[R-P] [A. Allende] Una gran mujer ninguneada por serlo

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Lun Dic 11 08:51:56 MST 2006


A propósito de una publicación del Sr. Héctor Valle.
Alfredo E. Allende

En el número 316 de La Onda, Héctor Valle nos ha deleitado -una vez 
más- con sus enjundiosas reflexiones; en este caso particular 
respecto de Immanuel Kant, específicamente cuando el filósofo alemán 
declaraba con ironía que resultaba muy cómodo no estar emancipado; no 
pensar sino a través del libro que presta inteligencia, del cura de 
almas que modela la conciencia; por tanto "Si puedo pagar no me hace 
falta pensar. Ya habrá otros que tomen a su cargo tan fastidiosa 
tarea." 
Kant, en la segunda mitad del siglo XVIII acusaba la inacción 
intelectual de una renuncia al expandirse de la propia personalidad, 
como una entrega de la propia libertad al que cada uno tiene derecho 
para que profesores, sacerdotes, escritores, filósofos, se tomaran 
para sí la autoridad abdicada por el holgazán racional.
El artículo del Sr. Valle me ha hecho recordar la hazaña efectuada, 
no reconocida que yo sepa por ningún estudioso del tema, de la 
poetisa, feminista y pensadora Cristina Pizán -o de Pisan- nada menos 
que tres siglos y medio antes que el profesor de Königsberg, en un 
ambiente cultural estrechado por el dominio avasallante de lo 
religioso. Ella había nacido en 1365 en Italia -falleciendo hacia 
1420/1 en Francia- hija de un médico reputado y por supuesto 
astrólogo como correspondía a quien se apreciara de ser un 
profesional serio. La familia de Tommaso da Pisano, tal el nombre del 
progenitor, se trasladó a la corte del rey galo Carlos V a fin de 
cuidar la salud del soberano, cuando la niña Cristina tenía unos 
cinco años de edad. 
Aprovechó desde pequeña para hacerse de una formación que resultaba 
infrecuente para las mujeres, sacando ventajas de las enseñanzas 
paternas y de la biblioteca real, que Carlos enriquecía con ardor. 
Los avatares de la existencia y su enérgico carácter la impulsaron, 
una vez que quedó viuda de un joven de la baja nobleza, con tres 
hijos a cargo, a luchar por la subsistencia, convirtiéndose en la 
primera profesional de las letras de la historia Occidental (una 
verdadera "femme de lettres"). Hechas estas aclaraciones sucintas 
sobre parte de la vida de la Sra. Pizán me referiré al asunto 
puntualmente referido por Héctor Valle con tanta apasionada claridad.
A principios del siglo XV, quizá entre 1405 y el año siguiente, 
Cristina redactó un libro en prosa "La Ciudad de las Damas" que 
recién ahora en ciertas partes de Europa está siendo considerado con 
interés. Su desconocimiento por muchos siglos no fue casual. En la 
obra se delató la misoginia dominante, base teórica-emocional del 
patriarcado y de la sumisión femenina; se objetó a la Iglesia por la 
corrupción de muchos de sus sacerdotes, prelados y papas, durante 
desde más de mil años, desde su reconocimiento oficial por parte de 
Constantino; y se consideró que villanos son los seres viles, no 
importaba la condición social a los que perteneciera: un noble bien 
podía ser villano por su conducta y un modesto labriego ser noble por 
su corazón. Por añadidura pregonó las bondades del progreso técnico, 
material, que utilizado éticamente debía ser elogiado; todo ello en 
momentos en que una fuerte presión de inmutabilidad (misoneísmo) 
hundía sus raíces en el pavor que producían los cambios operados en 
las estructuras socio-económicas con el avance de la burguesía y el 
deterioro de las comunidades feudales. El libro contenía demasiados 
atrevidas afirmaciones para ser absorbidas en tales épocas y sobre 
todo provenientes de parte de una mujer, de un miembro del sexo 
frágil, inferior, postulado sostenido de manera apodíctica por graves 
teólogos y doctos varones. Ella siempre fue reconocida como una 
poetisa de fuste, pero "La Ciudad de las Damas" ni siquiera mereció 
una verdadera edición, casi no tuvo forma de difundirse y se perdió 
en el olvido; no había llegado aún Gutemberg con su novedad 
revolucionaria, la imprenta; se habrían hecho algunas copias que no 
fueron reiteradas. Existen formas expresas de censura y otras 
tácitas, ligadas a la carga cultural recibida y al miedo de ser 
catalogado objetor del sistema dominante. 
Pero hay más; es el punto que me estimuló al considerar el trabajo 
del Sr. Valle: Cristina se rebeló contra la "autorictas", contra la 
autoridad de las tradiciones y criterios consagrados por la Iglesia, 
la Universidad de París baluarte formidable del aristotelismo y 
contra hábitos mentales perezosos a los que hacía alusión Kant.
En la obra, la alegoría Razón  -una Dama celestial, al gusto del 
medioevo-indicó supuestamente a la propia Cristina que incluso, los 
más grandes filósofos se han ido corrigiendo unos a otros. 
Aristóteles refutó las ideas de Platón, San Agustín y otros doctores, 
hicieron lo mismo con ciertos pasajes de Aristóteles, "al que llaman, 
sin embargo, el Príncipe de los filósofos y a quien se deben las más 
altas doctrinas de la filosofía natural y de la moral". No obstante, 
y sin solución de continuidad, la Dama Razón le espeta a su terrenal 
interlocutora: "Ciertamente, tu pareces creer que todo cuanto afirman 
los filósofos es artículo de fe y que no pueden equivocarse". ¡Cuánta 
miga se puede extraer de este sabroso pan! 
En primer lugar, la autoridad -"autorictas"- de los grandes maestros, 
incluido el del Filósofo por antonomasia, no sólo debe ser 
considerada falible, sino que era realmente falible, superable por 
otros criterios dentro de ese proceso del cual Cristina ve la bondad 
y la utilidad del progreso. En segundo término, y como resultado 
ineludible de esta visión, se nota en ella un cierto escepticismo, 
una relativa incerteza sobre las cosas del espíritu, por más que 
estuvieran endosadas por altas mentalidades. ¿Un indicio de 
relativismo? Más bien una indicación a favor del respeto hacia el 
intelecto y la capacidad de movilidad mental humana. 
Con estas acotaciones Cristina se va alejando de los marcos 
medievales hacia la racionalización en dirección a una Ilustración de 
la que fue una  adelantada. Entonces surge el enérgico llamado de la 
Dama Razón: "Vuelve a ti"  que sería como decir: "Reingresa a tu ser, 
no te dejes envolver por los dichos por más oropeles intelectuales 
que posea el magíster, reflexiónalo tú misma, busca e investiga y 
obtiene tus propias conclusiones, utiliza tu razón". 
En pleno humanismo renacentista Montaigne pensaba: "Cada uno de 
nosotros es más rico de lo que piensa, pero se nos habitúa al 
préstamo y a la mendicidad; se nos acostumbra a servirnos de lo ajeno 
más que de lo nuestro." Otra vez "un vuelve a ti " dirigido al género 
humano anticipado 250 años antes por la ítalo-francesa. 
Sería osado comparar estos dichos de Razón, con las nociones 
hegelianas y marxistas sobre el devenir incesante del pensamiento y 
del progreso. Pero no está de más señalar reflexiones de Federico 
Engels:  "Todo lo que es real, dentro de los dominios de la historia 
humana, se convierte con el tiempo en irracional; lo que es ya, por 
consiguiente por su destino, lleva en sí mismo de antemano el germen 
de lo irracional"... "Todas las fases son necesarias, y por tanto, 
legítimas para la época y para las condiciones que las engendran; 
pero todo caduca y pierde su razón de ser…". Obviamente en su "Ludwig 
Feurbach y el fin de la filosofía clásica alemana", Engels se estaba 
refiriendo a las etapas concretas históricas pero también al 
desenvolvimiento consiguiente del cambiante pensamiento filosófico y 
de las creencias religiosas. Cristina estiró al máximo la posibilidad 
de la transformación de las ideas, tal como podía ese cambio ser 
visualizado en su época; y quizá avanzó un poco más de sus estrictos 
marcos históricos porque las palabras puestas en boca de la Dama 
Razón tendían a señalar evoluciones permanentes, por lo menos de la 
filosofía.
El "vuelve a ti" de la Sra. Cristina de Pizán, resuena como un grito 
de esperanza y de protesta, lanzado hace 600 años para que la 
humanidad abandone el ocio de delegar en los demás el derecho a 
razonar por sí mismo, que utilice su libertad en cuanto se pueda, más 
allá de que aproveche las ventajas proporcionadas por el pensamiento 
en evolución a través de los siglos y por los descubrimientos que 
abona el progreso.


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Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
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