[R-P] Venezuela: las piezas del puzzle bolivariano - Parte 2
Patricia H.A.
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mar Dic 5 21:59:15 MST 2006
Algo más que un nuevo Presidente, la V República
Otro elemento que hay que tomar en consideración para
entender la llamada "revolución bolivariana" es que su
punto de partida radica en la completa degeneración
del régimen político que había nacido en el llamado
"Pacto de Punto Fijo" (4).
La mejor expresión de lo que éste significaba es el
acuerdo elemental que unió a los partidos que, en
virtud de ese pacto, se disputarían amigablemente el
poder: nadie perderá aunque el otro gane.
Un pacto de esta naturaleza facilitó una alternancia
política relativamente estable basada también en un
reparto oligárquico de las rentas petroleras: las
clases altas se beneficiaban principalmente de ellas,
pero permitiendo que se produjese el "derrame"
suficiente hacia las clases medias urbanas como para
que estas legitimaran la situación al sentirse también
como sus beneficiarias.
El problema apareció, sin embargo, cuando se fueron
combinando, principalmente, tres circunstancias que
los corruptos dirigentes políticos de la época no
supieron anticipar. En primer lugar, un impresionante
crecimiento demográfico; en segundo lugar, el uso
irresponsable de los recursos sociales y, finalmente,
una despreocupación de las clases dirigentes hacia la
elemental redistribución de la renta y la riqueza
social que hubiera podido garantizar una mínima e
imprescindible legitimación y paz social.
Así, entre 1970 y 2000 la población aumentó de 10,7
millones de personas a 24,1, un incremento que iba
generando una masas de pobres y marginados cuyas
necesidades no se estaba dispuesto a satisfacer en lo
más mínimo porque eso hubiera obligado a replantearse
la distribución privilegiada de las rentas petroleras.
Las clases dirigentes vivieron completamente de
espaldas a este cambio, ignorantes de que ahí se
encontraba el origen de un nuevo sujeto social que,
antes o después, iba a exigir un lugar en la mesa
donde se repartía el pastel.
El uso irresponsable de los recursos nacionales que
hizo la oligarquía venezolana, e incluso gran parte de
las clases medias, se manifestó principalmente en el
continuado proceso de externalización de las rentas
petroleras que, cada vez en mayor medida se situaban
fuera del propio país. Sus estrategias completamente
ajenas a las demandas básicas que planteaba incluso el
más elemental modelo de desarrollo nacional se
tradujeron, al mismo tiempo, en la evasión permanente
de capitales (calculada entre los 80.000 y los 100.000
millones de dólares de 1974 a 2000).
Para colmo, las políticas neoliberales que comenzaban
a aplicarse siguiendo las directrices de los centros
del poder económico internacional agudizaban el
problema, destruían tejido industrial, empobrecían la
actividad productiva, externalizaban las fuentes de
creación empleo y riqueza y terminaban por crear más y
más pobreza,
El incremento de la población, la salida de capital y
las políticas neoliberales que se fueron aplicando
desde los años ochenta provocaron la continuada
degradación de las condiciones de vida de la mayoría
de los ciudadanos de un país que había llegado a tener
una renta per capita igual o incluso superior a la de
los países más avanzados de Europa occidental. El
salario real descendió un 40% en ese periodo, la
informalidad se adueñó del mercado de trabajo y eso
provocó que el consumo per capita cayera en un 25%.
Algunos estudios llegaban a cifrar el nivel de pobreza
en el 70% de la población a finales de los años
noventa (5).
La llegada al poder de Carlos Andrés Pérez, concebida
como un cambio de rumbo para salir airosamente de la
crisis que afectaba al régimen de la IV República,
significó en realidad su definitiva condena de muerte.
La aplicación contundente de las medidas neoliberales
del Consenso de Washington produjo en muy poco tiempo
efectos aún más traumáticos sobre las condiciones de
vida de millones de personas. Empezaron a empeorar, no
sólo para los grupos sociales hasta entonces más
desfavorecidos sino incluso para cada vez más amplios
sectores de las clases medias (6).
Las continuas movilizaciones que culminaron con las
matanzas del llamado "caracazo" o la simpatía que
despertaría el golpe fallido que protagonizó Hugo
Chávez con otros oficiales fueron síntomas bien
evidentes de que lo que se había podrido no era
solamente un momento político sino todo un régimen y
de que la salida no podía ser otra que su cambio
radical.
Si fue sintomático que Hugo Chávez barriera a los
demás candidatos en las elecciones de 1989, obteniendo
en la primera vuelta el 56,2% de los votos, lo que
realmente muestra el clima social y la contundente
voluntad ciudadana que iba a inspirar los cambios que
se avecinaban fue que la propuesta de iniciar un
proceso constituyente para elaborar una nueva Carta
Magna fuese aprobada poco más tarde con el 86,4% de
los votantes.
Lo que se produjo en Venezuela, y lo que se viene
dilucidando desde entonces, no fue solamente una
alternancia o una simple modificación en la velocidad
de crucero de la política sino el establecimiento de
un nuevo espacio político.
Este cambio fue efectivamente deseado inicialmente por
una proporción casi masiva de la sociedad (algo menor
una vez que la Constitución se aprobara
definitivamente) pero en su interior se contenían
intereses y demandas implícitas de muy diferente signo
y que pronto iban a comenzar a mostrarse como muy
difícilmente conciliables. Sobre todo, cuando comenzó
a hacerse evidente que el factor que estaba impulsando
realmente los cambios que se estaban dando era la
irrupción en la vida social de un nuevo sujeto
colectivo formado por una masa ingente de desheredados
que, hasta entonces, habían sido literalmente
excluidos de todo tipo de participación en la vida
pública, que no habían participado en "el derrame" y
que a partir de ahora iban a comenzar por demandar,
primero, su espacio correspondiente en la vida
política e, inmediatamente después, una parte
privilegiada en el reparto de la renta. Lo primero se
lo iba a dar la nueva Constitución que erigiría a ese
sujeto innominado en sujeto político. Lo segundo, las
políticas sociales que tratarían de darle al sujeto
político todos sus derechos económicos y sociales.
La irrupción de ese nuevo sujeto es lo que no ha sido
ni bien entendida ni, mucho menos, bien aceptada, por
quienes habían considerado que la situación de
exclusión era un problema menor y consustancial a la
sociedad venezolana y, por tanto, por quienes creyeron
que los cambios que iban a producirse no iban a
afectar a la pauta de distribución de los recursos
sociales..
La comprensión de este fenómeno es también crucial
para entender lo que desde fuera se percibe que ocurre
en la Venezuela bolivariana: dos sociedades que no se
reconocen una a la otra o que ni siquiera desean
admitirse como parte integrante de un mismo espacio
social y político. La de los beneficiarios de un
régimen de privilegios y de sosiego tan aparente que
creyeron real, y la de los advenedizos. Por un lado,
la gente guapa de los comercios y los aviones
dispuestos a salir para Estados Unidos a cualquier
hora, la de las cuentas en dólares, la de las
urbanizaciones cerradas y la de los bares elegantes
abiertos sin parar, la gente bien de Caracas y su
secuela de profesionales, profesores, médicos,
abogados, comerciantes, o contables... Por otro, los
buhoneros, los trabajadores de mil oficios, los
habitantes de los cerros, los negros, los desclasados,
los campesinos pobres, o simplemente lo que se
hartaron de seguir viviendo como antes. Cualquiera
puede apreciar el desprecio, la lejanía, la brecha
abierta, incluso el racismo que destilan las
relaciones sociales y el abismo que hay entre ambos.
De esa desigualdad nace un clima enrarecido en donde
se hace muy difícil alcanzar el diálogo y el
reencuentro y que la sociedad se entienda y se perciba
en su compleja totalidad, como una sola parte aunque
en su interior esté diferenciada. Una tarea que está
resultando prácticamente imposible conseguir en
Venezuela.
Y de ahí nace uno de los elementos problemáticos de la
revolución bolivariana que la hace sufrir una tensión
sin descanso, que la obliga a vivirse como un pulso
permanente, en el ínterin de una amenaza constante, en
un íntimo y continuo sobresalto.
Otra Constitución, una nueva democracia
Lógicamente, la revolución bolivariana no puede ser
entendida sin considerar el papel de la Constitución,
que es extraordinariamente complejo y muy distinto al
que en otros países desempeñan estas normas
superiores. De hecho, algo que siempre y a cualquier
observador seguramente debe haberle sorprendido fue el
sentimiento de propiedad que las clases populares
tuvieron del nuevo texto constitucional desde que
comenzó su gestación.
La Constitución bolivariana iba a ser el texto que
reconociera nuevos derechos (por ejemplo a los
indígenas, a las mujeres, a todos los ciudadanos),
nuevas formas de propiedad y gobierno de la economía,
nuevos poderes (el Ciudadano y el Electoral),
procedimientos novedosos de revocación de todas los
cargos electos, una nueva estructura del Estado,
nuevos regímenes y procedimientos de representación
política, incluso un nuevo lenguaje. Pero, sobre todo,
iba a ser la base un nuevo tipo de democracia, más
directa que indirecta y más participativa, y que, sin
renunciar (como efectivamente ocurre a pesar de las
acusaciones verdaderamente injustas por infundadas que
proliferan) a la democracia formal al uso en el resto
de los países, avanza en nuevas formas de protagonismo
civil. La nueva Constitución supuso un doble avance
político y social en Venezuela.
Por un lado, proporcionó instrumentos para una vida
mucho más democrática, que vienen siendo utilizados no
sólo por el Gobierno sino -como ocurriera con el
referendum revocatorio, o con la mayor independencia
de los poderes judicial o electoral- por la propia
oposición que luego se deshace en crítica a la
democracia existente. Por otro lado, la Constitución
-y el desarrollo normativo que ha tenido en este
sentido- ha servido para encauzar la participación
política de los ciudadanos en moldes más flexibles y
auténticos que los de la tradicional maquinaria
electoral o de los partidos políticos (que, de hecho,
apenas si se mencionan en el texto constitucional). Se
han impulsado y creado estructuras participativas en
forma de comités, asambleas u organismos más abiertos
y descentralizados que lógicamente confieren mucho
mayor protagonismo a la voluntad ciudadana, en tanto
que esta no queda encorsetada en los aparatos o
procesos de participación política tradicionales.
Esto último es lo que ha podido ir configurando como
sujetos políticos en acción, como titulares de
derechos y portadores de capacidad de decisión, a los
meros rebeldes que creó la IV República y que habían
ido adquiriendo carta de naturaleza como titulares de
derechos y obligaciones a medida que avanzaba el
proceso.
Uno de los hechos políticos más significativos y quizá
menos conocidos o incluso mal valorados de la
revolución bolivariana es el simple acto de conceder
la "cédula", la documentación civil necesaria para
existir como ciudadanos o ciudadanas, a millones de
hombres y mujeres que, hasta entonces, sencillamente
no lo eran a efectos de las relaciones civiles más
elementales. Se estima que antes de que se pusiera en
marcha la Misión Identidad (encargada de resolver ese
problema de cedulación) tenían problema con su cédula
8 de cada 10 venezolanos, mientras que ahora esos
problemas afectan a menos de 2 de cada 10. Sólo entre
octubre de 2003 y octubre de 2004 se tramitaron
8.212.659 de cédulas a los venezolanos que necesitaban
adquirir su documento de identidad o simplemente no
estaban registrados.
Es frecuente oir decir que esta medida se hizo para
que los pobres votaran a Chávez sin percatarse ni
valorar que antes de ello no podían votar ni al actual
presidente ni a nadie.
Sin tomar en consideración el sentido de
autopertenencia y autoestima civil que supone el mero
hecho de poder ser identificado como ciudadano, no se
entiende que el efecto primero de la Revolución
Bolivariana fue propiciar el alumbramiento (para
muchos inesperado) de un nuevo sujeto político
venezolano.
La Constitución bolivariana responde o contiene, por
tanto, dos grandes lógicas. Una, la que inspira la
arquitectura formal de los poderes, la lógica
institucional que por definición es más rígida y
predecible. Otra, la lógica de la participación, la
que inspira la nueva democracia "protagónica" y que
también es por naturaleza más flexible, menos formal y
más dúctil, menos dada al control y poco susceptible
de ser encorsetada en los aparatos formales.
Se trata de un binomio que enriquece la democracia
pero que la hace compleja y más difícil de vivir y
ejercer porque, como señalan los constitucionalistas,
tiende a crear problemas de conciliación, sobre todo,
cuando uno de los sujetos, carente y deseoso de los
privilegios que históricamente han correspondido a
otros grupos sociales, tiene prisa por disfrutarlos en
igualdad de condiciones (7) .
El problema principal que plantea este nueva dimensión
de la democracia es que, en la medida en que quiere
hacerse más auténtica por ser más protagónica,
necesita ser más deliberativa y, por tanto,
esencialmente inclusiva y nunca exclusiva. Pero eso
requiere el que toda la sociedad acepte el marco de
juego democrático. La trágica paradoja de la
democracia (que tan crudamente se está viviendo estos
años en Venezuela en medio de una gran incomprensión
exterior) es que ninguna puede llegar a serlo cuando
alguna parte implicada se arroga el derecho a
excluirse si lo deliberado o decidido no le satisface,
lo que quiere decir que quien no quiere la democracia
tiene un poder efectivo para hacer que la democracia,
si no les complace, no llegue nunca a serlo.
En las últimas elecciones legislativas celebradas en
Venezuela el poder electoral aceptó prácticamente
todas las exigencias de la oposición pero, incluso
así, ésta decidió retirarse: después de la votación su
discurso es que en Venezuela no hay legitimidad
democrática a través de las urnas porque la oposición
no está representada. Y lo que es peor no es esa
retórica, sino que, al no estar representada, la
democracia efectivamente se resiente.
En cualquier caso, los problemas que acabo de plantear
se refieren naturalmente a los que ha de resolver,
entre demócratas, un proceso que se abre a un nuevo
tipo de democracia. Pero la situación es otra aún más
compleja desde el primer momento en que las viejas
oligarquías optan expresamente por destruir la propia
democracia mediante el golpe de Estado de 2002
(llamado "vacío de poder" por el poder judicial que la
oposición acusa de estar al servicio del gobierno),
por el golpe petrolero de 2003-2004 o por los
continuos actos de sabotaje y agresión que en
cualquier otro país serían calificados como simples
acciones terroristas pero que, tratándose de
Venezuela, se contemplan con simpatía o reciben el
apoyo, sobre todo, de Estados Unidos.
Todo ello es lo que hace que en lugar de que la
constitución como sujeto político de una parte de la
sociedad que el régimen anterior había condenado al
ostracismo y a la exclusión social se perciba como un
(necesario) momento superior de la democracia, ese
trance se convierta en un motivo de ruptura y negación
de la democracia.
La inclusión de los desheredados en la polis se
concibe como una negación de la democracia. Pero,
obviamente, no porque su carácter incluyente la haga
menos “democrática, sino porque la presencia de nuevos
sujetos obliga a modificar el criterio de reparto y
disfrute de los derechos y libertades que, hasta
entonces, habían sido exclusivos de los privilegiados.
"Yo como tú amo el amor, la vida, el dulce encanto de las cosas, el paisaje celeste de los días de enero. También mi sangre bulle y río por los ojos que han conocido el brote de las lágrimas. Creo que el mundo es bello, que la poesía es como el pan, de todos. Y que mis venas no terminan en mí, sino en la sangre unánime de los que luchan por la vida, el amor, las cosas, el paisaje y el pan, la poesía de todos' Roque Dalton García
__________________________________________________
Correo Yahoo!
Espacio para todos tus mensajes, antivirus y antispam ¡gratis!
¡Abrí tu cuenta ya! - http://correo.yahoo.com.ar
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular