[R-P] Mugen la Sociedad Rural y CRA (Emilio Marín )
INFOR-MET
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Jue Dic 7 06:44:38 MST 2006
PARO DE NUEVE DÍAS DE UN SECTOR AGROPECUARIO
CONCENTRADO
Un frente heterogéneo de productores le declaró la
guerra al gobierno K
Desde la cero hora del domingo pasado y hasta las 24
del próximo lunes, tres entidades del campo no envían
ganado a las ferias ni comercializan cereales. Su
demanda de mayor rentabilidad atenta contra el interés
general de la sociedad.
EMILIO MARÍN
Como pocas veces en la historia del campo, en esta
medida de fuerza se juntaron el agua con el aceite, la
Sociedad Rural Argentina con la Federación Agraria
Argentina. Es que estas entidades no tienen punto de
contacto en sus representaciones de clase. Una fue
fundada en 1866 y expresa a los más poderosos
terratenientes, cabañeros y exportadores. La otra
nació en 1912 en Alcorta, Santa Fe, como obra de
chacareros que pedían la rebaja de los arriendos y una
modificación de la estructura latifundista.
El gobierno de Néstor Kirchner ha hecho el dudoso
milagro de juntar esas dos puntas antagónicas del
agro, lo que de movida –más allá del análisis fino del
paro de esta semana- debe ser valorado como un fracaso
o torpeza oficial.
Dicho en otros términos, el presidente y sus
funcionarios del área no han sido capaces de
distinguir entre los productores pequeños y medianos,
encolumnados detrás de la FAA, de la capa oligárquica
que nutre a la Sociedad Rural y en menor medida a
Confederaciones Rurales Argentinas y su rama
bonaerense y pampeana, Carbap.
Es verdad que el Ejecutivo puede alegar que aún no se
ha sentido una falta de abastecimiento del mercado ni
que hayan aumentado los precios, de por sí elevados
para la capacidad adquisitiva de gran parte de la
población. Pero en política ha tenido un traspié, pues
de las cuatro grandes entidades del campo, sólo
Coninagro quedó al margen de la medida de fuerza.
Por razones políticas y económicas, ese alineamiento
opositor era más que previsible en SRA y CRA, cuyos
dirigentes han acusado al presidente de imponer la
“patria montonera”. Sus titulares al momento del golpe
de Estado de 1976, Celedonio Pereda en la Rural y
Jorge Rubén Aguado en Carbap, aplaudieron la
instauración de la dictadura y le proveyeron numerosos
cuadros. Jorge Zorreguieta como secretario de
Agricultura y Aguado como gobernador de Buenos Aires
fueron ejemplos muy gráficos de esa colaboración.
En cambio, Kirchner tenía formas para atender los
reclamos de los pequeños y medianos productores
agrupados en FAA. Su presidente Eduardo Buzzi clamó en
el desierto por líneas crediticias diferenciales,
apoyo a sus iniciativas de uso social de la tierra y
en contra de la extranjerización, etc. De todas
maneras no tiene justificativo que Buzzi y demás
dirigentes se hayan acoplado en maniobra de pinzas con
la oligarquía como en esta oportunidad. Lo han
fundamentado como que con la otra parte no los unía el
amor sino el espanto pero la literatura borgeana no
puede justificar un contubernio con Luciano Miguens,
de la Sociedad Rural; Pedro Apaolaza, de Carbap y
Mario Llambías, de CRA.
Batalla política
El 2006 fue una pulseada política entre el gobierno y
la gran burguesía agraria (también llamada “burguesía
terrateniente” en el libro de Jacinto Oddone, de 1930,
que documenta cómo se armó la gran propiedad en la
provincia de Buenos Aires, desde la ley de enfiteusis,
las ventas de Juan Manuel de Rosas y la coronación de
la mal llamada “Campaña del Desierto”).
No es que el gobierno nacional quisiera introducir
siquiera una tímida reforma agraria, como denunciaban
las mentes más afiebradas de las reuniones de
productores organizadas por CRA a mitad de año. Estos
denunciaban que el Estado atacaría la propiedad
privada alentando incluso una violenta ola de
ocupaciones de tierras.
Más simplemente, lo que quería Kirchner era controlar
los precios de la carne, por su impacto en la
inflación y los bolsillos de los consumidores y ánimo
de los electores. Y, por similares razones
antiinflacionarias y de caja, el ministerio de
Economía conducido por Felisa Miceli decidió mantener
el esquema de las retenciones a las exportaciones.
Esos impuestos tenían en Miguens, Llambías y Apaolaza
el mismo efecto que el de un veterinario
persiguiéndolos en el corral para vacunarlos con una
larga jeringa.
Las organizaciones que decretaron el lock out patronal
durante nueve días tienen un sello indeleble de clase.
Pretenden que el precio de su carne, soja, trigo y
maíz tenga el mismo nivel que el de los mercados
externos, sin importarles que por eso el kilo de pan
francés salte de 2,50 pesos a 5 o más, ni que el kilo
de milanesas pase de 10 a 20 pesos.
Coherente con ese punto de vista de grandes
propietarios y exportadores, quieren que cesen las
retenciones a las ventas al exterior o que disminuyan
drásticamente. Cabe recordar que con la devaluación y
la elevación de las cotizaciones de los productos
primarios en los mercados mundiales, los ingresos por
exportaciones subieron en forma ostensible a partir de
2002.
El gobierno de Kirchner ha señalado que el paro está
motivado en razones políticas e ideológicas. Llambías,
de CRA, contestó en el órgano oficial de prensa de su
sector que “diga lo que diga el Gobierno, esto no es
una medida ideológica ni política. Simplemente se
trata de defender un modo de vida. Y reclamar por la
vuelta del libre mercado” (“La Nación” 6/12).
Con esos conceptos, el ganadero no hizo más que
confirmar la crítica pues puso al “libre mercado” como
un modo de vida. ¿Si eso no es ideologismo, qué es?
Falsos liberales
La adhesión de los dirigentes agropecuarios al
liberalismo no es una cuestión ideológica abstracta
sino que hunde sus raíces en sus negocios,
rentabilidad y acumulación. Ellos ven que en las
exportaciones se gana un dólar que vale tres pesos y
se les nubla la vista, lo quieren todo para ellos,
máxime cuando que este año las exportaciones cerrarán
con un récord cercano a los 45.000 millones de
dólares. No se conforman con que en el norte
bonaerense la hectárea para la producción granaria
haya saltado de los 4.000 dólares al doble de esa suma
y en zonas de invernada la cotización ande por 3.500
dólares, lo que valoriza enormemente esas tierras.
Esas cúpulas adhirieron al terrorismo de Estado y
posteriormente al modelo neoliberal impulsado por
Carlos Menem y sus continuadores. ¿Quién puede
creerles ahora cuando manifiestan que “tenemos miedo
al retroceso de la democracia que estamos viendo en
este país”?
En la conferencia de prensa de Miceli, el lunes 4, se
refutaron los argumentos de los grandes productores y
exportadores con datos que, paradojalmente, en otro
sentido también se vuelven en contra de la política
oficial.
La ministra dio los números según los cuales las
retenciones a las exportaciones del campo solamente
suponen el 4,3 por ciento del total de la recaudación
del Estado en el año. Esto desnuda la pretendida
condición de “salvadores de la Patria” con que se auto
elogian los ganaderos.
El otro argumento gubernamental fue la cuantificación
del nivel de ganancias del segmento agropecuario. “Los
ingresos, por sobre el promedio del período 93-2001,
superan en los últimos tres años, los 33.000 millones
de pesos”, contragolpeó la jefa del Palacio de
Hacienda, quien también puntualizó que el valor de una
hectárea en zona maicera había subido de 3.000 a
10.000 dólares.
En tren de polemizar con los convocantes del paro,
Miceli les enrostró su falso liberalismo pues dijo que
no se quejaron de la intervención del Estado en el
subsidio al precio de los combustibles, que implica
una transferencia al sector de 7.000 millones de pesos
anuales. A ello debe sumarse, según la funcionaria,
“el sostenimiento de un tipo de cambio que los
beneficia y les transfiere 6.000 millones de pesos
anuales”. A ambas sumas agregó los beneficios de la
inversión estatal en el Plan Ganadero, la baja del IVA
en la urea y otros fertilizantes, el desendeudamiento
bancario, etc.
Quedó claro que la capa superior de los ganaderos,
productores, exportadores, consignatarios y
frigoríficos se queja de llena, para decirlo en
términos de la calle. Pero esas confesiones
ministeriales sobre el nivel de subsidios del fisco a
esos productores privados, se vuelve –desde otro
ángulo- en contra del gobierno. ¿Tantos miles de
millones de pesos para ganaderos que se han
capitalizado en forma en estos años, y tan pocos
recursos para los sectores sociales vulnerables que
verdaderamente necesitan inversión, gasto, promoción,
créditos y subsidios estatales?
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