[R-P] Venezuela: las piezas del puzzle bolivariano - Parte 1

Patricia H.A. desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mar Dic 5 21:57:13 MST 2006


Venezuela: las piezas del puzzle bolivariano 

Juan Torres López
Contrapunto de América Latina

Los medios que hoy día están a nuestro alcance para
conocer con exactitud lo que ocurre a nuestro
alrededor son más sofisticados que nunca y podrían
permitirnos descubrir claramente la naturaleza
efectiva de las realidad sociales.

Sin embargo, quizá nunca como ahora hayan estado tan
velados los fenómenos sociales que ocurren a nuestro
lado.

Los científicos sociales tienen a su alcance todo tipo
de medios para estudiar la historia de nuestros días,
los cambios que se están produciendo y la orientación
en que efectivamente se realizan. Pero nada de eso
proporciona un mínimo saber objetivo sobre la
naturaleza de los episodios recientes, de modo que la
controversia, que además suele hacerse permanente,
tiende a ser bastante infundada y, por tanto,
demasiado confusa.

Puesto que es evidente que este fenómeno, casi una
especie de impuesto relativismo cognitivo, no es el
resultado de la escasez de medios de conocimiento, no
hay más remedio que achacarlo al hecho, creo yo que
así mismo innegable, de que el análisis de las
realidades sociales nunca estuvo tan influido como hoy
día por intereses políticos, económicos, mediáticos y
de todas clases que tratan de oscurecerlo y
difuminarlo.

El caso del proceso de transformación social que se
vive en Venezuela es una prueba paradigmática de esto.

Hay estadísticas suficientemente fiables, por ejemplo,
que podrían mostrar sin lugar a dudas el uso que se
hace de los recursos, los logros o fracasos del
gobierno en materia económica, en asuntos como la
lucha contra la pobreza, el suministro de servicios
públicos o en la construcción de infraestructuras.
Disponemos de películas, grabaciones, testimonios de
todo tipo... que nos informan, la mayoría de las veces
sin resquicio alguno para la duda, de lo que en
realidad sucedió o sucede en hechos discutidos, en
conflictos sociales, en muertes, asesinatos, o golpes
de Estado... Pero a pesar de eso, no hay manera de que
prevalezca una lectura objetiva de esos asuntos que
contenga el mínimo común denominador que permita
cierto acuerdo o consenso social sobre su naturaleza
real.

Valgan solamente un par de ejemplos recientes sacados
del diario español El País, especialmente útiles por
venir de un medio que durante tantos años viene siendo
una especie de "biblia" mediática para los sectores
progresistas de habla castellana.

El día 27 de marzo de 2006 se publicaba en ese diario
el primero de la que iba a ser una serie de tres
largos artículos de "Investigación y Análisis" sobre
el Gobierno de Hugo Chávez, serie que finalmente se
quedó reducida a dos textos, al parecer, por las
protestas que suscitaron sus escandalosos errores y su
evidente falta de objetividad (1). Al inicio del
primer artículo se afirma que "lo único que parece
estar haciendo Chávez es continuar la triste línea de
inmenso desperdicio de los ingresos por petróleo,
desorganización e inversiones fracasadas que, en las
últimas décadas, ha empobrecido al pueblo venezolano".
Sin embargo, sólo unas líneas más adelante decía que
las masas de pobres son "el sector de la población en
el que Chávez está tratando de construir su base
política mediante generosas inversiones en proyectos
sociales". ¿Con qué debería quedarse, entonces, el
lector?: ¿dilapida el gobierno de Chávez los ingresos
petroleros o los invierte generosamente en proyectos
sociales para las masas de pobres?, ¿o es que quizá se
quiera hacer entender que una y otra cosa son lo
mismo?

Un segundo ejemplo extraído del mismo diario
progresista es el artículo más reciente de un
intelectual de larga trayectoria de crítica al
neoliberalismo y compromiso social (2) . En un texto
de muy pocas líneas, Luis de Sebastián se refería al
Presidente Chávez y al proceso venezolano para
establecer que ni uno ni otro pueden considerarse como
ejemplos de lo que hace o debe hacer la izquierda y lo
hacía aplicándoles términos o juicios como los
siguientes: "caudillos que se creen elegidos no por
los ciudadanos sino por la Providencia", "sin una
concepción integral y coherente de la sociedad que
quieren crear", "ser de izquierda no consiste en
lanzar a los desposeídos contra los ricos y a los
impotentes contra los poderosos, y de ninguna manera
es de izquierda sembrar el odio y la intranquilidad en
la sociedad", "la izquierda moderna tiene que actuar
dentro del marco de la democracia parlamentaria, en
una pugna respetuosa con los demás partidos que
compiten por el poder, sin ventajas, ni atajos, ni
abusos", "el mesiánico Hugo Chávez se ha dedicado a
sustituir los anteriores proyectos de integración en
Latinoamérica por un ilusorio mercado bolivariano a
través del chantaje del petróleo y el gas natural".

Si un pensador honesto, crítico de las políticas
neoliberales y comprometido con lo que, al menos
convencionalmente, llamamos izquierda en su versión
más abierta, renuncia a los datos y a los hechos para
razonar sobre lo que ocurre en Venezuela, como en este
caso, a base de juicios de intenciones, de
descalificaciones nominales o de faltas evidentes de
veracidad, ¿cómo se forjará, entonces, la opinión de
alguien que no comparta los principios que inspiran a
quienes dirigen el proceso de cambio social en
Venezuela?

Como es natural, con la reflexión que hago en estas
páginas no trato, ni mucho menos, de solventar esa
impresionante disonancia que desde el principio está
asociada al proceso venezolano. Pretendo limitarme,
simplemente, a exponer lo que a mi modo de ver son sus
elementos cruciales, los que me parece hay que tener
necesariamente en cuenta para comprender lo que allí
viene ocurriendo. Aunque, seguramente, algunos de
ellos resultarán también esenciales para explicar esa
disonancia.

Una revolución compleja y paradójica

Las mayores dificultades para poder establecer puntos
de acuerdo acerca de lo que realmente está ocurriendo
en la Venezuela bolivariana de nuestros días
provienen, sin duda, del conflicto de puntos de vista,
de los intereses cruzados y del poder enorme de los
medios de comunicación cuyos propietarios están
directamente afectados por las medidas de gobierno que
allí se toman.

Los medios y los grandes poderes oligárquicos que
sintieron que se les expropiaba un país al que
consideraban una propiedad más, han creado un entorno
endiablado en donde no existe la ecuanimidad ni la
serenidad necesarias para deducir los elementos
objetivos que precisa el conocimiento riguroso de los
hechos. Basta leer la prensa o ver los programas de
televisión para comprobar que se difunden claves
radicalmente diferenciadas que crean apariencias
distintas de lo que es una misma realidad.

Los medios ocuparon el lugar de la oposición política
y en lugar de proporcionar información se dedican a
combatir al gobierno por todos los medios, manipulando
la realidad según convenga a sus intereses en todo
momento. La emisión de dibujos animados en abril de
2002 en lugar de informar a la población de que se
estaba desmoronando un golpe de Estado debe pasar a la
historia como uno de los grandes hitos en la historia
de la manipulación de los medios de masas.

Pero aunque eso es un problema cierto que dificulta el
hacerse una idea cierta de lo que viene ocurriendo en
Venezuela no es solamente eso lo que ocurre.

Es verdad, también, que la propia revolución es
compleja y muy paradójica, llena de tonalidades que
producen sombras que pueden confundir fácilmente al
observador.

El proceso político es compulsivo y lo primero que no
es fácil dilucidar es si ésta es una característica
buscada para mantener una constante pulsión
movilizadora, una componente deseada de la estrategia
del cambio social, o si, por el contrario, es más bien
una calentura y, por tanto, una auténtica herida
abierta en el proceso que terminará provocando, en un
futuro más o menos inmediato, el cansancio, el hastío
y con ellos la deserción y la desmovilización.

En cualquier caso, el movimiento acelerado y
compulsivo del proceso de cambio político, económico y
social que se vive en Venezuela dificulta su
conocimiento. Se suceden y muchas veces se superponen
las estrategias, los horizontes se redefinen casi
constantemente, a menudo, sin que hayan cambiado las
circunstancias que justificaron los anteriores. En
apenas seis años y casi sin solución de continuidad se
ha pasado de proponer cambios de naturaleza realmente
moderada, orientados a lograr equilibrios básicos en
la vida política, económica y social del país y que en
realidad no afectaban a la estructura esencial del
capitalismo allí existente (aunque, como señalaré más
adelante, sí a la pauta de distribución y eso fue lo
que inevitablemente lo hizo saltar velozmente hacia
adelante), a orientarse hacia el llamado "socialismo
del siglo XXI".

Por otra parte, en ese periodo se han producido
cambios muy notables en la legislación y en el uso de
los recursos. Su naturaleza es muy evidente e incluso
sus primeros efectos, pero su complejidad y calado
hacen que todavía sea casi imposible determinar su
exacta profundidad, sus efectos reales a medio y largo
y plazo, y, por supuesto, la sostenibilidad de los
procesos en que se vienen basando.

La ausencia de una auténtica administración pública de
los recursos hace que sea factible conocer el origen
de los cambios pero mucho más problemático determinar
hasta dónde han llegado verdaderamente y a quién han
afectado de verdad. Eso es seguramente lo que
contribuye a generar la contradictoria impresión que
se tiene sobre lo que en realidad está significando la
revolución bolivariana: muchos de los cambios no están
todavía sino en su primitiva etapa de gestión
conflictiva, siendo todavía meros proyectos de
transformación social que no llegan a consolidarse
como modificaciones reales de las estructuras sociales
o económicas.

El problema, pues, es doble. La beligerancia política
y mediática contra el proceso bolivariano siembra
confusión y ruido pero sus propias debilidades
internas y su desarrollo aún escaso impiden que pueda
conocerse su naturaleza profunda y sus efectos reales
sobre el bienestar social en la medida necesaria para
generar en torno a sí todo el consenso y la confianza
que sería deseable (3) .

Eso significa que para entender la revolución
bolivariana, si es que de verdad se la quiere entender
y no sólo combatir o defender por encima de cualquier
otra consideración, es imprescindible afinar muy bien
la perspectiva, contemplar desde muchos ángulos lo que
está ocurriendo, despojarse de prejuicios y analizar
lo que sucede con la generosidad de quien es
consciente de la limitación de su conocimiento y con
el rigor de quien no sólo percibe en el otro aquello
que le conviene.

Naturalmente, si eso es una tarea extraordinariamente
ardua incluso para el observador externo y más o menos
imparcial, podemos fácilmente imaginarnos en qué
medida será difícil de practicar cuando quienes tengan
que hacerlo sean los propios protagonistas o afectados
por esos cambios. Y eso es lo que lleva a que la
revolución bolivariana transcurra con protagonistas
(no solo de la oposición sino incluso dentro de las
propias filas que lideran el proceso) que se enfrentan
a una misma realidad pero que es percibida como
radicalmente diferente por cada uno de ellos: la peor
condición que puede darse para que los seres humanos
convivan pacíficamente y lleguen a entenderse.


 
   
   
   
  "Yo como tú amo el amor, la vida, el dulce encanto de las cosas, el paisaje celeste de los días de enero. También mi sangre bulle y río por los ojos que han conocido el brote de las lágrimas. Creo que el mundo es bello, que la poesía es como el pan, de todos. Y que mis venas no terminan en mí, sino en la sangre unánime de los que luchan por la vida, el amor, las cosas, el paisaje y el pan, la poesía de todos' Roque Dalton García


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