[R-P] Lacolla El nudo gordiano en Irak

José María Cavalleri ingcavalleri en hotmail.com
Dom Dic 17 06:19:12 MST 2006


Perspectivas
El nudo gordiano en Irak
El nudo gordiano en Irak se hace difícil de cortar con la espada. Y los 
otros caminos están bloqueados.
Por Enrique Lacolla
Periodista

La locura que envuelve a Irak y que está abriendo perspectivas apocalípticas 
para Medio Oriente, ha incentivado en Estados Unidos las contorsiones para 
tratar de salir del atolladero en que el gobierno de George W. Bush metió a 
su país.

La comisión bipartidaria encabezada por el ex secretario de Estado James 
Baker -el Grupo de Estudio sobre Irak- formuló una serie de recomendaciones 
que incluyen la apertura de tratativas con Irán y con Siria a fin de buscar 
la colaboración de esos dos países. Las dos naciones son consideradas 
miembros del "Eje del Mal", como lo describe Bush, y el propósito es 
encontrar alguna manera para generar un gobierno iraquí autosuficiente, con 
un ejército bien preparado y asistido tan sólo por entrenadores y unidades 
de elite norteamericanas, mientras el grueso de las tropas de EE.UU. se 
retira en un par de años.

La oferta ha sido recibida de manera ambigua por el presidente y su equipo, 
que más bien tienden a desestimarla que a tomarla en seria consideración.

No es para menos. Aunque la propuesta del ISG (sigla en inglés del grupo) 
suene realista, su adopción implicaría transformar las políticas 
norteamericanas no sólo hacia Medio Oriente sino también en lo referido a 
sus pretensiones hacia una hegemonía mundial absoluta, que viene nutriendo 
desde el colapso de la URSS.

En Medio Oriente, la situación se precipitaría con rapidez. La eventual 
intervención de Irán en un arreglo en Irak supondría que la guerra civil que 
se libra allí se resolvería a favor del chiísmo, pero eso a su vez podría 
precipitar el ingreso de Arabia Saudita en la liza, en respaldo de la 
facción sunita.

Ello, a su vez, abriría una dimensión desconocida para el destino de la 
dinastía de los Saud, asentada en un sistema político y económico carente de 
estructuras racionales, donde no existe un colchón de clase media y donde 
hierve el fundamentalismo, alentado, en buena medida, por la misma monarquía 
que ha exportado una suerte de mesianismo wahabita a Afganistán, Argelia, 
Chechenia, Bosnia y Kosovo. Con anuencia norteamericana en algunos casos, 
desde luego, pero al costo de sorpresas que nadie esperaba.

El mismísimo Osama bin Laden salió de ese vivero y no es difícil presumir, 
en el siniestro papel que Al Qaeda cumple en Irak, la existencia de 
complicidades fincadas en ese reino.

El planteo del ISG, además, propone de manera implícita una revisión 
drástica de la relación con el principal aliado de Estados Unidos en la 
región, Israel, y esto es difícil que vaya a ser consentido ni por el Estado 
judío -cuyos dirigentes no son para nada unos dóciles ejecutores de las 
políticas de Washington- ni por el fortísimo núcleo de presión sionista que 
existe en el establishment norteamericano.

Olor a dólares y petróleo. Pero hay otro factor, no menos importante que los 
nombrados, para que el plan Baker -y todos los planes dirigidos a salir del 
embrollo, a decir verdad- encuentren grandes obstáculos en su camino. Y éste 
no es otro que el petróleo.

Bush y el vicepresidente Dick Cheney fueron a Irak no sólo para continuar 
los lineamientos de un proyecto imperial, sino en representación del lobby 
petrolero, para apoderarse de las fabulosas reservas de hidrocarburos que 
existen en ese subsuelo. Y para redondear un negocio fabuloso 
privatizándolas de acuerdo a una ley que está por salir en el Congreso 
iraquí y que permitiría a las compañías locales e internacionales (léase, 
anglonorteamericanas) explorar y explotar el petróleo de Irak.

¿Cómo lograr esto sin duplicar o triplicar el contingente de tropas en el 
terreno? ¿Cómo podrían operar esas compañías, aun bajo la cobertura del 
ejército norteamericano? ¿Cómo podría éste evitar escapar a una batalla si 
sale a imponer el orden a sangre y fuego en un país roído por diferencias 
confesionales y tribales, pero en el cual todas las milicias odian a las 
tropas de ocupación?

No hay salida fácil de Irak, ni para Bush ni para su ejército. La soberbia, 
la avidez y la locura que desencadenaron los acontecimientos que culminaron 
en la "conquista" de Bagdad están enfrentándose a su Némesis. A tres años de 
que Bush declarara terminada la guerra a bordo del portaaviones Abraham 
Lincoln, la guerra se expande y complica y las perspectivas de salir de la 
encerrona son más vidriosas que nunca.

Esto podría ser estimado como una justa retribución por haber incurrido en 
tamaño pecado de soberbia. Lástima que quienes pagan el precio de este 
desquicio son, por una sideral diferencia, los inocentes ciudadanos de un 
país devastado y afligido de una cada vez mayor inseguridad. Que sólo podrá 
agravarse si las perspectivas que hemos reseñado se concretan en toda su 
demencial magnitud.

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