[R-P] Terrorismo musulmán: ¿Estereotipo o realidad =3F?=
Patricia H.A.
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mar Dic 5 21:27:11 MST 2006
Terrorismo musulmán: ¿Estereotipo o realidad?
Los tiempos que vivimos -la hoy convulsionada y
trágica situación en Medio Oriente- nos obligan a
reflexionar a conciencia en torno a las reales causas
de los radicalismos que de ahí emergen. Aunque es un
tema complejo y de largo aliento, la intención de este
ensayo es evidenciar ciertos factores ineludibles para
entender cómo llegamos a este supuesto choque
“civilizacional”, entre el cristianismo y del Islam.
Por Fabiola Samhan
Con la caída de las Torres Gemelas, el 11 de
septiembre de 2001, se regresó al pasado de
confrontación que vivió Occidente en el marco del
régimen bipolar, transformando un multilateralismo
aparente en un unilateralismo confrontacional, basado
no sólo en una superioridad tecnológica, militar y
financiera, sino también en el sometimiento de las
voluntades incluso de otros países poderosos.
La retórica política de EE.UU. adoptó tintes
mesiánicos y absolutos “los buenos: defensores de la
democracia- los malos: terroristas religiosos”. En
este sentido, los medios de comunicación fueron y
seguirán siendo la mejor herramienta de justificación
y validación de esta tendencia revanchista de la
política estadounidense, cuyo enemigo de turno es el
Islam y todo lo que de él derive. Los medios han sido,
hasta hoy, los encargados de ahondar en los
estereotipos étnico-culturales, instalando en el
imaginario de la opinión pública diversas ideas
trastocadas y fragmentadas acerca del credo islámico,
los árabes y los musulmanes. Los medios de
comunicación fueron y seguirán siendo la mejor
herramienta de justificación y validación de la
política expansionista estadounidense, cuyo enemigo de
turno es el Islam y todo lo que de él derive
La actual confrontación calificada de choque
civilizacional es el disfraz de una serie de
ambiciones e intereses político-económicos de
Occidente. La profecía de Huntington, aparentemente
autocumplida, más bien ofrece una legitimidad
ideológica a esta nueva orientación estadounidense de
supremacía total, encontrando en el desconocimiento
acerca del Islam y sus seguidores grandes ventajas, al
poder atribuírsele todo tipo de elucubraciones,
calificativos y conductas.
Hoy se contabilizan 33 países con mayoría musulmana,
en total, más de 1200 millones de creyentes, una suma
no despreciable que obliga a pensar en las
implicancias de los conceptos simbólicos que se le
quieren atribuir al conflicto. Los 12 millones
aproximados de musulmanes en Europa y los 6 en EE.UU
[1], han dado la alarma, al verse inmersos, por
defecto, en este peligroso régimen de bandos étnicos,
al ser relegados, discriminados, atemorizados y
violentados en las que consideran sus propias
naciones.
Nadie desconoce la ola de estigmatización y xenofobia
en contra de los musulmanes de diversos países una vez
ocurridos los atentados de Nueva York, Londres y
Madrid. Estos brotes de ira inducida contra aquello
denominado “diferente” -por ende antagónico para la
mayoría-, fueron el germen de la gran revuelta que
empezó en Francia a principios de 2006 y se extendió
por varios países de Europa. Episodio que dejó al
descubierto un tema aún más lamentable y de larga
data: la triste fragilidad de la integración social,
es decir, el fracaso absoluto de la igualdad y otros
valores “universales” de los que tanto se jacta la
civilización occidental .
Para poder profundizar en los elementos vinculados con
la génesis y desarrollo de los denominados
“terrorismos” de Oriente, es necesario dejar en
evidencia la torpe relación entre ambos hemisferios,
ambas culturas, ambas religiones. Las ambiciones de
poder y supremacía traducidas en una consecutiva
confrontación cultural han sepultado históricamente la
posibilidad de una convivencia útil y beneficiosa
entre Oriente y Occidente.
Episodios como el de las bulladas caricaturas de
Mahoma asemejando a un terrorista suicida, en el
diario danés Jylland Posten en septiembre de 2005,
sólo empeoran el escenario; más aún cuando la libertad
de expresión –argumento enarbolado por el medio que
realizó las publicaciones– se desmorona al descubrirse
que, en 2003, fueron vetados una serie de dibujos que
hacían mofa de la resurrección de Cristo, para evitar
conflictos con los feligreses católicos. Para poder
profundizar en los elementos vinculados con la génesis
y desarrollo de los denominados “terrorismos” de
Oriente, es necesario dejar en evidencia la torpe
relación entre ambos hemisferios, ambas culturas,
ambas religiones.
Este doble estándar es el que se luce permanentemente
en la conducta que ostenta Occidente, de la cual es
fácil deducir que no está dispuesto a trabajar la
tolerancia como forma de lograr la paz. Post 11 de
septiembre de 2001, es posible identificar 3 rasgos
exacerbados en la actitud de EE.UU. que han sido
trascendentales en la radicalización del conflicto: un
creciente unilateralismo, la subversión a las normas
internacionales y su militarización e intervención
sistemática. Éstas, lejos de lograr el sometimiento
esperado han permitido el nacimiento de un sinnúmero
de resistencias, todas invalidadas con el calificativo
de terrorismo.
El terrorismo es un concepto abstracto, sin rostro,
inteligente y minuciosamente personificado en seres de
determinadas características físicas y culturales.
Esta vez son los llamados “árabes musulmanes” aquellos
elegidos, sin estimar con precisión los costos y
resultados de tamaña empresa.
Islam-islamismos
Cabe desatar que las religiones han tenido su origen,
como núcleo articulador de masas, a partir de momentos
de crisis social. La religión como liberadora de los
oprimidos, de la esclavitud, la pobreza, el hambre.
Es posible inferir, entonces, que los rebrotes
religiosos o rigorismos se dan, principalmente, cuando
hay ciertos hitos rupturistas o cambios de paradigmas.
Las religiones son alegóricas y están reveladas en
metáforas, esta misma condición -argumento de su
naturaleza sagrada- es también su mayor debilidad,
porque motiva a su fácil instrumentalización como
motor de sublevación, o bien, medio de control (opio
del pueblo).
A esto se suma otra particularidad. El árabe es una
lengua polisemática lo que implica que una palabra
posea diversos significados y predispone a matices,
con frecuencia contrapuestos, en la interpretación de
escritos fundacionales como el Corán o la Sunna
(dichos y hechos de Profeta Mahoma). Por ejemplo:
Fitna significa Caos, Rebelión, Quiebre –político y/o
social- y a su vez, Arte de Seducción Femenina. Lo
anterior da cuenta de cómo opera el lenguaje en la
cosmovisión de una cultura determinada. En este caso
una cultura con una concepción holística, muy integral
de su religión.
El Islam fue la última de las tres grandes religiones
monoteístas de la historia en constituirse, o sea, es
la más reciente. Rescata mayormente la tradición de
las dos primeras, tanto así que el Corán cita como
elegidos de Dios para trasmitir su palabra a una serie
de personajes históricos denominados profetas,
destacando Abraham, Moisés y Jesús, entre otros, lista
en la que Mahoma sería el último hombre portador del
mensaje divino.
El Islam, cuyo significado es sumisión a Dios
-considerando a Dios inconocible en su esencia- no
tiene sacerdotes ni institución oficial como el
Cristianismo. El imán define cómo los preceptos deben
ser aplicados, pero es el creyente el que se vincula
directamente con Alá.
Esta individualidad hace que el ejercicio y visión del
Islam sea muy diferente según cada ser humano,
influyendo su estrato social, su educación, su
filiación política, incluso su temperamento. Asimismo,
esta característica ciertamente individualista en el
ejercicio de la fe se entrelaza con un segundo rasgo
muy distintivo y aparentemente contrapuesto. Una
dimensión muy colectiva y pública, que reglamenta gran
parte de las conductas de la vida social y, sobretodo,
los pequeños detalles de la vida familiar en favor del
bienestar comunitario.[2]
Esta doble condición del Islam como guardián,
garantía, seguridad y protección de la moral, tanto
individual como colectiva, es lo que le ha permitido
expandirse, por siglos, penetrando diversas
estructuras sociales, desde el nomadismo al
capitalismo.
Por siglos, este Islam como espectro de fascinación y
nicho de crecientes focos de resistencia -hoy
denominados terrorismos- ha llamado la curiosidad de
muchos profesionales y pensadores, principalmente
orientalistas [3], atribuyéndole una naturaleza
específicamente política. El Islam es su génesis como
germen de estancamiento, discriminación,
fundamentalismo y violencia, obviando un análisis de
causas exógenas o endógenas ligadas a los procesos
históricos y no al Islam.
Factores y/o procesos endógenos
La relación Islam-política tiene larga data, no porque
se haya creado una para la otra, sino porque cualquier
religión es muy útil para el ejercicio del poder y la
validación de éste. Más cuando el ejercicio del poder
pierde respaldo popular por autoritarismos,
represiones, abusos, pobreza.
En épocas de un Islam en expansión (S.VII-VIII), el
control y la hegemonía ideológica de numerosas zonas
-étnica, lingüística y culturalmente distintas-, sólo
era efectivo a partir del monopolio de la religión
–apropiación de la religión por el Estado-, lo que
implicó una poderosa y constante maquinaria de
fabricación e institucionalización de un Islam
oficial. La propagación de diversas escuelas de
jurisprudencia islámica según la dinastía de turno, la
creación de alhadícez falsos y el monopolio riguroso
de la interpretación, entre otras prácticas.
El vasto Estado, compuesto por una gran diversidad,
debía ser por sobretodo islámico para garantizar su
unidad y expansión. Todo aquel que no compartiese la
forma de practicar el credo era inmediatamente
opositor y enemigo, no del régimen sino del Islam. En
este escenario, la disidencia política se enfrenta
ensalzando su resistencia también en términos
religiosos. El mismo credo que sustenta las bases
políticas y sociales del Estado se usa para poner en
duda su legitimidad como tal. Este es el origen del
vínculo entre Islam y política.
El Islam es una ley religiosa que regula las conductas
y el modo de vida de los hombres, en cambio, la
Cristiandad es una fe, una creencia, cuyos
planteamientos no interfieren en asuntos sociales o
económicos. En Occidente el fenómeno ocurrió a la
inversa, fue la religión la que intervino en el
Estado. El secularismo significó sacar a la iglesia de
la política y una vez ocurrido, salió la religión de
la política.[4]
Considerando lo anterior, se hace evidente que una
secularización, en términos occidentales como se
plantea, es muy difícil de ser inducida en Oriente. No
se puede excluir una iglesia que no existe como
institución, menos si se suma que la política
sistemáticamente instrumentaliza la religión en su
ejercicio.
Según el intelectual Nazih Ayubi, los musulmanes, como
una comunidad muy estructurada sobre la base de la ley
religiosa, comienzan a expandirse y a requerir ciertos
elementos políticos para sustentarse. El legado de
Mahoma no daba respuesta a esos desafíos. Esto
significó tener que improvisar e imitar a partir de lo
disponible: la Sharia –Ley islámica basada en el Corán
y la Sunna (dichos y hechos del Profeta)-, las
tradiciones tribales árabes (reinado Omeya) y la
herencia política de los conquistados persas y
bizantinos (reinado Abasí y Otomano), construyendo así
muchos sistemas de gobiernos distintos para conducir
una gran comunidad de creyentes pero no un Estado
propiamente tal.
Actualmente, un gran número de estados musulmanes
siguen siendo botines de luchas de poder. El
tradicionalismo actual no tiene que ver con un
retroceso o vuelta al pasado, sino con profundos
quiebres culturales, sociales, económicos que afectan
al mundo islámico. Las elites políticas están más
interesadas en controlar y enriquecerse, que en servir
o patrocinar el bienestar comunitario al que obliga el
Islam, a pesar de tener los recursos para hacerlo.
Escalada de pobreza, analfabetismo y represión. No
existe representatividad o espacios de participación
política. El malestar existente, la crisis de
confianza entre las elites políticas y las masas, se
expresa por medio de movimientos de protesta
sociopolítica revestidos con apariencia religiosa.
En este contexto, los islamistas abogan por una unidad
política -Umma o comunidad religiosa- renovada y
trabajan por ella de forma pacífica (intelectual o
escapista/mística) y reaccionaria (radical o
violenta). El ícono del éxito de estos movimientos y
el resurgimiento religioso en el devenir político fue
la Revolución Iraní de 1979.
Factores y/o procesos exógenos
Es necesario darle importancia a las diferencias de
cosmologías, entre la cultura occidental-cristiana y
la árabe-islámica. Por ejemplo, el Estado es un
concepto occidental que este hemisferio logró a partir
de su propia evolución histórica. En el caso de Medio
Oriente y África, éste fue impuesto por la fuerza como
forma de estructura, a partir de la intervención
colonialista en la zona de finales del siglo XIX.
La concepción de Estado con fronteras, occidentalmente
establecido, fue una imposición a personas cuya
cosmovisión y su historia los lleva a visualizarse
como una gran Umma o Comunidad de Creyentes, donde las
fronteras no son territoriales sino más bien
culturales.
Es así como desde la irrupción colonialista no ha
cesado el revisionismo en el Islam. Existe un gran
resentimiento, no hacia la cultura occidental sino
hacia la prepotencia, el doble estándar, la forma cómo
se relaciona Occidente hegemónico con sus pares.
La intervención militar iniciada con la llegada de
Napoleón a Egipto, a fines del siglo XVIII, impuso una
cultura, un estilo de vida y modo de producción
distinto, ciertamente antagónico al imperante. Luego
se dividió de manera oportunista el extenso
territorio, conformándose de estados heterogéneos y
poco funcionales, ideales para eternizar la
dependencia y el estancamiento, pero en ningún caso
capaces de generar el progreso e igualdades
prometidas.
Principalmente en el Magreb, la mayoría de los países
conformados se independizaron luego de cruentas
luchas, post segunda guerra mundial. Son naciones
jóvenes y erráticas, aún muy tuteladas. El detonante
de convulsiones cada cierto tiempo es esa división de
fronteras donde no se respetó ni el factor étnico, ni
lingüístico, ni cultural, dejándose a cargo de la
administración de los países a minorías capaces de las
represiones más brutales con tal de eternizarse en el
poder. Ejemplos sobran: Cachemira –mayoría musulmana
con un soberano hindú a la cabeza-; Chechenia; Irak,
donde hay sunnitas, shiítas y kurdos; Pakistán, un mar
de etnias y lenguas: penjabis 56%, baluches 3%, hindis
17%, pashtunes 16%; entre muchos otros.
La inescrupulosa manipulación de los regímenes de
Medio Oriente por Europa y luego por EE.UU., instauró
la lógica “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”,
receta propulsora de gran parte de los radicalismos
que hoy desafían a quienes fueran sus patrocinadores.
Nada menos que la CIA fue el ente que fortaleció a los
mujahidines afganos –mejor conocidos como talibanes-
contra el comunismo soviético. Aquellos coranes que
servían como texto doctrinario en las madrasas de
Afganistán y Pakistán fueron impresos en Nueva York.
Asimismo, se dejó que proliferara y se exportara el
wahabismo, tendencia rigorista sunnita originada en
Arabia Sauditay nutriente ideológico de la hoy temida
Al Qaeda, todo con el fin de contener un shiísmo iraní
que ganaba terreno.
Occidente hace vista gorda a todo tipo de abusos y
violación de los derechos humanos de sus aliados;
luego, cuando dejan de serlo, esos mismos hechos son
la justificación para condenas, bloqueos, embargos y
acciones militares. El hecho de que EE.UU., presione
actualmente a sus países árabes aliados para que
repriman injustamente a las corrientes islamistas,
aunque sean de corte pacífico, sólo empeora el
escenario.
Es evidente la necesidad de EE.UU. de un enemigo que
atesore todo lo culturalmente antagónico a lo que
Occidente porta. Esto implica no sólo reforzarse como
la potencia protectora de los valores y conductas
universales, sino algo bastante más concreto y
fructífero: rentabilizar una industria armamentística,
científica y tecnológica boyante, que requiere de
millonarios presupuestos.
Obviamente, el tema del petróleo es gravitante y la
maldición para Medio Oriente mientras no exista
sustituto. El control que EE.UU. quiere ejercer a toda
costa, asegura su supremacía y sus niveles de
crecimiento al ritmo y hábitos de hoy [5]; además de
permitirle controlar y condicionar el desarrollo de la
UE, China y Japón, al mantener el control de las
mayores reservas de crudo.
En el mundo musulmán se impusieron varias tentativas
de desarrollo, socialismos, panarabismos,
secularismos, imitaciones desarrollistas que
fracasaron. Esto produjo un gran sentimiento de
alienación, incertidumbre y la consiguiente búsqueda
de la autenticidad como forma de alcanzar la
modernidad. La única alternativa que no ha sido
experimentada en estas tierras es hacer modernidad
desde su propia cultura.
El desarrollo es el medio por el cual una entidad
alcanza su máximo potencial (cualitativo y
cuantitativo) y el elemento más importante de éste es
la efectividad. Para que esto ocurra, en realidad, los
objetivos de esta efectividad deben definirse dentro
de un marco cultural de referencias propio[6]. El
desarrollo, desde una perspectiva histórica, no se da
por el buen desempeño de una habilidad técnica.[7]
La Guerra del ‘67 con Israel y la aplastante derrota
sufrida por los países árabes, evidencia frente a las
masas, cada vez más pobres, el engaño de los
desarrollismos, la falsa modernidad. En Oriente, la
modernización como planteamiento occidental no era un
proceso natural que correspondía a una evolución
interna social, intelectual y tecnológica, sino un
modernismo impuesto contra presiones, pensado sólo
desde los intereses de la potencia colonizadora.
La frustración de promesas incumplidas se externaliza
en la retótica y fe, adoptando coherencia el velo, la
barba, el turbante como símbolos de resistencia
cultural, social y política.
Caldos de cultivo
Más allá de los factores internos y externos que
fomentan la proliferación de movimientos islamistas,
existen hitos que ahondan en la delicada relación
Oriente-Occidente.
Se habla de democracia pero se apoya a los dictadores
del mundo árabe. El icono de este falso discurso es la
ONU, organismo títere, utilitario al respaldo de los
intereses de turno, un fracaso como organismo garante
de justicia.[8]
EE.UU., el rescatista número uno y promotor de los
derechos humanos desde 1945 –en aquella época, con la
sola pretensión de neutralizar a la URSS-, nunca ha
ratificado ni el convenio de la ONU que condena el
trabajo infantil (1989), ni el acuerdo sobre derechos
económicos, sociales y culturales (1966), ni contra la
discriminación femenina (1979), ni el protocolo de
1989 que incorpora el acuerdo para la prohibición de
ejecución de menores, entre muchos otros.[9]
Islamismos cada vez más radicales brotarán sin
respiro, mientras existan episodios como las torturas
de Abu Ghraib, las cárceles clandestinas en Europa
Oriental y la evidencia del uso de armas químicas en
Fallujah en 2003, entre otros poblados bajo
jurisdicción aliadas.[10] EE.UU puede invadir
Afganistán, Irak, amenazar a Irán y también a los
palestinos por haber elegido democráticamente a Hamas
-frenar las donaciones con las cuales subsiste el
pueblo palestino en forma de castigo por su decisión-;
pero cuando Israel bombardea con F16 los escombros de
la franja de Gaza matando a familias enteras,
dejándolos sin agua, ni luz, destruyendo sus cultivos
y los puentes para que no logren trasladarse; y luego
bombardea la capital de un país soberano, Líbano,
destrozando su infraestructura y acribillando a
civiles; sólo se limita a decir, con descaro, que no
puede exigir a Israel que se detenga, es más, valida
el “derecho” israelí a defender su seguridad nacional
del terrorismo que lo acecha.
La impavidez frente a la construcción de un muro de
apartheid, dos veces más alto que el Muro de Berlín y
30 veces más largo (1000 km). La grave crisis
humanitaria de los palestinos, confirmada por
numerosos organismos, entre ellos, Médicos sin
Fronteras, eso incluso antes del bombardeo que comenzó
el 28 de junio de este año. Los abusos constantes de
Israel asfixiando a la población palestina con objeto
de obligar a Hamas a dimitir y ahora el bombardeo que
ha destruido gran parte del Líbano, reafirman la
convicción en las masas de todos los países de Medio
Oriente de que esa lucha vale la pena darla hasta el
final.[11]
Ejemplos de brotes islamistas
Considerando lo anterior y más allá de la esperanza
popular de liberación que reflejan los grupos
islamistas, es necesario destacar como otra
particularidad a favor de éstos, su importante
presencia en nichos donde el Estado no llega. Vastas
redes de hospitales, escuelas, estudios jurídicos,
albergues, entre otros, incrementan las simpatías de
las masas cada vez más desilusionadas de las clases
gobernantes. Esto ha permitido que el respaldo que
poseen los valide como una fuerza política capaz de
imponerse democráticamente y que vayan transformando
su adhesión en asientos en el parlamento. Este es un
proceso histórico que Occidente quiere evitar y para
ello presiona y genera rivalidades entre bandos,
además de esteriotipar con ayuda de los medios a los
islamistas como terroristas.
En este contexto, emerge Hamas, el cual obtiene
relevancia a partir de la Intifada, tras los Acuerdos
de Oslo y Taba de 1995. En febrero de 2005, dada la
ausencia de avances que favorezcan a los palestinos y
la sabida corrupción al interior de Al Fatah -42 años
en el poder- ganan los islamistas en un ejemplo de
jornada cívica bajo la supervisión de 850 observadores
internacionales. (de los 132 escaños 74 fueron para
Hamas y 45 para Al Fatah). Desde que llegaron al poder
los dirigentes declararon querer trabajar en conjunto
con Al Fatah, asumiendo que la intención no era ganar
sino más bien consolidarse como oposición política con
ingerencia, con la prioridad de luchar por la
liberación de los 9 mil palestinos que se encuentran
en cárceles israelíes, cientos de mujeres y niños
entre ellos.
Su fuerte asistencia social constituye el pilar
fundamental de su popularidad. Prueba de ello: hasta
el electorado cristiano de Belén votó a su favor. En
2004, gran parte de los municipios de Cisjordania
quedaron en manos de Hamas y se mostraron más
eficientes y pragmáticos que los que quedaron en manos
de Al Fatah. Se pensó que cortando los suministros
-350 millones de dólares de EE.UU., otro tanto de la
UE, más lo que Israel recauda en impuestos que
pertenecen a Palestina-, se lograría debilitar su
imagen; pero al contrario, la población cerró filas en
torno de ellos y en reprimenda Israel sostiene hoy una
nueva ofensiva brutal, tema que, por cierto, no llama
la atención de los medios de comunicación
occidentales.
La impotencia y rabia frente a ese cinismo que ostenta
nuestro hemisferio es, sin duda alguna, un factor
gravitante en la proliferación de radicalismos.
Asimismo, Irán -itinerante en la parrilla programática
de los noticieros-, según EE.UU., es un país
terrorista, una amenaza nuclear. Pero, seamos
ligeramente sinceros, Irán es apetecido no sólo por
las grandes reservas petroleras que posee sino porque
ha sido junto con Siria e Irak parte del grupo que se
ha negado a formar parte del cortejo servilista pro
norteamericano. La revolución de Khomeini, en 1979,
significó la derrota de la hegemonía estadounidense en
un Irán occidentalizado, estancado y pobre, teniendo
todos los insumos para ser realmente avanzado. Los
petrodólares iban a parar, exclusivamente, a las
empresas extranjeras y a la elite política que rodeaba
al shah, muy amigo de Occidente y bastante creativo a
la hora de idear sus fastuosos caprichos.
El Islam justifica la rebelión contra los gobiernos
injustos, esa fue la herencia que Khomeini invocó
seduciendo primero a la clase media ahogada y luego al
proletariado urbano, hasta que el movimiento obtuvo
carácter nacional [12]. Hoy, el presidente iraní,
Mohammed Ahmadinejad, reivindica su derecho a hacer
investigación tecnológica nuclear para diversificar su
matriz energética. La Agencia Internacional de Energía
Atómica (AIEA) tiene las puertas abiertas para hacer
realizar las supervisiones que estime necesarias. Esta
misma agencia ha declarado que a Irán le faltan por lo
menos 10 años de desarrollo para poder hacer una bomba
atómica. Aún así, cualquier prueba que demuestre una
buena disposición iraní no es válida, a diferencia de
lo importante que son los argumentos -aunque sean
falsos-, que ahonden en el potencial peligro que este
país significa para el mundo.
Paradójicamente -y una vez más-, el único que tiene,
no una, sino cientos de bombas atómicas es Israel;
pero eso a Occidente no le parece un peligro. En la
década de los ‘80, Israel tenía 200 bombas atómicas,
según declaraciones de Mordechai Vanunu, ingeniero del
Centro de Investigación de Armamentos de Dimona. Por
hacer público este hecho, el Mossad –servicio de
inteligencia israelí- lo encarceló durante 18 años
inculpándolo de traición a la patria. Fue liberado
recién en abril de 2004 y a pesar del largo cautiverio
sigue sosteniendo su versión.
Nos parezca o no, Irán es el primer experimento en el
cual se opta por hacer modernidad desde la propia
cultura, su destino, éxito o fracaso, tendrá gran
impacto en el resto de los movimientos islamistas…
Islamistas que rondan -de forma inducida- las
pesadillas de nosotros los occidentales.
En el 2020, una de cada 5 personas será musulmana.
Cifra que llama a reflexionar acerca de la importancia
de generar una voluntad política para la apertura de
espacios de entendimiento. Abrirse a la posibilidad de
alejar los egos, y asumir que otro hemisferio distinto
del nuestro, otra cultura diferente a la occidental,
puede y tiene todo el derecho a generar modernidad
desde sus propios parámetros. Recordemos la Córdova
musulmana, la ciudad más prospera de Europa y a través
de la cual se preservaron los escritos de todos los
padres del conocimiento clásico. Ella irradiaba
modernidad mientras el resto de Europa languidecía en
la oscura Edad Media.
Notas: 1. Existen alrededor de 1200 mezquitas en
EE.UU. 2. Para mayores antecedentes ver “El Islam
Político” (Nazih Ayubi).
3. Son aquellos estudiosos occidentales que aplican en
sus análisis y teorías acerca de Oriente, una visión
etnocéntrica y autoreferente, cargada de prejuicios a
la hora de dar explicación a determinadas
particularidades culturales, procesos históricos,
sociales y políticos de un pueblo inmerso en dicho
hemisferio. El intelectual palestino Edward Said
(1935-3002), teorizó esta forma de relacionarse de
Occidente hegemónico -muy útil para justificar
ambiciones colonialistas- en su célebre libro
“Orientalismo” (1978).
4. Ayubi, Nazih, op.cit.
5. EE.UU. consume el 20% del petróleo mundial y el 40%
del mercado mundial lo provee Medio Oriente.
6. En Europa, la Revolución Industrial tiene sus
orígenes en procesos resultados del Renacimiento y la
reforma religiosa a propósito de Lutero.
7. Ayubi, Nazih, op.cit.
8. El 12 de septiembre de 2002, el señor Bush presenta
a la ONU un informe titulado Una década de Mentiras y
Desafíos. En 22 páginas se argumenta cómo Irak burla
la autoridad del organismo internacional, violando los
derechos huamnos y almacenando armas de destrucción
masiva. En éste, se exige una disuasión anticipada o
guerra preventiva para evitar una catástrofe mundial.
Nunca hubo armas de destrucción masiva en un país que
llevaba 10 años de embargo. En una larga lista de la
ONU con productos prohibidos de fabricarse o
importarse a Irak, habían cosas irrisorias como
lápices grafito, cloro, maquinas de rayos X, obligando
a que los hospitales se desinfectase con petróleo.
Descontando el calvario que significo el embargo, más
de 35 mil iraquíes han muerto desde marzo de 2003, la
5ta parte son niños, en promedio 34 civiles por día.
(cifras a junio de 2006). 9. Antes existía cierta
obsesiva preocupación de EE.UU. por guardar las
apariencias y cuidar su imagen, actualmente ya no hay
disimulo en los métodos para lograr sus intereses.
Como las escandalosas conexiones entre los señores
halcones de la Casa Blanca y las empresas que se
adjudicaron los millonarios contratos de
reconstrucción de la industria petrolera en Irak,
todas con sobreprecios exorbitantes en los cobros.
Halliburton, por ejemplo, fue dirigida entre 1995 y
2000 por actual vicepresidente de EE.UU. Dick Cheney.
10. Napalm, fósforo blanco –derriten los huesos-,
balas de uranio empobrecido –desecho del
enriquecimiento de uranio que se emplea en la
fabricación de reactores nucleares, sirve para
penetrar blindados-, son algunos de los químicos
usados en la población civil. El documental italiano
(RAI) “Fallujah: la matanza escondida”, retrata la
brutalidad de la “liberación” de Irak. Las víctimas de
los efectos residuales son una vez más los niños y
adolescentes, que juegan al aire libre exponiéndose,
sin saber, a que las partículas tóxicas se les
deposite en los pulmones y a las cientos de minas
antipersonales desperdigadas por el territorio.
11. La misma ONU avala el derecho de un pueblo a la
autodeterminación y resistencia. Siempre se ha llamado
a la resistencia de los palestinos terrorismo; pero
jamás se ha sentenciado la conducta Israel como
terrorismo de Estado.
12. Existe un número importante de shiítas en Líbano,
Irak, Bahrein, Kuwait.
La fuente: La autora es periodista, graduada en la
Universidad de Chile. Ha escrito diversos artículos y
publicaciones relacionadas con Medio Oriente y es
autora del libro Las Hijas del Islam. Su artículo se
publica por gentileza de Hoja de Ruta.
"Yo como tú amo el amor, la vida, el dulce encanto de las cosas, el paisaje celeste de los días de enero. También mi sangre bulle y río por los ojos que han conocido el brote de las lágrimas. Creo que el mundo es bello, que la poesía es como el pan, de todos. Y que mis venas no terminan en mí, sino en la sangre unánime de los que luchan por la vida, el amor, las cosas, el paisaje y el pan, la poesía de todos' Roque Dalton García
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