[R-P] La URSS ha muerto, ¡viva Eurasia! (1º parte)
Patricia H.A.
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Vie Dic 1 17:15:56 MST 2006
Bambú Press
Prensa alternativa políticamente incorrecta
Aviso para latinoamericanos
La URSS ha muerto, ¡viva Eurasia!
(Primera de dos partes)
Edgar Schmid *
Estamos rodeados por dos grandes océanos y al norte,
por tierra, tenemos a Brasil, un gigante que también
es, entre otras cosas, una superpotencia naval. Somos
el producto de dos imperios que cruzaron el mar
(España y Portugal) luego desplazados por el imperio
que fue dueño del mar (Gran Bretaña) y ahora su
sucesor, Estados Unidos.
Nuestras épocas de avance fueron cuando el imperio
hegemónico se hallaba desafiado desde Eurasia, sea
desde Francia, Alemania, la Unión Soviética y hasta
Vietnam. Con la caída de la URSS pareció que el
imperio se había consolidado definitivamente, pero no
es así. En Eurasia está surgiendo un nuevo desafío, no
planteado en lo ideológico sino en el más puro de los
intereses geopolíticos. No será monocefálico como lo
era Moscú con relación a Europa Oriental sino
pluricefálico, y no basado en la pura fuerza de uno
sino en el consenso entre socios: Moscú y Beijing, los
dos grandes, pero con participación creciente de
Teherán, Nueva Delhi y hasta Berlín.
Esta vez no se trata de un enfrentamiento simétrico
como lo era el Pacto de Varsovia frente a la OTAN sino
completamente asimétrico, como varios lobos hostigando
un gran alce macho. Es una estrategia concertada a
largo plazo y basada en golpear el talón de Aquiles:
el control del mercado de hidrocarburos y la hegemonía
del dólar en estos mercados. No veremos una implosión
dramática como fue la de URSS en 1991. Esta vez será
un trabajo constante pero sin pausa de deterioro y
corrosión.
La estrategia de los desafiantes también incluye
dentro de América Latina al petróleo de Venezuela y
levantar por parte del comandante Hugo Chávez las
banderas no sólo del Bolívar, sino también continuar
con muchas de la revolución cubana junto con el
nacionalismo militar y su visión geopolítica que tuvo
Perón.
Dejemos de lado las políticas municipales. Nos guste o
no, acá se está jugando a lo grande. En este rincón,
el triángulo hegemónico: Estados Unidos, Gran Bretaña
e Israel. En el otro rincón, los desafiantes: Rusia,
China, Irán, India, Venezuela y varios más que se
sumarán a lo largo de la contienda. Que suene la
campana.
Desinformación y colonialismo
Para tener una idea de cómo funciona la
“desinformación” globalista, si leemos diarios
“serios” o escuchamos analistas-exégetas de la
globalización, vemos que omiten términos como la
Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) y la
Organización del Tratado de Seguridad Colectiva
(OTSC), aunque sobran referencias al poder de la OTAN
o cómo Estados Unidos marca el paso y es la
superpotencia única incuestionable.
La desinformación del Sistema omite a una organización
compuesta por Rusia, China y las repúblicas de
Tayikistán, Kazajstán, Kirgizstán y Uzbekistán, 1.500
millones de habitantes en 30 millones de kilómetros
cuadrados. Si agregamos “observadores” como India e
Irán, que ha solicitado membresía plena, se eleva a
2.800 millones. A Estados Unidos se le negó la
condición de observador y ha estado siguiendo
estrechamente la evolución de la OCS , sobre todo
después que esta organización anunció recientemente
que estaba creando un “club de energía”.
En su pacto militar, la Organización del Tratado de
Seguridad Colectiva (OTSC), se agregan Armenia y
Bielorrusia y es al menos la segunda potencia militar
del planeta.
De esta forma, “iluminando” sólo una parte del
escenario, oscureciendo por completo la otra,
muchísimos millones creen, por la inercia sucedida a
la desintegración de la Unión Soviética , que “ la
Historia ha terminado” y sólo queda subordinarse a los
dictados de Estados Unidos. Es el famoso “posibilismo”
con el cual muchos ex “revolucionarios” ahora
justifican su paso al campo enemigo y con armas y
bagajes.
Pero ahora Rusia vuelve a escena desafiando al
“imperialismo naval”, aprovecha su posición
geopolítica y los recursos de petróleo y gas, con una
estrategia de energía que amenaza al mercado liberal
controlado por Nueva York-Londres, con grandes lazos
con Irán y Venezuela, y de la cual Argentina no
escapará con una política ambigua pro-Chávez en lo
formal y anti-Irán en lo real.
La pesadilla geopolítica de Mckinder
En 1904, con la conclusión del ferrocarril
transiberiano, Sir Haltford Mckinder escribía que Gran
Bretaña [1], el poder e imperio naval, podía ser
enfrentada con éxito por la potencia –o alianza que
controlara el corazón: heartland– de Eurasia y desde
allí tuviera comunicación-alianza con los grandes
imperios en las orillas de la masa terrestre –rimland–
y desde allí desafiara al “imperio naval”.
Desde al siglo XVI, el desarrollo del capitalismo
mercantil fue de la mano de los grandes viajes de
portugueses, españoles, franceses y holandeses, para
quedar finalmente con la hegemonía inglesa. Ínterin no
se desecharon formas de acumulación de capital como
tráfico de esclavos, de oro, de armas, de opio,
piratería y colonialismo. El gran “premio” era India y
quien tuviera el monopolio de su comercio y extracción
de riquezas, podía desde allí extraer toda la fuerza
económica para transformarla en poder
económico-militar con el cual enfrentar a sus rivales
europeos. El “premio” siguiente era China, a la cual
Inglaterra pudo doblegar con opio.
El control del Atlántico y el Índico, del cual se
desalojó a los marinos musulmanes, era vital para esto
y de allí se desprendió un primer axioma:
Quien controla el mar controla el comercio del mundo.
Quien controla el comercio del mundo, controla al
mundo.
Esto siguió en vigencia hasta la aparición de las
grandes vías ferroviarias, mientras imperios como
chinos, indostanos, persas, otomanos, rusos, alemanes,
estaban desconectados entre sí, limitados a un
comercio interno dificultoso, mínimo –“ruta de la
seda”– aislados y podían ser vencidos por separado por
quien tuviese la flota que transportase masivamente
tropas y mercaderías.
Esto cambia cuando Mckinder advierte que el
Transiberiano de Moscú al Pacífico, pero también
ferrocarriles como los que parten de Moscú al centro
de Asia, y el proyectado Berlín-Bagdad (a las puertas
del Golfo), le harían perder su ventaja a Gran
Bretaña. Es ahí cuando escribe:
Quien controle Europa oriental controla el corazón de
Eurasia.
Quien controla el corazón de Eurasia controla al
mundo.
Casi un siglo después, alguien que sí entendió a
Mckinder, Zbignieb Brzezynski, escribe para el New
York Council on Foreign Relations en su revista
Foreign Affairs de septiembre-octubre 1997:
Eurasia es la casa de la mayoría de los estados
políticamente asertivos y dinámicos del mundo. Todos
los pretendientes históricos al poder global se han
originado en Eurasia. Los más populosos aspirantes a
la hegemonía regional, China e India, están en
Eurasia, como lo son todos los potenciales desafiantes
políticos o económicos a la primacía americana.
Después de Estados Unidos, las próximas seis economías
más grandes y gastadoras en lo militar siguen allí,
como lo son todos menos uno de los poderes nucleares
abiertos del mundo, y todos menos uno de los
encubiertos. Eurasia cuenta con el 75% de la población
del mundo, 60% de su PNB [producto nacional bruto], y
75% de sus recursos de energía. Colectivamente, el
poder potencial de Eurasia ensombrece hasta América.
El águila de dos cabezas
El águila bicéfala es una herencia y continuación de
Bizancio, un imperio sobre Oriente y Occidente pero a
la vez una contradicción permanente en la geopolítica
rusa. Desde hace 500 años los peligros e invasiones
llegan desde Occidente y pero la grandeza y fuerza de
Rusia está en su expansión al Oriente. La geopolítica
se divide así entre “atlantistas” y “euroasianos” [2].
El siglo XX comienza con la derrota ante Japón en
1905. Es una derrota “eurasiana” alentada por Gran
Bretaña que no quería ver ni una Rusia fuerte en el
Pacífico ni en el centro de Asia, donde amenazaba al
imperio en India. Con la llegada de la
“intelligentsia” liberal y atlantista, la geopolítica
se vuelve “pan-eslavista” y se orienta hacia Europa
oriental en un curso de colisión con el
pan-germanismo, cosa que finalmente, para alivio del
imperio naval, se produce en 1914. Mientras choquen
alemanes y rusos, los ingleses están a salvo de que
sean aliados contra Gran Bretaña. Divide et impera.
La revolución de 1917 es una reorientación de Lenin a
la política “euroasiática”, y comienza con el
“Llamamiento a los trabajadores musulmanes” de
diciembre de 1917 y se consolida cuando el Ejército
Rojo llega al Pacífico y Asia Central, retirándose de
Polonia.
Pero nuevamente el peligro llega desde Occidente, esta
vez de un Hitler que no comprende a Karl Haushofer: no
era la guerra sino la diplomacia la que debía unir
Berlín, Moscú, Bagdad y Pekín, para desafiar al
imperio naval.
A la muerte de Stalin las dos tendencias están
encabezadas por el “atlantista” Khrushev y el
“eurasiano” mariscal Zhukov [3], pero este último debe
resignar el ministerio de Defensa. Los avances de
Khrushev hacia Cuba, África, Medio Oriente, mientras
rompe con China, es una muestra de “atlantismo” que
confirma luego Gorbachov en su patética política
frente a Occidente y mucho más Boris Yeltsin con el
control total por parte de los liberales. Pero en
diciembre de 1999, luego de la catástrofe
socio-económica liberal, los eurasianos llegan al
poder. Esta vez no con una ideología internacionalista
sino con un enfoque ruso-céntrico y atendiendo los más
crudos enfoques geopolíticos.
Neoconservadores agresivos
En 1999, un año antes de ser candidato republicano a
vicepresidente, Richard Cheney pronuncia un histórico
discurso en el London Institute of Petroleum [4]. En
él señala no sólo la importancia del control del
petróleo de Medio Oriente, como sea, sino también la
importancia de terminar con las petroleras estatales.
Con el triunfo de George W. Bush llega entonces una
coalición de nacionalistas agresivos (Cheney,
Rumsfeld), fundamentalistas protestantes (Bush,
Ashcoft), y neo-conservadores, un grupo de ex
trotskistas (Perle, Wolfowitz, Libby, Khalilzad,
Rodman, Abrams) nucleados en “tanques de pensadores”
como el AIE y el PNAC, del Institute for Advanced
Strategic and Political Studies, Jerusalem [5], otro
“tanque de pensadores” pero israelí, dependiendo del
Partido Likud [6]. Es éste el que, junto al
tradicional lobby israelí, orienta ahora la
geopolítica de Estados Unidos.
El aviso de Brzezynski
Cuando la invasión de Irak, Putin comprendió que
“venían por él”. Ya en 1998 Zbignieb Brzezynski había
publicado El Gran Tablero de Ajedrez: primacía
americana e imperativos geoestratégicos [7]. Zbig
llama a toda esta región de Eurasia “los Balcanes de
Eurasia” y dice:
En Europa, la palabra "Balcanes" conjura imágenes de
conflictos étnicos y rivalidades de grandes-potencias
regionales. Eurasia, también, tiene sus "Balcanes,"
pero los Balcanes de Eurasia son mucho más grandes,
más poblados, más aun religiosamente y étnicamente
heterogéneos. Ellos se localizan dentro de esa gran
geografía oblonga que demarca la zona central de
inestabilidad global (…) que abraza porciones del
sudeste de Europa, Asia Central y partes de Asia del
Sur [Pakistán, Cachemira, India Occidental], el área
del Golfo Pérsico, y el Medio Oriente.
Los Balcanes de Eurasia forman el centro interno de
ese gran oblongo (…) ellos difieren de su zona
exterior de una manera particularmente significante:
hay un vacío de poder. Aunque la mayoría de los
estados localizados en el Golfo Pérsico y Medio
Oriente también son inestables, el poder americano es
esa región [significando Medio Oriente] el último
árbitro. La región inestable en la zona exterior es
así un área de única hegemonía de poder y es temperada
por esa hegemonía. En contraste, los Balcanes de
Eurasia son verdaderamente recordativos de los
Balcanes más viejos, más familiares de Europa del
sudeste: no sólo son sus entidades políticas
inestables sino que tientan e invitan la intrusión de
vecinos más poderosos, cada uno de los cuales se
determina a oponer la dominación de la región por
otro. Es esta combinación familiar de un vacío de
poder y succión de poder que justifican la
denominación "Balcanes de Eurasia."
Los Balcanes tradicionales representaron un premio
geopolítico potencial en la lucha por la supremacía
europea. Los Balcanes de Eurasia, a horcajadas sobre
la red de transporte que está inevitablemente
surgiendo para unir más directamente las extremidades
occidentales y orientales más ricas y trabajadoras de
Eurasia, también son geopolíticamente significativos.
Es más, ellos son de importancia del punto de vista de
seguridad y las ambiciones históricas a por lo menos
tres de sus vecinos más inmediatos y poderosos, a
saber, Rusia, Turquía, e Irán, con China también la
señalizando un interés político creciente en la
región. Pero los Balcanes de Eurasia son infinitamente
más importantes como un premio económico potencial:
una concentración enorme de gas natural y reservas de
petróleo se localiza en la región, además de minerales
importantes, incluso oro.
El consumo de energía del mundo está ligado para
aumentar inmensamente durante las próximas dos o tres
décadas. Las estimaciones por el Departamento de
Energía americano anticipan que esa demanda mundial
subirá por más de 50 por ciento entre 1993 y 2015, con
el aumento más significativo en consumo que ocurra en
el Lejano Oriente. La velocidad del desarrollo
económico de Asia ya está generando presiones masivas
para la exploración y explotación de nuevas fuentes de
energía, y se sabe que la región asiática central y la
cuenca Mar Caspio contienen reservas de gas natural y
petróleo que empequeñecen las de Kuwait, Golfo de
México, o Mar del Norte.
El acceso a ese recurso y compartir su riqueza
potencial representan objetivos que revuelven las
ambiciones nacionales, motivan los intereses
corporativos, vuelven a encender demandas históricas,
reavivan aspiraciones imperiales, y dan combustible a
las rivalidades internacionales. La situación se hace
toda más volátil por el hecho que la región no sólo es
un vacío de poder sino también es internamente
inestable.
Los Balcanes de Eurasia incluyen nueve países que una
manera u otra encajan en la descripción anterior, con
otros dos como candidatos potenciales. Los nueve son
Kazakstan [ortografía alternativa y oficial de
Kazakhstan], Kyrgyzstan, Tayikistán, Uzbekistán,
Turkmenistán, Azerbaiján, Armenia, y Georgia todos
ellos antes parte de la difunta Unión Soviética así
como Afganistán.
Las sumas potenciales a la lista son Turquía e Irán,
ambos mucho más viables política y económicamente,
ambos oponentes activos por la influencia regional
dentro de los Balcanes de Eurasia, y así ambos
jugadores geo-estratégicos significativos en la
región. Al mismo tiempo, los dos son potencialmente
vulnerables a los conflictos étnicos interiores. Si
cualquiera o los dos de ellos serían desestabilizados,
los problemas interiores de la región se volverían
inmanejables, mientras los esfuerzos por refrenar la
dominación regional por Rusia pudieran volverse
incluso fútil.
Para Putin, analista de inteligencia de la KGB , el
mensaje llegó fuerte y claro: sólo con Rusia reducida
a su mínima expresión, podía estar asegurado el
dominio de Estados Unidos sobre una Eurasia rica en
recursos y balcanizada.
Los antecedentes de Zbig, un polaco profundamente
anti-ruso, cerebro y director de la Comisión
Trilateral , asesor de Seguridad Nacional del
trilateralista James Carter, impulsor de la ayuda al
Talibán cuando la invasión soviética y estratega del
“Arco de Crisis” –la convulsión de los islámicos al
sur de la URSS , desde Turquía a Afganistán para
golpear “el vientre suave”– hacía que sus palabras
fueran tomadas muy en serio.
La purga de los “oligarcas rusos”
Mucho antes de que Gorbachov llegara al poder, los
ingleses e israelíes habían detectado que los puntos
débiles de la URSS eran la corrupción y las mafias.
Con la llegada de la “Perestroika” no sólo que se
impulsaron pequeños negocios vinculados a la
importación desde Occidentes sino que se “blanqueó” el
ingreso de George Soros, entre otros, y su fundación
Open Society, que apoyó una fundación dirigida por
Raisa Gorbacheva, esposa de Mikhail.
Los “empresarios rusos” se habían convertido en
testaferros de empresas inglesas y quizás el caso más
emblemático sea el de Mikhail Khodorkovsky –se quedó
con Yukos Oil y Menatep Bank entre otros– fundó Open
Russia Foundation, a semejanza de Open Society de
Soros, y en cuyo directorio se sentaban Lord Jacob
Rothschild y Henry Kissinger.
Entre estos “empresarios rusos” se destacan:
* Roman Abramovich que se quedó con Sibneft Oil, hoy
está refugiado en Londres y es dueño del Chelsea Club.
* Boris Berezovsky, se quedó con AutoVAZ, Aeroflot,
parte de Sibneft, canales de TV y multimedia, hoy está
en Londres, donde era el patrón del ex espía ruso
asesinado.
* Vladimir Gusinsky, ex barón de los medios y dueño de
un banco. Hoy está en Israel y es reclamado en Moscú
por lavado de dinero.
Cuando la invasión a Irak, eran principalmente el
núcleo duro del liberalismo, y a punto de concretar la
fusión Yukos-Sibneft que la pondría entre las Cuatro
Hermanas Petroleras (ExxonMobil, Shell, ChevronTexaco,
British Petroleum), y por intermedio de George Bush
padre, en representación del Carlyle Group, vender
parte de esta a ExxonMobil.
Los “oligarcas” tenían varios puntos débiles: evasión
y fraude impositivo, levado de dinero, conexiones con
la mafia, apoyo a los diputados anti-Putin, conexiones
con los rebeldes de Chechenia, etc. La KGB actuó
rápido, Khodorkovsky terminó preso, Berezovsky y
Abramovich refugiados y Londres, Gusinsky en Israel, y
todas las empresas de los cuatro tomadas por el
Estado.
Reconstruyendo Eurasia
Cuando McKinder da el “alerta” en 1904, el medio más
avanzado de comunicación de Eurasia era el
ferrocarril. Cuando Karl Haushofer encara su
geopolítica, plantea la alianza de Berlín Moscú,
Bagdad y Pekín para enfrentar al “imperialismo naval.”
Lo que aporta Putin es la “geopolítica de la energía”,
una muy vasta red de tuberías, la mayor del mundo,
controlada por el Sistema Nacional (estatal), y esta
vez lo que comunica es energía, de la boca del pozo al
consumidor a miles de kilómetros. Esto se hace dentro
de la Organización de Cooperación de Shanghai, una
iniciativa de los chinos para no quedar aislados en
los 90, ya en época de Yeltsin y a los cuales los
liberales sólo habían visto como algo secundario a sus
negocios, pero es ahora fundamental a la estrategia de
Putin.
Y para analizar la “geopolítica de la energía”
olvidemos los conceptos que datan de la Guerra Fría.
Los rusos ya lo han hecho y ya no están dispuestos a
sacrificar sus objetivos ruso-céntricos en aras de una
ideología “internacionalista”. Ahora parten de dos
supuestos: a) tienen el suficiente poder militar como
para defender sus fuentes energéticas, b) los
consumidores externos no sacrificarán sus nuevas
fuentes de energía en un enfrentamiento con Rusia.
La red de gasoductos-oleoductos semeja una inmensa
telaraña con Putin-Moscú en el centro e hilos-tubos en
cuatro direcciones [8]: a) del norte de Siberia al
Báltico, y de Petrogrado por lecho marino, esquivando
Polonia (hoy OTAN) hasta Alemania. El último tramo es
de una empresa 50% alemana y 50% rusa. Su presidente
es el ex canciller Gerhardt Schröder. Putin crea la
gas-dependencia alemana y con esto la división de la
OTAN en “Nueva Europa” – diez repúblicas ex Pacto de
Varsovia– y la “Vieja Europa” –su núcleo es
Alemania-Francia– que vieron a Estados Unidos invadir
Irak para controlar el abastecimiento europeo de
petróleo.
El premio mayor para Alemania sería el muy gigantesco
yacimiento de Shtokman, en el Mar de Barents, y de
acceder a él, Alemania se aseguraría el gas por el
resto del siglo XXI. No importa que la canciller
Ángela Merkl sea liberal, así como la realidad
condiciona muchas veces a gobiernos de “izquierda”,
esta vez la realidad condiciona la vieja “marcha al
Este” de Alemania porque es una necesidad de la muy
importante industria alemana. No van a apoyar la OTAN
si esto pone en peligro sus fuentes de energía.
La provisión de energía generaría una balanza
favorable a Rusia que Alemania trataría de compensar.
¿Cómo? Transformándola en mercado para su tecnología.
El segundo brazo de la telaraña, va a Europa del Sur.
Comienza en su viejo e histórico enemigo: Turquía [9].
Pero esta vez la geopolítica de Putin parece más
cercana a la de Lenin en diciembre de 1917, cuando le
avisó a los “Jóvenes Turcos” (Kemal Ataturk, Enver
Bajá), sobre el Tratado Sykes-Picot y la forma en que
los anglo-franceses se dividirían el imperio otomano.
Hoy Rusia y Turquía ya no tienen fronteras comunes por
primera vez en una historia de siglos. Para Turquía ya
no hay tanta necesidad de la OTAN para enfrentar a
Rusia. Le conviene que el gasoducto ruso entre a
Europa por AOTANlia y se asegura la provisión por
largo tiempo. Desde Turquía los gasoductos van a los
Balcanes y Europa del Sur y Central.
El peligro ahora no viene de Rusia sino desde
Occidente que piensa redibujar el mapa de Medio
Oriente en un Nuevo Medio Oriente y un Nuevo Oriente
Mayor. Turquía sería un perdedor con la creación de un
Estado Kurdo y la amputación de su territorio
Oriental.
Un componente de la “geopolítica de energía” sería
poner a los países de la OTAN en la alternativa de
comerciar por gas-petróleo o quedar sin energía.
Ucrania vio en lo peor del invierno pasado como Rusia
cortaba su gas. Ucrania renunció a ingresar a OTAN.
El tercer brazo va de Siberia central a China y esta
ahora ya supera su propio “talón de Aquiles”: la
dependencia energética que tenía respecto a un Medio
Oriente con hegemonía de EE.UU-Gran Bretaña-Israel.
Liberada de esa traba se lanza a ser la mayor potencia
industrial del mundo. Por supuesto que esa posición y
ascenso la va a defender hasta militarmente. En el
Pacífico ya hay maniobras navales conjuntas en las
cuales la Flota Rusa juega el papel de US Navy y los
chinos prueban el nuevo misil ruso anti-buque Sunburn
(4.000 kph). China se ha convertido en la primera
compradora de tecnología militar rusa y además en su
mejor aliada militar dentro de la OTSC. Con eso Rusia
cuenta con una alianza militar muy superior a lo que
nunca tuvo la URSS. Se prolongaría incluso a las dos
Coreas.
Existe también la posibilidad de que un tramo del
oleoducto y gasoducto se prolongue hasta ambas Coreas.
El cuarto brazo es tiene bocas off shore y se
encuentran en las Sakhalin, en el yacimiento más
grande del Pacífico: Sakhalin I, de donde sacó a
ExxonMobil, y Sakhalin II donde sacó a Shell, para
abastecer a Japón y los “tigres industriales” de
Asia-Pacífico.
Y con esto Rusia entra en el Pacífico, lo que Gran
Bretaña quiso evitar cuando alentó a Japón en la
guerra de 1905.
[Concluye mañana]
* Coautor, junto con el vicecomodoro Horacio
Ricciardelli, de Los Protocolos de la Corona Británica
(editorial Struhart, Buenos Aires, 2004)
Notas
[1] “El pivote geográfico de la Historia ”.
[2] Alexander Dugin,
http://www.evrazia.org/modules.php?name=News&file=print&sid=350
[3] Idem.
4 http://www.energybulletin.net/559.html
[5] The Institute for Advanced Strategic and Political
Studies, 16 Bilu Street, Jerusalem , Israel 93221,
Tel. 02-563-8171 o 1020 Sixteenth Street, NW, Suite
310, Washington, D.C. 20036 Tel. (202) 833-9716, fax
(202) 862-4981.
[6]
http://www.atimes.com/atimes/Front_Page/HK22Aa01.html
[7] Zbigniew Brzezinski, The Grand Chessboard:
American Primacy and Its Geo-strategic Imperatives,
Basic Books, New York , 1998.
[8]
http://www.geostrategymap.com/freepdfs/Russian_Energy_Moves.pdf
2ª página.
[9] Entre 1679 y 1875 hubo doce guerras entre rusos y
otomanos.
* * * * * *
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