[R-P] Cuentito
Leonardo Killian
elgatocanoso en yahoo.com.ar
Jue Dic 21 03:32:33 MST 2006
Venerables Compañeros: Espero que les guste. Killian
DIOS
La Gran Asamblea Ecuménica por fin se había puesto de
acuerdo. Cardenales, rabinos, imanes, pastores, lamas
y chamanes. Representantes de todas las religiones se
abrazaban como hermanos. La discusión había llegado a
su fin. Lo que parecía ser una cuestión semántica se
convirtió en ideológica. El”Programa de las Naciones
Unidas para la Búsqueda de Dios” según algunos,
escéptico y agnóstico, mutó por el mas apropiado:
”Programa de las Naciones Unidas para el Encuentro con
Dios”.
El mundo se había vuelto miserable e irracional. El
capitalismo había arrasado con los estados nacionales
y, lo que quedaba de estos era una patética muestra de
impotencia para controlar el despiadado sistema de
corporaciones que controlaba el planeta
Habían vuelto antiguas lacras como la esclavitud y las
guerras de religión. Guerras emprendidas por ejércitos
privados para el control de nuevos mercados y que la
propaganda travestía como “conflictos religiosos”.
Las Naciones Unidas eran, de hecho, un instrumento
más de la dominación mundial. El viejo foro de
discusiones servía ahora para cosas que un siglo atrás
hubiesen levantado un mar de indignación. Anulación de
derechos elementales para las naciones “atrasadas”,
justificaban nuevamente la esclavitud de africanos,
eslavos y mestizos americanos.
Las “repúblicas” eran fachadas vergonzantes donde
minorías oligárquicas ejercían un poder brutal e
idiotizante. Una cultura planetaria basada en el
consumo había barrido con las particularidades y sólo
se hablaban media docena de lenguas. Las grandes
cadenas de televisión, la música estridente y las
drogas sintéticas habían convertido a los humanos en
un rebaño embrutecido. Los libros eran objetos
despreciados por las mayorías. Los jefes político
religiosos hacían continuas campañas en su contra. No
era extraño que las viejas religiones hubiesen vuelto
con un poder semejante al del mundo medieval.
Con la vuelta de los estados teocráticos, a nadie le
sorprendió que científicos de todo el mundo se
propusieran hablar con dios, o por lo menos,
escucharlo.
Representantes de las religiones más numerosas
reunidos en una gran asamblea ecuménica, propusieron
una simple pregunta que debía repetirse en todas las
lenguas conocidas.
“Padre celestial ¿Nos escuchas? ¿Podrías enviarnos un
mensaje? Los hombres y mujeres del planeta Tierra
esperamos una señal tuya.”
Las gigantescas antenas del SETI con las que se
buscaba desde hacía más de un siglo alguna señal de
vida extraterrestre, rastreaban ahora la voz del
eterno.
Todos quisieron tener aunque sea una porción de
gloria. Se montaron gigantescos monitores en red en
Jerusalén, El Vaticano, La Meca, Tibet, pero también
en Machu Pichu, en las estepas siberianas y en los
polos. Nadie quería estar ajeno.
Como al año de insistir con la emisión, unos
jeroglíficos que aparecieron en las pantallas hicieron
detener el corazón de los técnicos que rutinaria y
desganadamente pasaban sus horas entre el póquer y la
televisión. Durante varias generaciones habían
esperado en vano alguna señal de vida extraterrestre.
Era la primera vez que algo sucedía.
Durante días las sofisticadas computadoras se llenaron
de signos incomprensibles. No faltó la idea
conspirativa sobre un haker bromista, pero rápidamente
se descartó. La señal venía de los cielos.
Lingüistas, semiólogos y expertos en decodificación
discutieron y analizaron hasta el cansancio las 7
líneas que se repetían.
El 7, numero cabalístico por excelencia, pensó algún
rabino trasnochado. El que contestaba no podía ser
otro que el Dios judeo-cristiano.
Sin embargo la lengua utilizada era un antigua forma
semítica caldea a la que se fue agregando el arameo,
copto, chino mandarín luego maya, latín, griego, y por
fin formas mas modernas del árabe y hebreo. Otras
resultaron incomprensibles aun para los más sabios.
En todas, el mismo mensaje se repetía invariable.
Durante más de un mes se rastreó toda posibilidad de
engaño hasta desecharse la más remota. El mensaje era
inequívocamente la voz del Supremo Hacedor que
contestaba a la pregunta. Siglos y siglos de espera
culminaban.
Las multitudes congregadas frente a las enormes
pantallas estaban en éxtasis.
En Roma, el Papa, hincado y en posición suplicante
competía con las imágenes del Gran Rabino y con la de
los ayatollas que parecían estar en trance. Hubo
escenas de histeria, de llanto y rezos frenéticos. De
rodillas, los hombres veían como alucinados el mensaje
del Creador.
Cuando por fin se detuvo la escritura que sin duda
abarcaba todas las lenguas humanas, un estremecimiento
recorrió el planeta.
En la vieja lengua de Cervantes el Padre Eterno decía
inequívocamente.
“LA PUTISIMA MADRE QUE LOS
PARIÓ. DIOS”
El sentimiento general que era en principio de
asombro y estupefacción, se transformó con las horas
en furia homicida. En las grandes ciudades, inocentes
grupos de Hare Krishna que cantaban en los parques
fueron perseguidos y asesinados a garrotazos por
turbas enloquecidas. Los temores atávicos encendían
el peor de los odios.
La respuesta levantó una ola de interrogantes y de
discusiones teológicas. ¿A quién se refería el Supremo
Padre Celestial? ¿Había entonces una madre primordial
ya olvidada?
Cristianos, mahometanos y judíos de todas las
tendencias se acusaban mutuamente del mal humor
divino. El clima de fraternidad se quebró como un
cristal y las explosiones atómicas volvieron a asolar
la tierra.
“Ya habrá tiempo de mejorar las cosas” comentó con una
sonrisa alcohólica George Bush IV, el presidente de
los Estados Cristianos de América en la asamblea
extraordinaria de la UN.
El representante de la joven República Evangélica de
Patagonia, uno de los territorios en que se había
dividido la República Argentina luego de la guerra
civil de fines del siglo XXI, fue el primero en
aplaudir el estúpido chiste.
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