[R-P] Zeev Yabotinski y las ilusiones del sionismo de izquierda
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Sab Ago 12 10:48:52 MDT 2006
Gentileza de la lista Marxism
[Traducción de Néstor Gorojovsky, para uso personal
Muchos creen que la actual tragedia del Medio Oriente se debe a que
la "derecha" gobierna en Tel Aviv. Quienes pensamos que el problema
no es de "izquierda" y "derecha" sino de "sionismo" y "lucha
antiimperialista" podríamos recordar que Amir Peretz, el Ministro de
Defensa (nada menos) de Israel, el tipo que tiene que firmar todas
las órdenes fundamentales vinculadas a la ocupación y masacre del
Líbano, es un hombre "de izquierda". Pero con esto no alcanza para
demostrar demasiado, porque podría tratarse de un traidor individual.
Así que me parece oportuno recurrir a una demostración más
contundente.
Jim Farmelant, un marxista judío antisionista de los EEUU, rescata un
revelador texto del líder sionista burgués, admirador del Duce, y
antisocialista Zeev Yabotinski, en cuya vida y obra se inspiran las
corrientes sionistas que terminaron formando el Likud (partido de
Beguin, Sharón, etc. ). Y que hoy han terminado por triunfar sobre
las ilusiones del sionismo de izquierda (cargándose en el camino nada
menos que a Itzjak Rabín).
Yabotinski tenía la inmensa virtud de hablar claro. Traduzco el
correo entero, porque tanto los dichos de Yabotinski como los
comentarios de Farmelant valen la pena.
El texto de Yabotinski, además, presenta en toda su magnitud la
complejidad del fenómeno sionista. Porque este hombre, que ahora
vemos que representaba el proyecto sionista en su máxima pureza, era
en los tiempos en que planteaba estos asuntos, el líder de una
minoría despreciada por la conducción sionista, un paria dentro de un
orbe cultural que pensaba estar cumpliendo una tarea que favorecía la
marcha global del socialismo, y que pensaba que se podía arrebatar la
tierra a un pueblo por métodos "civilizados".
Por supuesto, esto era una ilusión. Y el loco minoritario que lo
denunciaba, finalmente, triunfó sobre quienes -sin saberlo- hacían
exactamente lo contrario de lo que creían estarhacinedo.
Yabotinski predicaba la guerra contra los árabes porque, a diferencia
de los laboristas, él sí respetaba al pueblo árabe. No tenía ilusión
alguna, ni socialista, ni progresista, ni humanitaria. Quería ocupar
Palestina y no temía el juicio histórico porque carecía de todo
interés por los seres humanos que debería liquidar para lograrlo.
Los sionistas de izquierda, por mayoritarios que fueran, coincidían
con la aspiración de Yabotinski a ocupar la tierra de los palestinos,
pero retrocedían ante sus conclusiones. Más tarde o más temprano, se
verían obligados a abandonar el sionismo o abandonar el izquierdismo.
Y vaya si lo hicieron. Con el izquierdismo, claro.
Es que las relaciones objetivas en que los seres humanos se
relacionan entre sí (en este caso, inmigrantes judíos y nativos
árabes) terminan por definir qué es lo verdadero y qué es lo falso
del universo de ideas con que intentan hacer su vida sobre la faz de
la Tierra. Pocas veces se ha visto mejor confirmada la tesis
hegeliana de que "Todo lo racional es real, y todo lo real es
racional", en el sentido que explica Engels: que con el desarrollo
histórico de los acontecimientos se va revelando la racionalidad
interna de aquello que los hombres hacen, más allá de lo que ellos
crean estar haciendo.
Los dejo con el judío norteamericano, amigo y compañero
revolucionario Jim Farmelant. Comenta la siguiente afirmación, de
otro miembro de la lista Marxism: "Los más puros sionistas de
izquierda retroceden horrorizados ante la imagen que les devuelve el
espejo. . . producto de su afecto remanente por un sionismo
idealizado y las desagradables asociaciones políticas que eso les
impone"]
[...] En especial los sionistas laboristas lograron sembrar entre los
progresistas (y en modo alguno solo entre los judíos progresistas) la
ilusión de que el proyecto sionista era compatible con valores e
ideales progresistas, incluso socialistas. Así, se afirmaba que el
apoyo al sionismo era compatible con el apoyo al anti-imperialismo,
algo que a todas luces carece de sentido alguno.
Pocos de los sionistas iniciales comprendían al menos a medias cómo
resultarían finalmente las cosas. Uno de ellos fue el padre
intelectual del sionismo revisionista, Ze'ev Yabotinsky. En su
ensayo "La Muralla de Hierro" (versión en inglés en http://www.
saveisrael. com/jabo/jabowall. htm), planteaba entre otras cosas
que los sionistas se aliaran con los imperialistas de Occidente (en
sus tiempos, Inglaterra, Italia y Francia) para oponerse a las
aspiraciones nacionales de los árabes y otros pueblos del Medio
Oriente. Escribió:
"Solo podemos dar dos cosas:dinero o ayuda política, o ambos. Pero
no podemos ofrecer ninguna de ellas. ¿Dinero?Es ridículo suponer que
podríamos financiar el desarrollo de Iraq o Arabia Saudita, cuando ni
siquiera nos alcanza para la Tierra de Israel. El apoyo político a
las aspiraciones árabes es diez veces más ilusorio. El nacionalismo
árabe se plantea los mismos objetivos que el nacionalismo italiano
previo a 1870 y el polaco de antes de 1918: unidad e independencia.
Estas aspiraciones implican la erradicación de todo rastro de
influencia británica sobre Egipto e Iraq, la expulsión de los
italianos en Libia, la eliminación de la dominación francesa en
Siria, Túnez, Argelia y Marruecos. Para nosotros, apoyar un
movimiento así sería un suicidio y una traición. Aún dejando de lado
el hecho de que fue Inglaterra la que firmó la Declaración Balfour,
tenemos que recordar que Francia e Italia la firmaron también. No
podemos ir intrigando para sacar a Inglaterra del Canal de Suez y del
Golfo Pérsico, ni para liminar el dominio colonial francés e italiano
sobre territorio árabe. Es un doble juego que no podemos tener en
cuenta bajo ningún concepto.
"Llegamos entonces a la conclusión de que no podemos prometerle nada
a los árabes, ni de la Tierra de Israel, ni de los países árabes. Su
acuerdo voluntario está totalmente fuera de discusión. Por lo tanto,
los que afirman que semejante acuerdo con los nativos es una
condición esencial del sionismo pueden decirnos ya mismo que "no", y
abandonar el sionismo. La colonización sionista, aún la más
restringida, tiene que terminar, o llevarse a cabo desafiando la
voluntad de la población nativa. Por lo tanto, solo puede continuar
y desarrollarse bajo la protección de una fuerza independiente de la
población local:una muralla de hierro que la población nativa no
pueda atravesar. En suma, ésta es nuestra política hacia los árabes.
Formularla de cualquier otra manera sería simple hipocresía".
Yabotinsky no se iba con vueltas. También dejó en claro, en el mismo
artículo, que la oposición árabe al proyecto sionista no tenía nada
de irracional.
Desde su perspectiva, tenían todo el derecho a oponérsele, porque
amenazaba necesariamente sus propias aspiraciones nacionales. Decía:
"Para todo pueblo nativo -civilizado o salvaje, tanto da- su país es
su hogar nacional, del cual siempre serán los señores indiscutidos.
No permitirán, voluntariamente, no ya un nuevo amo, sino ni siquiera
un nuevo socio. Y lo mismo pasa con los árabes. Aquellos que entre
nosotros buscan un compromiso tratan de convencernos de que los
árabes son una especie de tontos a los que se puede engañar
presentando nuestros objetivos de un modo edulcorado, o una tribu
codiciosa que nos dejará su herencia palestina a cambio de beneficios
culturales y económicos. Rechazo de plano esta evaluación de los
árabes de Palestina. Culturalmente, están 500 años detrás nuestro,
espiritualmente carecen de nuestra resistencia y fuerza de voluntad,
pero allí se terminan las diferencias. Podemos hablar cuanto
queramos sobre nuestras buenas intenciones;pero comprenden tan bien
como nosotros qué les conviene y qué no les conviene. Aman a
Palestina con el mismo amor fervoroso que tenían por México los
aztecas, o los Sioux por sus praderas. Pensar que los árabes
consentirán voluntariamente en la efectivización del sionismo a
cambio de los beneficios culturales y económicos que podamos traerles
es infantil. Esta fantasía aniñada de nuestros "arabófilos" nace de
una especie de desprecio por el pueblo árabe, de una idea carente de
todo fundamento:que esta raza es una turba lista para ser coimeada,
capaz de entregar su país por una red ferroviaria".
Yabotinsky, creo, tenía mucha razón en sus apreciaciones, y lo
sucedido en los últimos ochenta y tres años no hicieron sino
demostrar la validez de sus análisis. Donde se equivoca es en su fe
en la viabilidad de un colonialismo permanente;claramente, creía que
el sionismo era una especie de proyecto colonialista. El éxito del
proyecto sionista, para él, exigía apoyo de las potencias
imperialistas (en vida, Yabotinski dedicó mucho tiempo al cultivo de
apoyos entre los ingleses, luego los italianos, y después otra vez
entre los ingleses)
Hoy, este papel lo juegan los EEUU. Por lo tanto, apoyar al sionismo
es apoyar al imperialismo y al colonialismo. Esto era cierto en
1923, y sigue siendo cierto ahora, como podemos ver en las noticias
que nos llegan tanto de Iraq como del Líbano.
Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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