreza, y se los "judicializa"
no porque hayan cometido un delito sino porque tienen
problemas de salud", se señala.
La siguiente situación, que se menciona en ese
documento, resume el conjunto de preguntas que todavía
no han podido contestarse. "Esto ocurrió alguna vez,
pero seguramente ocurrió muchas otras veces más, sin
que lo sepamos: un chico de 16 años que tiene severos
problemas de adicción concurre a un CPA para tratarse.
Pero como estos centros sólo aceptan mayores de 21
años lo derivan a los tribunales de menores de la
provincia para que se ocupen de su situación o a la
SECRONAR que no da respuesta. Esto ocurre un día
viernes, y los centros de tratamiento e instituciones
privadas no aceptan derivaciones hasta el día lunes.
Así que el chico es enviado durante el fin de semana a
un instituto de menores, tiene una salida el sábado,
cuando el lunes a la tarde entre a la comunidad
terapéutica se encontrará con una situación de
encierro totalmente distinta.
¿Qué ocurrirá entonces? El joven no soporta el
encierro y se escapa de la comunidad. ¿Qué hacen las
autoridades? Llaman a los tribunales de menores de la
zona y éstos a su vez se comunican con la policía,
¿que pide una orden de paradero para saber donde está
el menor para que vuelva al tratamiento? No, la
policía eleva una orden de captura para el chico, como
si éste fuera un delincuente que robó o mató, y no una
persona enferma que debe ser tratada para que mejore
su salud".
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