[R-P] A aquellos compañeros que sientan la curiosidad por recorrer el contenido de este artículo quisiera hacerles una breve advertencia. Como el mismo fue producido para el foro de cientistas políticos “Ciudad Política”, es posible que en ciertos pasajes del mismo recurra a un lenguaje más técnico que el que habitualmente utilizo, ya que es uno de los requisitos para su aprobación. Sin embargo, el contenido que me interesa incluir en cuestiones políticas, no es afectado en lo más mínimo por la mayor rigurosidad de las formas. Por lo menos es lo que he intentado y espero haber conseguido.
Alberto J. Franzoia
albertofranzoia en yahoo.com.ar
Vie Dic 1 17:17:07 MST 2006
A aquellos compañeros que sientan la curiosidad por
recorrer el contenido de este artículo quisiera
hacerles una breve advertencia. Como el mismo fue
producido para el foro de cientistas políticos “Ciudad
Política”, es posible que en ciertos pasajes del
mismo recurra a un lenguaje más técnico que el que
habitualmente utilizo, ya que es uno de los requisitos
para su aprobación. Sin embargo, el contenido que me
interesa incluir en cuestiones políticas, no es
afectado en lo más mínimo por la mayor rigurosidad de
las formas. Por lo menos es lo que he intentado y
espero haber conseguido.
CUANDO LAS ENCUESTAS DESPISTAN AL ENCUESTADO
Lic. Alberto j. Franzoia
Las encuestas no son un método
Nunca he rendido culto al fetichismo de las encuestas,
ya que las considero simplemente una de las tantas
técnicas que jalonan un método para producir datos y
tratar de validar hipótesis. Esto hay que reiterarlo
todas las veces que sea necesario, porque existe un
conocimiento “científicamente correcto”, que pretende
imponernos a las encuestas como "el método" que
garantiza la objetividad de los estudios ubicados en
el espacio de las distintas disciplinas que conforman
la ciencia social (o ciencias sociales según la
concepción más difundida). La ecuación que va
implícita en esta concepción de ciencia es que las
encuestas y el análisis estadístico de sus resultados
garantizan una medición de la realidad social, y que
medir es la condición para ser objetivos.
Confundir técnica con método es frecuente y forma
parte del conocimiento establecido por no pocos
manuales de metodología. Desde esa perspectiva la
principal contradicción metodológica pasaría por la
identificación del sujeto investigador con un método
cualitativo o con otro cuantitativo (más “riguroso”).
Esta caracterización, sin embargo, no resiste el menor
análisis a la hora de confrontarla con la práctica
científica. No existe tal cosa (por lo menos no es lo
único que existe), ya que una buena investigación
suele combinar ambas posibilidades y cada una tiene
algo para aportar. Puedo acreditar lo afirmado
mediante mi propia práctica, como por ejemplo la
investigación que dirigí en Corrientes sobre
desnutrición infantil, con la participación de las
licenciadas Verónica y María Piovani y un equipo
interdisciplinario, con resultados más que favorables
a la hora de cumplir con el objetivo de diseñar un
mapa confiable sobre el problema (1).
La contradicción metodológica se manifiesta de otra
manera. Está centrada en el camino que escojo
(decisión ideológicamente comprometida) para producir
y validar datos, por lo que no es lo mismo ser
inductivista, hipotético deductivo o dialéctico. Esos
sí son métodos alternativos. Pero en cada caso se
puede recurrir a una combinación de técnicas
cualitativas y cuantitativas sin que ello implique
contradicción alguna. Por lo contrario, dicha
combinación no hace más que enriquecer la
investigación ya que nos permite fortalecer los datos
producidos a través de la triangulación de técnicas
combinadas.
El compromiso ideológico en la elección del método,
cuestión sistemáticamente negada por los positivistas,
es fácilmente constatable. Un método que sólo sirve
para producir datos y tratar de validarlos a través de
una confrontación empírica, adopta necesariamente una
postura contemplativa ante la realidad que investiga,
con lo cual no hace más que favorecer su reproducción.
Pero si mi objetivo como científico se relaciona con
la necesidad de operar transformaciones sustanciales
que favorezcan a determinadas clases y sectores
sociales con los que explícitamente me identifico,
deberé recurrir al único método que incluye esa
posibilidad: el dialéctico. Este método (con sus
diversas variantes, como la investigación acción)se
caracteriza precisamente por postular el camino de la
práctica transformadora como única posibilidad para
verificar el conocimiento construido. La contemplación
como sinónimo de neutralidad (los cambios
pertenecerían a otros campos de la actividad
intelectual, como la política) o la transformación
como etapa del conocimiento no ajena a la actividad
del científico (que puede ser científico y político al
mismo tiempo), constituyen opciones que no convienen
ignorar y en lo posible se deben explicitar.
Entonces, las encuestas sólo son una de las técnicas
que puede contemplar una investigación guiada por un
método. Si el método supone tomar el objeto de estudio
como una cosa que debe ser observada desde una
supuesta neutralidad valorativa, la técnica encuesta
servirá sólo para observar. Aunque claro está no
debemos pecar (en el mejor de los casos) de ingenuos,
ya que esa observación será válida para que otros
intelectuales (políticos) adopten decisiones que
habitualmente se vinculan con la necesidad de
optimizar el control social. Pero también puedo
utilizar la encuesta como una de las técnicas que me
permite conocer un objeto de estudio (que por su
naturaleza siempre está constituido por sujetos
pertenecientes a clases y grupos sociales),
transformando con el conocimiento construido su
realidad. Tan importante es la práctica transformadora
en esta segunda utilización de la encuesta (como una
técnica más), que el mismo conocimiento producido se
valida o no en el proceso transformador. Esa
transformación tiene el objetivo explícito de
favorecer a las clases y grupos con los que me
identifico (adoptando una clara posición de clase), y
la propia participarán de éstos en el proceso
transformador.
El marco teórico de la encuesta
Otro problema a considerar es ¿desde dónde se
construye una encuesta? ¿Hay una única forma de
conceptuar la realidad para construir el instrumento
que recogerá datos? Definitivamente no. Puedo realizar
un estudio sobre clases sociales recurriendo a una
representación gradual de la realidad (clases altas,
medias y bajas) o puedo recurrir a otra
representación, dialéctica (burguesía-proletariado,
oligarquía-proletariado). Independientemente de que
esa forma de conceptuar la realidad suele ser más
compleja, lo que intento demostrar en esta
esquematización a modo de ejemplo, es que las
encuestas no se manejan con categorías universalmente
válidas. Por lo tanto, el marco teórico desde el que
es construida la encuesta no es un problema menor.
Algunos sirven para captar con mayor precisión y poder
explicativo una realidad que ya se visualiza (aunque
caóticamente) desde el sentido común. Si utilizamos
por ejemplo el concepto dependencia para formular y
organizar preguntas en una encuesta sobre nuestra
realidad económica, detectaremos que el concepto no es
extraño al sentido común actual de amplios sectores
sociales. Ahora, si recurrimos a otro concepto como
relaciones de interacción sistémica, lo más probable
es que la mayoría no encuentre una realidad
identificable a través del concepto. Es cierto que
numerosos conceptos tienen un nivel de abstracción tan
alto que no resultan inmediatamente identificables en
la realidad. Sin embargo, hay marcos teóricos que
hacen extensible esta característica al total de su
contenido, como ocurre con la teoría de la acción tal
como fue formulada por Parsons. En estos casos, si no
logramos bajar el nivel de abstracción construyendo
hipótesis y conceptos más concretos resulta imposible
construir una encuesta aplicable ya que sólo puede
generar desconcierto en los encuestados. Es decir, no
sabrán sobre que cosas se les está interrogando, como
por ejemplo si pregunto siguiendo la teoría
parsoniana: ¿Considera usted que sus orientaciones
motivacionales se corresponden con las orientaciones
culturales de su grupo de pertenencia?
El ejemplo parece absurdo, porque suponemos que ningún
productor de encuestas puede formular una pregunta con
semejante nivel de abstracción. Pero he recurrido a él
para demostrar con claridad qué le ocurre a un
encuestado cuando no se entienden las preguntas a las
que es sometido. Ahora bien, sostengo que hay marcos
teóricos que recurriendo a conceptos más concretos y
por lo tanto supuestamente identificables para el
encuestado (en la visión del encuestador), sin embargo
tienen un nivel de correspondencia mínimo o nulo con
la realidad que intentan representar, con lo cual sólo
sirven para despistar al encuestado. Y es precisamente
esto lo que ocurre cada vez que un científico social
(en cualquiera de sus disciplinas) traslada
mecánicamente un marco teórico construido para dar
cuenta de la realidad de un país dominante a otro
dominado. En esas circunstancias el encuestado no
logra identificar la correspondencia entre la pregunta
(formulada desde un marco teórico extraño a su
realidad, por lo tanto poco específico) y su
experiencia concreta. Con lo que el registro más
frecuente se ubica en la casilla no sabe-no contesta.
¿Realmente no sabe, no quiere contestar, o la pregunta
carece de pertinencia? ¿Es una pregunta que orienta o
despista al encuestado?
Un caso concreto de despiste
Marcelo Urresti, sociólogo, docente en la Facultad de
Ciencias Sociales de la UBA y especialista en cultura
juvenil, declaró en una entrevista realizada
recientemente (2):
"La política resulta cada vez menos importante para la
construcción de la identidad de las personas. Los
jóvenes no saben qué es izquierda ni qué es derecha.
No dudan de las categorías políticas, sino que no
tienen la menor idea, no leen sobre esas cosas, no se
informan, no les interesa".
Observemos desde qué marco teórico interroga este
sociólogo a los sujetos que constituyen su objeto de
estudio (adolescentes argentinos):
“En los años 70 era muy importante, para la
identificación de un joven, su filiación política. A
partir de los años 80 y 90, esto se desdibuja. La
identificación política ya no tiene tanto peso. En
encuestas hechas para un estudio piloto, se vio que
muchos jóvenes ni siquiera saben dónde situarse. No
saben qué es izquierda, qué es derecha. Optan por "no
sabe, no contesta", ante la pregunta: "¿Sos de
izquierda, de centro o de derecha?"
Qué la política no ocupa el mismo lugar que en los
años 70 es en principio verdadero, sin embargo el
marco teórico utilizado, como surge del análisis de
contenido de todas las respuestas que da Urresti en la
entrevista, no incorpora más que una fragmentación
social por generaciones, el concepto clase social no
integra este encuadre teórico (seguramente porque se
lo considera irrelevante). Pero además, obsérvese la
categorización teórica a la que se recurre para
formular la pregunta sobre pertenencia política:
“¿Sos de izquierda, de centro o de derecha?"
Y agrega:
“Pero, además, los jóvenes tampoco pueden identificar
a un político determinado con una tendencia. Hace poco
se hizo un estudio en ese sentido: dónde podría ser
ubicado tal o cual político. Algunos políticos
porteños aparecieron en tres o cuatro casilleros al
mismo tiempo. Así sucedió con Scioli y con Telerman.”
Con toda sinceridad, si la pregunta, construida con
esas categorías, me la formularán a mí (sociólogo con
fuerte compromiso político)tampoco sabría que
responder, por lo tanto hubiera recurrido al casillero
no sabe - no contesta. Qué raro ¿no? ¿Debería entrar
en crisis por mi pobre formación profesional y mis
inútiles años de militancia? ¿Tan desinformado estoy?
Y seré otra vez “incorrectamente sincero”, considero
que el problema no es los encuestados sino ciertos
productores de encuestas, ya que la pregunta es en sí
misma un verdadero disparate. Recurriendo a este
esquema tradicional de derechas, centros e izquierdas
¿dónde ubicaría usted a Castells? Es un luchador,
surgido de los sectores populares, que se define de
izquierda, pero apoyó a Blumberg y las fuerzas más
reaccionarias cuando se realizaron las últimas marchas
contra la inseguridad; además, a la hora de la
confrontación electoral, su práctica se inclina por
favorecer la dispersión del voto popular. Tomemos otro
ejemplo ¿a qué tendencia responde el sociólogo Juan
José Sebreli? Él es un clásico intelectual
progresista, al uso europeo, que apoyó en las
elecciones de 2003 a López Murphy; en este caso no
dispersa sino que intenta concentrar para gestar una
opción “republicana” (¿de izquierda?). Con este cuadro
de situación dónde se ubicaría usted mismo. Supongamos
que es un sujeto que cuestiona el statu quo generado
por un capitalismo dependiente y que no desea
regresar a la etapa que hizo implosión en diciembre de
2001, ¿se identificaría entonces con los apoyos
brindados por algunos de nuestros hombres de izquierda
a referentes de la derecha?
¿No será que el marco teórico desde el que se ha
construido la encuesta, si bien es el tradicionalmente
reconocido por nuestros científicos más respetados,
poca relación guarda con la realidad de un país
capitalista sí, pero inmerso en dicho sistema en
condición de parte dominada y no dominante? Las
categorías de derecha, centro e izquierda sin más, son
aptas para las naciones de un capitalismo
desarrollado, que han resuelto hace mucho la
constitución de su nacionalidad plena. Ahora, los
países del llamado (sobretodo en otros tiempos) tercer
mundo, todavía están sometidos al dominio de países
imperialistas o se encuentran en lucha contra él para
poder constituirse como naciones. En ellos la primera
y principal división política que se opera es entre
las fuerzas sociales que se encolumnan con la defensa
del statu quo (semicolonial), y aquellos que intentan
conformar un bloque alternativo para enfrentar al
imperialismo y sus aliados internos. Por lo tanto,
recién a partir de esta división podemos detectar en
un hilado más fino, la presencia de sectores de
derecha, centro e izquierda al interior de cada
bloque.
Recurriendo a este marco teórico alternativo si podría
responder dónde ubico a Castells o a Sebreli,
aclarando que en política es conveniente analizar a
los sujetos intervinientes no tanto por sus
intenciones como por las consecuencias objetivas que
generan sus respectivas prácticas. Por ejemplo, en
1945 el PC argentino decía luchar por los intereses
objetivos de la clase obrera, entonces se integró en
la Unión Democrática junto a la tradicional oligarquía
argentina, que además contaba con el apoyo explícito
de la Embajada de Estados Unidos. Como es lógico
inferir, los obreros estaban en el bando contrario
conducido por Perón. Pero para algunos “científicos”
formados en las corrientes positivo-funcionalistas de
la ciencia neutral, ese dato es irrelevante porque no
encaja en la teoría que recitan a modo de escritos
sagrados. Para una teoría crítica construida desde una
metodología dialéctica correctamente utilizada, es
decir, una teoría que sea el producto de una
reflexión sistemática sobre una práctica situada,
todos los izquierdistas mencionados actuaron
(consciente o inconscientemente) como izquierda del
bloque de las clases y sectores dominantes (aliados
del imperialismo). Pero este tipo de categorías no
aparecen en encuestas como la que estamos comentando.
Posiblemente la juventud actual esté políticamente
menos informada y comprometida que la de los años 70
(y no es ajeno a esta circunstancia el largo período
de silencio forzoso que se dio en nuestra tierra),
seguramente no saben dónde ubicar a la mayoría de los
políticos argentinos (contando con la inestimable
colaboración de muchos de esos políticos) y
difícilmente logren definirse con claridad ellos
mismos. Pero hay dudas que resulta pertinente
formular: ¿alguien puede creer que con las enseñanzas
transmitidas por las teorías más prestigiadas,
aquellas que garantizan la reproducción del statu quo
en tanto resultan poco aptas para conocerlo, el
panorama podrá modificarse? ¿No será que uno de los
factores que operan alejando a la juventud de la
política es precisamente la distancia existente entre
la vida concreta y los conceptos que dicen expresarla?
Si usted es un adulto formado políticamente en las
décadas del cuarenta, cincuenta, sesenta o setenta
¿hubiera superado claramente el desempeño de nuestros
jóvenes ante preguntas como las comentadas por el
colega Urresti? A eso me refiero cuando sostengo que
hay encuestas que despistan al encuestado. O, lo que
es lo mismo, hay teorías que se despistan ante la
realidad, y lo que es más grave aún: terminan
invirtiendo la carga de la prueba.
La Plata, 1 de diciembre de 2006
(1)Franzoia Alberto, Piovani Verónica, Piovani María y
otros: “El mapa de la desnutrición infantil en
Corrientes”, investigación financiada y publicada por
el Consejo Federal de Inversiones, año 2004
(2)Entrevista realizada por Any Ventura para el diario
“La Nación”, noviembre 2006
Alberto J. Franzoia
albertofranzoia en yahoo.com.ar
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